miércoles, 16 de julio de 2014

Mientras espero 16.07.2014

Mientras espero.
 
 
Mientras espero sé que algunas de las cosas que sucederán no me complacerían si no fuera su ser quien las creara.
 
Mientras espero sé que llegarás tarde y demasiado pronto.
 
Nunca estoy del todo preparada y, a la vez, nunca ocurre todo para lo que me preparo.
 
Mientras espero, sé.
 
Y deseo.

¿Estuviste en la cena? (reflexión sobre los cotilleos) 15.07.2014

¿Estuviste en la cena? (reflexión sobre los cotilleos)
 
Esa pregunta, así, de repente, no tiene demasiado sentido. Pero es una de las que más me ha marcado para la vida cibernética.

En este mundo (en el general, y en el virtual en particular) tendemos a cotilleos y comentarios sobre los demás. Los hacemos todos, de forma alegre y gratuita, a veces con más base que otras.
 
El caso es que muchas veces nos llega información de un tipo o de otro que podemos llegar a creer como si fuera absolutamente cierta, pero no. Hay que saber quién en la fuente, la fiabilidad de la misma, y tener en cuenta que no valen los "me dijo Pepe que le dijo Juan que María había visto a Alfonso que decía a Juana que..." No. Yo siento que he de ser algo más seria en esas cosas, más que nada porque, a pesar de que aquí todos somos nicks, detrás de ellos hay personas a las que esos comentarios sí pueden dañar de alguna manera.
 
La pregunta del título tiene que ver con eso.
 
En Cantabria hace unos años comenzó a correr un bulo de que un político (bastante conocido entonces y del que ya ni me acuerdo) había pegado a su mujer en una cena entre amigos. Por lo visto, el maltrato era frecuente y así pudieron percibirlo las personas que asistieron a la cena. El bulo corrió como la espuma. Todo el mundo hablaba de ello y daban por cierto que "una amiga mía me dijo que su amiga había estado en la cena y lo vió". El caso es que cualquiera a quien preguntaras lo sabía a ciencia cierta porque conocía a alguien que conocía a alguien que lo había vivido en primera persona.
 
Pero cuando te ponías a indagar, cuando realmente preguntabas a la amiga de la amiga, resulta que ella tampoco había estado, si no que era una amiga de una amiga suya. Otra vez. Por mucho que una fuera preguntado, no di con nadie que, efectivamente, hubiera estado en esa cena.
 
Mi pregunta siempre era: "Pero, ¿estuviste en la cena?"
 
Y la respuesta era "no".
 
Yo no puedo saber, a ciencia cierta, si existía o no maltrato, pero tampoco puedo afirmar que esa cena tuviera lugar y que en ella ocurriera lo que se contaba. No a las dos cosas.
 
Aquí, en internet, pasa lo mismo. Si no has estado en la cena, no comentes como si lo hubieras hecho. Deja claro cuáles son las fuentes que te dan dado la información y así, si alguien está relamente interesado, puede llegar hasta el origen y realizar su propia valoración de fiabilidad.
 
Todos cotilleamos. Eso es así. Pero a mi cuando no se me da la fuente de información o cuando las cosas parece que son dichas por "la amiga de una amiga que conoce a Fulanita", sencillamente pongo todo eso en cuarentena.
 
Me evita dolores de la cabeza y la terrible sensación de estar cometiendo injusticias y corriendo bulos innecesarios, amén de salvarme de unas cuantas situaciones embarazosas.
 
Pues nada. Pensamiento de martes caluroso.
 
Un saludo.

En la red 12.07.2014

En la red
 
 
Ella se intenta mirar en el espejo del mar,
pero ahora se halla en un lugar diferente.
Siente algo que la lleva estar en tierra,
junto a ese ser que la Domina
más allá de la red que la cubre.
 
Y se da cuenta de que esa malla
es sólo la excusa.
La atadura inevitable, voluntaria y querida
la lleva en el deseo.

miércoles, 9 de julio de 2014

El sueño 9.07.2014

El sueño
 
 
Muchas noches habían sido maravillosas. Muchas había soñado su mano, su boca, su cuerpo y el de ella en la mejor de las comuniones.
 
Cerraba los ojos y se dejaba llevar al mundo donde todo ocurre siempre, exactamente, de la mejor de las maneras posibles; donde el deseo desemboca irrevocablemente en placer máximo; donde el alma viaja hasta donde alcanza la imaginación y luego sigue hasta perderse para volver y encontrarse con la mujer que sueña…
 
Aquella también fue maravillosa.
 
Ella cerró los ojos. El se acercó y, sin mediar palabra, comenzó a morder su sexo. Mientras lo lamía ella sentía el placer en la piel, en el alma. Era tan real que podía olerlo. El hecho de sentirle así la excitaba aún más.
 
Y Él no dejaba de comerla, de morderla… Ella, que había sido tremendamente vergonzosa para disfrutar del sexo oral, en ese momento era sólo placer que crecía y crecía. El vello se la erizaba; la columna vertebral se convirtió en hilo superconductor y hacía que cada poro de piel sintiese la descarga que llegaba desde su entrepierna, o su cerebro, que en ese momento no tenía ninguna capacidad de decisión más que la de ser libre y dejarse llevar.
 
