Bridget Jones... 2ª Parte
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Cuando salió la primera de las películas de Bridget Jones, muchas de mis amigas y amigos (lo que no sé si dice mucho a mi favor) me dijeron que habían pensado constantemente en mi porque sólo a nosotros dos nos pasan esas cosas. En aquel momento acepté que sí (porque entiendo que no es habitual estar frente a una barra de bomberos, por ejemplo) (ya os lo contaré en otro momento), pero con los años he ido descubriendo que eso no es cierto: les pasan a muchas más personas. Lo peculiar es que nosotras lo vivimos como algo gracioso y añadimos esas risas a las vitales.
Ayer estuve invitada a una fiesta. El tema era "años 70", así que las opciones que barajé fueron hippie o macarra. Opción 1, más fácil para mi (total: consistía en ser yo, pero exagerada ;-)). Yo asistía a la fiesta para estar con un chico que iría de macarra.
De camino, pienso en Bridget Jones y su fiesta de "putas y curas"... Cosas que se le pasan a una por la cabeza...
Me encuentro con el chico en un bar: maravilloso macarra, de mirada pilla y tremendamente atractivo. Va disfrazado casi en la misma medida que yo (que llevaba hasta la guitarra, por cierto, para ser más realista), así que me siento a gusto. Llegan un amigo suyo al bar: otro "macarra" maravilloso.
Mi premonición sobre Bridget Jones quedaba fuera de lugar. Perfecto.
Después de una charla de esas en las que te sientes más a gusto que en brazos, nos dirigimos a la fiesta.
¡¡¡Cuatro personas disfrazadas!!! 2 + 2. Chim-púm
No creáis que eso fue malo, noooooooo... Sólo curioso. Es fantástico que la vida me dé estas oportunidades de jugar.
La fiesta, genial. Sin duda, no fue la más marchosa del mundo, pero para mi tuvo mucho valor. Disfruté de la gente, de los amigos de mi amigo, de mi amigo, y de un momento robado a todos (menos a nosotros) que me tuvo empapada hasta que me desperté esta mañana (también queda para la intimidad, o para contarlo en otro momento).
Cada vez me gusta más la libertad de todas las almas.
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Datos personales
domingo, 22 de noviembre de 2015
Bridget Jones (2ª parte). Publicado el 22 de noviembre de 2015
viernes, 2 de octubre de 2015
La percepción y sus errores Publicado el 2 de octubre de 2015
La percepción y sus errores
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Lo que está claro es que no sabemos cómo
perciben los demás. Nos hacemos una idea por cómo lo sentimos nosotros,
pero no podemos decir a ciencia cierta que sabemos cómo les llega.
A veces causamos dolor sin darnos cuenta,
bien por negligencia o porque, sencillamente, no sabemos el momento
emocional en el que está la otra persona.
Eso me ha pasado a mi. Tengo la sensación
de haber causado daño a alguien a quien aprecio y quiero, cuando no hay
ni ha habido en mi intención nada que se aproximara a eso.
Evidentemente, no puedo meterme en la cabeza de los demás ni condicionar
mis acciones a lo que supongo que los demás pueden suponer, pero hoy
una amiga me ha hecho consciente de que esa percepción puede existir.
Sólo quiero decir que nada de lo escribo
va dirigido a nadie. Nunca. Escribo sobre mi y doy vueltas a mis cosas,
pero no pretendo demonizar a nadie, y menos a quien quiero.
A veces esa percepción errónea de la
situación emocional no nos deja empatizar. Y aquí entono un "mea culpa"
porque he sido ajena a ese posible dolor (que tampoco sé siquiera si
existe, pero sí que puede existir).
En el BDsM he tenido la suerte de
encontrar gente maravillosa. Algunas de esas personas siguen en mi vida;
otras, no. Pero no por ello dejan de ser alucinantes.
(PD: Agradecería que en este post no
hubiera comentarios, aunque, evidentemente, sois libres de dejarlos si
sentís la necesidad de hacerlo).
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Realidad y fantasía Publicado del 1 de octubre de 2015
Realidad y fantasía
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Las personas pueden disfrutar de muchas maneras: una de ellas es la realidad; y otra, la fantasía.
En mi experiencia, las personas que nos asimos a la primera,
probablemente tenemos historias mucho menos brutales e interesantes que
narrar, y a los ojos de la persona que lee, resultan menos atractivas.
