Fuera miedos
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Este
fin de semana ha sido mágico y no sólo por la gran suerte de descubrir
seres detrás de nombres, sino porque algo se ha movido dentro de mi y ha
hecho que florecieran miedos y emociones escondidas desde hace años.
Supongo
que todos tenemos alguna herida que aún no hemos curado. Puede. No
importa demasiado si los demás la tienen o no, ciertamente. Lo que ha
marcado este fin de semana ha sido saberme acompañada hasta en mis
dolores más escondidos y saber que una es una, siempre, y hasta "pega"
con el resto de la gente.
Antes
de reuniones BDSMeras "multitudinarias" a mi me entra pánico escénico.
Me tiemblan las piernas y tengo taquicardia. El sábado, lógicamente, no
pudo ser de otra manera. Y cuando me pongo a pensar en por qué me nacen
hormigas en las piernas y bolas de migas de pan en la garganta sólo me
sale una idea: y ¿si no "pego"?...
Para
eso es importante que os diga algo: yo soy una payasa (no vas a ser tú
la única, queridísima NIRVANA). Me río de casi todo (nunca de las
personas, eso sí) y la mayoría de las situaciones me parecen divertidas.
Me gusta ver disfrutar a la gente a la que aprecio (y a los que todavía
no, pues también porque, al fin y al cabo, me da lo mismo y salen
ganando algunos) y yo entiendo la vida de una sola manera: la de ser
feliz.
Por
eso, a veces, cuando quedo con gente del mundo BDSM me tiemblan hasta
los polopos. Porque no sé si este yo que disfruta y vive alegremente
pega demasiado con protocolos serios y formales. Diran ustedes que soy
tonta a las tres... pues sí: a veces hasta a las cuatro y a las cinco.
Y
no quiero decir que no sea capaz de mantener el protocolo cuando es
necesario, ¿eh? A una puede y hasta le viene bien agarrarse a esas
normas tan rígidas y marcadas, porque ya no cabe ser una misma con sus
miedos y demás maletas de viaje. En esas situaciones siempre se sabe qué
se debe hacer y, sea más afín o menos a las normas establecidas, por lo
menos no tengo que aportar nada personal en las acciones.
El
caso es que el sábado estuve nerviosa. Agradecí mucho al Caballero que
llegó conmigo a la cena que lo hiciera y que estuviera conmigo mientras
lo estuvo (las almas amigas siempre son de agradecer). Pero todos esos
nervios, todas esas hormigas y bolas de miga de pan, se esfumaron a lo
largo de la noche. Yo fui yo y nadie se asustó. Me sentí
maravillosamente bien y todas las personas con las que tuve el placer de
estar fueron pequeños regalos del día.
No
sé cómo explicarlo: es una suerte poder dejarse llevar por lo que una
es en todas las situaciones, y es precioso que los demás nos acepten de
esa manera, que al final es la única.
Gracias a todos. Sed felices. Mil y un besos.
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lunes, 26 de mayo de 2014
Fuera miedos 2.11.2011
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