domingo, 22 de noviembre de 2015

Bridget Jones (2ª parte). Publicado el 22 de noviembre de 2015

Bridget Jones... 2ª Parte
 
Cuando salió la primera de las películas de Bridget Jones, muchas de mis amigas y amigos (lo que no sé si dice mucho a mi favor) me dijeron que habían pensado constantemente en mi porque sólo a nosotros dos nos pasan esas cosas.  En aquel momento acepté que sí (porque entiendo que no es habitual estar frente a una barra de bomberos, por ejemplo) (ya os lo contaré en otro momento), pero con los años he ido descubriendo que eso no es cierto: les pasan a muchas más personas. Lo peculiar es que nosotras lo vivimos como algo gracioso y añadimos esas risas a las vitales.

Ayer estuve invitada a una fiesta. El tema era "años 70", así que las opciones que barajé fueron hippie o macarra. Opción 1, más fácil para mi (total: consistía en ser yo, pero exagerada ;-)). Yo asistía a la fiesta para estar con un chico que iría de macarra.

De camino, pienso en Bridget Jones y su fiesta de "putas y curas"... Cosas que se le pasan a una por la cabeza...

Me encuentro con el chico en un bar: maravilloso macarra, de mirada pilla y tremendamente atractivo. Va disfrazado casi en la misma medida que yo (que llevaba hasta la guitarra, por cierto, para ser más realista), así que me siento a gusto. Llegan un amigo suyo al bar: otro "macarra" maravilloso.

Mi premonición sobre Bridget Jones quedaba fuera de lugar. Perfecto.

Después de una charla de esas en las que te sientes más a gusto que en brazos, nos dirigimos a la fiesta.

¡¡¡Cuatro personas disfrazadas!!! 2 + 2. Chim-púm

No creáis que eso fue malo, noooooooo... Sólo curioso. Es fantástico que la vida me dé estas oportunidades de jugar.


La fiesta, genial. Sin duda, no fue la más marchosa del mundo, pero para mi tuvo mucho valor. Disfruté de la gente, de los amigos de mi amigo, de mi amigo, y de un momento robado a todos (menos a nosotros) que me tuvo empapada hasta que me desperté esta mañana (también queda para la intimidad, o para contarlo en otro momento).

Cada vez me gusta más la libertad de todas las almas.

viernes, 2 de octubre de 2015

La percepción y sus errores Publicado el 2 de octubre de 2015

La percepción y sus errores
 
 
Lo que está claro es que no sabemos cómo perciben los demás. Nos hacemos una idea por cómo lo sentimos nosotros, pero no podemos decir a ciencia cierta que sabemos cómo les llega.
 
A veces causamos dolor sin darnos cuenta, bien por negligencia o porque, sencillamente, no sabemos el momento emocional en el que está la otra persona.
 
Eso me ha pasado a mi. Tengo la sensación de haber causado daño a alguien a quien aprecio y quiero, cuando no hay ni ha habido en mi intención nada que se aproximara a eso. Evidentemente, no puedo meterme en la cabeza de los demás ni condicionar mis acciones a lo que supongo que los demás pueden suponer, pero hoy una amiga me ha hecho consciente de que esa percepción puede existir.
 
Sólo quiero decir que nada de lo escribo va dirigido a nadie. Nunca. Escribo sobre mi y doy vueltas a mis cosas, pero no pretendo demonizar a nadie, y menos a quien quiero.
 
A veces esa percepción errónea de la situación emocional no nos deja empatizar. Y aquí entono un "mea culpa" porque he sido ajena a ese posible dolor (que tampoco sé siquiera si existe, pero sí que puede existir).
 
En el BDsM he tenido la suerte de encontrar gente maravillosa. Algunas de esas personas siguen en mi vida; otras, no. Pero no por ello dejan de ser alucinantes.
 
(PD: Agradecería que en este post no hubiera comentarios, aunque, evidentemente, sois libres de dejarlos si sentís la necesidad de hacerlo).

Realidad y fantasía Publicado del 1 de octubre de 2015

Realidad y fantasía
 
 
Las personas pueden disfrutar de muchas maneras: una de ellas es la realidad; y otra, la fantasía.
 
En mi experiencia, las personas que nos asimos a la primera, probablemente tenemos historias mucho menos brutales e interesantes que narrar, y a los ojos de la persona que lee, resultan menos atractivas. No pasa nada. Es una opción.
 
A mi me hastían las que son irreales y me venden como si no lo fueran, las que me intentan hacer comulgar con ruedas de molino. En el aspecto fantástico, me encanta leer y soñar con esas situaciones tremendas, pero entiendo que no dejan de ser relatos creados en algún lugar de la imaginación (tan necesaria como bella), pero en otro plano. Por desgracia, hay gente que se confunde. Tampoco pasa nada.
 
Tenemos una edad (y supuestamente, una madurez) que implica cierta capacidad de discernimiento. Quien no quiera aplicarla, pues ¡bendito sea Dios! A mi, el lado santa Teresa cada vez me pide más que me ocupe de lo mío (en este sentido), más que nada porque he comprobado que quien desea confundir realidad y fantasía, va a encontrar siempre una manera de hacerlo.
 
Y a lo que iba: a mi me encantan todas las historias, pero he de reconocer que aquellas que "suenan a ciertas" me ponen mucho más ;-)

El placer Publicado el 24 de septiembre de 2015

Este resumen no está disponible. Haz clic en este enlace para ver la entrada.

Qué es para mi el BDSM Publicado el 22 de septiembre de 2015

Qué es para mi el BDSM
 
Llevo algún tiempo en el BDSM y he llegado a varias conclusiones. Puede que no estéis de acuerdo y entramos a debatirlas, si os parece bien, pero son las que tengo en este momento:
 
- El BDSM es placer. A través del sexo, del dolor, de la Dominación, de la sumisión, de retos alcanzados, de metas por alcanzar... De lo que sea, pero conlleva placer para todas las partes.
 
- El BDSM es respeto. Y no me refiero a las reglas del SSC (sano, seguro y consensuado), sino al que debe existir entre los integrantes de la relación. Pueden desarrollar las prácticas que les apetezcan (por brutas que parezcan a otras personas), pero el respeto al ser que tenemos delante ha de ser prioritario en todo momento. Sin respeto el BDSM es inconcebible.
 
- El BDSM es tormento y paz. Tormento en el sentido de momentos de agitación y expectación, de nervios, de deseo, de autocontrol, de desenfreno... Paz en la vuelta a ese limbo en el que vamos conciliando lo que fuimos, lo que somos y lo que seremos, integrando los cambios que se producen en nuestro interior.
 
- El BDSM puede mejorar a cada uno. En la medida en la que nos obliga a realizar un viaje interior, de descubrimientos y hallazgos de todo tipo, también nos ayuda a ser mejores desde la realidad de lo que somos y no desde la imagen que deseamos ser o tener. (Claro que esto depende de la capacidad de cada uno para hacer introspecciones y sacar lo mejor de cada situación).
 
- El BDSM es para quien lo desee. Pensar que el resto del mundo no entiende, no comprende o no practica porque no conoce es un error tremendo. El BDSM es para quienes deseamos vivirlo, e intentar llevar a él a gente que no siente ninguna atracción (e incluso aversión) es un tremendo error.
 
- El BDSM es vida. Pura, salvaje, relajada. Remanso y locura.
 
Y darse cuenta de que cada día es una hoja vírgen para escribirla con nuestra mejor letra.

Batallitas (1ª parte) Publicado el 19 de septiembre de 2015

Batallitas (1º parte)
 
 
Vida y yo hemos hablado muchas veces del tema de las fantasías. Yo he llegado a la conclusión de que, en muchas ocasiones, deben quedar relegadas a ser eso: imágenes o emociones mentales que recreamos de esa manera, porque, en general (y no conozco a nadie que me haya contado lo contrario), cuando las intentamos llevar a cabo, quedan bastante lejos de lo que tan clara y precisamente habíamos ordenado y vivido en nuestra cabecita.
 
El caso es que una de mis fantasías era sentirme puta. Puta-semi puta, pero sin serlo y escogiendo al cliente (como es una fantasía puedo desear lo que me dé la gana, así que no hay réplicas posibles a eso).
 
En mi cabeza había recreado una y mil veces cómo hacerlo y, en las ocasiones en las que me lo permitía (porque mi censura emocional también ha tenido sus momentos), ideaba cómo sería aquello de que un tío se fuera conmigo sólo para follarme, sin más ni menos, y sin tener ningún tipo de deferencia para con mi placer. Lo del dinero era lo de menos: podría ser una semi puta por placer.
 
