Rosquillas o los protocolos sociales
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Las rosquillas me encantan. Siempre lo
han hecho. Y mucho se debe a que la madre de mi amiga Cristina era una
maravillosa repostera a la que le encantaba cocinarlas. Muchas de
nosotras, de las compañeras del colegio de su hija, deseábamos en
secreto (y en voz alta, porque para eso éramos amigas, y niñas, y
glotonas) que las hiciera para poder ir a su casa y comerlas. Cuando
Cristina nos decía que había, siempre estábamos dispuestas a hacer una
visita (más o menos fugaz) para comer o engullir aquellas delicias. No
había engaño: queríamos rosquillas, lo decíamos, íbamos y las comíamos.
Sin más.
Pero la cosa cambió (por lo menos para
mi) cuando mi madre decidió explicarme el protocolo social que yo
desconocía absolutamente en cuanto a la comida en casa de amigas. La
verdad: no sabía siquiera que alguien hubiera decidido cómo se debía
comportar una cuando la madre de Cristina, o de cualquier otra
compañera, nos invitara a rosquillas, galletas o cualquier otro manjar
decilioso. Y lo cierto es que, visto con el tiempo, me da por pensar que
la gente tiene poco que hacer para pensar en protocolos de ese pelo.
A lo que iba: mi madre me explicó,
pacientemente, que una no llega a casa de alguien y come lo que le
ofrecen a la primera. Noooooooo. Hay un ritual que seguir.
- La anfitriona invita una vez.
- Tú dices que no.
- La persona insiste una segunda vez.
- Tú vuelves a decir que no (aunque esto depende de la confianza porque, en ocasiones, se puede decir que sí a la segunda).
- Te lo vuelve a ofrecer.
- Ya te lo puedes comer.
La verdad es que, en sí, el protocolo me parecía simple de seguir. Duro, pero simple.
Una tarde, a la salida del colegio,
Cristina me comentó que su madre había hecho rosquillas y me invitó a
ir. Como el protocolo social recién adquirido no decía nada de que mi
amiga tuviera que insitir tres veces, a la primera, rauda y veloz, le
dije "¡Qué bieeeeennnnn! ¡¡¡Con las ganas que tengo de comerlas!!!". Y
así lo hicimos.
A las cinco y media, en punto, fuimos a
su casa. Subimos todos los pisos como gacelas (no tenían ascensor) y
entramos en la casa, donde olía a gloria y nos esperaba su madre, la
mejor repostera de todos los tiempos, con los brazos abiertos y una
sonrisa en la cara.
Cristina no dudó en ponerle al día de la
situación, de manera clara y contundente: "Shere ha venido a comer
rosquillas". Normal: lo que es, es. Las cosas claras y el chocolate,
espeso.
Entoces, claro, ocurrió lo que tenía que suceder:
- Shere, linda, ¿quieres rosquillas?.
- No, gracias.
- ¿¿¿???
Yo, lógicamente, estaba esperando la
segunda pregunta. Pero no llegó. Tita, algo extrañada, se dio media
vuelta y marchó a la cocina. La conversación había acabado para ella.
Yo no podía comprender que nadie le
hubiera explicado a aquella maravillosa mujer que tenía que preguntarme
tres veces. Tres y no una. TRES. Con una no bastaba.
Tendría que hablar seriamente con mi madre para que la diera a ella también clases.
El caso es que ese día no hubo
rosquillas. Una y no más, claro. Hasta que no esté segura de que la otra
persona conoce las reglas protocolarias, no pienso decir que no cuando
quiero decir sí.
Luego llegó aquel libro.
Herbert Fensterheim y Jean Baer seguro que también se quedaron alguna vez sin rosquillas.
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Datos personales
lunes, 26 de mayo de 2014
Rosquillas o los protocolos sociales 15.05.2014
"Su sumisa" 29.04.2014
"Su sumisa"
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Me pongo a vaguear (¡cuánto trabajo da
eso de estudiar!) y paseo por blogs y foro. Miro con especial curiosidad
las entradas de las personas a las que me gusta leer y, ¡cómo no!, la
de mi Amo. De repente, el corazón se me llena de orgullo y de alegría.
Me llama "Su sumisa" y sí, claro, lo soy desde hace tiempo, pero eso no
quita que me salte una sonrisa a la cara cuando me llama así.
Me gusta.
Y mucho.
:-) :-D
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La esclavitud de las palabras 25.04.2014
La esclavitud de las palabras
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Hablando con un buen amigo sobre sus
relaciones bedesemeras me comenta que la mejor de las que ha tenido, la
más intensa, fue una en la que no pusieron nombre ni a la condición de
cada uno ni a las prácticas que realizaban. Vivían y sentían. Nada más.
Sin nombres.
Eso me ha hecho pensar en la esclavitud
lingüística a la que nos sometemos en las relaciones D/s. Necesitamos
saber si la persona con la estamos es Amo, Dominante, Dueño, sumisa o
esclava; pedimos que nos verbalice las prácticas que le gustan, los
límites y si estos son relativos o absolutos; enumeramos los
instrumentos que utilizamos y ponemos etiquetas al tipo de relación que
mantenemos.
¡¡¡Dios menguante!!! (que diría mi amiga Cristina). La cosa es más simple:
Cógeme cuando te dé la gana y hazme lo que te plazca. Seguro que notas si me mojo hasta las pestañas o me quedo más fría que el hielo. Dime todas las cosas guarras que se te ocurran,
o las que te salgan del alma y comprobarás si me pongo como una puta,
como una zorra o como una perra. O si no reacciono. Y si no te gusta lo
que ves, dame un bofetón o escúpeme donde quieras. Si notas que pongo
cara de susto, o de asco, pues entonces repite, o cambia. O dame dos, o cuarenta, o nada, de lo que más quieras.
Méteme la polla en la boca y verás cómo me quedo callada, mamando
feliz, o como intento sacarla para decirte algo. Y volvemos al punto
anterior: si te apetece, pues sigue. Si no, pues cambia. Estoy
absolutamente segura de que verás, notarás, sentirás, cómo mi cuerpo
pide más o lo rechaza. Y tú puedes seguir o pararte. Cambiar o no. Puedes preguntarme o actuar.
Puedes gozar de mi dolor, o de mi cara de sorpresa, o no. No necesitas
preguntarme. Sigue. Siempre que quieras, sigue. Tengo boca y lengua, y
no sólo para dedicártelas: puedo informarte de lo que me hace sentir incómoda o me duele.
Y tú verás qué haces con ello: si disfrutarlo o cambiarlo. Puedes ver
hasta dónde llego sin necesidad de que te lo cuente. Si es que te
apetece, claro, porque siempre será mejor que hagas aquello que
te dé la gana, lo que te salga de la polla, o del alma, o de los dos
sitios (que están tan relacionados) y lo disfrutes. Saca el
instrumento que más te plazca y dale vida. No importa si es un látigo,
una verga de toro, una pala, una fusta… Sólo importa que tú gozas cuando
la usas. Y si llego al “punto mortal”, seguro que ya no lo pasas tan
bien y paras. Y si no, ya te haré entender yo que eso me mata. No te preocupes.
