lunes, 26 de mayo de 2014

La esclavitud de las palabras 25.04.2014

La esclavitud de las palabras
 

Hablando con un buen amigo sobre sus relaciones bedesemeras me comenta que la mejor de las que ha tenido, la más intensa, fue una en la que no pusieron nombre ni a la condición de cada uno ni a las prácticas que realizaban. Vivían y sentían. Nada más. Sin nombres.
 
Eso me ha hecho pensar en la esclavitud lingüística a la que nos sometemos en las relaciones D/s. Necesitamos saber si la persona con la estamos es Amo, Dominante, Dueño, sumisa o esclava; pedimos que nos verbalice las prácticas que le gustan, los límites y si estos son relativos o absolutos; enumeramos los instrumentos que utilizamos y ponemos etiquetas al tipo de relación que mantenemos.
 
¡¡¡Dios menguante!!! (que diría mi amiga Cristina). La cosa es más simple:
 
Cógeme cuando te dé la gana y hazme lo que te plazca. Seguro que notas si me mojo hasta las pestañas o me quedo más fría que el hielo. Dime todas las cosas guarras que se te ocurran, o las que te salgan del alma y comprobarás si me pongo como una puta, como una zorra o como una perra. O si no reacciono. Y si no te gusta lo que ves, dame un bofetón o escúpeme donde quieras. Si notas que pongo cara de susto, o de asco, pues entonces repite, o cambia. O dame dos, o cuarenta, o nada, de lo que más quieras. Méteme la polla en la boca y verás cómo me quedo callada, mamando feliz, o como intento sacarla para decirte algo. Y volvemos al punto anterior: si te apetece, pues sigue. Si no, pues cambia. Estoy absolutamente segura de que verás, notarás, sentirás, cómo mi cuerpo pide más o lo rechaza. Y tú puedes seguir o pararte. Cambiar o no. Puedes preguntarme o actuar. Puedes gozar de mi dolor, o de mi cara de sorpresa, o no. No necesitas preguntarme. Sigue. Siempre que quieras, sigue. Tengo boca y lengua, y no sólo para dedicártelas: puedo informarte de lo que me hace sentir incómoda o me duele. Y tú verás qué haces con ello: si disfrutarlo o cambiarlo. Puedes ver hasta dónde llego sin necesidad de que te lo cuente. Si es que te apetece, claro, porque siempre será mejor que hagas aquello que te dé la gana, lo que te salga de la polla, o del alma, o de los dos sitios (que están tan relacionados) y lo disfrutes.  Saca el instrumento que más te plazca y dale vida. No importa si es un látigo, una verga de toro, una pala, una fusta… Sólo importa que tú gozas cuando la usas. Y si llego al “punto mortal”, seguro que ya no lo pasas tan bien y paras. Y si no, ya te haré entender yo que eso me mata. No te preocupes.  Y si un día decides mearme, porque sí, porque apetece, pues entonces verás si me retiro “discretamente”, si sonrío o si escojo ese preciso momento para entrenarme en marathón. Y entonces, si decides castigarme por el atletismo, si es que quieres,  agárrame del pelo y tírame al suelo. Písame la cara, o el culo. Hazlo todo. O algo. O nada.  Ponme el culo en pompa y entra o sal, o muerde. O déjame ahí tirada. O toma un café conmigo. De un “ay” gozoso a un “¡tu puta madre!” (con todo mi respeto, por supuesto) hay un abismo tremendo que se nota. Y con la información que recojas, pues decide. Échame cera, átame a la cama, pellízcame, ponme pinzas... Todo lo que se te ocurra, lo que quieras, siempre. Ya verás si me gusta... ¡y cuánto!
 
Tú disfruta, que mi única ocupación es la tuya. Y si eso cambia, lo sabremos.
 
Tú gozas, yo gozo. Yo gozo, tú gozas. Tú no gozas, yo no gozo. Yo no gozo, tú no gozas.
Uno de los pocos verbos que sólo tiene dos personas y siempre van en paralelo.
 
 
ADVERTENCIA: No ingerir con dinamita. Tomar pequeñas dosis al principio, o todas. Usar con o sin precaución dependiendo de la situación. Convidar a quien apetezca, siempre que sufra la misma dolencia, aunque también puede intentarse con quien sufre otras, o con quien no sufre nada. Un 100% de las personas en las que se ha experimentado recomiendan su ingesta si apetece. Puede tomarse en cualquier momento del día, aunque se recomienda que sea preferiblemente en las 12 primeras y 12 últimas horas del día.
 
ADVERTENCIA: No busquen sentido a la foto. Tiene una única razón: me ha gustado para Él.
 
¡A vivir, que son dos días y la mitad son de noche!

No hay comentarios:

Publicar un comentario