Fantasías.
 
En una de las ciudades en las que he vivido resulta que mi casa cuadraba cerca de una zona de putas que me pillaba de paso cuando venía de ver a unos buenos amigos (cosa que hacía con bastante frecuencia). Al principio, observaba (sin pararme, por si acaso) a las chicas: cómo se movían, cómo tentaban, cómo reaccionaban cuando algún coche bajaba la ventanilla... Aquello me parecía muy enriquecedor y, de alguna manera, fomentaba mi fantasía.
 
Hasta que empecé a observar a los que paraban. Joer. Ahí se me quitó la ilusión de hacerlo realidad. La actitud de ellas me resultaba tremendamente atractiva e interesante, pero ellos parecían sucios, desaliñados, desagradables y deseperados (para puta, desde luego, hay que tener muchas tragaderas y va a ser que no es mi caso. Mierda de puta. Maravillosa fantasía irrealizable)
 
Y decidí que no la llevaría a cabo, por lo menos de esa manera.
 
Con el tiempo, descubrí que había otra posibilidad. Un Dominante bastante divertido, con el que había tenido algún encuentro ocasional, y dado al juego BDSMero, me pareció ser la persona a la que comentarle lo que me apetecía.
 
Lo hablamos. Él tenía ciertas reticencias por el tema de dejarme allí, tirada como una colilla, y que yo me quedara hecha polvo. Pero, dado que no teníamos un vínculo emocional que pudiera partir nada en mi y que físicamente era una persona que ya me había demostrado que no iba a hacer nada más allá de lo que mi cuerpo admitiera, pues... ¡nos lanzamos!
 
Quedamos en vernos un día. Él llamaría al timbre. Yo abriría la puerta y, sin mediar palabra, iríamos a donde él me llevara y me follaría de todas las maneras que quisiera (en lo humanamente posible). La condición: ni una sola palabra. Nada de afectos. Nada de ¿qué tal?. Nada de palabras. Nada. En todo caso, "ponte aquí, ponte allí, haz esto o haz lo otro". Cuando él se sintiera satisfecho, cogería la misma puerta por la que entró para marcharse y, hala, si te he visto no me acuerdo.
 
Así lo hicimos. Según el plan elaborado. Todo, más o menos (ya sabéis que siempre hay cosas que se escapan a nuestro plan) bien.
 
... La puerta se cerró y él se marchó.
 
Yo me quedé en la cocina, fumando y pensando en que igual aquello no era exactamente como lo había pensado, pero que tenía su punto. Ser usada sin más (por lo menos, con ese hombre, en ese momento determinado) había estado bastante bien.
 
Pero, claro, la dicha no podía ser completa.
 
Sonó el teléfonillo: "Ding Dong"
 
Me hice la sueca, del mismo Estocolmo.
 
Volvió a sonar.
 
Mierda!
 
Estocolmo, Estocolmo...
 
Otra vez... Jo... Ya era inevitable: lo mismo se había olvidado las llaves del coche, o se había metido una leche contra las escaleras... Yo qué sé... No podía dejar de contestar. Lo primero, siempre, es el humano que llevamos dentro. O igual hasta no era él...
 
- ¿Sí? - (una deplorable voz en mi interior deseaba que le hubiera sucedido algo terrible por lo que no hubiera tenido otra opción que llamar)
 
- ¿Puedo subir?-
 
(Mierda, mierda, mierda)
 
- Claro, sube- (aquella voz interior me susurró : ¡te jodes!)
 
(¿Qué le habrá pasado?)
 
Ding dong (timbre de la puerta)
 
Abro.
 
Este maravilloso hombre, pleno y feliz, me sonríe y me pregunta:
 
- ¿Qué tal estás?...
 
(Mierda, mierda, mierda...)
 
- Pasa, anda, vamos a tomar un café y nos echamos unas risas.
 
.........
 
Definitivamente, va a ser que las fantasías son sólo para el alma.

jueves, 17 de septiembre de 2015

La fortaleza. Carta a matiti. Publicado el 16 de septiembre de 2015


La fortaleza. Carta a matiti.
 
