Las primeras veces.
|
||
|
Hay
un hilo abierto sobre la primera vez BDSmera. Me ha resultado
interesante, pero no puedo decir nada porque realmente no me acuerdo de
cuál fue. A medida que va pasando el tiempo me voy remontando en mis
pensamientos y cada vez me sale uno anterior, quizá menos BDSMero en
cuanto a práctica estándar, pero sí en cuanto a emociones.
No
creo que pueda decir cuál fue en concreto porque es algo que yo siento
desde siempre, desde que puedo recordar (que es poco porque tengo
memoria de pez): mis albañiles; el parque del conservatorio y aquel
chico al que sólo quería ver para que me besara y tocara; el que me
miraba y conseguía que bajara la cabeza... Ha habido muchas primeras
experiencias, me parece.
Me da la sensación de que cada nueva relación parte de cero.
Muchas de las cosas que una cree tener superadas se convierten, de
repente, en nada cuando aparece una nueva persona. Y cobran un nuevo
sentido, dejando todo lo demás en el nivel cero.
La
virginidad me parece un tremendo lastre que llevamos encima por todos
los miedos y complejos que supone. Se le atribuyen poderes mágicos sobre
la persona que la posee y con quien la comparte, pero su único poder es
el de crear un grado de nerviosismo que supera lo entendible. Sin
embargo, en todas las nuevas relaciones comenzamos siendo vírgenes, con
miedos horribles que tienen que ver con si seremos capaces de hacer
bien esto o aquello, de si le gustará o no cómo hago esto o lo de más
allá... uffff... algo impresionante.
Yo
soy una mujer con muchos miedos en la cama. Ojalá nos los tuviera, pero
los tengo. Las primeras veces con cualquiera me sale un grillo del
corazón y recorre toda mi alma. Me cuesta disfrutar porque no hago más
que pensar en si podré complacer. No vean ustedes qué malo, malísimo,
es. Por eso, cuando alguien consigue que me olvide de mi, de mis cosas,
de mis miedos, pues me da ganas de morirme (figuradamente, claro) en sus
brazos.
El caso es que siempre hay cosas que una hace por primera vez. Normal: alguna tiene que ser la primera. Pero es que algunas se hacen muchas veces por primera vez.
No es el concepto de virginidad el que estoy tratando ahora, sino el de
confianza. Hay prácticas que se suponen dolorosas o placenteras, o
ambas, y una no sabe, a ciencia cierta, cómo reaccionará ante ellas, así
que debe confiar mucho en la persona con la que va a realizaras para
que se pueda disfrutar. Pero también sucede con aquellas que sí
conocemos, porque en realidad cada nueva situación supone nuevas
sensaciones.
Eso
me pasó a mi. Lo ví y supe que podía dejarme en sus manos. No dije
nada. No hizo falta. Sólo tomé aire y pensé que todo iría bien. Así fue.
Como tenía que ser. El dolor (si es que lo hubo) no fue percibido como
tal. Y lo mágico no fue el "regalo virginal", sino el ser capaz de
dejarme en sus manos, poniendo en ellas mis miedos. Da igual si era la
primera o la milésima vez: lo maravilloso fue confiar en Él y saber que
podía dejarme llevar y sentir sin miedo.
Gracias,
Señor, por hacerme disfrutar de esa primera vez de muchas primeras
veces, a pesar de los lastres que llevaba antes de conocerle.
| ||
Datos personales
lunes, 26 de mayo de 2014
Las primeras veces 6.11.2011
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario