lunes, 26 de mayo de 2014

Fuera miedos 2.11.2011

Fuera miedos
 
Este fin de semana ha sido mágico y no sólo por la gran suerte de descubrir seres detrás de nombres, sino porque algo se ha movido dentro de mi y ha hecho que florecieran miedos y emociones escondidas desde hace años.

Supongo que todos tenemos alguna herida que aún no hemos curado. Puede. No importa demasiado si los demás la tienen o no, ciertamente. Lo que ha marcado este fin de semana ha sido saberme acompañada hasta en mis dolores más escondidos y saber que una es una, siempre, y hasta "pega" con el resto de la gente.

Antes de reuniones BDSMeras "multitudinarias" a mi me entra pánico escénico. Me tiemblan las piernas y tengo taquicardia. El sábado, lógicamente, no pudo ser de otra manera. Y cuando me pongo a pensar en por qué me nacen hormigas en las piernas y bolas de migas de pan en la garganta sólo me sale una idea: y ¿si no "pego"?...

Para eso es importante que os diga algo: yo soy una payasa (no vas a ser tú la única, queridísima NIRVANA). Me río de casi todo (nunca de las personas, eso sí) y la mayoría de las situaciones me parecen divertidas. Me gusta ver disfrutar a la gente a la que aprecio (y a los que todavía no, pues también porque, al fin y al cabo, me da lo mismo y salen ganando algunos) y yo entiendo la vida de una sola manera: la de ser feliz.

Por eso, a veces, cuando quedo con gente del mundo BDSM me tiemblan hasta los polopos. Porque no sé si este yo que disfruta y vive alegremente pega demasiado con protocolos serios y formales. Diran ustedes que soy tonta a las tres... pues sí: a veces hasta a las cuatro y a las cinco.

Y no quiero decir que no sea capaz de mantener el protocolo cuando es necesario, ¿eh? A una puede y hasta le viene bien agarrarse a esas normas tan rígidas y marcadas, porque ya no cabe ser una misma con sus miedos y demás maletas de viaje. En esas situaciones siempre se sabe qué se debe hacer y, sea más afín o menos a las normas establecidas, por lo menos no tengo que aportar nada personal en las acciones.

El caso es que el sábado estuve nerviosa. Agradecí mucho al Caballero que llegó conmigo a la cena que lo hiciera y que estuviera conmigo mientras lo estuvo (las almas amigas siempre son de agradecer). Pero todos esos nervios, todas esas hormigas y bolas de miga de pan, se esfumaron a lo largo de la noche. Yo fui yo y nadie se asustó. Me sentí maravillosamente bien y todas las personas con las que tuve el placer de estar fueron pequeños regalos del día.

No sé cómo explicarlo: es una suerte poder dejarse llevar por lo que una es en todas las situaciones, y es precioso que los demás nos acepten de esa manera, que al final es la única.

Gracias a todos. Sed felices. Mil y un besos.

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