No pasa nada. Es una opción.
A mi me hastían las que son irreales y me venden como si no lo fueran,
las que me intentan hacer comulgar con ruedas de molino. En el aspecto
fantástico, me encanta leer y soñar con esas situaciones tremendas, pero
entiendo que no dejan de ser relatos creados en algún lugar de la
imaginación (tan necesaria como bella), pero en otro plano. Por
desgracia, hay gente que se confunde. Tampoco pasa nada.
Tenemos una edad (y supuestamente, una madurez) que implica cierta
capacidad de discernimiento. Quien no quiera aplicarla, pues ¡bendito
sea Dios! A mi, el lado santa Teresa cada vez me pide más que me ocupe
de lo mío (en este sentido), más que nada porque he comprobado que quien
desea confundir realidad y fantasía, va a encontrar siempre una manera
de hacerlo.
Y a lo que iba: a mi me encantan todas las historias, pero he de
reconocer que aquellas que "suenan a ciertas" me ponen mucho más ;-)
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El placer Publicado el 24 de septiembre de 2015
Este resumen no está disponible. Haz
clic en este enlace para ver la entrada.
Qué es para mi el BDSM Publicado el 22 de septiembre de 2015
Qué es para mi el BDSM
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Llevo algún tiempo en el BDSM y he
llegado a varias conclusiones. Puede que no estéis de acuerdo y entramos
a debatirlas, si os parece bien, pero son las que tengo en este
momento:
- El BDSM es placer. A través del sexo,
del dolor, de la Dominación, de la sumisión, de retos alcanzados, de
metas por alcanzar... De lo que sea, pero conlleva placer para todas las
partes.
- El BDSM es respeto. Y no me refiero a
las reglas del SSC (sano, seguro y consensuado), sino al que debe
existir entre los integrantes de la relación. Pueden desarrollar las
prácticas que les apetezcan (por brutas que parezcan a otras personas),
pero el respeto al ser que tenemos delante ha de ser prioritario en todo
momento. Sin respeto el BDSM es inconcebible.
- El BDSM es tormento y paz. Tormento en
el sentido de momentos de agitación y expectación, de nervios, de deseo,
de autocontrol, de desenfreno... Paz en la vuelta a ese limbo en el que
vamos conciliando lo que fuimos, lo que somos y lo que seremos,
integrando los cambios que se producen en nuestro interior.
- El BDSM puede mejorar a cada uno. En la
medida en la que nos obliga a realizar un viaje interior, de
descubrimientos y hallazgos de todo tipo, también nos ayuda a ser
mejores desde la realidad de lo que somos y no desde la imagen que
deseamos ser o tener. (Claro que esto depende de la capacidad de cada
uno para hacer introspecciones y sacar lo mejor de cada situación).
- El BDSM es para quien lo desee. Pensar
que el resto del mundo no entiende, no comprende o no practica porque no
conoce es un error tremendo. El BDSM es para quienes deseamos vivirlo, e
intentar llevar a él a gente que no siente ninguna atracción (e incluso
aversión) es un tremendo error.
- El BDSM es vida. Pura, salvaje, relajada. Remanso y locura.
Y darse cuenta de que cada día es una hoja vírgen para escribirla con nuestra mejor letra.
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Batallitas (1ª parte) Publicado el 19 de septiembre de 2015
Batallitas (1º parte)
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Vida y yo hemos hablado muchas veces del tema de las fantasías. Yo he
llegado a la conclusión de que, en muchas ocasiones, deben quedar
relegadas a ser eso: imágenes o emociones mentales que recreamos de esa
manera, porque, en general (y no conozco a nadie que me haya contado lo
contrario), cuando las intentamos llevar a cabo, quedan bastante lejos
de lo que tan clara y precisamente habíamos ordenado y vivido en nuestra
cabecita.
El caso es que una de mis fantasías era sentirme puta. Puta-semi puta,
pero sin serlo y escogiendo al cliente (como es una fantasía puedo
desear lo que me dé la gana, así que no hay réplicas posibles a eso).