Y si un día decides mearme, porque sí, porque apetece, pues entonces
verás si me retiro “discretamente”, si sonrío o si escojo ese preciso
momento para entrenarme en marathón. Y entonces, si decides castigarme
por el atletismo, si es que quieres, agárrame del pelo y tírame al
suelo. Písame la cara, o el culo. Hazlo todo. O algo. O nada.
Ponme el culo en pompa y entra o sal, o muerde. O déjame ahí tirada. O
toma un café conmigo. De un “ay” gozoso a un “¡tu puta madre!” (con
todo mi respeto, por supuesto) hay un abismo tremendo que se nota. Y con
la información que recojas, pues decide. Échame cera, átame a la cama,
pellízcame, ponme pinzas... Todo lo que se te ocurra, lo que quieras,
siempre. Ya verás si me gusta... ¡y cuánto!
Tú disfruta, que mi única ocupación es la tuya. Y si eso cambia, lo sabremos.
Tú gozas, yo gozo. Yo gozo, tú gozas. Tú no gozas, yo no gozo. Yo no gozo, tú no gozas.
Uno de los pocos verbos que sólo tiene dos personas y siempre van en paralelo.
ADVERTENCIA: No ingerir con dinamita.
Tomar pequeñas dosis al principio, o todas. Usar con o sin precaución
dependiendo de la situación. Convidar a quien apetezca, siempre que
sufra la misma dolencia, aunque también puede intentarse con quien sufre
otras, o con quien no sufre nada. Un 100% de las personas en las que se
ha experimentado recomiendan su ingesta si apetece. Puede tomarse en
cualquier momento del día, aunque se recomienda que sea preferiblemente
en las 12 primeras y 12 últimas horas del día.
ADVERTENCIA: No busquen sentido a la foto. Tiene una única razón: me ha gustado para Él.
¡A vivir, que son dos días y la mitad son de noche!
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Expectativas incumplidas 4.02.2014
Expectativas incumplidas
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De
una manera u otra, y de forma no consciente, todos creamos expectativas
de los demás. El hecho de que éstas no se cumplan hace que, en muchas
ocasiones, nos sintamos decepcionados.
Lo
que debemos recordar, en todo momento, es que esas
ilusiones/esperanzas/deseos que no se han visto satisfechos derivan de
algo que hemos creado nosotros implicando a otras personas, y no de
ellas directamente.
En
las relaciones D/s creo que también se da bastante. En mi caso, por lo
menos, siempre espero algo. De una manera u otra, me imagino cómo va a
ser una situación determinada y la recreo (dependiendo del tiempo que
tenga) o dibujo con más o menos detalle. Teniendo en cuenta que la
situación está manejada por otra persona, está bastante claro que, a
veces, se acerca a mi imaginación; y, a veces, no. Unas, la supera.
Otras, es tan diferente que ni siquiera es comparable. Y otras,
sencillamente, no.
Supongo
que al resto de las sumisas y a los Dominantes les pasará lo mismo,
pero es un suponer y puede derivar en error, al igual que las
expectativas.
A
la conclusión que he llegado (y ¡mira que mi amiga Isabel me lo ha
dicho miles de veces!) es que uno no debe esperar nada de los demás. No
porque no vayan a realizarlo, sino porque, simplemente, cada uno se
maneja como le parece y no siempre es de la manera en la que tú esperas:
a veces es infinitamente mejor y otras, sencillamente, no.
No pasa nada.
Ir
con la mente abierta, dispuesta a disfrutar de lo que suceda y gozando
cuanto ocurre, sea o no cercano a tus expectativas, es la mejor manera
de ser feliz.
Dentro y fuera.
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Puesta en escena 15.12.2013
Puesta en escena
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Durante
mucho tiempo he defendido, a capa y espada, que el BDSM es un sentir y
no una forma de actuar. Hasta la fecha sigo pensando lo mismo, pero he
de admitir que hay que añadir algunos matices.
Teniendo
en cuenta que esto es un blog, decir que lo que escribo es mi opinión
está más que de sobra, pero, teniendo en cuenta las susceptibilidades,
prefiero dejarlo claro: lo que voy a escribir es lo que yo pienso (para
verdades absoutas pueden visitar a quien certifica la autenticidad de
los sentires).
El
caso es que ahora tengo la convicción de que en el BDSM hay un fuerte
componente teatral, no en el sentido de ser alguien que no se es, sino
de la puesta en escena.
Es
necesario que ambas partes no sólo sientan lo que son, sino que se lo
muestren a la persona con la que están. El vestuario, las palabras, la
actitud, los gestos... Todo forma parte de esa puesta en escena que es
absolutamente necesaria para la motivación.
Si
yo, por ejemplo, me siento puta y emputecida, perra y con ganas de
maaaaaammmmmbooooooo y mi Amo me dice que me vista de puta, hace un
tiempo mi sentir era desnudarme, quedarme en pelotucas y decirle "Henme
aquí". Evidentemente, es fácil que nadie entienda la poética de mi
acción y que el Dominante piense que soy muuuuuuu vaga.
Así
que ahora sé que lo que he de hacer es ponerme algo con lo que no
quisiera que me vieran ni mis compañeros de trabajo, y mover las
caderas, pintarme los labios de rojo pasión y ... ¡haaaaalaaaaa!
Una
es como es, por encima de lo que hace, pero las acciones muestran a los
demás cómo nos sentimos, así que hay que disfrutar de la puesta en
escena.
¡¡¡Adelante!!!
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Puntos de vista 28.22.2013
Puntos de vista
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Me sorprende que, salvo casos muy
concretos, cuando un Dominante escribe suele hacerlo desde el punto de
vista de la sumisa. Sin embargo, nosotras no solemos hacerlo poniéndonos
en su lugar.
Eso me lleva a preguntarme si es porque el centro de los momentos es la sumisa,
o porque el Amo se mueve pensando en lo que ella siente,
o porque la sumisa está demasiado
centrada en sí misma ("disfrutar" del dolor requiere, por lo menos en
muchos casos, bastante concentración),
o porque, a posteriori, la sensación que prevalece es la de la recepción de la situación,
o porque...
No sé.
Un pensamiento de noviembre.
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La desnudez 17.11.2013
La desnudez
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La mayoría de las veces que hablamos de
desnudez parece que nos referimos a lo físico: desnudez entendida como
"sin vestido" (DRAE). Sin embargo, desde hace ya tiempo he venido
dándome cuenta de que, por lo menos para mi, la desnudez es algo que se
extiende mucho más de los ropajes y de cualquier prenda física. La
desnudez es algo que se refiere al alma, al espíritu, o a lo que hay (si
es que hay) más allá de estos preciosos cuerpos.
Llevo casi cuatro meses defendiendo la
desnudez. Cuatro meses en los que me está costando "despojarme de lo que
me cubre o adorna" (DRAE), pero los resultados están siendo
verdaderamente buenos.
Desnudez es ser como eres, sin
pretensiones, sin egos subidos, sin miedos... Es abrir el corazón y la
mente y dejar que los demás entren en ellas sin muros altísimos que
puedan protegerte. Esto, claro, es tremendamente peligroso al principio,
cuando aún no estás demasiado preparado para todas las incursiones que
puede haber ni para las reacciones que puedes tener.
