Amos, sumisas y publicidad subliminal.
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Supongo
que no es sólo a mi, pero es un suponer. Lo digo por mi experiencia
bedesemera, que ni es la más ni la mejor del mundo, pero como es la mía
es a la que me ciño a la hora escribir.
La
primera vez me sorprendió un poco, he de reconocerlo. En mitad de un
momento bedesemero, la persona con la que estaba dijo algo (ahora no
recuerdo bien qué fue), dejando como hecho verbal algo que no había
sucedido y que, a priori, no tenía demasiados visos de suceder con gusto
por mi parte. Porque podía ocurrir, claro que sí: el Amo era Él, pero
otra cosa es que yo hubiera disfrutado como la perra gozosa que Él
deseaba.
El caso es que su frase pasó, así, como pasan las cosas que no tienen mucho sentido,
pero luego se repitió en varias ocasiones, hasta que un día resultó que
aquello comenzaba a apetecerme. No dije ni pío, claro, como tampoco
había comentado antes el hecho de que no quisiera.
Y
entonces comencé a disfrutar de aquellas cosas. No mucho. No demasiado.
No tanto como para pedirlas a gritos, la verdad. Pero, sin duda, mucho
más de lo que había pensado antes de aquel momento. De hecho, siento
profundamente no haberlas pedido más cuando las deseba, ni haber
manifestado mi necesidad de ellas cuando mi mente las suplicaba... Pero
ésa es otra historia.
El
caso es que ahora sigo un proceso bastante parecido, intensificado por
el hecho de que intuyo, casi sé, lo que va a suceder cuando Él me
susurra algo... Uffff...
Pero
lo que pienso no es "¡Date por jodida!" (como en el chiste), no. Ahora
es: "¡Qué maravilla!: algo más de lo que vamos a disfrutar".
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lunes, 26 de mayo de 2014
Amos, sumisas y publicidad subliminal 20.08.2013
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