En mi cabeza había recreado una y mil veces cómo hacerlo y, en las
ocasiones en las que me lo permitía (porque mi censura emocional también
ha tenido sus momentos), ideaba cómo sería aquello de que un tío se
fuera conmigo sólo para follarme, sin más ni menos, y sin tener ningún
tipo de deferencia para con mi placer. Lo del dinero era lo de menos:
podría ser una semi puta por placer.
Fantasías.
En una de las ciudades en las que he vivido resulta que mi casa
cuadraba cerca de una zona de putas que me pillaba de paso cuando venía
de ver a unos buenos amigos (cosa que hacía con bastante frecuencia). Al
principio, observaba (sin pararme, por si acaso) a las chicas: cómo se
movían, cómo tentaban, cómo reaccionaban cuando algún coche bajaba la
ventanilla... Aquello me parecía muy enriquecedor y, de alguna manera,
fomentaba mi fantasía.
Hasta que empecé a observar a los que paraban. Joer. Ahí se me quitó la
ilusión de hacerlo realidad. La actitud de ellas me resultaba
tremendamente atractiva e interesante, pero ellos parecían sucios,
desaliñados, desagradables y deseperados (para puta, desde luego, hay
que tener muchas tragaderas y va a ser que no es mi caso. Mierda de puta. Maravillosa fantasía irrealizable)
Y decidí que no la llevaría a cabo, por lo menos de esa manera.
Con el tiempo, descubrí que había otra posibilidad. Un Dominante
bastante divertido, con el que había tenido algún encuentro ocasional, y
dado al juego BDSMero, me pareció ser la persona a la que comentarle lo
que me apetecía.
Lo hablamos. Él tenía ciertas reticencias por el tema de dejarme allí,
tirada como una colilla, y que yo me quedara hecha polvo. Pero, dado que
no teníamos un vínculo emocional que pudiera partir nada en mi y que
físicamente era una persona que ya me había demostrado que no iba a
hacer nada más allá de lo que mi cuerpo admitiera, pues... ¡nos
lanzamos!
Quedamos en vernos un día. Él llamaría al timbre. Yo abriría la puerta
y, sin mediar palabra, iríamos a donde él me llevara y me follaría de
todas las maneras que quisiera (en lo humanamente posible). La
condición: ni una sola palabra. Nada de afectos. Nada de ¿qué tal?. Nada
de palabras. Nada. En todo caso, "ponte aquí, ponte allí, haz esto o haz lo otro".
Cuando él se sintiera satisfecho, cogería la misma puerta por la que
entró para marcharse y, hala, si te he visto no me acuerdo.
Así lo hicimos. Según el plan elaborado. Todo, más o menos (ya sabéis
que siempre hay cosas que se escapan a nuestro plan) bien.
... La puerta se cerró y él se marchó.
Yo me quedé en la cocina, fumando y pensando en que igual aquello no
era exactamente como lo había pensado, pero que tenía su punto. Ser
usada sin más (por lo menos, con ese hombre, en ese momento determinado)
había estado bastante bien.
Pero, claro, la dicha no podía ser completa.
Sonó el teléfonillo: "Ding Dong"
Me hice la sueca, del mismo Estocolmo.
Volvió a sonar.
Mierda!
Estocolmo, Estocolmo...
Otra vez... Jo... Ya era inevitable: lo mismo se había olvidado las
llaves del coche, o se había metido una leche contra las escaleras... Yo
qué sé... No podía dejar de contestar. Lo primero, siempre, es el
humano que llevamos dentro. O igual hasta no era él...
- ¿Sí? - (una deplorable voz en mi interior deseaba que le hubiera
sucedido algo terrible por lo que no hubiera tenido otra opción que
llamar)
- ¿Puedo subir?-
(Mierda, mierda, mierda)
- Claro, sube- (aquella voz interior me susurró : ¡te jodes!)
(¿Qué le habrá pasado?)
Ding dong (timbre de la puerta)
Abro.
Este maravilloso hombre, pleno y feliz, me sonríe y me pregunta:
- ¿Qué tal estás?...
(Mierda, mierda, mierda...)
- Pasa, anda, vamos a tomar un café y nos echamos unas risas.
.........
Definitivamente, va a ser que las fantasías son sólo para el alma.
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jueves, 17 de septiembre de 2015
La fortaleza. Carta a matiti. Publicado el 16 de septiembre de 2015
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La fortaleza. Carta a matiti.