Porque al desnudarse una se da cuenta de
que el único peligro real de todos los existentes es una misma; la única
persona capaz de crear miedo es quien lo vive; la única capaz de
salvarse es, precisamante, quien se descubre en peligro.
Pero sí he de deciros que, a pesar de los
miedos y peros a los que me he sometido durante este proceso de
desnudez, mis temores han sido más pre-ocupaciones que ocupaciones en sí
mismas. Hablar en primera persona, desde el corazón y con sinceridad,
no ha hecho que la gente me hiera más (que, de verdad, era mi pánico),
sino todo lo contrario.
La desnudez me va dando paz. Cuando más me desnudo, más paz me da. Es una relación proporcional tan sencilla que apabulla.
Lo que sí ha cambiado en mi, supongo que
antes, pero puede haber sido simultáneamente al proceso de despoje, es
que ahora hablo, trato y siento desde el amor (joder: ¡qué cursi!, pero
¡qué cierto!). Digo las cosas desde querer a la gente, no desde intentar
hacer daño (y no es que ése fuera mi único motor, claro es, pero de vez
en cuando sí que salía) ; trato a la gente desde el sentir que merecen
ser queridos y, sinceramente, es una pasada.
Por eso hoy, al leer el escrito de oceana
sobre "Cariño... ¿con o sin?" no he podido resistir la necesidad de
escribir sobre esta desnudez.
Un desnudo saludo para todos/as.
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La belleza y el BDSM 16.11.2013
La belleza y el BDSM.
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Amo las cosas bellas.
No tiene por qué ser, necesariamente, bonitas.
A mi me basta con que me despierten la emoción de mirarlas, de sentirlas en mi.
Antes las quería tener todas, fueran o no con mi personalidad, pero
ahora he descubierto (hace tiempo, para ser sincera) que no hace falta
poseerlas. La belleza es un sentimiento que pervive al estímulo mismo:
la belleza vive en quien la siente por encima de su presencia constante.
En BDSM yo vivo mucha belleza. Generalmente son pequeñeces sin más que
me despiertan del letargo de la monotonía. Cuando me las provocan
personas ajenas a mi suele ser porque hay una mirada cómplice; una
sonrisa latente; un tremendo cuidado aparentemente inexistente...
Porque en BDSM lo que sí hay es mimo. A pesar de que parezca lo
contrario; a pesar de que haya azotes y un trato "duro" de lo poseído; a
pesar de que la persona sumisa quede llorando o con marcas... A pesar
de todo ello, el cuidado y mimo que un Amo tiene sobre su posesión
excede, con creces, el que se puede tener en otras situaciones de
relación. Igual es precisamente porque la belleza de la relación reside
en saberse cuidada por encima de todo, o porque, al saberse protegida,
nada puede herir, aunque sí duela.
La mayor de las bellezas es la felicidad. Y se refleja en sonrisas, en
lágrimas, en abrazos, en azotes, en marcas, en saberse vivo...
Sí: definitivamente, amo las cosas bellas.
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... pensando en tu orgullo 27.09.2013
...pensando en tu orgullo.
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Hoy
era el día. Todos estaban en el escenario y yo, desde abajo, los
miraba, los mimaba, los cuidaba, los animaba, los sonreía...
Entonces,
de repente y sin causa aparente, alguien de entre el público empezó a
aclamar mi nombre y la emoción se extendió entre los que estaban abajo y
los de arriba.
Yo me sentía orgullosa, emocionada, feliz, sonrojada, querida...
Y pensé en ti.
Te
hubieras sentido orgulloso de tu pertenencia. Te hubiera encantado
saberte Dueño de la persona que provocó esa explosión de cariño...
... te hubiera encantado ver que era tu collar el que lucía en mi cuello.
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Amos, sumisas y publicidad subliminal 20.08.2013
Amos, sumisas y publicidad subliminal.
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Supongo
que no es sólo a mi, pero es un suponer. Lo digo por mi experiencia
bedesemera, que ni es la más ni la mejor del mundo, pero como es la mía
es a la que me ciño a la hora escribir.
La
primera vez me sorprendió un poco, he de reconocerlo. En mitad de un
momento bedesemero, la persona con la que estaba dijo algo (ahora no
recuerdo bien qué fue), dejando como hecho verbal algo que no había
sucedido y que, a priori, no tenía demasiados visos de suceder con gusto
por mi parte. Porque podía ocurrir, claro que sí: el Amo era Él, pero
otra cosa es que yo hubiera disfrutado como la perra gozosa que Él
deseaba.
El caso es que su frase pasó, así, como pasan las cosas que no tienen mucho sentido,
pero luego se repitió en varias ocasiones, hasta que un día resultó que
aquello comenzaba a apetecerme. No dije ni pío, claro, como tampoco
había comentado antes el hecho de que no quisiera.
Y
entonces comencé a disfrutar de aquellas cosas. No mucho. No demasiado.
No tanto como para pedirlas a gritos, la verdad. Pero, sin duda, mucho
más de lo que había pensado antes de aquel momento. De hecho, siento
profundamente no haberlas pedido más cuando las deseba, ni haber
manifestado mi necesidad de ellas cuando mi mente las suplicaba... Pero
ésa es otra historia.
El
caso es que ahora sigo un proceso bastante parecido, intensificado por
el hecho de que intuyo, casi sé, lo que va a suceder cuando Él me
susurra algo... Uffff...
Pero
lo que pienso no es "¡Date por jodida!" (como en el chiste), no. Ahora
es: "¡Qué maravilla!: algo más de lo que vamos a disfrutar".
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¡Moríos de envidia de lo bien que me suena el culo! 1.08.2013
¡Moríos de envidia de lo bien que me suena el culo!
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Es
una de las maravillosas cosas que ha conseguido el patinaje (y el
caminar, y la bici...): ahora tengo el culo musculado, así que suena de
muerte cuando se lo azota.
Subiría un audio, pero tengo miedo a que la gente me odie por esa música glutear... jajajajaja...
En fin: si no lo escribo, muero.
Salud!
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Las cosas que no me gustan 31.07.2013
Las cosas que no me gustan...
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Muchas
veces me cuesta decir las cosas de manera espontánea, así que he de
sentarme y confesarlas ante el papel, no tanto para que se hagan
corpóreas a mis ojos sino a los de la persona a las que quiero
dirigírselas.
Eso me ha pasado con est, con las cosas que no me gustan.
No
soy masoquista, por lo menos no a priori y no entendido como el
disfrute a través del dolor (perdonadme si me equivoco en la
definición), pero me gusta que Él me azote.
No
me gusta el dolor que siento, pero sí me gusta que sea Él quien lo
inlfige. Me gusta ver su cara, sentir su cuerpo, saber su excitación...
Y,
de esa manera, me encantan sus manos contra mi carne; su cinturón
sonando contra mi; las horribles fustas que me golpean representando Su
fuerza...
No me gustan los azotes, ni los latigazos, ni los fustazos... no. Lo que me gusta es el posesivo que los enuncia: SUS.
Las
quiero porque suponen que todas esas cosas que no me gustan pasan por
el tamiz de tu deseo y se convierten en necesarias (¡como tantas otras
que no menciono!). Y pasan a ser mi necesidad, mi deseo, mi querencia...
