La esclavitud de las definiciones
|
||
|
En
realidad no importa el nombre que tengamos. Da igual si podemos
engrosar el número de sumisas, de Dominantes, de switches,de vainillas,
de curiosos... En realidad lo único que merece la pena es ser nosotros,
al margen de la definición teórica.
Porque
a veces, después del terrible sentimiento de creerse alguien con
tendencias perversas, al margen de lo clínicamente "sano", descubrimos
que somos seres normales, corrientes como las hormigas, con una forma de
entender las relaciones (o la vida, o el sexo, o lo que sea) que
responde a un nombre. Eso, de entrada, nos aisla del miedo psiquiátrico y
temporalmente, nos hace libres.
Pero
entonces llega la peor parte: nos documentamos sobre lo que se asocia a
aquello que hemos identificado con nuestro sentir y, poco a poco, vamos
definiendo lo que somos a través de la generalidad de una palabra.
Forzamos lo que somos por aquello que, teóricamente, deberíamos ser.
Tremendo error, porque, inevitablemente, empezamos a creer, a necesitar,
responder a cada una de las características que hemos leído asociadas y
vamos perdiendo el norte, sin rumbo, hacia una generalidad que sólo
existe en idea, pero que no responde a cada ser individual que lo lleva
dentro.
Al
principio (no sé ustedes, pero yo sí) tendemos a cumplir con todo
aquello que debe ser una persona de nuestro rol. En mi caso (sumisa), me
dio la sensación de que tenía que aceptar de buen grado cosas que
distaban mucho de hacerme feliz, pero, ¡claro!, ¡como soy sumisa!...
Ahora,
pasado un poco el tiempo, y con muchas menos teorías en la cabeza, sólo
me dedico a disfrutar y a hacer que los demás hagan lo propio. Cuando
algo no me gusta, lo digo. Cuando algo me disgusta, lo digo. Cuando algo
me vuelve loca, lo digo. No necesito "jugar" a ser sumisa. Lo soy para
aquel que sabe llevarme, para aquel que ha encontrado en mi la persona
yang de su ying o lo que sea que soy o somos.
Y
poco importa que respondamos a cada una de las características del
manual. El mío no ha llegado y el que tengo de cuando empecé ha
caducado, así que me he quedado a solas con mis sentimientos, los de Él,
que es grande, inmenso, infinito... y los de aquellas personas a las
que queremos que no necesitan poner nombre a nuestra condición.
¿Lo demás?... Pues no importa demasiado, la verdad.
Saludos, besos y todas las cosas que deseen y para usted, Señor, mi más sincera admiración y respeto.
| ||
Datos personales
lunes, 26 de mayo de 2014
La esclavitud de las definiciones 2.11.2011
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario