lunes, 26 de mayo de 2014

La belleza y el BDSM 16.11.2013

La belleza y el BDSM.
 
Amo las cosas bellas.
 
No tiene por qué ser, necesariamente, bonitas.
 
A mi me basta con que me despierten la emoción de mirarlas, de sentirlas en mi.
 
Antes las quería tener todas, fueran o no con mi personalidad, pero ahora he descubierto (hace tiempo, para ser sincera) que no hace falta poseerlas. La belleza es un sentimiento que pervive al estímulo mismo: la belleza vive en quien la siente por encima de su presencia constante.
 
En BDSM yo vivo mucha belleza. Generalmente son pequeñeces sin más que me despiertan del letargo de la monotonía. Cuando me las provocan personas ajenas a mi suele ser porque hay una mirada cómplice; una sonrisa latente; un tremendo cuidado aparentemente inexistente...
 
Porque en BDSM lo que sí hay es mimo. A pesar de que parezca lo contrario; a pesar de que haya azotes y un trato "duro" de lo poseído; a pesar de que la persona sumisa quede llorando o con marcas... A pesar de todo ello, el cuidado y mimo que un Amo tiene sobre su posesión excede, con creces, el que se puede tener en otras situaciones de relación. Igual es precisamente porque la belleza de la relación reside en saberse cuidada por encima de todo, o porque, al saberse protegida, nada puede herir, aunque sí duela.
 
La mayor de las bellezas es la felicidad.  Y se refleja en sonrisas, en lágrimas, en abrazos, en azotes, en marcas, en saberse vivo...
 
Sí: definitivamente, amo las cosas bellas.
 

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