Y en cada azote que me das yo recibo como regalo el Universo.
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Terminología 29.07.2013
Terminología
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Estoy completamente de acuerdo en que
cuando hablamos de algo hemos de definirlo para saber exactamente a qué
nos referimos. Puede ocurrir (y, de hecho, sucede con muchas más
frecuencia de la deseada) que dos personas empleen el mismo término para
conceptos distintos o con notables diferencias entre ellos.
En el caso del BDSM, por lo menos para
mi, parte de la terminología que leí al principio supuso que entendiera
que hay una cierta "graduación" de la sumisión; que hay gente a que
otros consideran sólo morbosa y, por lo tanto, no merecen el priviledio
de ser incluídos dentro de las palabras que se definen en el BDSM...
Muchas cosas. En algunas estaba de acuerdo y en otras, no. Ley de vida.
"Er fúrbol es asín"...
El caso es que, a medida que ha ido
pasando el tiempo, esos conceptos que quedaron tan claros en su momento,
han ido sufriendo variaciones en mi porque les ido añadiendo mi
experiencia. Y eso, señores y señoras, lo cambia todo porque resulta que
aquello que era, claramente, una sumisa, ahora ya no sé si es mujer
enamorada, masoquista, esclava o perra; la que era esclava ahora ya no
sé si es sumisa o ciega, o entregada... Lo que antes era la entrega,
así como el mismísimo concepto de la Trinidad, ahora es fe, amor, deseo,
superación... Y muchas otras cosas.
El caso es que, repito, sé que la
definción de conceptos es muy necesaria, sobre todo para la gente que
empieza en cualquier campo, pero a mi ahora lo único que hace es (y
perdonen la expresión) joderme lo más grande.
Porque me da igual si se me piensa
sumisa, esclava, perra, puta, zafia... Me da igual en todo el mundo
menos en Él. Y si, de repente, a Él le diera por investigar sobre la
nomenclatura de mi condición, probablemente yo acabaría desesperada
porque no encajo en nada y porque, al final, da igual lo que yo
piense...
... lo único que importa es lo que Él quiere que sea.
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¿Qué tipo de juguete eres como sumisa?... ¡¡¡participa!!! 13.07.2013
¿Qué tipo de juguete eres como sumisa?... ¡¡¡participa!!!
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El caso es que a veces se repiten y repiten hasta que les doy forma; hasta que cogen el papel (o la pantalla) y pasan a llenarla de símbolos negros que dan sentido a su existencia. Digo ésto porque en los últimos días tengo una imagen recurrente que retumba en mi cabeza: las sumisas como juguetes, pero no sexuales... ¡no!: como esos con los que disfrutan los más pequeños (y los mayores, para qué engañarnos).
La idea es que, dados unos tipos de juguetes, cada persona a la
que le apetezca lo complete con las características que le parezcan. En
caso de que sientas que pertences a un grupo que no he mencionado, lo
escribes y ya está añadido.
Puedes escoger una de las categorías que listo y decir cuáles
son las cosas que ves en relación con las sumisas, o contigo, o con "una
amiga"...
También puedes inventar o añadir algo nuevo en la lista.
A modo de ejemplo, describo dos.
Una regla: a medida que la gente va poniendo características, podéis
cambiar de tipo de sumisa. Y eso tantas veces como os parezca oportuno.
Dicho esto, puede haber: * Sumisas de "construcción". Son las que van por piezas, poco a poco. Dependiendo de cómo se las junte tienen una forma u otra y pueden resultar maravillosas o terriblemente horribles. Suelen ser sólidas y, a pesar de que tiene miles de fisuras internas, están tan compactas que hay que detenerse mucho en ellas para darse cuenta. * Sumisas "de mesa". Son las que tienden a estar en el mismo sitio. Requieren conocimiento de las reglas específicas que las rigen, pero suelen ser fáciles de saber y manejar. A diferencia de las de construcción, no favorecen la creatividad, si bien es cierto que tampoco salen por peteneras. Se divierten en las relaciones, pero sin osadías excesivas, sin grandes cambios... * Sumisas " de rol"... * Sumisas "cometa"... * Sumisas "muñeca"... * Sumisas "de aire libre"... * Sumisas "escalektric"... * Sumisas de baraja... * Sumisas de juego tradicional... * Sumisas de castillo playero... | ||
Las relaciones, los patines y el miedo 12.07.2013
Las relaciones, los patines y el miedo.
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Hace no demasiado que he vuelto a ponerme los patines. Como soy una
osada y me cuesta tener miedo físico, me resulta fácil lanzarme a la
calle, cuesta arriba y cuesta abajo, sin más límite que la poca
velocidad que cojo y el salto de escaleras y escalones, que todavía me
da algo de respeto.
El caso es que el otro día, estando en clase de patinaje, me di cuenta
de que algunos de mis compañeros no avanzan porque están atenazados. El
miedo les bloquea casi todos los músculos del cuerpo y les impide
moverse con la fluidez necesaria para poder disfrutar (aunque sólo sea
un segundo) del desplazamiento.
Y esta mañana, mientras me daba recorría un bonito paisaje dándole a la
rueda, me di cuenta de que las relaciones se parecen mucho al hecho de
patinar: mientras uno no pierde los miedos; mientras no se lanza a la
piscina; mientras no se deje llevar uno por el cuerpo y las emociones
por encima de los temores; mientras no se es capaz de abandonar los
prejuicios y las ideas preestablecidas... resulta muy complicado
disfrutar.
El primer día que bajé una cuesta (no demasiado empinada, la verdad,
aunque a mi me pareció algo así como el Everest en zona de patinaje) lo
hice porque no me di cuenta de que estaba allí esa pendiente y porque
las demás opciones (tirarme al suelo y descalzarme o pedir a alguien que
me llevara con mi mamá) no me parecieron interesantes. El caso es que,
de repente, me encontré frente a la bajada y pensé: "No hay salida:
tienes que hacerlo". Recordé lo que dice mi profe (me vino a la cabeza
así como las palabras de Yoda): "Confía en tu posición, baja el culo,
extiende las manos y disfruta lo que puedas... hasta que puedas". Amén.
Sentí el corazón a mil, latiendo por encima de mis temores; la posición
totalmente impostada para hacer lo que se supone que tenía que hacer; el
viento en la cara y los patines, rodando y rodando...
Y, por la eternidad que dura hacer algo por primera vez, disfruté.
Ismael Serrano de banda sonora: "Ya nunca volverán a hacer nada por vez primera"...
... O sí.
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El infinito en la palma de la mano 26.06.2013
El infinito en la palma de la mano.
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Estaban
sentadas las dos en torno a la misma mesa, circular y pequeña. El
centro comercial estaba lleno de gente, pero ellas destacaban por encima
del resto de la vorágine que iba y venía, aparentemente sin rumbo, como
las canicas de goma que tienen mella...
Se
miraban. Una frente a otra. La imagen, aún no sé por qué, desprendía
ternura. Algo emanaba de aquella escena y se transmitía por entre el
escaso aire que nos rodeaba. Algo mágico y hechizante.
En
aquella mirada, la mayor de las dos dejó quietos los ojos (no sé cómo,
pero lo hizo) y, lentamente, alzó su mano derecha hasta la cara de la
mujer a la que miraba con tanto amor.
Suavemente
le retiró el pelo que caía sobre su cara y toda la ternura del mundo se
conviritió en ese gesto, en ese movimiento que ha quedado grabado en mi
retina.
En
casa, sola y a salvo de la masa comercial, revivo esa imagen como
vouyeur y pienso en que, parafraseando a Blake, efectivamente, el
infinito puede sostenerse en la palma de la mano.
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Un recuerdo regalo para matiti 20.06.2013
Un recuerdo regalo para matiti
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Te
quería contar una cosa, matiti, pero no me pareció demasiado bien
invadir tu blog, así que te la dedico aquí. Espero que te llegue.
Tiene
que ver con el peso y la belleza; con los ojos del que mira y la
alegría del que es mirado; con la belleza (que resulta que surge del
interior, pero de verdad, no de canción)...
Voy a ello.
Yo
siempre he sido una mujer "flamencona", con muchísimo "casco" (¿a que
te suena? ;-)). Hacía horas y horas de deporte y eso también se notaba
en mi físico. Vamos: nunca he sido una mujer de cuerpo delicado y
frágil, sino más bien ancha. La verdad, sinceramente, es que tampoco fue
algo que me importara demasiado hasta que tuve la mala suerte de que me
gustara un chico al que le gustaba una chica delgadita y preciosa...
(como esto ocurrió en la adolescencia, yo atribuí ese mal de amores a mi
cuerpo deportivo en lugar de al hecho, terrible pero cierto, de que le
gustaba otra. Y punto).
Con
los años, dejé de hacer deporte y tuve que compensar (más o menos) esa
falta de ejercicio con menos calorías en la dieta. En algunas ocasiones
tuvo mejores resultados que en otras.
El
caso es que (salvo ese caso del instituto que siempre recordaré ( y te
recomiendo) como "Malena, una vida hervida", de Almudena Grandes)
siempre he salido con el chico que quería; he gustado (por desgracia)
mucho más de lo que me gustaban a mi; y he sido inmensamente feliz en
mis relaciones.
Te cuento esto por lo siguiente:
Cuando
estaba con esa guerra calórica y no conseguía vencerla, tuve un
problema serio. Para mi, enormemente. Tanto que llegó a quitarme el
hambre (¡¡¡impensable!!!). Perdí peso hasta quedarme con el cuerpo que
siempre había querido, pero estaba tan triste que no podía ni
apreciarlo. Me cabían tallas que siempre había asociado a modelos, pero
no me apetecía comprar ropa, así que (las pocas veces que salía) siempre
iba con la ropa anterior.
Una mierda, vamos.
Después
de aquella historia (tan larga para mi que me duró dos meses eternos)
me fui a Granada. Allí encontré la felicidad perdida y volví a comer,
pero esta vez como una lima. Engordé casi 30 kilos en un año...
juassssssssss... Me puse como una chonona (cerda). Pero, ¿sabes?...
Nunca en mi vida he sido más feliz.
Y me ocurrió algo precioso.
De
toda la gente con la que me movía, yo era consciente de que le gustaba
mucho, muchísimo, a un chico. Un dia, estando preparados para ir a la
playa, yo me puse aquel bañador rojo (que todavía guardo) y me sentí
muuuuy gorda. Inmensa e infinitamente gorda. Pero no dije nada. Total:
estábamos entre amigos...
Cuando llegamos a la playa, nos quitamos la ropa y nos quedamos en bañador.
Er Pelos me miró y de lo más profundo de su alma surgió un:
"Jodeeeeerrrrr... ¡pero qué buena estás!"
Creo
que nunca, jamás, sabrá el bien que me hizo. Tiempo después me confesó
que fue verme y excitarse a tope; que para él no podía haber nada más
bonito.
Ya ves...
Luego,
por razones de salud y porque me apetecía, cambié los hábitos
alimentarios y bajé lo que tenía bajar. Esa vez ya me costó y esa vez ya
fui feliz.
Te
cuento esto porque las cosas a veces cuestan; porque otras se consiguen
pagando el precio de la felicidad y ya no merecen la pena; y porque
nuestra belleza, la de dentro, sale más allá de los kilos.
Es
importante estar sano. Para ello a veces hay que perder o ganar peso.
Normalmente eso cuesta, pero si lo ves como un paseo diario, como un
cambio a largo plazo y no como una carrera a contrarreloj, es mucho más
fácil tener éxito.
Suerte en tu empresa.
Y, sobre todo, se feliz.
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Inasequible 14.06.2013
Inasequible
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Hay cosas que no pasan de moda. Una de ellas, invariablemente, es
que el parecer inalcanzable resulta uno de los mayores atractivos
posibles. A veces esa inasequibilidad es real. Otra sólo apariencia. La
más eficaz, sin duda, es la primera.
A las pruebas me remito:
El más guapo de todo el instituto, aquel al que siguen las chicas más
monas; el que todas desean que las pida salir... Ése cuyo nombre ocupa
las puertas de los aseos femeninos, se hace el encontradizo conmigo para
charlar.
Me cae bien. Es majuco. Hablamos de baloncesto, de geometría, de
familias... Hablamos y hablamos hasta que llegamos a mi destino. Me
despido y me voy. ¡¡¡Por fin hoy llegaré a tiempo al conservatorio!!!
Al dia siguiente me lo vuelvo a encontrar. "Vaya, lo siento, pero es que hoy voy muy justa de tiempo y no puedo quedarme a charlar"...
Y así un día, y otro, y otro. A veces se dan las condiciones para que
hablemos. Otras, sin embargo, me pilla mal y tengo que dejarle con la
palabra en la boca (siempre con disculpa, por supuesto).
Yo, que tengo alma de cántaro, no me he dado cuenta de nada hasta que
observo cómo me llegan puñales desde detrás de la humareda del baño.
Pregunto a mi amiga. "Joder, tía: ¡pareces tonta!... "
¡¡¡Andaaaaaaaa!!!
No quiero nada con él. Creo que los dos lo sabemos. Creo que por eso le gusto todavía más.
Aún así, me sale una sonrisa de los labios que me dura toda la semana.
Es curioso: lo que no me permite ser la reina del Universo es que al
chico del conservatorio, ése de los rizos desordenados que toca el
cello, le vienen a buscar justo después de clase y no veo el momento de
hacerme la encontradiza...
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Lo que Ella me ha dicho (no es cotilleo, así que, si esa era la intención, ni te molestes) 2.06.2013
Lo que Ella me ha dicho (no es cotilleo, así que, si esa era la intención, ni te molestes).
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Hoy
he hablado con Ella y me ha conmovido. Me ha contado que tiene un
perrito y que se siente inmensamente feliz de tenerlo; que "no es nada
fácil esto de ser Ama"; y "yo creo que estoy algo tarada"...
Jajajajaja... ¿Tanto tiempo en la página para pensar ahora esas
cosas?...
Pero lo que me ha llegado al alma, además de escucharla inmensamente feliz, es que me ha dicho que ella no es Ama, sino su Ama
y que sólo con él le surgen esas cosas. Además, a pesar de que ella
tiende a la risa floja con facilidad, dice que estando con él no le sale
hacer el bobo de esa manera (de otras, sí, seguro :-)) porque es algo
importante e impresionante.
Lo
que Ella me ha dicho es que se siente Dios; que tenerle en sus manos le
hace sentirse de esa manera; que tiene todo el poder del mundo en sus
manos; todo lo que quiere tener, a sus pies...
También me ha dicho que Dominar a alguien es una forma de enamoramiento. No amor propiamente dicho, sino enamoramiento.
Lo que se ha callado es que el nudo que les ata es tan fuerte que la hace ser feliz.
Me alegro por ambos y por mi, por poder escuchar lo que Ella me ha dicho.
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... como decíamos ayer 20.04.2013
... como decíamos ayer
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A veces el tiempo no pasa. Ocurre, sobre
todo, con la gente que se tiene tan cerca que parece que está dentro.
Pueden sucederse los días hasta dar lugar a años, pero todo sigue como
era, exactamente igual, la última vez que hubo encuentro.
Normalmente, tras tanto tiempo, uno pone
al día rápidamente de los acontecimientos y se da cuenta de que, en
realidad, ha sido poco: "Me casé, aprobé la oposición, me divorcié y
ahora estoy trabajando en tal sitio". Uno se da cuenta de que todo eso
que parecía tan largo se puede resumir en cuatro frases. Cinco a lo
sumo. Pero, sin embargo, las pequeñeces de cada día, ésas que podríamos
pasar sin decir en el resumen de dentro de un año, o de una semana, son
las que más tiempo llevan, porque son las que se refieren a las
emociones del momento. Tan importantes que pueden llevarnos horas, pero,
a la vez, tan efímeras, que dentro de dos días serían obviadas.
Hoy he estado a punto de escribir "Sigo
pensando que vale el doble de lo que vende". Emociones. Mañana habrán
pasado de moda, pero hoy me han llevado a hace tiempo y, en realidad,
todo cambiado y todo inamovido.
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Diferentes etnias, diferentes culturas... mismos sentimientos 24.02.2013
Diferentes etnias, diferentes culturas... mismos sentimientos.
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Hace
un par de semanas, en el primero de una serie de programas sobre la
etnia gitana, hubo algo que me llamó poderosamente la atención:
Lo
que hizo que me quedara boquiabierta mirando la pantalla fue la forma
en la que la abuela de la "protagonista" se refería al que había sido su
marido, su pareja: "Amo".
Constantemente,
tanto a la cámara como cuando hablaba con él en el cementerio, de su
boca salía "Amo", "Amo"... ¡Hasta en la lápida se refería a él de esa
manera!
Me
sorprendió que lo hiciera, pero lo hizo aún más el hecho de que las
personas que la acompañaran entendieran que, efectivamente, eso era así.
Las cosas eran como eran: Él había sido su Amo y lo expresaban de
manera libre.
Me emocionó profundamente.
Seguramente
ella lo entienda de una manera diferente a la mía (¿habrá alguien que
lo entienda igual?), pero el tono orgulloso de su voz, la forma en que
destilaba respeto, amor, dignididad, sumisión y absoluta libertad me
hicieron pensar que, por muy lejos que estemos en otras cosas, las
emociones y los sentimientos nos aúnan como humanos.
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Maneras de decirte 27.11.2012
Maneras de decirte
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Existen muchísimas maneras de decirte lo que siento, lo que
despiertas en mi y la forma en que yo siento la relación. Supongo que
todas son siempre, pero no tienen la misma intensidad en todo momento,
así que recurro a la que me sale del alma para invocarte, para llamarte.
Cuando te digo "Amo", el sentimiento que prima es el de que tú posees
todo lo que soy, que deseo que me roces, que me toques, que me azotes...
que tu pensamiento se pose en mi para mostrarme, como sólo tú puedes,
la dominación absoluta que ejerces sobre mi... y que yo deseo. Es algo,
sobre todo, físico, carnal, de deseo animal, como la perra que busca la
mano que le da de comer, y come de ella, feliz, contenta, satisfecha
porque su Amo ha ejercido de tal.
Cuando te digo "Dueño", es algo menos físico. Suele responder a la
necesidad mental de que me sientas tuya, de que me lleves a donde
quieras, de que conduzcas a este ser tuyo por el camino que más te
plazca. "Mi Dueño", de todas maneras, es un sentimiento más que dos
palabras. Nacen y mueren en mi cabeza en muchas más ocasiones de las que
salen de mi boca.
Al llamarte "Mi Dios" lo que hago es adorarte. Toda mi admiración, mi
fé, el consuelo... la constancia de que hay algo grande, inmenso, en ti
me hace adorarte como a un dios todopoderoso que saca de mi lo más
grande, que hace nacer de la nada seres vivos que me invaden el alma, el
estómago, el deseo... Un dios terrible y magnánimo que me concede la
gracia de ser su fiel devota y a quien, sin darme cuenta, rezo (desde
este especial ateismo monoteista) todas las noches. Es el dios a quien
entrego una fe que no necesito porque todas sus acciones, todos los
hechos, son milagros puros que nacen de su existencia. El dios de quien
una sola palabra basta para curarme y por quien sueño ser el vanhala.
Otras veces, sin embargo, eres "mi Rey", el Dueño y Señor de cada uno de
los territorios de mi alma y de mi cuerpo; el hombre puesto en un trono
al que sirvo con lealtad y humildad, y por quien vivo. El hombre, carne
y hueso, que reina cada uno de mis actos y por quien cada día trato de
ser mejor sirviente, mejor escudera, mejor luchadora... El hombre (no
dios, sino humano) que tiene la potestad del perdón y el premio, la
autoridad para el castigo y el absoluto derecho de servidumbre sobre mi.
Y otras, "Mi Señor". Siempre me suena a poco, igual por manido, pero es
una maravillosa demostración de todo el respeto que te tengo y mereces;
el "usted" que tengo dentro y no me sale; la admiración más asboluta a
cada uno de tus actos, de tus pensamientos, de tus intenciones... El
saber, de manera cierta, que eres un Señor, en todas las acepciones de
la palabra, y que despiertas en mi una pasión y deseo que velo
(temporalmente, claro) y camuflo en la palabra adecuada para ocasiones
en las que el desenfreno no tiene mucha cabida.
Todas convergen y eres mi "Todo": Dios, Amo, Dueño, Señor, Rey...
Todas y cada una de las palabras que me despiertas nacen del corazón y
la mente que te adoran, te respetan, te aman, te desean y te sirven.
Todas y cada una de las palabras son poco para lo grande que eres y las
emociones que me despiertas.
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El miedo 30.10.2012
El miedo
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Muchas
de las personas que me he encontrado en esta parcela de mundo creen en
el miedo como forma de relación. Yo, no. Sencillamente no creo en nada
que tenga que ver con la realización de las cosas a la fuerza, sea
física o mental. Considero que cualquier acción libremente consentida ha
de ser, precisamente, realizada desde el más absoluto de los deseos.
Puede contener temores, reticencias, vergüenza... pero no miedo.
Nadie que actúedesde esa premisa disfruta de ello.
Y, precisamente, el BDSM es la libertad entregada... la libertad asumida.