La mordió mientras ella le arañaba la espalda. Siempre intentaba tener cuidado porque las uñas estaban largas y tremendamente duras, y no quería lastimarle. A Él no. Ella quería marcarlo con sus propias marcas; quería que le quedaran señalados en el alma y en el deseo los moratones del cinturón, las líneas de la vara, los dedos de la mano… pero los de Él sobre ella.
 
Sin embargo, y dado que era un sueño, se permitió arañarlo descarnadamente mientras sentía cómo el mundo se reducía a sentir, sentir, sentir…
 
Y sintió que Él era todo; que ella era todo en sus manos; que Él tenía la llave del mundo…
 
Sintió el Universo atravesándola por cada átomo hasta dejarla convertida en un todo que miraba al Todo.
 
 
A la mañana siguiente, vio Su cuerpo junto al de ella y fue consciente: la realidad era el mejor de sus sueños.

Crear un objeto sexual 28.06.2014

Crear un objeto sexual
 
 
Ayer me sucedió algo bonito. No sé si me sucedió o lo sucedí (como la mayoría de las cosas de esta vida, el sistema funciona por acción-reacción), pero el caso es que lo viví.
 
Por razones que ya contaré en otro momento, acabé en un bar de esos de pueblillo, lleno de machos ibéricos en plena enhibición hormonal de varonilidad. Estaba sola y con el único propósito de convertirme en deseo sexual. Llevaba un top que permitía intuir la falta de sujetador y ver, claramente, los pezones sobresalientes marcándose en la camiseta.
 
Como ya he dicho, no tenía intención ni de follar, ni de ser follada (por lo menos, no por ellos), si no "alegrarles la vista" y, en cierta manera, despertar su deseo.
 
Al margen de cómo se desarrollara todo (que fue bien), no miré a nadie a los ojos, no establecí contacto ninguno, no provoqué de ninguna manera ningún tipo de interacción. En ese momento yo estaba allí sólo para ser mirada y para "animar la vista" del personal.
 
Entonces, pensé en dos cosas:
 
- El hecho de hacer aquello cosificaba sexualmente a las personas que me miraban, no a mi. Yo les trataba como objetos sexuales para mi gozo, a través de su mirada y su deseo. A ellos no les importaba ni quién era yo, ni mi vida, ni mi historia. Y a mi, tampoco la suya. Al final, un empate cosificador que me hizo pensar y repensar...
 
- Me acordé de un escrito, hace tiempo, en la página. Yo hablaba de los pajilleros, haciendo un poco burla de sus comportamientos, y dos chicas me replicaron. Contaban en el post que a ellas los pajilleros les subían la moral, les hacían sentirse deseadas, y que eso, en determinados momentos de bajón, era precisamente lo que necesitaba.
Desde entonces mi opinión sobre los pajilleros cambió radicalmente.
 
Ayer, además, también lo hice sobre la cosificación unidireccional.

Imperfección 24.06.2014

Imperfección
 
 
Es curiosa la percepción que la gente puede tener de mi: algunas personas me ven como una diosa del sexo (¡tócate los pies, shere!), y otras, como alguien incapaz de despertar su deseo sexual (¡vuélvetelos a tocar!); algunas me ven como una mujer superinteligente y otras como una chica un poco tontona a la que se puede engañar con cierta facilidad: algunas me ven como una mujer muy paciente y otras, como la impulsividad personificada; algunas como una persona recia y severa, y otras, como una "viva-la-vírgen" desmadrada...
 
Podría seguir así hasta el infinito, porque dependiendo de la persona con la que se hable, de la faceta vital en la que me haya conocido y de su propia percepción de la realidad, tendrá una u otra impresión que será, del todo, correcta para ella.
 
En la adolescencia me preocupaba mucho que todo el mundo tuviera una buena imagen de mi, pero entendí (a fuerza de disgustos, todo sea dicho) que eso es del todo imposible. Y ahora, por lo menos en una gran medida, ya no es así.
 
Ahora me importa lo que piensa la gente que quiero, la que tengo cerca, la que amo... la gente que quiero en mi vida.
 
Pero, sobre todo, me importa mucho la imagen que yo tengo de mi.
 
Y noto como va cambiando en ocasiones. A veces a mejor y a veces a peor. Como tengo bastante capacidad de análisis (que, sinceramente, no sé demasiado bien para qué puede servirme en ocasiones) y también tengo la de crítica, pues en días como hoy (o como ayer, que es el mismo, pero cambiando la fecha) no me gusta la conclusión a la que llego.
 
No me gusta alcanzar un logro difícil, algo complicado, y que mi mente se vaya por los cerros de Úbeda buscando razones para haberlo conseguido, cuando todas las pruebas parecen indicar que, sencillamente, es porque lo merezco.
 
No me gusta encontrar a una shere insegura y dubitativa.
 
No me gusta que todo el mundo vea en mi alguien muy superior a quien veo yo.
 
Por suerte, sólo me ocurre ocasionalmente. Y por suerte, mañana no será ese día.