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Querida matiti:
Me preguntas sobre la fortaleza y sólo puedo hablarte de lo que yo entiendo por tal.
Supongo que te refieres a la de la sumisa en el mundo BDSM, pero en
realidad es igual a cualquier otra. La fortaleza es fortaleza, al igual
que la violencia es violencia y la belleza es belleza.
Fortaleza es sentir que tienes los pies más bonitos del mundo y nadie
pueda hacer que cambies de opinión, por mucha que sea la gente que
piense diferente.
Fortaleza es decir "no" cuando se siente de esa manera, sin intentar
herir ni quedar por encima. Sólo porque no va contigo y sabes que tienes
esa posibilidad.
Fortaleza es decir que no sabes, y que no entiendes, porque no sientes
que haya nada malo en ello, porque quieres aprender y porque nada puede
minar tu fé en ti.
Fortaleza es reirse cuando las cosas van mal y pensar que no están
perdidas, y luchar por alcanzar el sueño, por lejos que parezca, porque
sabes que puedes lograrlo.
Fortaleza es someterse a alguien y seguir siendo una misma, sometida y
Dominada, pero una misma. Para ello, has de encontrar al Dominante que
se convierta en tu Amo y no en el de una que no eres tú misma.
Fortaleza es parar cuando no puedes seguir, descansar y echar la vista
hacia atrás y hacia adelante para saber dónde estás, de dónde vienes y a
dónde te diriges.
Fortaleza es saber que algo sera difícil y sopesar las fuerzas que has
de emplear, para luego decidir, de manera libre, si deseas invertirlas o
no.
Fortaleza es asumir las consecuencias de nuestras acciones, por duras o severas que parezcan; admitir errores, aceptar halagos.
Fortaleza es decidir cometer faltas y tirar para adelante con ellas,
sabiendo que te mirarán de una u otra manera, pero consciente de que
tienen un fin.
Fortaleza es ayudar cuando alguien lo necesita, y pedir ayuda cuando se necesita.
Fortaleza es bajar la mirada y saber que es un regalo.
Fortaleza es conocerte, saber dónde están los miles de talones de
Aquiles y los millones de virtudes, e intentar ser mejor desde lo que
eres.
Fortaleza es lanzarse al campo, con cientos de espectadores, y arbitrar
mientras te insultan, centrada sólo en el partido y en hacerlo lo mejor
posible.
Fortaleza es escuchar diez mil rumores y ponerlos en el cajón de la
cuarentena, consciente de que algún día tocarán tu vida, y seguir
haciendo lo que quieres, a pesar de que comenten.
Fortaleza es ser capaz de mirarse al espejo, ver cosas que no gustan y, aún así, quererse mucho.
Un beso, linda.
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BDSM, bilingüismo y humillación. Publicado el 15 de septiembre de 2015
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BDSM, bilingüismo y humillación
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Casi todos los integrantes del mundo BDSM hablamos, por lo menos, dos
idiomas: el "oscuro" y el "claro". En el segundo nos relacionamos casi
siempre con la gente que no pertenece al BDSM y, en algunas ocasiones,
con los que sí. En el "oscuro" nos comunicamos con las personas con las
que estamos manteniendo, en ese momento, una comunicación bedesemera.
Como todos los bilingües, entendemos "by heart" (por intuición,
instinto, costumbre o lo que sea) algunos de los signos de la
comunicación en ambos idiomas, pero podemos llegar a tener malentendidos
cuando existen los "false frends" (palabras que, aparentemente, quieren
decir lo mismo en dos idiomas pero que, en realidad, significan cosas
diferentes- un ejemplo claro es "constipation", que en español nos lleva
a pensar en un catarro normal y corriente y, sin embargo, en inglés es
"estreñimiento").
Como bilingües, a veces no podemos traducir una sensación, una palabra,
un gesto o un momento comunicativo de una lengua a la otra. Porque no.
Porque podemos encontrar algo parecido (si es que somos afortunados),
pero no querrá decir exactamente lo otro. (Hay palabras que yo he
aprendido en inglés y que no encuentro la manera humana de decirlas en
castellano, y a la inversa).
Asi que es fundamental saber en qué lengua nos estamos comunicando en
cada momento (para evitar "false friends") y comprender la incapacidad
de traducción en determinados momentos.
