Alguien especial
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Ya
he comentado alguna vez que tiendo a la hiperactividad. No es ni bueno
ni malo siempre que se sepa controlar, cosa que no ocurre con toda la
frecuencia que debiera.
El
caso es que mi movimiento perpetuo me lleva de unas acciones a otras,
casi siempre con resultado de poco descanso y mucho, muuuuucho sueño
permanente. Pensaba que nos habíamos hecho amigos, pero me he dado
cuenta de que no: la falta de sueño lleva al cansancio (por lo menos a
mi) y a la desagradable sensación de estar sobrepasada por hechos
sencillos y normalmente más que controlables, pero que se alimentan de
esa debilidad y acaban por parecer monstruos enormes con dientes
puntiagudos, la cara llena de granos y musgo entre los dedos de sus
enormes manos. Desagradables en esencia, vamos.
Además,
la vorágine de sentimientos que se almacenan a lo largo del día (y de
las noches, en este caso) no se puede digerir si no hay un sueño que las
lleve a ese mundo en el que las referencias espacio-temporales se
diluyen y comienzan a comprenderse desde el otro lado, desde el que no
toma como referencia nada más que las emociones y los sentires.
El
pasado fin de semana (que yo tuve la suerte de disfrutar como puente)
ha sido uno de esos en los que se han ido acumulando muchas emociones,
muchos sentimientos, muchos pensares, muchas conversaciones, muchas
ideas, muchos recuerdos, muchos dolores, un alivio infinito, besos,
caricias, abrazos, te quieros, ausencias, encuentros... Cuatro días que
han parecido toda una vida y que , de alguna manera, lo han sido.
He
encontrado a alguien muy especial. Alguien que hace que tiemble la
tierra a Sus pies; que mira con ojos pequeños e infinitos; que abraza y
devuelve la fé en el mundo; que se enfada y crea seismos en mi alma;
alguien con quien me siento inmensamente bien y en quien puedo reposar;
que quiere a casi toda la gente a la que quiero y con quien he podido
compartir la suerte de conocerlos; alguien que huele muchas de mis
emociones y me hace sentir que aún es posible, que no se ha perdido la
esperanza, que sigue habiendo un resquicio más allá de la duda
razonable; alguien que aún no sabe (o no siente, o no quiere sentir, o
no quiere saber) que cuando yo digo "estoy en tus manos" me refiero a un
todo entero, a la vida por completo, a cada detalle de ella, a cada
parte preciosa y horrible que me forma.; alguien que puede decidir lo
que sea, porque le sigo, porque estoy con Él, a su vera, a sus pies, en
sus manos; alguien que tiene el poder de hacer que el mundo sea una cama
deshecha, una charla a su sombra, un café en Chueca o un pensamiento...
Alguien lleno de magia.
Y
todavía no he reposado esas emociones, no ha habido tiempo de
asentarlas, de darlas forma, de colocarlas: sólo he podido sentirlas
intensamente (que es bastante, la verdad).
Ahora,
claro, entra el miedo (el monstruo peludo de dientes puntiagudos, la
cara llena de granos y musgo entre los dedos de sus enormes manos) para
demostrarme que no sólo siento, sino que quiero hacerlo y me grita que
no seré capaz, que la vida se moverá a pesar de mis emociones, que ahora
toca paralizarse, que no ande, que me esté quieta, que no mueva ficha,
que quien se queda parado no tiene lesiones...
Él
sabe (el monstruo) que no le haré caso, que prefiero estrellarme en el
camino que quedarme de brazos cruzados; sabe que mi esencia es el
movimiento, la acción y que cualquier otra cosa hará que me extinga.
Y,
sinceramente, aunque haya venido al mundo para morirme, he optado por
vivir hasta que toque... y descansar para poder hacerlo intensamente.
Saludos de jueves-martes de una mujer cansada que no para de caminar.
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lunes, 26 de mayo de 2014
Alguien especial 3.11.2011
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