Querida matiti:
 
Me preguntas sobre la fortaleza y sólo puedo hablarte de lo que yo entiendo por tal.
 
Supongo que te refieres a la de la sumisa en el mundo BDSM, pero en realidad es igual a cualquier otra. La fortaleza es fortaleza, al igual que la violencia es violencia y la belleza es belleza.
 
Fortaleza es sentir que tienes los pies más bonitos del mundo y nadie pueda hacer que cambies de opinión, por mucha que sea la gente que piense diferente.
 
Fortaleza es decir "no" cuando se siente de esa manera, sin intentar herir ni quedar por encima. Sólo porque no va contigo y sabes que tienes esa posibilidad.
 
Fortaleza es decir que no sabes, y que no entiendes, porque no sientes que haya nada malo en ello, porque quieres aprender y porque nada puede minar tu fé en ti.
 
Fortaleza es reirse cuando las cosas van mal y pensar que no están perdidas, y luchar por alcanzar el sueño, por lejos que parezca, porque sabes que puedes lograrlo.
 
Fortaleza es someterse a alguien y seguir siendo una misma, sometida y Dominada, pero una misma. Para ello, has de encontrar al Dominante que se convierta en tu Amo y no en el de una que no eres tú misma.
 
Fortaleza es parar cuando no puedes seguir, descansar y echar la vista hacia atrás y hacia adelante para saber dónde estás, de dónde vienes y a dónde te diriges.
 
Fortaleza es saber que algo sera difícil y sopesar las fuerzas que has de emplear, para luego decidir, de manera libre, si deseas invertirlas o no.
 
Fortaleza es asumir las consecuencias de nuestras acciones, por duras o severas que parezcan; admitir errores, aceptar halagos.
 
Fortaleza es decidir cometer faltas y tirar para adelante con ellas, sabiendo que te mirarán de una u otra manera, pero consciente de que tienen un fin.
 
Fortaleza es ayudar cuando alguien lo necesita, y pedir ayuda cuando se necesita.
 
Fortaleza es bajar la mirada y saber que es un regalo.
 
Fortaleza es conocerte, saber dónde están los miles de talones de Aquiles y los millones de virtudes, e intentar ser mejor desde lo que eres.
 
Fortaleza es lanzarse al campo, con cientos de espectadores, y arbitrar mientras te insultan, centrada sólo en el partido y en hacerlo lo mejor posible.
 
Fortaleza es escuchar diez mil rumores y ponerlos en el cajón de la cuarentena, consciente de que algún día tocarán tu vida, y seguir haciendo lo que quieres, a pesar de que comenten.
 
Fortaleza es ser capaz de mirarse al espejo, ver cosas que no gustan y, aún así, quererse mucho.
 
Un beso, linda.

BDSM, bilingüismo y humillación. Publicado el 15 de septiembre de 2015


BDSM, bilingüismo y humillación
 
 
Casi todos los integrantes del mundo BDSM hablamos, por lo menos, dos idiomas: el "oscuro" y el "claro". En el segundo nos relacionamos casi siempre con la gente que no pertenece al BDSM y, en algunas ocasiones, con los que sí. En el "oscuro" nos comunicamos con las personas con las que estamos manteniendo, en ese momento, una comunicación bedesemera.
 
Como todos los bilingües, entendemos "by heart" (por intuición, instinto, costumbre o lo que sea) algunos de los signos de la comunicación en ambos idiomas, pero podemos llegar a tener malentendidos cuando existen los "false frends" (palabras que, aparentemente, quieren decir lo mismo en dos idiomas pero que, en realidad, significan cosas diferentes- un ejemplo claro es "constipation", que en español nos lleva a pensar en un catarro normal y corriente y, sin embargo, en inglés es "estreñimiento").
 
Como bilingües, a veces no podemos traducir una sensación, una palabra, un gesto o un momento comunicativo de una lengua a la otra. Porque no. Porque podemos encontrar algo parecido (si es que somos afortunados), pero no querrá decir exactamente lo otro. (Hay palabras que yo he aprendido en inglés y que no encuentro la manera humana de decirlas en castellano, y a la inversa).
 
Asi que es fundamental saber en qué lengua nos estamos comunicando en cada momento (para evitar "false friends") y comprender la incapacidad de traducción en determinados momentos.
 