Saludos de martes violeta.
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Hay que ser muy uno para poder ser dos 24.10.2012
Hay que ser muy uno para poder ser dos
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El
otro día hablaba con otra sumisa sobre la raza de los conocidos como
Dominantes y llegamos a una conclusión tremenda: Hay que ser muy uno
para poder ser dos.
Cada
persona tiene su carácter (sé que es una obviedad, pero necesitaba
decirlo), pero hay rasgos específicos que algunas personas necesitamos
en otras para que sintamos que pueden dominarnos. Y una de ellas es la
seguridad en uno mismo. (Por supuesto, este pensamiento no tiene por qué
ser universal. Ni siquiera tiene por qué ser cierto).
Sólo
una persona que se sienta seguro de sus actos, de sus pensamientos, de
sus deseos, de sus órdenes, puede conseguir de otra (de mi colega y de
mi, por lo menos) una entrega con fé plena.
Cuando
se titubea, cuando uno se tambalea... malo, porque si yo cierro los
ojos para que tú me lleves y resulta que ni siquiera ves... la cosa no
tiene visos de acabar demasiado bien.
Y
entiendan que no hablo de tambaleos ocasionales, ni de dudas
momentáneas... sin ellas la cosa sería más artificial que la sonrisa de
la Panto, no. Hablo de un rasgo de carácter, de algo que acompaña al ser
en todo momento.
Pero
también la persona sumisa ha de tener seguridad en sí misma, porque en
las relaciones dentro del BDSM hay momentos en los que una tiende a la
duda, en la que ocurren cosas que hacen que una se sienta un poco
perdida, o susceptible, o vulnerable... y sólo la solidez mental, la
creencia en una misma y el hecho de saber que la persona con la que está
es totalmente adecuada a una misma, la evitarán momentos mentales,
digamos, "delicados".
Lo dicho: hay que ser muy uno para poder ser dos.
(... y no digo nada "tres").
Y nada más. Ése era mi pensamiento del día. Saludos de miércoles verde.
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Dominantes, sumisas y personajes de cuentos 5.10.2012
Dominantes, sumisas y personajes de cuento.
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Buenas noches.
No
sé si es que de tanto leer y leer he acabado como Alonso Quijano, pero
hoy veo personajes de cuentos por todas partes. Les explico:
Dominantes y sumisas tipo lobo feroz:
quieren devorar todo aquello que sea carne. Para ello recurren tanto a
disfrazarse de cordero como a solpar y soplar, amenazantes, el refugio
de sus deseadas víctimas (la palabra no tiene segundas, se lo aseguro
;-)).
Dominantes y sumisas tipo Caperucita Roja:
Inocentes almas que andan perdidas por los bosques bedesemeros,
prestando su ayuda a quienes pudieran necesitarla y que se ven,
invariablemente, envueltas en líos de los que salen airosas por arte y
milagro de quienes (con suerte) escuchan sus gritos.
Dominantes y sumisas tipo Cenicienta:
Creen estar rodeadas de personas normales, pero es porque aún no se han
dado cuenta de la realidad objetiva. Un día salen, conocen algo
distinto (que suele ser mejor) y ya son incapaces de vivir como antes.
Al final, por suerte, en muchos casos, su búsqueda en las pocas horas
libres que tienen, les lleva a conseguir el sueño que persiguen. En
otras ocasiones, sin embargo, la falta de valentía les condena a una
vida miserable entre el sueño vislumbrado y la realidad patente.
Dominantes y sumisas tipo Bella Durmiente:
Han pasado toda la vida entre algodones, sin ningún peligro a su
alrededor, pensando que todo es un lecho de rosas y, a la primera de
cambio, caen en la maravillosa tentación que les lleva a hibernar y de
la que se salvan pasado bastante tiempo. (El problema de estos
personajes de cuento suele ser su patente deseo de que nadie lo pase
bien mientras ellos duermen).
Dominantes y sumisas tipo príncipe azul:
Se sienten y saben salvadores de esas pobres almas perdidas en busca de
amor y una preciosa vida sin dar palo al agua, y creen, fervientemente,
que lo conseguirán con un sólo beso (sesión, polvo...) bien hecho (¿o
acaso era “echado”?...)
Dominantes y sumisas tipo princesa doliente:
Personas sensibles que creen en la existencia de los personajes
anteriores (príncipes azules) y, al igual que ellos, consideran que la
vida se reduce a un beso maravilloso. Normalmente se muestran sensibles y
delicadas, y tienden a atraer a otros personajes con tendencias
“cuidadoras”.
Dominantes y sumisas tipo leñador:
Llegan en algún momento entre que la cosa se pone muy fea y cuando ya
no tiene remedio. Bruticos, la verdad, pero eficaces. Llegan, hacen y se
van, sin más historia.
Dominantes y sumisas tipo cerdito
(de los dos primeros y sin faltar a nadie): Hacen y hacen, sin
demasiado empeño, sin demasiado arte, con prisa por acabar y disfrutar,
pero sin la conciencia de la necesidad de dedicar tiempo a aquello que
queremos que perdure. Luego, se quejan y quejan de que los lobos feroces
sean tan fieros.
Dominantes y sumisas tipo oso:
La gente les tiene miedo porque parecen enormes, pero la realidad es
que una niña con rizos de oro y bastante maleducada puede hacerlos
perder hasta el sueño.
Dominantes y sumisas tipo hada:
La gente les atribuye poderes mágicos, capaces de solventar cualquier
situación con un simple movimiento de varita (más o menos larga y
potente dependiendo de cada hada), pero la realidad es que, al final,
sólo cada uno es capaz de mantener los sueños.
Dominantes y sumisas tipo bruja:
Se presentan como malos malosos de la muerte y a veces hasta intentan
serlo, lo que no quiere decir que siempre lo consigan. Les importa poco
la imagen de malvado que se tiene de ellos y hasta eso les alienta a
seguir siendo de la manera en la que les sale de las mismísimas
verrugosas narices, pero la verdad es que también se ven atrapados por
ese “halo”.
Éstos
y muchos más, sin duda… si se les ocurre alguno más, por favor,
anótenlo aquí abajo (sin alusiones personales, que son casi tan feas
como las brujas malvadas).
Saludos de viernes viernero cascabelero. | ||
Es necesario conocer para valorar 9.09.2012
Es necesario conocer para valorar
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Mi
primera impresión de él no fue demasiado buena, la verdad. Por un lado,
entró como elefante en una cacharrería y, por otra, me dió la sensación
de que era otra persona a la que había conocido un poco y se había
aprovechado de una amiga. Además, decía verdades como puños que me
hacían rechinar los dientes y, sinceramente, no me gustaba.
