Miedo a ser y las antorchas.
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Últimamente
me voy dando cuenta de muchos miedos que renacen o resurgen en mi.
Cuando entré en la página (simulténao a saber mi condición de sumisa)
estaba plagada de ellos, pero desde el temor que nace de la ignorancia y
el atrevimiento que conlleva. No sabía nada de las prácticas, no
conocía la terminología, creía que el trisquel era un símbolo celta...
En fin: todas esas cosas que la lectura puede subsanar medianamente
bien.
Pensaba
que ese desconocimiento hacía de todo esto un mundo inaccesible para
mi. Pero no. Me equivocaba. No conocer las prácticas sólo era la premisa
necesaria para descubrirlas. Y eso sólo ocurre una vez: la primera.
Luego cada persona lo matiza, lo hace especial, lo dignifica o lo
humilla... pero sobre aquello que ya una vez se supo.
Sin
embargo ahora he hecho el gran descubrimiento: el peor de los miedos es
el de ser. Y aquí entran todas las variables posibles: miedo a ser
sumisa, miedo a no serlo, miedo a ser capaz, miedo a ser pareja, miedo a
ser... yo misma.
Cuando
una se descubre este miedo siente pánico. Un día te despiertas y te das
cuenta de que no sabes cómo decir esto o aquello; te acosan las dudas
sobre tu forma de relacionarte con los demás; no sabes si haces bien al
aceptar o rechazar ciertas cosas... Sabes que algo no va bien, que tú
eres otra que te mira desde el otro lado con cara atónita, intentando
hacerte ver que todo es más fácil. Pero sencillamente, no sabes cómo
salir de la duda, del miedo, de la incertidumbre. De ese no ser tú que
te atormenta.
En
esos momentos es fundamental no tomar decisiones. Ninguna que no sea la
de escuchar a los amigos, a los de verdad, a esos que se cuentan con
los dedos de una mano mientras te cogen la otra. En esos momentos es
fundamental escucharlos a ellos y a ti misma. En el fondo sabes cuándo
las cosas no van como deben, porque lo sientes, porque algo no funciona,
porque te ves perdida... Y es en esos momentos cuando menos quieres
parar, pero debes hacerlo.
Puede
llevar días o sencillamente una noche. Puede ser doloroso o sólo
iluminador. Eso ya depende de cómo decidas tomarlo. Y la decisión que
resulte siempre ha de ser la misma: eres como eres y debes mejorar, pero
no a costa de ti.
En
este mundo, el Dom debe ayudar a que la sumisa no se pierda. Pero como
no son superhéroes (que eso también lo he descubierto hace poco) ni
adivinos, ni nada que le ronde, entonces, deben, por lo menos, ayudarla a
ser ella misma. A mejorar. A crecer.
Un Dom siempre debe hacer brillar a la sumisa. Sino, algo va mal: muy requetemal.
Y una sumisa siempre ha de hacer brillar al Dom. No puede ni debe ser de otra manera.
Lo mejor de la Dominación/sumisión es que se supone que esto lo sabemos todos. Lo peor es que no siempre es cierto.
Yo
me considero una mujer con suerte: de vez en cuando me pierdo, dejo la
cabeza muy lejos del corazón y se me olvida dónde la he puesto. Pero la
encuentro.
Me
considero una mujer con suerte porque encuentro antorchas humanas que
me iluminan el camino y sacan de mi lo más bello, lo más sucio, lo más
doloroso, lo más sencillo...
...Y lo abrillantan.
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lunes, 26 de mayo de 2014
Miedo a ser y las antorchas 17.08.2011
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