lunes, 26 de mayo de 2014

Amos, sumisas y publicidad subliminal 20.08.2013

Amos, sumisas y publicidad subliminal.
 
Supongo que no es sólo a mi, pero es un suponer. Lo digo por mi experiencia bedesemera, que ni es la más ni la mejor del mundo, pero como es la mía es a la que me ciño a la hora escribir.
 
La primera vez me sorprendió un poco, he de reconocerlo. En mitad de un momento bedesemero, la persona con la que estaba dijo algo (ahora no recuerdo bien qué fue), dejando como hecho verbal algo que no había sucedido y que, a priori, no tenía demasiados visos de suceder con gusto por mi parte. Porque podía ocurrir, claro que sí: el Amo era Él, pero otra cosa es que yo hubiera disfrutado como la perra gozosa que Él deseaba.
 
El caso es que su frase pasó, así, como pasan las cosas que no tienen mucho sentido, pero luego se repitió en varias ocasiones, hasta que un día resultó que aquello comenzaba a apetecerme. No dije ni pío, claro, como tampoco había comentado antes el hecho de que no quisiera.
 
Y entonces comencé a disfrutar de aquellas cosas. No mucho. No demasiado. No tanto como para pedirlas a gritos, la verdad. Pero, sin duda, mucho más de lo que había pensado antes de aquel momento. De hecho, siento profundamente no haberlas pedido más cuando las deseba, ni haber manifestado mi necesidad de ellas cuando mi mente las suplicaba... Pero ésa es otra historia.
 
El caso es que ahora sigo un proceso bastante parecido, intensificado por el hecho de que intuyo, casi sé, lo que va a suceder cuando Él me susurra algo... Uffff...
 
Pero lo que pienso no es "¡Date por jodida!" (como en el chiste), no. Ahora es: "¡Qué maravilla!: algo más de lo que vamos a disfrutar".

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