¿Por qué digo esto? Por la humillación.
La humillación es una práctica que se habla en "oscuro" y debe entenderse en la misma lengua. No existe traducción posible al lenguaje "claro". Si me dicen, por ejemplo: "Puta, que no sabes ni mamarla"
puede querer decir que tengo serios problemas para hacer una felación
como debe ser (lengua "clara") o que me está diciendo eso en un momento
determinado porque le apetece y le pone, sin más intención que ésa.
Parece evidente que estamos en lenguaje "oscuro", pero basta que no me
dé cuenta, que yo siga interpretando en "claro", para que se haga una
brecha en la relación, puesto que puedo enterderlo en una cuando en
realidad se está diciendo en otra, y si lo hubiera escuchado en "oscuro"
probablemente me hubiera hecho chorrear de gusto.
Esa es una de las desventajas de tener vocabulario común: a veces
creemos entender, pero en realidad estábamos hablando en idiomas
diferentes.
Por eso en la humillación es fundamental que la comunicación
sea la correcta, que los dos (o los que sean) estén hablando en el mismo
idioma, y que nunca se trate de traducir a otro idioma.
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Romper y recomponer. Publicado el 13 de septiembre de 2015
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Romper y recomponer
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Hoy he tenido una interesante charla sobre BDSM. Hablábamos de las
impresiones de un Dominante y de la sumisa sobre las reacciones que en
cada uno de ellos provocaban algunas prácticas. (En este caso concreto
era la humillación, pero no quiero extenderme en ese tema porque me
parece tremendamente delicado e interesante y me gustaría dedicarle un
escrito específico).
El caso es que las prácticas provocan reacciones en ambos lados de la
cadena. Normalmente creemos saber a ciencia cierta cuáles son en la otra
persona, y traducimos a nuestro lenguaje (al personal, al de cada uno)
los signos que percibimos.
Sin embargo, en cada uno son diferentes y es un tremendo error universalizarlos.
Hemos hablado de la sensación dolorosa del Amo cuando cree que la
sumisa se ha "roto". Yo entiendo que en las "sesiones" la sumisa se
"rompe" casi siempre. En muchas ocasiones, lloramos, nos deshacemos, nos
paralizamos, nos bloqueamos, manifestamos dolor... (En mi caso, casi
siempre casi todas ;-)).
(Aquí, OJO!: estoy hablando de "rupturas" dentro una moderación)
En realidad (y ahora sí que hablaré en primera persona) esa "ruptura" a
mi me gusta. Forma parte del encanto del BDSM. Cada trocito que salta
de mi lleva algo de dolor, pero también placer. Me gusta ver cómo me
descompongo por Él, cómo van cayendo los cachitos, cómo esa yo que era
un rato antes se convierte en otra yo que se deshace como papel en el
agua.
No sólo no importa, sino que es bello.
Pero lo es SÓLO si luego hay recomposición. Sólo funciona si, después
de esa ruptura, la persona puede volver a unir esos cachitos para
rehacerse, probablemente diferente aunque igual. Y para eso es
fundamental que el Amo participe en el proceso. Es la única manera. La
única posibilidad de que se llegue a buen puerto.
La ruptura es bella, preciosa, interesante, excitante... porque luego se recompone y sale un nuevo Fénix entregado.
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Evolución. Publicado el 11 de septiembre de 2015
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Evolución
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A veces pienso en todas las cosas que han
ido cambiando desde que conocí el mundo del BDSM en primera persona.
Han sido muchas. No sólo ha incidido en mi concepción de la sexualidad
(en el más amplio sentido de la palabra), sino que, en bastantes
sentidos, ha repercutido en mi idea del mundo. O quizá sólo sea en la
manera en que ahora lo manifiesto. No estoy segura.
De lo que sí lo estoy es de que la gente
evoluciona en sus gustos, en su estética, en su forma de expresarse, de
comunicar, de relacionarse... pero no cambia la esencia. Ésa es la que
es, siempre.
Yo he aprendido en este tiempo a fiarme
de mi intuición, a saber que está en el camino correcto. No siempre
susurra las cosas esperadas, ni las políticamente correctas, pero sé que
debo escucharla.
Al igual que en el BDSM, la pasión, la
comunicación y la confianza son las claves para que la relación con mi
intuición funcione.
