Volver a casa
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A
veces una se marcha. Son cosas que pasan. En ocasiones somos
conscientes del viaje y lo preparamos con ganas, con deseo, pendientes
de cada detalle, de todo lo que metemos en la maleta, de cada uno de los
pequeños elementos que queremos tener en cuenta...
Otras,
sin embargo, nos pilla desprevenidos y se hace todo deprisa, que no sin
ganas, y la maleta resultante tiene exceso de ropa interior y falta de
calcetines...
...Son cosas que pasan.
En los
viajes lo más importante es disfrutarlos. Da igual si se han preparado
con tiempo o han sido fruto de un clic... Importa saberse en cada sitio y
sentir que se está ahí, que cada piedra del suelo ha permanecido tiempo
para que tus pies la pisen; que cada casa acoge a gente que vive al
margen de ti, pero que forman parte de tu ahora; que cada instante en
ese lugar es irrepetible, por veces que vuelvas, por años que pasen, por
lugares que visites...
Y, al final, siempre se vuelve a casa.
Es ahí
donde reposa todo lo vivido, donde se fijan los paisajes, donde el suelo
se hace firme, donde el mar se expande, donde el aire se libera... Sólo
al llegar a casa una puede ser plenamente consciente de lo que ha
pasado a formar parte de lo que llevará cada día.
En
algunos trayectos no hace falta que nadie espere porque son viajes
personales que sólo requieren la presencia de una misma, tanto en la ida
como en la vuelta.
Pero en
otros es necesario que quien te despidió te espere; que las manos que
animaron a la marcha reciban cariñosas a quien se fue; que te abracen el
alma cuando no eres capaz de recordar lo que has vivido; que un pecho
te acurruque mientras sólo sientes el calor de ese cuerpo que te mima...
...desde siempre.
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lunes, 26 de mayo de 2014
Volver a casa 28.11.2011
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