La belleza y el BDSM.
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Amo las cosas bellas.
No tiene por qué ser, necesariamente, bonitas.
A mi me basta con que me despierten la emoción de mirarlas, de sentirlas en mi.
Antes las quería tener todas, fueran o no con mi personalidad, pero
ahora he descubierto (hace tiempo, para ser sincera) que no hace falta
poseerlas. La belleza es un sentimiento que pervive al estímulo mismo:
la belleza vive en quien la siente por encima de su presencia constante.
En BDSM yo vivo mucha belleza. Generalmente son pequeñeces sin más que
me despiertan del letargo de la monotonía. Cuando me las provocan
personas ajenas a mi suele ser porque hay una mirada cómplice; una
sonrisa latente; un tremendo cuidado aparentemente inexistente...
Porque en BDSM lo que sí hay es mimo. A pesar de que parezca lo
contrario; a pesar de que haya azotes y un trato "duro" de lo poseído; a
pesar de que la persona sumisa quede llorando o con marcas... A pesar
de todo ello, el cuidado y mimo que un Amo tiene sobre su posesión
excede, con creces, el que se puede tener en otras situaciones de
relación. Igual es precisamente porque la belleza de la relación reside
en saberse cuidada por encima de todo, o porque, al saberse protegida,
nada puede herir, aunque sí duela.
La mayor de las bellezas es la felicidad. Y se refleja en sonrisas, en
lágrimas, en abrazos, en azotes, en marcas, en saberse vivo...
Sí: definitivamente, amo las cosas bellas.
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lunes, 26 de mayo de 2014
La belleza y el BDSM 16.11.2013
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