jueves, 17 de septiembre de 2015

La fortaleza. Carta a matiti. Publicado el 16 de septiembre de 2015


La fortaleza. Carta a matiti.
 
Querida matiti:
 
Me preguntas sobre la fortaleza y sólo puedo hablarte de lo que yo entiendo por tal.
 
Supongo que te refieres a la de la sumisa en el mundo BDSM, pero en realidad es igual a cualquier otra. La fortaleza es fortaleza, al igual que la violencia es violencia y la belleza es belleza.
 
Fortaleza es sentir que tienes los pies más bonitos del mundo y nadie pueda hacer que cambies de opinión, por mucha que sea la gente que piense diferente.
 
Fortaleza es decir "no" cuando se siente de esa manera, sin intentar herir ni quedar por encima. Sólo porque no va contigo y sabes que tienes esa posibilidad.
 
Fortaleza es decir que no sabes, y que no entiendes, porque no sientes que haya nada malo en ello, porque quieres aprender y porque nada puede minar tu fé en ti.
 
Fortaleza es reirse cuando las cosas van mal y pensar que no están perdidas, y luchar por alcanzar el sueño, por lejos que parezca, porque sabes que puedes lograrlo.
 
Fortaleza es someterse a alguien y seguir siendo una misma, sometida y Dominada, pero una misma. Para ello, has de encontrar al Dominante que se convierta en tu Amo y no en el de una que no eres tú misma.
 
Fortaleza es parar cuando no puedes seguir, descansar y echar la vista hacia atrás y hacia adelante para saber dónde estás, de dónde vienes y a dónde te diriges.
 
Fortaleza es saber que algo sera difícil y sopesar las fuerzas que has de emplear, para luego decidir, de manera libre, si deseas invertirlas o no.
 
Fortaleza es asumir las consecuencias de nuestras acciones, por duras o severas que parezcan; admitir errores, aceptar halagos.
 
Fortaleza es decidir cometer faltas y tirar para adelante con ellas, sabiendo que te mirarán de una u otra manera, pero consciente de que tienen un fin.
 
Fortaleza es ayudar cuando alguien lo necesita, y pedir ayuda cuando se necesita.
 
Fortaleza es bajar la mirada y saber que es un regalo.
 
Fortaleza es conocerte, saber dónde están los miles de talones de Aquiles y los millones de virtudes, e intentar ser mejor desde lo que eres.
 
Fortaleza es lanzarse al campo, con cientos de espectadores, y arbitrar mientras te insultan, centrada sólo en el partido y en hacerlo lo mejor posible.
 
Fortaleza es escuchar diez mil rumores y ponerlos en el cajón de la cuarentena, consciente de que algún día tocarán tu vida, y seguir haciendo lo que quieres, a pesar de que comenten.
 
Fortaleza es ser capaz de mirarse al espejo, ver cosas que no gustan y, aún así, quererse mucho.
 
Un beso, linda.

BDSM, bilingüismo y humillación. Publicado el 15 de septiembre de 2015


BDSM, bilingüismo y humillación
 
 
Casi todos los integrantes del mundo BDSM hablamos, por lo menos, dos idiomas: el "oscuro" y el "claro". En el segundo nos relacionamos casi siempre con la gente que no pertenece al BDSM y, en algunas ocasiones, con los que sí. En el "oscuro" nos comunicamos con las personas con las que estamos manteniendo, en ese momento, una comunicación bedesemera.
 
Como todos los bilingües, entendemos "by heart" (por intuición, instinto, costumbre o lo que sea) algunos de los signos de la comunicación en ambos idiomas, pero podemos llegar a tener malentendidos cuando existen los "false frends" (palabras que, aparentemente, quieren decir lo mismo en dos idiomas pero que, en realidad, significan cosas diferentes- un ejemplo claro es "constipation", que en español nos lleva a pensar en un catarro normal y corriente y, sin embargo, en inglés es "estreñimiento").
 
Como bilingües, a veces no podemos traducir una sensación, una palabra, un gesto o un momento comunicativo de una lengua a la otra. Porque no. Porque podemos encontrar algo parecido (si es que somos afortunados), pero no querrá decir exactamente lo otro. (Hay palabras que yo he aprendido en inglés y que no encuentro la manera humana de decirlas en castellano, y a la inversa).
 
Asi que es fundamental saber en qué lengua nos estamos comunicando en cada momento (para evitar "false friends") y comprender la incapacidad de traducción en determinados momentos.
 
¿Por qué digo esto? Por la humillación.
 
La humillación es una práctica que se habla en "oscuro" y debe entenderse en la misma lengua. No existe traducción posible al lenguaje "claro". Si me dicen, por ejemplo: "Puta, que no sabes ni mamarla" puede querer decir que tengo serios problemas para hacer una felación como debe ser (lengua "clara") o que me está diciendo eso en un momento determinado porque le apetece y le pone, sin más intención que ésa.
 
Parece evidente que estamos en lenguaje "oscuro", pero basta que no me dé cuenta, que yo siga interpretando en "claro", para que se haga una brecha en la relación, puesto que puedo enterderlo en una cuando en realidad se está diciendo en otra, y si lo hubiera escuchado en "oscuro" probablemente me hubiera hecho chorrear de gusto.
 
