lunes, 26 de mayo de 2014

Alguien especial 3.11.2011

Alguien especial
 
Ya he comentado alguna vez que tiendo a la hiperactividad. No es ni bueno ni malo siempre que se sepa controlar, cosa que no ocurre con toda la frecuencia que debiera.

El caso es que mi movimiento perpetuo me lleva de unas acciones a otras, casi siempre con resultado de poco descanso y mucho, muuuuucho sueño permanente. Pensaba que nos habíamos hecho amigos, pero me he dado cuenta de que no: la falta de sueño lleva al cansancio (por lo menos a mi) y a la desagradable sensación de estar sobrepasada por hechos sencillos y normalmente más que controlables, pero que se alimentan de esa debilidad y acaban por parecer monstruos enormes con dientes puntiagudos, la cara llena de granos y musgo entre los dedos de sus enormes manos. Desagradables en esencia, vamos.

Además, la vorágine de sentimientos que se almacenan a lo largo del día (y de las noches, en este caso) no se puede digerir si no hay un sueño que las lleve a ese mundo en el que las referencias espacio-temporales se diluyen y comienzan a comprenderse desde el otro lado, desde el que no toma como referencia nada más que las emociones y los sentires.

El pasado fin de semana (que yo tuve la suerte de disfrutar como puente) ha sido uno de esos en los que se han ido acumulando muchas emociones, muchos sentimientos, muchos pensares, muchas conversaciones, muchas ideas, muchos recuerdos, muchos dolores, un alivio infinito, besos, caricias, abrazos, te quieros, ausencias, encuentros... Cuatro días que han parecido toda una vida y que , de alguna manera, lo han sido.

He encontrado a alguien muy especial. Alguien que hace que tiemble la tierra a Sus pies; que mira con ojos pequeños e infinitos; que abraza y devuelve la fé en el mundo; que se enfada y crea seismos en mi  alma; alguien con quien me siento inmensamente bien y en quien puedo reposar; que quiere a casi toda la gente a la que quiero y con quien he podido compartir la suerte de conocerlos; alguien que huele muchas de mis emociones y me hace sentir que aún es posible, que no se ha perdido la esperanza, que sigue habiendo un resquicio más allá de la duda razonable; alguien que aún no sabe (o no siente, o no quiere sentir, o no quiere saber) que cuando yo digo "estoy en tus manos" me refiero a un todo entero, a la vida por completo, a cada detalle de ella, a cada parte preciosa y horrible que me forma.; alguien que puede decidir lo que sea, porque le sigo, porque estoy con Él, a su vera, a sus pies, en sus manos; alguien que tiene el poder de hacer que el mundo sea una cama deshecha, una charla a su sombra, un café en Chueca o un pensamiento... Alguien lleno de magia.

Y todavía no he reposado esas emociones, no ha habido tiempo de asentarlas, de darlas forma, de colocarlas: sólo he podido sentirlas intensamente (que es bastante, la verdad).

Ahora, claro, entra el miedo (el monstruo peludo de dientes puntiagudos, la cara llena de granos y musgo entre los dedos de sus enormes manos) para demostrarme que no sólo siento, sino que quiero hacerlo y me grita que no seré capaz, que la vida se moverá a pesar de mis emociones, que ahora toca paralizarse, que no ande, que me esté quieta, que no mueva ficha, que quien se queda parado no tiene lesiones...

Él sabe (el monstruo) que no le haré caso, que prefiero estrellarme en el camino que quedarme de brazos cruzados; sabe que mi esencia es el movimiento, la acción y que cualquier otra cosa hará que me extinga.

Y, sinceramente, aunque haya venido al mundo para morirme, he optado por vivir hasta que toque... y descansar para poder hacerlo intensamente.

Saludos de jueves-martes de una mujer cansada que no para de caminar.

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