domingo, 6 de agosto de 2017

MI primer amo

A ver cómo cuento esta historia... No creáis que es fácil escribirla. Me resulta mucho más interesante narrarla cara a cara y ver las reacciones de las personas que la escuchan, pero me han pedido que lo plasme y así lo hago.
Mi primer amo. Sí. Con minúscula. Ya entenderéis por qué.
Yo estaba recién llegada al mundo bedesemero y al virtual (los conocí a los dos simultáneamente). Cuando digo recién es acabo-de-salir-del-horno-pero-aún-me-queda-media-cocción.
Había entrado en una página (someteme) en la que había foro, blogs personales, chat y mensajes privados. Como en el anuncio aquel... It had de tó
No conocía a nadie, no tenía amigos, no había charlado personalmente con sumisas ni con Dominantes, no sabía lo que quería decir Amo bedesemeramente hablando, ni lo que implicaba ser sumisa; la entrega me parecia tan de ciencia ficción como el subspace (al que quería llegar yo, que eso tenía que ser muy interesante), y las técnicas de folleteo variado me empezaban a abrir los ojos a un universo que había permanecido escondido a mi cuerpo serrano. En fin... Estaba abierta a mil posibilidades, pero más perdida que Belén Esteban en una biblioteca.
Recibía muchos correos: unos saludaban, otros pedían, algunos exigían... Yo contestaba rigurosa y educadamente a cada uno de ellos, pero ninguno me llamaba especialmente la atención... Hasta aquel. Venía de un tal SrHelios (he comprobado que ya no existe antes de decir su nick).
¿Quieres ser mía?
Correo respuesta: No
Uno de vuelta: Vale. Lo intentaremos
Ser inasequible al desaliento es algo que me parece tremendamente atractivo, así que creció mi interés y seguimos escribiéndonos. A día de hoy estoy segura de que no fue eso, sino que no entendió la respuesta, pero es mucho mejor que lo presente de la otra manera.
Estuvimos escribiéndonos mensajes durante un tiempo y luego comenzamos a hablar por messenger (sí, sí... de ese tiempo estoy hablando: nosotros charlábamos tan tranquilos mientras los dinosaurios se extinguían inevitablemente).
Un día me preguntó:
¿Quieres ser mi sumisa?
- Mmmmm... No tengo muy claro qué cosas implica, la verdad- (sinceridad era mi primer apellido, y erestontadelculo el segundo)
-Pues... no mucho, la verdad. Yo digo que eres mía. Tú me llamas Amo cuando hablemos, eres sincera conmigo, y si te digo que hagas algo pues lo haces-
- Y ¿si es una tontería?- (¡vaya fé que tenía en él, lo veo ahora)
- Pues no lo hagas-
Chico... a mi me pareció que aquello iba a ser tremendamenet divertido. Llamar Amo a alguien y hacer lo que me apetecía hacer. ¡Premio seguro!
Él me decía cosas como que me metiera las bolas chinas y caminara con ellas. Yo por aquel entonces iba todos los días a andar con mi amiga Ana, y le iba contando las cosas que mi Amo, SrHelios, el dios del Sol, el brillante, el que resplandecía, me pedía que hiciera.
Ana y yo caminábamos y cada poco yo paraba y apretaba las bolas en mi coño..
- Mmmmm- Y nos reíamos. Y yo pensaba en él.
Éramos sencillamente felices (Ana y yo, quiero decir).
Con el señor del calentamiento global la cosa iba de capa caída porque una cosa era ponerse las bolas un día, o dos, o tres... incluso una semana, y parar para darme un gustito relativo (porque tampoco era físicamente para tanto: el verdadero subidón lo daba mi cabeza y las risas que nos echábamos Ana y yo), pero es que no había nada más. Era más soso que el pan que comía mi abuela y con menos innovaciones que las sábanas bajeras. Me comencé a aburrir.
Y se lo dije, claro, porque una de las cosas que me habían quedado claras meridianas es que entre Amo y sumisa la relación se basaba en la sinceridad. Joeeee... la sinceridad le gustaba sólo cuando eran cosas que quería escuchar, pero le pareció un poco darporculo cuando era de otra manera... Una chiquillada. Era una estrella nova novísima, recién estrenada, me parece a mi.
Entonces decidió venir a verme a Santander, porque las relaciones mejoran cuando esto que hablamos lo ponemos en práctica juntos. Sinceramente, no veía yo mucha solución al aburrimiento boleril, ya fuera yo quien metiera las mismas o fuera él, pero, claro, como no había probado pues igual no sabía...
Él me hizo pedir un día en el trabajo. Llegaría el viernes a las 14.00 porque cogía el tren de las 9.00 en Madrid.
A las 11.00 le llamé para ver cómo iba y no me lo cogió. A las 11.20, tampoco. A las 11.45, nanainas de la misma... Ufff... Aquello pintaban bastos, y no precisamente por la que me iban a dar ese finde...
No me cogió el teléfono y yo entendí que no venía. Cabróhijodeputamecagüentusmuelasyenlalechequemamaste... pero con amor y con cariño, que yo soy así.
A las 15.00 (hora zulú, que podía haber sido korowai, para habérselo comido tranquilamente) me llamó diciéndome que era malísima sumisa, que me había faltado la fé, que le había llamado porque no creía que fuera a venir y que blablabla... joputacabronojalatengascagaleraytedeunataquedetosdelosgordos...
A mi me parecía que de esa fé ciega de la que hablaba a la tontería más supina no había distancia perceptible, así que esa noche le dije que quería dejar de ser su sumisa.
-Mmmmm... Lo siento, pero no puede ser-
Jodeeeeeeerrrrr... ¿¿¿cómo??? ¿¿¿en serio???
-Pues sí, en serio. Eres mía y no te doy la libertad. Seguirás siendo mía porque me diste tu palabra-
Cagüenchichiputivestidadelagarterana...
Yo no tenía ni idea de Dominación y sumisión, la verdad. Ni puta. Pero sí sé que la palabra tiene un valor que hay que respetar.
Me entró un agobio equiparable al que puede sentir la primera de la fila el primer día de rebajas en el Corte Inglés. Sudaba agobio, meaba agobio, pensaba agobio, soplaba agobio, respiraba agobio... No sólo no era libre, sino que pertenecía al más tonto del planeta solar. ¡Vaya mierda esa de la sumisión!
Como había chat, entré y comenté que resulta que a una amiga... Hubo dos mujeres que no dudaron en ayudarme: Dulce_Lara{DA} y Yamila{SF}. Me explicaron que eso no era así y que cuando se pedía libertad era automática porque darla o no era sólo un acto protocolario.
¡A la mierda el sol!
Desde entonces me pregunto si se puede pecar de poliAmia.
... pero, sinceramente, me importa un bledo.

jueves, 26 de enero de 2017

Incompatibilidades naturales

(NOTA: NO LO ESCRIBO POR NADIE. COLOCANDO UNAS COSAS HA APARECIDO UNA CAJA DE RECUERDOS DE ESA ÉPOCA Y ME HE ACORDADO DE ESTO. NADA MÁS.)
 
Sucedió cuando éramos adolescentes, con toda esa energía, ese impulso descontrolado y las hormonas haciendo de las suyas a cada paso.

Solía pasar los veranos en un camping y vivía la salvaje vida del oeste allí. Hicimos una pandilla con todos los de edades aproximadas y nos dedicamos a investigar los parajes naturales que rodeaban el lugar donde se ubica el camping. También íbamos juntos a la piscina, a las fiestas del pueblo, a las romerías, a las verbenas... y, ocasionalmente, a misa (católica, apostólica y romana).

Cuando tenia 15 años estuvo allí durante un mes un amigo de mis primos. Yo me enarmoré locamente. En mi inmensa inocencia traté de hallar algo que tuviéramos en común, pero era frustrante no ser capaz de encontrarlo, por vueltas y vueltas que le diera al tema: yo iba a un instituto público; él, a un privado; yo era del Madrid; él del Joventut; yo era de cantautores; él, de Heavy Metal... Uffff...Pareciámos abocados a no encontrarnos en el punto medio, pero el primer domingo que él estuvo allí dijo que iría a misa y yo, casi literalmente, vi a Dios.

Ya tenemos algo en común, pensé: creemos en Dios

Y, qué queréis que os diga, para mi fue una razón soberana que explicaba por qué este pobretuco y yo podíamos tener una relación. Si algo tan grande como un Dios era capaz de ser nuestro punto común quería decir, inevitablemente, que debía ser así.

Nos preparamos para ir a misa. En el colegio y en mi familia nos habían enseñado las razones por las que no se podía comer ni beber nada una hora antes de ir a comulgar, así que, en mi caso, comía y bebía si era necesario y eso no era impedimento para ir a comulgar como la santa católica, apostólica y romana que era.

Allí, en misa, justo después del silencio postcomunión, pensé:

Querido Dios: gracias por unirnos porque no encontraba ninguna razón que lo hiciera.

Y me quedé tan ancha, oye. Así soy yo.

Al salir de misa, yo en plena euforia, él se me acercó:

- ¿Puedo hablar contigo a solas?-

(¡Esta es la mía, joder!, olé, diosito mío, oléééééé)

- *Sí, claro* -

Y nos fuimos a un aparte. Lógicamente, el iba a decirme que se había dado cuenta de que habíamos nacido para estar juntos porque los dos (¡LOS DOS1) creíamos en Dios.

- Shere, me he dado cuenta de que (una pausa eterna precedía las maravillosas palabras) comulgas sin esperar la hora de rigor después de haber comido o bebido -

-¿¿¿¿?????

( ¿Como? ¿En serio? ¿De verdad, dios católico, que me vas a hacer esto? ¿Vas a ponerme a un radical en el camino? ¿Eres tan cabrón que ni siquiera lo más traído por los pelos puede funcionar?)

- Es que me han enseñado las causas y no me parece un principio inviolable-

- Pero lo es, al margen de que tú lo creas o no-

Yo me quise morir. La única razón que habia encontrado para estar juntos se acababa de desvanecer en la lógica. Y lo entonces vi claras dos cosas:

1. Si tienes que encontrar un motivo para estar juntos, estás jodida.

2. Dios no existe.

Porque, en ocasiones, hay incompatibilidades naturales.

viernes, 18 de noviembre de 2016

Remangarse la camisa. 19.11.2016

Remangarse la camisa
 
 
De todas las cosas que hacemos seres de uno u otro género, algunas destacan por ser especialmente sexys en una situación determinada. A mi hay varias acciones que me ponen perra hasta decir basta (¡bendito autocontrol adquirido!, que, si no, me hubiera metido en más de un problema a lo bobo): que me hablen en términos técnicos (medicina y abogacía van a la cabeza) mientras yo parezco mostrar un inusitado interés cuando el "traumatismo craneoencefálico de ...." me va calentando la entrepierna; uno que no desvelaré (tampoco es cuestión de quedarme aquí sin secretos que negociar) y el remangarse la camisa.
 
Éste último es un nuevo descubriento. El autor del mismo dice que tiene que ver con que me atrae él y con el hecho de ser bedesemera, pero no las tengo todas conmigo en ninguno de los dos puntos. Mi atracción por él se ha ido desvaneciendo y, sin embargo, la imagen de su mano recogiendo la manga sigue estremeciéndome cada vez que la recuerdo.
 
Respecto al hecho de ser bedesemera, he de reconocer que hay dos hechos contradictorios:
 
- Al contarles a mis amigas (completamente ajenas a este mundo de vicio y corrupción) el momentazo del "remangamiento", ellas también tuvieron la sensación de que aquello era algo por lo que merecía la pena vivir. (Aunque, claro, teniendo en cuenta que soy una buena narradora, igual mi forma de manifestar la emoción pudo tener algo que ver)
 
- La imagen de esa mano doblando poco a poco media manga mientras él me miraba y hablaba tranquilamente, he de reconocer que me evocó azotes, fustazos, manos abofeteando... MMmmmmmmm...
 
Bien pensado, igual la atracción y el bedesemerismo que llevo dentro sí tengan mucho que ver.
 
Ahora les dejo: voy a tatuar esa imagen en mi alma. NO vaya a ser que venga algún ministro de algo y me la robe.
 
Feliz sábado. Feliz vida.
Gárgaras y burbujas.

domingo, 22 de noviembre de 2015

Bridget Jones (2ª parte). Publicado el 22 de noviembre de 2015

Bridget Jones... 2ª Parte
 
Cuando salió la primera de las películas de Bridget Jones, muchas de mis amigas y amigos (lo que no sé si dice mucho a mi favor) me dijeron que habían pensado constantemente en mi porque sólo a nosotros dos nos pasan esas cosas.  En aquel momento acepté que sí (porque entiendo que no es habitual estar frente a una barra de bomberos, por ejemplo) (ya os lo contaré en otro momento), pero con los años he ido descubriendo que eso no es cierto: les pasan a muchas más personas. Lo peculiar es que nosotras lo vivimos como algo gracioso y añadimos esas risas a las vitales.

Ayer estuve invitada a una fiesta. El tema era "años 70", así que las opciones que barajé fueron hippie o macarra. Opción 1, más fácil para mi (total: consistía en ser yo, pero exagerada ;-)). Yo asistía a la fiesta para estar con un chico que iría de macarra.