Sin embargo, lo que me producía más reticencia era esa capacidad de ver, de hablar como en broma, pero en serio, diciendo cosas que podían herir. Yo tenía la sensación de que si alguien le contestaba la verdad de lo que despertaba arremetería contra él o ella sin piedad. Pero me equivoqué. Una de las personas a las que más he querido de esta página entró en su blog y le dijo todas las verdades de las que fue capaz, con educación y buenas maneras, pero sin ningún tipo de cortapisas. Y él no sólo se lo agradeció, sino que manifestó su respeto y admiración por ése que acababa de hacer lo que nadie se había atrevido. El tiempo y las cosas de la vida me han dado la oportunidad de conocerlo, por lo menos un poco más (aunque ya sabemos que no se termina de conocer a nadie en la vida) y sé que, pese a parecer brusco y directo, es de esas personas que se preocupan de verdad por la gente; de esas que están pendientes en los días de calor de que lleves agua fresquita; de esas que te llevan a un sitio que una vez dijiste que querías conocer; de esas que miran el perfil de otra para saber que las cosas están bien o han mejorado... A veces pienso en por qué me costó tanto verle detrás de las palabras, y probablemente fuera porque yo tenía algo de miedo a que me viera y desvelera verdades. Pero lo cierto es que no sé si las vió o se quedaron en el tintero: siempre me ha mostrado el más absoluto de los respetos, incluso en aquellas cosas en las que no estaba de acuerdo. Me alegra haber descubierto a la persona que hay detrás del nick, al hombre que hay detrás del inhumano y al sabio que hay detrás de Confucio. Siento que no todo el mundo te entienda, porque se pierden lo que no dejan salir. Siento que no sean capaces de valorar tus palabras más allá de la sorna (porque tienes, y rato largo) y la ironía. Pero no lo siento por ti, sino porque es una pena que nos encerremos en el ego y el miedo y echemos de nuestro lado a personas que merecen la pena. | ||
Declaración 3.09.2012
Declaración
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Todas
las noches te amo, pero sé que es algo más, y me pregunto si puede haber
más que eso. Todas los días te pienso y siento que mi mundo es un lugar
mucho mejor desde que estás en él. Pero sé que es más que eso...
No sé
si es sumisión, pero la verdad es que ya ni siquiera me planteo el
nombre que tienen las cosas. Nos movemos como peces en el agua dentro de
esta, nuestra vida conjunta. Y las propiedades lingüísticas que tenga
lo cierto es que quedan lejos, mucho, de tu boca rozándome y haciéndome
encontrar el mundo.
Tu
mirada bajando la mía, tu sonrisa encendiéndome, tus manos calentando el
cuerpo y la mente que habito... Cada día es mejor desde que te conozco,
y cada segundo es un motivo más para adorarte.
No eres
perfecto, ni me sentiría igual de libre si lo fueras, porque a tu lado
puedo ser yo sin preocuparme de nombres, de tapujos, de miedos, de
revelaciones... Y resulta que yo soy imperfecta, pero a tu lado sonrío y
sé que todo es, sencillamente, tan bello como parece.
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Curiosamente 17.08.2012
Curiosamente
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Hay
muchas cosas en las que he ido cambiando no tanto de opinión (que sí)
como de actitud. Algunas de las que antes me resultaban tremendamente
lejanas y sólo viables en la vida de otras personas o en otra de mis
vidas, resulta que ahora no sólo me parecen factibles, sino que las
deseo. A veces las tengo y las disfruto. Una maravilla.
Curiosamente, muchas de las prácticas que antes me horripilaban ahora me resultan tremendamente placenteras.
Y
algunas de las que antes sentía de una manera ahora las siento de otra.
Para cualquiera que las observe o las vea no se apreciarán grandes
cambios porque el radical ha sucedido dentro.
Siempre
me ha complacido el placer de la persona con la que estaba, y siempre
he deseado el suyo, pero no siempre por encima del mío (¿será ésta una
razón para echarme del club de sumisas?),y sin embargo ahora es
diferente. Me basta el Suyo. Cuando Él queda complacido, yo estoy
satisfecha.
Curiosamente... la verdad. Muy curiosamente.
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La intimidad y el sexo 31.07.2012
La intimidad y el sexo
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Vivimos
en una sociedad en la que la intimidad es un valor en alza, pero
también tremendamente denostado. Todos hablamos de todos, nos metemos en
lo que la gente hace o deja de hacer; en lo que dice o deja de decir y,
por supuesto, en lo que practican en su alcoba (o cualquier otro sitio,
claro está).
Los
gays han sido los primeros en defender que su sexualidad es suya y que
no tienen nada de qué avergonzarte (¡¡¡por supuesto!!!) y parece que
nosotros (los bedesemeros) estamos siguiendo esos pasos, pero atrapados
por la vorágine de esa intimidad pública que, sinceramente a mi, me da
un poco de repelús.
Una
cosa es que no tengamos nada de lo que avergonzarnos, que por supuesto
es así, y otra que vayamos cantando a los siete vientos lo que somos
sólo para que se acepte. A mi me gusta compartir mi intimidad con
aquellas personas con las que me apetece, y entiendo que puede haber
personas que lo deseen con cualquiera, pero, honestamente, soy una
persona tremendamente celosa de mi intimidad y no me apetece que la
gente sepa lo que me gusta o deja de gustar, en el sexo o en cualquier
otro aspecto de mi vida.
Siempre
hemos sido un pueblo con tendencia a comentar las cosas de los demás,
pero también es cierto que las aceptábamos (en general) sin darles mayor
importancia. Por ejemplo: yo tenía un vecino que era gay. Seguro,
segurísimo. Todos lo sabíamos, desde los más chicos a los más grandes.
Nadie hacía nunca comentarios ni se miraba raro, porque era un buen
vecino (aunque con los niños tenía un poco de mala leche, todo hay que
decirlo) y era la única faceta de su vida que nos competía e importaba.
Mi
entrenadora de baloncesto era (creo) lesbiana, pero la verdad es que es
algo que he comprendido con los años, porque nunca jamás nos
planteamos, ninguna del equipo, nada que tuviera que ver con ello. Era
una buena entrenadora, puntual, exigente, comprensiva, que obtenía
excelentes resultados... ¿qué más se le podía pedir?... Ni siquiera
nuestros padres, que podían haber mostrado cierta preocupación de esa
tonta por el hecho de que compartíeramos vestuario, dijeron jamás una
sola palabra sobre ello.
Como en ese anuncio de la tele en el que una niña le pregunta a su padre, en el coche:
- Papá, ¿tú sabías que mi amiga fulanita es negra?
- Sí, claro.
- Yo, no.
Pues
eso... que la gente estaba por encima de sus tendencias, de sus
trabajos y de cualquier cosa que no fuera el vínculo que nos unía a
ellos.
Con
el trasiego de la intimidad que vivimos en los medios de comunicación
hemos pasado del cotilleo relativamente "sano" a la necesidad imperiosa
de saber la vida de los demás en los ámbitos que no nos competen, pero,
lo que es peor, nos hemos creado la necesidad de tener que contar que
somos normales.
Entiéndame:
me parece genial que aquel que así lo desee, cuente su vida y milagros,
pero no creo que tengamos la obligación de hacerlo para normalizar algo
que ya es normal de por sí.
Yo
muy normal no soy, la verdad, pero no creo que tenga que ver con el
BDSM. Más bien es de nacimiento. Así que no me mato en decirle a nadie
lo normalísima que soy, porque sé que he perdido de mano.
Soy quien soy. Los que me conocen saben más de mi que los que no. Me parece lógico. Me gusta.
Los que me quieren lo hacen de todas maneras, a pesar de mis rarezas y mis maravillas.
Un saludo respetuoso a todos.
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