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La fortaleza. Carta a matiti.
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Querida matiti:
Me preguntas sobre la fortaleza y sólo puedo hablarte de lo que yo entiendo por tal.
Supongo que te refieres a la de la sumisa en el mundo BDSM, pero en
realidad es igual a cualquier otra. La fortaleza es fortaleza, al igual
que la violencia es violencia y la belleza es belleza.
Fortaleza es sentir que tienes los pies más bonitos del mundo y nadie
pueda hacer que cambies de opinión, por mucha que sea la gente que
piense diferente.
Fortaleza es decir "no" cuando se siente de esa manera, sin intentar
herir ni quedar por encima. Sólo porque no va contigo y sabes que tienes
esa posibilidad.
Fortaleza es decir que no sabes, y que no entiendes, porque no sientes
que haya nada malo en ello, porque quieres aprender y porque nada puede
minar tu fé en ti.
Fortaleza es reirse cuando las cosas van mal y pensar que no están
perdidas, y luchar por alcanzar el sueño, por lejos que parezca, porque
sabes que puedes lograrlo.
Fortaleza es someterse a alguien y seguir siendo una misma, sometida y
Dominada, pero una misma. Para ello, has de encontrar al Dominante que
se convierta en tu Amo y no en el de una que no eres tú misma.
Fortaleza es parar cuando no puedes seguir, descansar y echar la vista
hacia atrás y hacia adelante para saber dónde estás, de dónde vienes y a
dónde te diriges.
Fortaleza es saber que algo sera difícil y sopesar las fuerzas que has
de emplear, para luego decidir, de manera libre, si deseas invertirlas o
no.
Fortaleza es asumir las consecuencias de nuestras acciones, por duras o severas que parezcan; admitir errores, aceptar halagos.
Fortaleza es decidir cometer faltas y tirar para adelante con ellas,
sabiendo que te mirarán de una u otra manera, pero consciente de que
tienen un fin.
Fortaleza es ayudar cuando alguien lo necesita, y pedir ayuda cuando se necesita.
Fortaleza es bajar la mirada y saber que es un regalo.
Fortaleza es conocerte, saber dónde están los miles de talones de
Aquiles y los millones de virtudes, e intentar ser mejor desde lo que
eres.
Fortaleza es lanzarse al campo, con cientos de espectadores, y arbitrar
mientras te insultan, centrada sólo en el partido y en hacerlo lo mejor
posible.
Fortaleza es escuchar diez mil rumores y ponerlos en el cajón de la
cuarentena, consciente de que algún día tocarán tu vida, y seguir
haciendo lo que quieres, a pesar de que comenten.
Fortaleza es ser capaz de mirarse al espejo, ver cosas que no gustan y, aún así, quererse mucho.
Un beso, linda.
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Datos personales
jueves, 17 de septiembre de 2015
La fortaleza. Carta a matiti. Publicado el 16 de septiembre de 2015
BDSM, bilingüismo y humillación. Publicado el 15 de septiembre de 2015
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BDSM, bilingüismo y humillación
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Casi todos los integrantes del mundo BDSM hablamos, por lo menos, dos
idiomas: el "oscuro" y el "claro". En el segundo nos relacionamos casi
siempre con la gente que no pertenece al BDSM y, en algunas ocasiones,
con los que sí. En el "oscuro" nos comunicamos con las personas con las
que estamos manteniendo, en ese momento, una comunicación bedesemera.
Como todos los bilingües, entendemos "by heart" (por intuición,
instinto, costumbre o lo que sea) algunos de los signos de la
comunicación en ambos idiomas, pero podemos llegar a tener malentendidos
cuando existen los "false frends" (palabras que, aparentemente, quieren
decir lo mismo en dos idiomas pero que, en realidad, significan cosas
diferentes- un ejemplo claro es "constipation", que en español nos lleva
a pensar en un catarro normal y corriente y, sin embargo, en inglés es
"estreñimiento").
Como bilingües, a veces no podemos traducir una sensación, una palabra,
un gesto o un momento comunicativo de una lengua a la otra. Porque no.
Porque podemos encontrar algo parecido (si es que somos afortunados),
pero no querrá decir exactamente lo otro. (Hay palabras que yo he
aprendido en inglés y que no encuentro la manera humana de decirlas en
castellano, y a la inversa).
Asi que es fundamental saber en qué lengua nos estamos comunicando en
cada momento (para evitar "false friends") y comprender la incapacidad
de traducción en determinados momentos.
¿Por qué digo esto? Por la humillación.
La humillación es una práctica que se habla en "oscuro" y debe entenderse en la misma lengua. No existe traducción posible al lenguaje "claro". Si me dicen, por ejemplo: "Puta, que no sabes ni mamarla"
puede querer decir que tengo serios problemas para hacer una felación
como debe ser (lengua "clara") o que me está diciendo eso en un momento
determinado porque le apetece y le pone, sin más intención que ésa.
Parece evidente que estamos en lenguaje "oscuro", pero basta que no me
dé cuenta, que yo siga interpretando en "claro", para que se haga una
brecha en la relación, puesto que puedo enterderlo en una cuando en
realidad se está diciendo en otra, y si lo hubiera escuchado en "oscuro"
probablemente me hubiera hecho chorrear de gusto.
Esa es una de las desventajas de tener vocabulario común: a veces
creemos entender, pero en realidad estábamos hablando en idiomas
diferentes.
Por eso en la humillación es fundamental que la comunicación
sea la correcta, que los dos (o los que sean) estén hablando en el mismo
idioma, y que nunca se trate de traducir a otro idioma.
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Romper y recomponer. Publicado el 13 de septiembre de 2015
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Romper y recomponer
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Hoy he tenido una interesante charla sobre BDSM. Hablábamos de las
impresiones de un Dominante y de la sumisa sobre las reacciones que en
cada uno de ellos provocaban algunas prácticas. (En este caso concreto
era la humillación, pero no quiero extenderme en ese tema porque me
parece tremendamente delicado e interesante y me gustaría dedicarle un
escrito específico).
El caso es que las prácticas provocan reacciones en ambos lados de la
cadena. Normalmente creemos saber a ciencia cierta cuáles son en la otra
persona, y traducimos a nuestro lenguaje (al personal, al de cada uno)
los signos que percibimos.
Sin embargo, en cada uno son diferentes y es un tremendo error universalizarlos.
Hemos hablado de la sensación dolorosa del Amo cuando cree que la
sumisa se ha "roto". Yo entiendo que en las "sesiones" la sumisa se
"rompe" casi siempre. En muchas ocasiones, lloramos, nos deshacemos, nos
paralizamos, nos bloqueamos, manifestamos dolor... (En mi caso, casi
siempre casi todas ;-)).
(Aquí, OJO!: estoy hablando de "rupturas" dentro una moderación)
En realidad (y ahora sí que hablaré en primera persona) esa "ruptura" a
mi me gusta. Forma parte del encanto del BDSM. Cada trocito que salta
de mi lleva algo de dolor, pero también placer. Me gusta ver cómo me
descompongo por Él, cómo van cayendo los cachitos, cómo esa yo que era
un rato antes se convierte en otra yo que se deshace como papel en el
agua.
No sólo no importa, sino que es bello.
Pero lo es SÓLO si luego hay recomposición. Sólo funciona si, después
de esa ruptura, la persona puede volver a unir esos cachitos para
rehacerse, probablemente diferente aunque igual. Y para eso es
fundamental que el Amo participe en el proceso. Es la única manera. La
única posibilidad de que se llegue a buen puerto.
La ruptura es bella, preciosa, interesante, excitante... porque luego se recompone y sale un nuevo Fénix entregado.
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Evolución. Publicado el 11 de septiembre de 2015
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Evolución
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A veces pienso en todas las cosas que han
ido cambiando desde que conocí el mundo del BDSM en primera persona.
Han sido muchas. No sólo ha incidido en mi concepción de la sexualidad
(en el más amplio sentido de la palabra), sino que, en bastantes
sentidos, ha repercutido en mi idea del mundo. O quizá sólo sea en la
manera en que ahora lo manifiesto. No estoy segura.
De lo que sí lo estoy es de que la gente
evoluciona en sus gustos, en su estética, en su forma de expresarse, de
comunicar, de relacionarse... pero no cambia la esencia. Ésa es la que
es, siempre.
Yo he aprendido en este tiempo a fiarme
de mi intuición, a saber que está en el camino correcto. No siempre
susurra las cosas esperadas, ni las políticamente correctas, pero sé que
debo escucharla.
Al igual que en el BDSM, la pasión, la
comunicación y la confianza son las claves para que la relación con mi
intuición funcione.
Y dejar, de vez en cuando, que salga la fiera que todos llevamos dentro.
Lo que tengo
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El hombre, la medida de todas las cosas. Publicado el 19 de mayo de 2015
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El hombre, la medida de todas las cosas
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El hombre, para los renacentistas, era la
medida de todas las cosas. Pasó de ser un dios al que conocían,
básicamente, por la mala leche que se gastaba en el Antiguo Testamento
(un dios terrible, vengativo e iracundo) a ser el hombre.
Y cuando digo esa palabra me refiero a
una persona del género masculino, porque las mujeres (a pesar de que dos
tetas muevan más que dos carretas) pintaba menos que las monas.
Cuando alguien entra en el mundo del BDSM
también tiene un cambio sustancial en torno a la unidad de medida.
Normalmente, quiero decir, pasa de ser la unidad propia a la ajena, sea
cual sea el rol que sienta y/o desempeñe.
La persona sumisa centra esa medición en
el Dominante, y las cosas pasan a verse con esos ojos que ya no miran
desde la cara que una ostenta, sino desde la que tiene en frente; los
oídos pasan a escuchar sonidos desde otro lado de esa cara que observa y
no la que mira; los deseos pasan, de manera inexplicable, a centrarse
en quien deseamos complacer porque, por obra y milagro de la
incorporación a esa nueva consciencia de nuestro propio deseo, es
satisfacer al otro lo que nos llena.
En la persona Dominante también deberían
producirse cambios, o debería, porque si un Amo sigue creyendo que Él y
sólo él es la medida de todas las cosas, entones, querida sumisa,
querido sumiso, te espera una vida de mierda.
Hay mucha gente, muchísima, que ha
cambiado esa medida. A mi me encanta observalos, me gusta ver esos
detalles que demuestran la nueva unidad estandarizada.
Y, sobre todo, me gusta sentir que siempre hay alguien que es el número uno en la lista de otro alguien.
¡Feliz luna nueva!
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