¿Por qué digo esto? Por la humillación.
 
La humillación es una práctica que se habla en "oscuro" y debe entenderse en la misma lengua. No existe traducción posible al lenguaje "claro". Si me dicen, por ejemplo: "Puta, que no sabes ni mamarla" puede querer decir que tengo serios problemas para hacer una felación como debe ser (lengua "clara") o que me está diciendo eso en un momento determinado porque le apetece y le pone, sin más intención que ésa.
 
Parece evidente que estamos en lenguaje "oscuro", pero basta que no me dé cuenta, que yo siga interpretando en "claro", para que se haga una brecha en la relación, puesto que puedo enterderlo en una cuando en realidad se está diciendo en otra, y si lo hubiera escuchado en "oscuro" probablemente me hubiera hecho chorrear de gusto.
 
Esa es una de las desventajas de tener vocabulario común: a veces creemos entender, pero en realidad estábamos hablando en idiomas diferentes.
 
Por eso en la humillación es fundamental que la comunicación sea la correcta, que los dos (o los que sean) estén hablando en el mismo idioma, y que nunca se trate de traducir a otro idioma.

Romper y recomponer. Publicado el 13 de septiembre de 2015


Romper y recomponer
 
 
Hoy he tenido una interesante charla sobre BDSM. Hablábamos de las impresiones de un Dominante y de la sumisa sobre las reacciones que en cada uno de ellos provocaban algunas prácticas. (En este caso concreto era la humillación, pero no quiero extenderme en ese tema porque me parece tremendamente delicado e interesante y me gustaría dedicarle un escrito específico).
 
El caso es que las prácticas provocan reacciones en ambos lados de la cadena. Normalmente creemos saber a ciencia cierta cuáles son en la otra persona, y traducimos a nuestro lenguaje (al personal, al de cada uno) los signos que percibimos.
 
Sin embargo, en cada uno son diferentes y es un tremendo error universalizarlos.
 
Hemos hablado de la sensación dolorosa del Amo cuando cree que la sumisa se ha "roto". Yo entiendo que en las "sesiones" la sumisa se "rompe" casi siempre. En muchas ocasiones, lloramos, nos deshacemos, nos paralizamos, nos bloqueamos, manifestamos dolor... (En mi caso, casi siempre casi todas ;-)). 
 
(Aquí, OJO!: estoy hablando de "rupturas" dentro una moderación)
 
En realidad (y ahora sí que hablaré en primera persona) esa "ruptura" a mi me gusta. Forma parte del encanto del BDSM. Cada trocito que salta de mi lleva algo de dolor, pero también placer. Me gusta ver cómo me descompongo por Él, cómo van cayendo los cachitos, cómo esa yo que era un rato antes se convierte en otra yo que se deshace como papel en el agua.
 
No sólo no importa, sino que es bello.
 
Pero lo es SÓLO si luego hay recomposición. Sólo funciona si, después de esa ruptura, la persona puede volver a unir esos cachitos para rehacerse, probablemente diferente aunque igual. Y para eso es fundamental que el Amo participe en el proceso. Es la única manera. La única posibilidad de que se llegue a buen puerto.
 
La ruptura es bella, preciosa, interesante, excitante... porque luego se recompone y sale un nuevo Fénix entregado.

Evolución. Publicado el 11 de septiembre de 2015

Evolución
 
 
A veces pienso en todas las cosas que han ido cambiando desde que conocí el mundo del BDSM en primera persona. Han sido muchas. No sólo ha incidido en mi concepción de la sexualidad (en el más amplio sentido de la palabra), sino que, en bastantes sentidos, ha repercutido en mi idea del mundo. O quizá sólo sea en la manera en que ahora lo manifiesto. No estoy segura.
 
De lo que sí lo estoy es de que la gente evoluciona en sus gustos, en su estética, en su forma de expresarse, de comunicar, de relacionarse... pero no cambia la esencia. Ésa es la que es, siempre.
 
Yo he aprendido en este tiempo a fiarme de mi intuición, a saber que está en el camino correcto. No siempre susurra las cosas esperadas, ni las políticamente correctas, pero sé que debo escucharla.
 
Al igual que en el BDSM, la pasión, la comunicación y la confianza son las claves para que la relación con mi intuición funcione.
 
