lunes, 26 de mayo de 2014

La esclavitud de las definiciones 2.11.2011

La esclavitud de las definiciones
 
En realidad no importa el nombre que tengamos. Da igual si podemos engrosar el número de sumisas, de Dominantes, de switches,de vainillas, de curiosos... En realidad lo único que merece la pena es ser nosotros, al margen de la definición teórica.

Porque a veces, después del terrible sentimiento de creerse alguien con tendencias perversas, al margen de lo clínicamente "sano", descubrimos que somos seres normales, corrientes como las hormigas, con una forma de entender las relaciones (o la vida, o el sexo, o lo que sea) que responde a un nombre. Eso, de entrada, nos aisla del miedo psiquiátrico y temporalmente, nos hace libres.

Pero entonces llega la peor parte: nos documentamos sobre lo que se asocia a aquello que hemos identificado con nuestro sentir y, poco a poco, vamos definiendo lo que somos a través de la generalidad de una palabra. Forzamos lo que somos por aquello que, teóricamente, deberíamos ser. Tremendo error, porque, inevitablemente, empezamos a creer, a necesitar, responder a cada una de las características que hemos leído asociadas y vamos perdiendo el norte, sin rumbo, hacia una generalidad que sólo existe en idea, pero que no responde a cada ser individual que lo lleva dentro.

Al principio (no sé ustedes, pero yo sí) tendemos a cumplir con todo aquello que debe ser una persona de nuestro rol. En mi caso (sumisa), me dio la sensación de que tenía que aceptar de buen grado cosas que distaban mucho de hacerme feliz, pero, ¡claro!, ¡como soy sumisa!...

Ahora, pasado un poco el tiempo, y con muchas menos teorías en la cabeza, sólo me dedico a disfrutar y a hacer que los demás hagan lo propio. Cuando algo no me gusta, lo digo. Cuando algo me disgusta, lo digo. Cuando algo me vuelve loca, lo digo. No necesito "jugar" a ser sumisa. Lo soy para aquel que sabe llevarme, para aquel que ha encontrado en mi la persona yang de su ying o lo que sea que soy o somos.

Y poco importa que respondamos a cada una de las características del manual. El mío no ha llegado y el que tengo de cuando empecé ha caducado, así que me he quedado a solas con mis sentimientos, los de Él, que es grande, inmenso, infinito... y los de aquellas personas a las que queremos que no necesitan poner nombre a nuestra condición.

¿Lo demás?... Pues no importa demasiado, la verdad.

Saludos, besos y todas las cosas que deseen y para usted, Señor, mi más sincera admiración y respeto.

No hay comentarios:

Publicar un comentario