De camino, pienso en Bridget Jones y su fiesta de "putas y curas"... Cosas que se le pasan a una por la cabeza...

Me encuentro con el chico en un bar: maravilloso macarra, de mirada pilla y tremendamente atractivo. Va disfrazado casi en la misma medida que yo (que llevaba hasta la guitarra, por cierto, para ser más realista), así que me siento a gusto. Llegan un amigo suyo al bar: otro "macarra" maravilloso.

Mi premonición sobre Bridget Jones quedaba fuera de lugar. Perfecto.

Después de una charla de esas en las que te sientes más a gusto que en brazos, nos dirigimos a la fiesta.

¡¡¡Cuatro personas disfrazadas!!! 2 + 2. Chim-púm

No creáis que eso fue malo, noooooooo... Sólo curioso. Es fantástico que la vida me dé estas oportunidades de jugar.


La fiesta, genial. Sin duda, no fue la más marchosa del mundo, pero para mi tuvo mucho valor. Disfruté de la gente, de los amigos de mi amigo, de mi amigo, y de un momento robado a todos (menos a nosotros) que me tuvo empapada hasta que me desperté esta mañana (también queda para la intimidad, o para contarlo en otro momento).

Cada vez me gusta más la libertad de todas las almas.

viernes, 2 de octubre de 2015

La percepción y sus errores Publicado el 2 de octubre de 2015

La percepción y sus errores
 
 
Lo que está claro es que no sabemos cómo perciben los demás. Nos hacemos una idea por cómo lo sentimos nosotros, pero no podemos decir a ciencia cierta que sabemos cómo les llega.
 
A veces causamos dolor sin darnos cuenta, bien por negligencia o porque, sencillamente, no sabemos el momento emocional en el que está la otra persona.
 
Eso me ha pasado a mi. Tengo la sensación de haber causado daño a alguien a quien aprecio y quiero, cuando no hay ni ha habido en mi intención nada que se aproximara a eso. Evidentemente, no puedo meterme en la cabeza de los demás ni condicionar mis acciones a lo que supongo que los demás pueden suponer, pero hoy una amiga me ha hecho consciente de que esa percepción puede existir.
 
Sólo quiero decir que nada de lo escribo va dirigido a nadie. Nunca. Escribo sobre mi y doy vueltas a mis cosas, pero no pretendo demonizar a nadie, y menos a quien quiero.
 
A veces esa percepción errónea de la situación emocional no nos deja empatizar. Y aquí entono un "mea culpa" porque he sido ajena a ese posible dolor (que tampoco sé siquiera si existe, pero sí que puede existir).
 
En el BDsM he tenido la suerte de encontrar gente maravillosa. Algunas de esas personas siguen en mi vida; otras, no. Pero no por ello dejan de ser alucinantes.
 
(PD: Agradecería que en este post no hubiera comentarios, aunque, evidentemente, sois libres de dejarlos si sentís la necesidad de hacerlo).

Realidad y fantasía Publicado del 1 de octubre de 2015

Realidad y fantasía
 
 
Las personas pueden disfrutar de muchas maneras: una de ellas es la realidad; y otra, la fantasía.
 
En mi experiencia, las personas que nos asimos a la primera, probablemente tenemos historias mucho menos brutales e interesantes que narrar, y a los ojos de la persona que lee, resultan menos atractivas. No pasa nada. Es una opción.
 
A mi me hastían las que son irreales y me venden como si no lo fueran, las que me intentan hacer comulgar con ruedas de molino. En el aspecto fantástico, me encanta leer y soñar con esas situaciones tremendas, pero entiendo que no dejan de ser relatos creados en algún lugar de la imaginación (tan necesaria como bella), pero en otro plano. Por desgracia, hay gente que se confunde. Tampoco pasa nada.
 
Tenemos una edad (y supuestamente, una madurez) que implica cierta capacidad de discernimiento. Quien no quiera aplicarla, pues ¡bendito sea Dios! A mi, el lado santa Teresa cada vez me pide más que me ocupe de lo mío (en este sentido), más que nada porque he comprobado que quien desea confundir realidad y fantasía, va a encontrar siempre una manera de hacerlo.
 
Y a lo que iba: a mi me encantan todas las historias, pero he de reconocer que aquellas que "suenan a ciertas" me ponen mucho más ;-)

El placer Publicado el 24 de septiembre de 2015

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