Y dejar, de vez en cuando, que salga la fiera que todos llevamos dentro.
 
Lo que tengo

El hombre, la medida de todas las cosas. Publicado el 19 de mayo de 2015

El hombre, la medida de todas las cosas
 
 
El hombre, para los renacentistas, era la medida de todas las cosas. Pasó de ser un dios al que conocían, básicamente, por la mala leche que se gastaba en el Antiguo Testamento (un dios terrible, vengativo e iracundo) a ser el hombre.
 
Y cuando digo esa palabra me refiero a una persona del género masculino, porque las mujeres (a pesar de que dos tetas muevan más que dos carretas) pintaba menos que las monas.
 
Cuando alguien entra en el mundo del BDSM también tiene un cambio sustancial en torno a la unidad de medida. Normalmente, quiero decir, pasa de ser la unidad propia a la ajena, sea cual sea el rol que sienta y/o desempeñe.
 
La persona sumisa centra esa medición en el Dominante, y las cosas pasan a verse con esos ojos que ya no miran desde la cara que una ostenta, sino desde la que tiene en frente; los oídos pasan a escuchar sonidos desde otro lado de esa cara que observa y no la que mira; los deseos pasan, de manera inexplicable, a centrarse en quien deseamos complacer porque, por obra y milagro de la incorporación a esa nueva consciencia de nuestro propio deseo, es satisfacer al otro lo que nos llena.
 
En la persona Dominante también deberían producirse cambios, o debería, porque si un Amo sigue creyendo que Él y sólo él es la medida de todas las cosas, entones, querida sumisa, querido sumiso, te espera una vida de mierda.
 
Hay mucha gente, muchísima, que ha cambiado esa medida. A mi me encanta observalos, me gusta ver esos detalles que demuestran la nueva unidad estandarizada.
 
Y, sobre todo, me gusta sentir que siempre hay alguien que es el número uno en la lista de otro alguien.
 
¡Feliz luna nueva!

martes, 17 de febrero de 2015

Me gustas 17-02-15

Me gustas
 

Me gusta mirarte y sentir que he de bajar la mirada,
pero también me gusta levantarla frente a ti.

Me gusta soñar con tu deseo irrefrenable y arrebatado,
pero también me gusta verte tranquilo y calmado, conteniéndolo.

Me gusta caer en tus manos y sentir cómo me azotan,
pero también me gusta verlas rozarme, acariciando el cuerpo ardiente.

Me gusta imaginarte de diez mil maneras fogosas y calientes,
pero tambien me gusta pensarte calculador y meticuloso en los actos.

Y así de muchas formas, complementarias y contrarias.

Me gustas.

Las cincuenta sombras de Maru. 17-02-15

Las cincuenta sombras de Maru
 
Mi amiga Maru es una pasada. A mi me tiene loca en cada una de las cosas que hace y que piensa. Su forma de enfrentarse a la realidad es algo asombroso: todo es natural y todo tiene una parte de risa, desde lo más trágico hasta lo más morboso.

Fuimos juntas al colegio, así que nos conocemos desde que éramos niñas. Ella sigue conservando bastante de la pureza  original de la infancia (no la que se dedica a la Vírgen mientras se llevan flores y se canta el himno con los ojos llenos de emoción, no) y eso la hace tremendamente interesante a mis ojos.

Hablamos mucho de sexo, pero en plan risa. Nunca nos hemos metido en berenjenales ni en detalles morbosos que no fueran "si me llamas esta noche no te lo voy a coger porque voy a estar con Marce dale que te pego, que los niños se quedan con la abuela".

Nada más.

Así que, por supuesto, nunca habíamos hablado de BDSM ni de nada parecido... hasta que llegó Grey a su vida. Pero él no entró por la puerta grande (como a la mayor parte de la población que conozco) a través de la literatura, no, sino  con la película. Ella, emocionada y feliz, no deseaba otra cosa que verla y experimentar, a través de sus propios ojos, la delicia con la que tanta mujer soñaba.

Me lo dijo y me invitó a ir al cine con ella. Nada podía ser más interesante que ver esa peli con Maru. Un mundo por descubrir, seguro.

El viernes (día del estreno), Maru me llamó a las siete de la tarde para quedar a las siete y cuarto. Íbamos a la sesión de las ocho. Marce se quedaba con los niños para librarse de verla, y,  como "daño colateral" tenía que cuidarlos. Le compensaba.

