Un recuerdo regalo para matiti
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Te
quería contar una cosa, matiti, pero no me pareció demasiado bien
invadir tu blog, así que te la dedico aquí. Espero que te llegue.
Tiene
que ver con el peso y la belleza; con los ojos del que mira y la
alegría del que es mirado; con la belleza (que resulta que surge del
interior, pero de verdad, no de canción)...
Voy a ello.
Yo
siempre he sido una mujer "flamencona", con muchísimo "casco" (¿a que
te suena? ;-)). Hacía horas y horas de deporte y eso también se notaba
en mi físico. Vamos: nunca he sido una mujer de cuerpo delicado y
frágil, sino más bien ancha. La verdad, sinceramente, es que tampoco fue
algo que me importara demasiado hasta que tuve la mala suerte de que me
gustara un chico al que le gustaba una chica delgadita y preciosa...
(como esto ocurrió en la adolescencia, yo atribuí ese mal de amores a mi
cuerpo deportivo en lugar de al hecho, terrible pero cierto, de que le
gustaba otra. Y punto).
Con
los años, dejé de hacer deporte y tuve que compensar (más o menos) esa
falta de ejercicio con menos calorías en la dieta. En algunas ocasiones
tuvo mejores resultados que en otras.
El
caso es que (salvo ese caso del instituto que siempre recordaré ( y te
recomiendo) como "Malena, una vida hervida", de Almudena Grandes)
siempre he salido con el chico que quería; he gustado (por desgracia)
mucho más de lo que me gustaban a mi; y he sido inmensamente feliz en
mis relaciones.
Te cuento esto por lo siguiente:
Cuando
estaba con esa guerra calórica y no conseguía vencerla, tuve un
problema serio. Para mi, enormemente. Tanto que llegó a quitarme el
hambre (¡¡¡impensable!!!). Perdí peso hasta quedarme con el cuerpo que
siempre había querido, pero estaba tan triste que no podía ni
apreciarlo. Me cabían tallas que siempre había asociado a modelos, pero
no me apetecía comprar ropa, así que (las pocas veces que salía) siempre
iba con la ropa anterior.
Una mierda, vamos.
Después
de aquella historia (tan larga para mi que me duró dos meses eternos)
me fui a Granada. Allí encontré la felicidad perdida y volví a comer,
pero esta vez como una lima. Engordé casi 30 kilos en un año...
juassssssssss... Me puse como una chonona (cerda). Pero, ¿sabes?...
Nunca en mi vida he sido más feliz.
Y me ocurrió algo precioso.
De
toda la gente con la que me movía, yo era consciente de que le gustaba
mucho, muchísimo, a un chico. Un dia, estando preparados para ir a la
playa, yo me puse aquel bañador rojo (que todavía guardo) y me sentí
muuuuy gorda. Inmensa e infinitamente gorda. Pero no dije nada. Total:
estábamos entre amigos...
Cuando llegamos a la playa, nos quitamos la ropa y nos quedamos en bañador.
Er Pelos me miró y de lo más profundo de su alma surgió un:
"Jodeeeeerrrrr... ¡pero qué buena estás!"
Creo
que nunca, jamás, sabrá el bien que me hizo. Tiempo después me confesó
que fue verme y excitarse a tope; que para él no podía haber nada más
bonito.
Ya ves...
Luego,
por razones de salud y porque me apetecía, cambié los hábitos
alimentarios y bajé lo que tenía bajar. Esa vez ya me costó y esa vez ya
fui feliz.
Te
cuento esto porque las cosas a veces cuestan; porque otras se consiguen
pagando el precio de la felicidad y ya no merecen la pena; y porque
nuestra belleza, la de dentro, sale más allá de los kilos.
Es
importante estar sano. Para ello a veces hay que perder o ganar peso.
Normalmente eso cuesta, pero si lo ves como un paseo diario, como un
cambio a largo plazo y no como una carrera a contrarreloj, es mucho más
fácil tener éxito.
Suerte en tu empresa.
Y, sobre todo, se feliz.
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lunes, 26 de mayo de 2014
Un recuerdo regalo para matiti 20.06.2013
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