Y dejar, de vez en cuando, que salga la fiera que todos llevamos dentro.
Lo que tengo
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El hombre, la medida de todas las cosas. Publicado el 19 de mayo de 2015
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El hombre, la medida de todas las cosas
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El hombre, para los renacentistas, era la
medida de todas las cosas. Pasó de ser un dios al que conocían,
básicamente, por la mala leche que se gastaba en el Antiguo Testamento
(un dios terrible, vengativo e iracundo) a ser el hombre.
Y cuando digo esa palabra me refiero a
una persona del género masculino, porque las mujeres (a pesar de que dos
tetas muevan más que dos carretas) pintaba menos que las monas.
Cuando alguien entra en el mundo del BDSM
también tiene un cambio sustancial en torno a la unidad de medida.
Normalmente, quiero decir, pasa de ser la unidad propia a la ajena, sea
cual sea el rol que sienta y/o desempeñe.
La persona sumisa centra esa medición en
el Dominante, y las cosas pasan a verse con esos ojos que ya no miran
desde la cara que una ostenta, sino desde la que tiene en frente; los
oídos pasan a escuchar sonidos desde otro lado de esa cara que observa y
no la que mira; los deseos pasan, de manera inexplicable, a centrarse
en quien deseamos complacer porque, por obra y milagro de la
incorporación a esa nueva consciencia de nuestro propio deseo, es
satisfacer al otro lo que nos llena.
En la persona Dominante también deberían
producirse cambios, o debería, porque si un Amo sigue creyendo que Él y
sólo él es la medida de todas las cosas, entones, querida sumisa,
querido sumiso, te espera una vida de mierda.
Hay mucha gente, muchísima, que ha
cambiado esa medida. A mi me encanta observalos, me gusta ver esos
detalles que demuestran la nueva unidad estandarizada.
Y, sobre todo, me gusta sentir que siempre hay alguien que es el número uno en la lista de otro alguien.
¡Feliz luna nueva!
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martes, 17 de febrero de 2015
Me gustas 17-02-15
Me gustas
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Me gusta mirarte y sentir que he de bajar la mirada,
pero también me gusta levantarla frente a ti.
Me gusta soñar con tu deseo irrefrenable y arrebatado,
pero también me gusta verte tranquilo y calmado, conteniéndolo.
Me gusta caer en tus manos y sentir cómo me azotan,
pero también me gusta verlas rozarme, acariciando el cuerpo ardiente.
Me gusta imaginarte de diez mil maneras fogosas y calientes,
pero tambien me gusta pensarte calculador y meticuloso en los actos.
Y así de muchas formas, complementarias y contrarias.
Me gustas.
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Las cincuenta sombras de Maru. 17-02-15
Las cincuenta sombras de Maru
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Mi amiga Maru es una pasada. A mi me tiene loca en cada una de las cosas que hace y que piensa. Su forma de enfrentarse a la realidad es algo asombroso: todo es natural y todo tiene una parte de risa, desde lo más trágico hasta lo más morboso.
Fuimos juntas al colegio, así que nos conocemos desde que éramos niñas. Ella sigue conservando bastante de la pureza original de la infancia (no la que se dedica a la Vírgen mientras se llevan flores y se canta el himno con los ojos llenos de emoción, no) y eso la hace tremendamente interesante a mis ojos.
Hablamos mucho de sexo, pero en plan risa. Nunca nos hemos metido en berenjenales ni en detalles morbosos que no fueran "si me llamas esta noche no te lo voy a coger porque voy a estar con Marce dale que te pego, que los niños se quedan con la abuela".
Nada más.
Así que, por supuesto, nunca habíamos hablado de BDSM ni de nada parecido... hasta que llegó Grey a su vida. Pero él no entró por la puerta grande (como a la mayor parte de la población que conozco) a través de la literatura, no, sino con la película. Ella, emocionada y feliz, no deseaba otra cosa que verla y experimentar, a través de sus propios ojos, la delicia con la que tanta mujer soñaba.
Me lo dijo y me invitó a ir al cine con ella. Nada podía ser más interesante que ver esa peli con Maru. Un mundo por descubrir, seguro.
El viernes (día del estreno), Maru me llamó a las siete de la tarde para quedar a las siete y cuarto. Íbamos a la sesión de las ocho. Marce se quedaba con los niños para librarse de verla, y, como "daño colateral" tenía que cuidarlos. Le compensaba.
