lunes, 26 de mayo de 2014

El infinito en la palma de la mano 26.06.2013

El infinito en la palma de la mano.
 
Estaban sentadas las dos en torno a la misma mesa, circular y pequeña. El centro comercial estaba lleno de gente, pero ellas destacaban por encima del resto de la vorágine que iba y venía, aparentemente sin rumbo, como las canicas de goma que tienen mella...
 
Se miraban. Una frente a otra. La imagen, aún no sé por qué, desprendía ternura. Algo emanaba de aquella escena y se transmitía por entre el escaso aire que nos rodeaba. Algo mágico y hechizante.
 
En aquella mirada, la mayor de las dos dejó quietos los ojos (no sé cómo, pero lo hizo) y, lentamente, alzó su mano derecha hasta la cara de la mujer a la que miraba con tanto amor.
 
Suavemente le retiró el pelo que caía sobre su cara y toda la ternura del mundo se conviritió en ese gesto, en ese movimiento que ha quedado grabado en mi retina.
 
En casa, sola y a salvo de la masa comercial, revivo esa imagen como vouyeur y pienso en que, parafraseando a Blake, efectivamente, el infinito puede sostenerse en la palma de la mano.

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