A ver cómo cuento esta historia... No creáis que es fácil escribirla.
Me resulta mucho más interesante narrarla cara a cara y ver las
reacciones de las personas que la escuchan, pero me han pedido que lo
plasme y así lo hago.
Mi primer amo. Sí. Con minúscula. Ya entenderéis por qué.
Yo estaba recién llegada al mundo bedesemero y al virtual (los conocí a los dos simultáneamente). Cuando digo recién es acabo-de-salir-del-horno-pero-aún-me-queda-media-cocción.
Había entrado en una página (someteme) en la que había foro, blogs
personales, chat y mensajes privados. Como en el anuncio aquel... It had de tó
No conocía a nadie, no tenía amigos, no había charlado personalmente
con sumisas ni con Dominantes, no sabía lo que quería decir Amo bedesemeramente hablando, ni lo que implicaba ser sumisa; la entrega me parecia tan de ciencia ficción como el subspace
(al que quería llegar yo, que eso tenía que ser muy interesante), y las
técnicas de folleteo variado me empezaban a abrir los ojos a un
universo que había permanecido escondido a mi cuerpo serrano. En fin...
Estaba abierta a mil posibilidades, pero más perdida que Belén Esteban
en una biblioteca.
Recibía muchos correos: unos saludaban, otros pedían, algunos
exigían... Yo contestaba rigurosa y educadamente a cada uno de ellos,
pero ninguno me llamaba especialmente la atención... Hasta aquel. Venía
de un tal SrHelios (he comprobado que ya no existe antes de decir su
nick).
¿Quieres ser mía?
Correo respuesta: No
Uno de vuelta: Vale. Lo intentaremos
Ser inasequible al desaliento es algo que me parece tremendamente
atractivo, así que creció mi interés y seguimos escribiéndonos. A día de
hoy estoy segura de que no fue eso, sino que no entendió la respuesta,
pero es mucho mejor que lo presente de la otra manera.
Estuvimos escribiéndonos mensajes durante un tiempo y luego
comenzamos a hablar por messenger (sí, sí... de ese tiempo estoy
hablando: nosotros charlábamos tan tranquilos mientras los dinosaurios
se extinguían inevitablemente).
Un día me preguntó:
¿Quieres ser mi sumisa?
- Mmmmm... No tengo muy claro qué cosas implica, la verdad- (sinceridad era mi primer apellido, y erestontadelculo el segundo)
-Pues... no mucho, la verdad. Yo digo que eres mía. Tú me llamas
Amo cuando hablemos, eres sincera conmigo, y si te digo que hagas algo
pues lo haces-
- Y ¿si es una tontería?- (¡vaya fé que tenía en él, lo veo ahora)
- Pues no lo hagas-
Chico... a mi me pareció que aquello iba a ser tremendamenet
divertido. Llamar Amo a alguien y hacer lo que me apetecía hacer.
¡Premio seguro!
Él me decía cosas como que me metiera las bolas chinas y caminara con
ellas. Yo por aquel entonces iba todos los días a andar con mi amiga
Ana, y le iba contando las cosas que mi Amo, SrHelios, el dios del Sol,
el brillante, el que resplandecía, me pedía que hiciera.
Ana y yo caminábamos y cada poco yo paraba y apretaba las bolas en mi coño..
- Mmmmm- Y nos reíamos. Y yo pensaba en él.
Éramos sencillamente felices (Ana y yo, quiero decir).
Con el señor del calentamiento global la cosa iba de capa caída
porque una cosa era ponerse las bolas un día, o dos, o tres... incluso
una semana, y parar para darme un gustito relativo (porque tampoco era
físicamente para tanto: el verdadero subidón lo daba mi cabeza y las
risas que nos echábamos Ana y yo), pero es que no había nada más. Era
más soso que el pan que comía mi abuela y con menos innovaciones que las
sábanas bajeras. Me comencé a aburrir.
Y se lo dije, claro, porque una de las cosas que me habían quedado
claras meridianas es que entre Amo y sumisa la relación se basaba en la
sinceridad. Joeeee... la sinceridad le gustaba sólo cuando eran cosas
que quería escuchar, pero le pareció un poco darporculo cuando era de otra manera... Una chiquillada. Era una estrella nova novísima, recién estrenada, me parece a mi.
Entonces decidió venir a verme a Santander, porque las relaciones mejoran cuando esto que hablamos lo ponemos en práctica juntos.
Sinceramente, no veía yo mucha solución al aburrimiento boleril, ya
fuera yo quien metiera las mismas o fuera él, pero, claro, como no había
probado pues igual no sabía...
Él me hizo pedir un día en el trabajo. Llegaría el viernes a las 14.00 porque cogía el tren de las 9.00 en Madrid.
A las 11.00 le llamé para ver cómo iba y no me lo cogió. A las 11.20,
tampoco. A las 11.45, nanainas de la misma... Ufff... Aquello pintaban
bastos, y no precisamente por la que me iban a dar ese finde...
No me cogió el teléfono y yo entendí que no venía.
Cabróhijodeputamecagüentusmuelasyenlalechequemamaste... pero con amor y
con cariño, que yo soy así.
A las 15.00 (hora zulú, que podía haber sido korowai, para habérselo
comido tranquilamente) me llamó diciéndome que era malísima sumisa, que
me había faltado la fé, que le había llamado porque no creía que fuera a
venir y que blablabla...
joputacabronojalatengascagaleraytedeunataquedetosdelosgordos...
A mi me parecía que de esa fé ciega de la que hablaba a la tontería
más supina no había distancia perceptible, así que esa noche le dije que
quería dejar de ser su sumisa.
-Mmmmm... Lo siento, pero no puede ser-
Jodeeeeeeerrrrr... ¿¿¿cómo??? ¿¿¿en serio???
-Pues sí, en serio. Eres mía y no te doy la libertad. Seguirás siendo mía porque me diste tu palabra-
Cagüenchichiputivestidadelagarterana...
Yo no tenía ni idea de Dominación y sumisión, la verdad. Ni puta. Pero sí sé que la palabra tiene un valor que hay que respetar.
Me entró un agobio equiparable al que puede sentir la primera de la
fila el primer día de rebajas en el Corte Inglés. Sudaba agobio, meaba
agobio, pensaba agobio, soplaba agobio, respiraba agobio... No sólo no
era libre, sino que pertenecía al más tonto del planeta solar. ¡Vaya
mierda esa de la sumisión!
Como había chat, entré y comenté que resulta que a una amiga...
Hubo dos mujeres que no dudaron en ayudarme: Dulce_Lara{DA} y
Yamila{SF}. Me explicaron que eso no era así y que cuando se pedía
libertad era automática porque darla o no era sólo un acto protocolario.
¡A la mierda el sol!
Desde entonces me pregunto si se puede pecar de poliAmia.
... pero, sinceramente, me importa un bledo.
Datos personales
domingo, 6 de agosto de 2017
jueves, 26 de enero de 2017
Incompatibilidades naturales
(NOTA: NO LO ESCRIBO POR NADIE. COLOCANDO UNAS COSAS HA
APARECIDO UNA CAJA DE RECUERDOS DE ESA ÉPOCA Y ME HE ACORDADO DE ESTO.
NADA MÁS.)
Sucedió cuando éramos adolescentes, con toda esa energía, ese impulso
descontrolado y las hormonas haciendo de las suyas a cada paso.
Solía pasar los veranos en un camping y vivía la salvaje vida del
oeste allí. Hicimos una pandilla con todos los de edades aproximadas y
nos dedicamos a investigar los parajes naturales que rodeaban el lugar
donde se ubica el camping. También íbamos juntos a la piscina, a las
fiestas del pueblo, a las romerías, a las verbenas... y, ocasionalmente,
a misa (católica, apostólica y romana).
Cuando tenia 15 años estuvo allí durante un mes un amigo de mis
primos. Yo me enarmoré locamente. En mi inmensa inocencia traté de
hallar algo que tuviéramos en común, pero era frustrante no ser capaz de
encontrarlo, por vueltas y vueltas que le diera al tema: yo iba a un
instituto público; él, a un privado; yo era del Madrid; él del Joventut;
yo era de cantautores; él, de Heavy Metal... Uffff...Pareciámos
abocados a no encontrarnos en el punto medio, pero el primer domingo que
él estuvo allí dijo que iría a misa y yo, casi literalmente, vi a Dios.
Ya tenemos algo en común, pensé: creemos en Dios
Y, qué queréis que os diga, para mi fue una razón soberana que
explicaba por qué este pobretuco y yo podíamos tener una relación. Si
algo tan grande como un Dios era capaz de ser nuestro punto común quería
decir, inevitablemente, que debía ser así.
Nos preparamos para ir a misa. En el colegio y en mi familia nos
habían enseñado las razones por las que no se podía comer ni beber nada
una hora antes de ir a comulgar, así que, en mi caso, comía y bebía si
era necesario y eso no era impedimento para ir a comulgar como la santa
católica, apostólica y romana que era.
Allí, en misa, justo después del silencio postcomunión, pensé:
Querido Dios: gracias por unirnos porque no encontraba ninguna razón que lo hiciera.
Y me quedé tan ancha, oye. Así soy yo.
Al salir de misa, yo en plena euforia, él se me acercó:
- ¿Puedo hablar contigo a solas?-
(¡Esta es la mía, joder!, olé, diosito mío, oléééééé)
- *Sí, claro* -
Y nos fuimos a un aparte. Lógicamente, el iba a decirme que se había
dado cuenta de que habíamos nacido para estar juntos porque los dos
(¡LOS DOS1) creíamos en Dios.
- Shere, me he dado cuenta de que (una pausa eterna precedía las maravillosas palabras) comulgas sin esperar la hora de rigor después de haber comido o bebido -
-¿¿¿¿?????
( ¿Como? ¿En serio? ¿De verdad, dios católico, que me vas a hacer
esto? ¿Vas a ponerme a un radical en el camino? ¿Eres tan cabrón que ni
siquiera lo más traído por los pelos puede funcionar?)
- Es que me han enseñado las causas y no me parece un principio inviolable-
- Pero lo es, al margen de que tú lo creas o no-
Yo me quise morir. La única razón que habia encontrado para estar
juntos se acababa de desvanecer en la lógica. Y lo entonces vi claras
dos cosas:
1. Si tienes que encontrar un motivo para estar juntos, estás jodida.
2. Dios no existe.
Porque, en ocasiones, hay incompatibilidades naturales.
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