Esa es una de las desventajas de tener vocabulario común: a veces creemos entender, pero en realidad estábamos hablando en idiomas diferentes.
 
Por eso en la humillación es fundamental que la comunicación sea la correcta, que los dos (o los que sean) estén hablando en el mismo idioma, y que nunca se trate de traducir a otro idioma.

Romper y recomponer. Publicado el 13 de septiembre de 2015


Romper y recomponer
 
 
Hoy he tenido una interesante charla sobre BDSM. Hablábamos de las impresiones de un Dominante y de la sumisa sobre las reacciones que en cada uno de ellos provocaban algunas prácticas. (En este caso concreto era la humillación, pero no quiero extenderme en ese tema porque me parece tremendamente delicado e interesante y me gustaría dedicarle un escrito específico).
 
El caso es que las prácticas provocan reacciones en ambos lados de la cadena. Normalmente creemos saber a ciencia cierta cuáles son en la otra persona, y traducimos a nuestro lenguaje (al personal, al de cada uno) los signos que percibimos.
 
Sin embargo, en cada uno son diferentes y es un tremendo error universalizarlos.
 
Hemos hablado de la sensación dolorosa del Amo cuando cree que la sumisa se ha "roto". Yo entiendo que en las "sesiones" la sumisa se "rompe" casi siempre. En muchas ocasiones, lloramos, nos deshacemos, nos paralizamos, nos bloqueamos, manifestamos dolor... (En mi caso, casi siempre casi todas ;-)). 
 
(Aquí, OJO!: estoy hablando de "rupturas" dentro una moderación)
 
En realidad (y ahora sí que hablaré en primera persona) esa "ruptura" a mi me gusta. Forma parte del encanto del BDSM. Cada trocito que salta de mi lleva algo de dolor, pero también placer. Me gusta ver cómo me descompongo por Él, cómo van cayendo los cachitos, cómo esa yo que era un rato antes se convierte en otra yo que se deshace como papel en el agua.
 
No sólo no importa, sino que es bello.
 
Pero lo es SÓLO si luego hay recomposición. Sólo funciona si, después de esa ruptura, la persona puede volver a unir esos cachitos para rehacerse, probablemente diferente aunque igual. Y para eso es fundamental que el Amo participe en el proceso. Es la única manera. La única posibilidad de que se llegue a buen puerto.
 
La ruptura es bella, preciosa, interesante, excitante... porque luego se recompone y sale un nuevo Fénix entregado.

Evolución. Publicado el 11 de septiembre de 2015

Evolución
 
 
A veces pienso en todas las cosas que han ido cambiando desde que conocí el mundo del BDSM en primera persona. Han sido muchas. No sólo ha incidido en mi concepción de la sexualidad (en el más amplio sentido de la palabra), sino que, en bastantes sentidos, ha repercutido en mi idea del mundo. O quizá sólo sea en la manera en que ahora lo manifiesto. No estoy segura.
 
De lo que sí lo estoy es de que la gente evoluciona en sus gustos, en su estética, en su forma de expresarse, de comunicar, de relacionarse... pero no cambia la esencia. Ésa es la que es, siempre.
 
Yo he aprendido en este tiempo a fiarme de mi intuición, a saber que está en el camino correcto. No siempre susurra las cosas esperadas, ni las políticamente correctas, pero sé que debo escucharla.
 
Al igual que en el BDSM, la pasión, la comunicación y la confianza son las claves para que la relación con mi intuición funcione.
 
Y dejar, de vez en cuando, que salga la fiera que todos llevamos dentro.
 
Lo que tengo

El hombre, la medida de todas las cosas. Publicado el 19 de mayo de 2015

El hombre, la medida de todas las cosas
 
 
El hombre, para los renacentistas, era la medida de todas las cosas. Pasó de ser un dios al que conocían, básicamente, por la mala leche que se gastaba en el Antiguo Testamento (un dios terrible, vengativo e iracundo) a ser el hombre.
 
Y cuando digo esa palabra me refiero a una persona del género masculino, porque las mujeres (a pesar de que dos tetas muevan más que dos carretas) pintaba menos que las monas.
 
Cuando alguien entra en el mundo del BDSM también tiene un cambio sustancial en torno a la unidad de medida. Normalmente, quiero decir, pasa de ser la unidad propia a la ajena, sea cual sea el rol que sienta y/o desempeñe.
 
La persona sumisa centra esa medición en el Dominante, y las cosas pasan a verse con esos ojos que ya no miran desde la cara que una ostenta, sino desde la que tiene en frente; los oídos pasan a escuchar sonidos desde otro lado de esa cara que observa y no la que mira; los deseos pasan, de manera inexplicable, a centrarse en quien deseamos complacer porque, por obra y milagro de la incorporación a esa nueva consciencia de nuestro propio deseo, es satisfacer al otro lo que nos llena.
 
En la persona Dominante también deberían producirse cambios, o debería, porque si un Amo sigue creyendo que Él y sólo él es la medida de todas las cosas, entones, querida sumisa, querido sumiso, te espera una vida de mierda.
 
Hay mucha gente, muchísima, que ha cambiado esa medida. A mi me encanta observalos, me gusta ver esos detalles que demuestran la nueva unidad estandarizada.
 
Y, sobre todo, me gusta sentir que siempre hay alguien que es el número uno en la lista de otro alguien.
 
¡Feliz luna nueva!