Cuando Marce me vio llegar a la casa me guiñó un ojo y me dijo:
-Gracias, shere. Luego me dices...
Se refería, claro, a avisarle en caso de que Maru saliera más caliente que el Coloso de la peli.
Fuimos al cine. Conducía ella. Tras varios sitios que no le parecieron adecuados, me dejó en la puerta para que comparara las entradas. No problem. Me bajé y fui a la inexistente cola . Todo iba bien. Todo perfecto. Teníamos entradas para una de las filas de enmedio.
Antes de entrar tuve que comprar detergente para el lavaplatos en el supermercado que tiene anexo el cine. Y ahí empezó el calvario de la cruda realidad.
-¿Qué vas a hacer con eso? - me preguntó.
-¿Eins?-
- Que si vas a entrar con eso en el cine. Es de marujas. No podemos ir a ver a Grey con detergente de lavaplatos. Quedaríamos fatal.
- ¿Con quién?
- Con Grey y con la gente que va.-
- No creo que Grey se dé cuenta, y la gente seguro que tiene otras cosas mejores que hacer.
- Que no, shere, que no. Que yo no voy a ver a Grey con detergente en una bolsa.
- ¡Hay que joderse, Maru!
- Venga, que lo llevamos al coche. ¡Hay que ver lo maruja que eres!...-
Paseíto al coche y vuelta al centro comercial. Un vino antes de empezar. La cosa se ponía aún mejor porque si Maru de por sí es una risa, con dos vinos ya no te lo puedes imaginar.
Por fin entramos en el cine. Tres pares de manos la saludan desde más arriba. Ella me comenta que menos mal que no ha ido de incóngito (¡como si pudiera!).
Y empieza la peli.
- Shere, este tío está buenísimo-ç
...
- Shere, la tía ésta es más tonta que Abundio-
...
- Shere... la pava se le quiere triscar-
...
-Shere... el pavo se la quiere triscar-
...
- ¡Que es vírgen!... Juassssss.... no se lo cree ni borracha-
...
-¡Joder con el cuarto rojo del dolor! ¡Te cagas! ¡Quien tenga que limpiar eso se acuerda de la madre del Grey para el resto de sus días!
...
- Anda... pues si parece que la gusta...-
...
Y, desde ese punto, todas las escenas tenía comentarios de la mujer que no quiso entrar con detergente porque parecía una maruja. Ejemplos:
1) Grey coge las bragas de Anastasia y se las lleva a la nariz. Las aspira y...
- ¡Qué pedazo cerdo! Si hace eso Marce conmigo, le tiro los calzoncillos de la semana pasada y ya verás cómo le huelen-.
2) En un momento determinado, Grey toma un hielo en la boca y se lo pasa a Anastasia por el cuello, bajándolo poco a poco por el cuerpo, pasando por los pezones...
- Si a mi me hace eso Marce tiene que darme la vuelta para encontrarlos...-
Y ahí sí que no pude contenerme. En medio de una escena de las más eróticas de la peli (porque no creáis que tiene tantas), explosión de risa en la fila 14.
A la salida, una de las chicas que le había saludado, para con nosotras a charlar y, tras echarnos unas risas, nos hace una confesión:
-Hace unos diez años, mi Manu, se puso romántico. Ya sabéis: cosas de esas que les dan a los tíos de vez en cuando. El caso es que, no sé cómo, consiguió un montón de pétalos de rosa y los echó en la cama. Tooooooooda la cama llena de ellos. Toooooooda. Enteeeeeeeeeera. Para que no se estropearan los había guardado en el congelador, así que cuando me eché en la cama me quedé tiesa y me salió del alma:
"Joder, Manu, mira qué eres tonto. Ahora lo recoges tú... y limpia las sábanas, ¿eh?, que eso no se quita así como así".
Como para cuartos rojos del dolor... ¡Hay que joderse! Éste me ata con la corbata y me tienen que desatar los bomberos..."-
Volví a casa fascinada. Entre las risas, la resolución de dudas sobre términos como "fisting", las historias de mis compis y la cruda realidad, me di cuenta de que todos tenemos cincuenta sombras... aunque las limpiemos con el plumero del polvo.
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