Cuando Marce me vio llegar a la casa me guiñó un ojo y me dijo:

-Gracias, shere. Luego me dices...

Se refería, claro, a avisarle en caso de que Maru saliera más caliente que el Coloso de la peli.

Fuimos al cine. Conducía ella. Tras varios sitios que no le parecieron adecuados, me dejó en la puerta para que comparara las entradas. No problem. Me bajé y fui a la inexistente cola . Todo iba bien. Todo perfecto. Teníamos entradas para una de las filas de enmedio.

Antes de entrar tuve que comprar detergente para el lavaplatos en el supermercado que tiene anexo el cine. Y ahí empezó el calvario de la cruda realidad.

-¿Qué vas a hacer con eso? - me preguntó.

-¿Eins?-

- Que si vas a entrar con eso en el cine. Es de marujas. No podemos ir a ver a Grey con detergente de lavaplatos. Quedaríamos fatal.

- ¿Con quién?

- Con Grey y con la gente que va.-

- No creo que Grey se dé cuenta, y la gente seguro que tiene otras cosas mejores que hacer.

- Que no, shere, que no. Que yo no voy a ver a Grey con detergente en una bolsa.

- ¡Hay que joderse, Maru!

- Venga, que lo llevamos al coche. ¡Hay que ver lo maruja que eres!...-

Paseíto al coche y vuelta al centro comercial. Un vino antes de empezar. La cosa se ponía aún mejor porque si Maru de por sí es una risa, con dos vinos ya no te lo puedes imaginar.

Por fin entramos en el cine. Tres pares de manos la saludan desde más arriba. Ella me comenta que menos mal que no ha ido de incóngito (¡como si pudiera!).

Y empieza la peli.

- Shere, este tío está buenísimo-ç
...
- Shere, la tía ésta es más tonta que Abundio-
...
- Shere... la pava se le quiere triscar-
...
-Shere... el pavo se la quiere triscar-
...
- ¡Que es vírgen!... Juassssss.... no se lo cree ni borracha-
...
-¡Joder con el cuarto rojo del dolor! ¡Te cagas! ¡Quien tenga que limpiar eso se acuerda de la madre del Grey para el resto de sus días!
...
- Anda... pues si parece que la gusta...-
...

Y, desde ese punto, todas las escenas tenía comentarios de la mujer que no quiso entrar con detergente porque parecía una maruja. Ejemplos:

1) Grey coge las bragas de Anastasia y se las lleva a la nariz. Las aspira y...

- ¡Qué pedazo cerdo! Si hace eso Marce conmigo, le tiro los calzoncillos de la semana pasada y ya verás cómo le huelen-.

2) En un momento determinado, Grey toma un hielo en la boca y se lo pasa a Anastasia por el cuello, bajándolo poco a poco por el cuerpo, pasando por los pezones...

- Si a mi me hace eso Marce tiene que darme la vuelta para encontrarlos...-

Y ahí sí que no pude contenerme. En medio de una escena de las más eróticas de la peli (porque no creáis que tiene tantas), explosión de risa en la fila 14.

A la salida, una de las chicas que le había saludado, para con nosotras a charlar y, tras echarnos unas risas, nos hace una confesión:

-Hace unos diez años, mi Manu, se puso romántico. Ya sabéis: cosas de esas que les dan a los tíos de vez en cuando. El caso es que, no sé cómo, consiguió un montón de pétalos de rosa y los echó en la cama. Tooooooooda la cama llena de ellos. Toooooooda. Enteeeeeeeeeera. Para que no se estropearan los había guardado en el congelador, así que cuando me eché en la cama me quedé tiesa y me salió del alma:
"Joder, Manu, mira qué eres tonto. Ahora lo recoges tú... y limpia las sábanas, ¿eh?, que eso no se quita así como así".
Como para cuartos rojos del dolor... ¡Hay que  joderse! Éste me ata con la corbata y me tienen que desatar los bomberos..."-

Volví a casa fascinada. Entre las risas, la resolución de dudas sobre términos como "fisting", las historias de mis compis y la cruda realidad, me di cuenta de que todos tenemos cincuenta sombras... aunque las limpiemos con el plumero del polvo.