Alma Mahler
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Hace
muchísimo tiempo que pienso en ella. Es una de esas imágenes recurrentes
que viene a mi cabeza de manera intermitente. Cuando investigué sobre
su vida (cosas de esas que una hace sin saber por qué) algo no me
cuadraba. Y eso me hacía seguir intentando conocer lo que pasó en su
vida para sí descifrar (¡ilusa de mi!) lo que sucedía en su cabeza.
A
primera vista, Alma Mahler era una mujer profundamente sumisa.
Inteligente, diligente, capaz de resolver diferentes situaciones...
Sacrificó una vida prometedora como compositora por un marido, Gustav
Mahler, al que se entregó en cuerpo y alma.
Cuando
éste murió, Alma retomó las riendas de su deseo (si es que alguna vez
las había perdido, que lo dudo) y, retomó la relación con Gropius, uno
de los fundadores de la Bauhaus. Por lo que se dice en los libros (que,
por supuesto, están escritos por personas que no cenaban con ellos y que
desconocían las emociones que existían dentro de cada uno), la relación
era casi perfecta y en ella Alma era una mujer absolutamente entregada
(a pesar de que le fue infiel físicamente - tema que da mucho de sí, lo
sé).
En un
momento determinado de su vida, Gropios fue herido y en su dolor
escribió una carta a Alma en la que le decía que la necesitaba, que por
favor fuera a verle, que necesitaba su presencia...
Y
entonces, la mujer que yo había supuesto sumisa por la inmensa entrega
de su vida en cada relación, esa misma que dejó todo por seguir a quien
deseaba, ésa y no otra, le dijo que no. Y no sólo eso, sino que añadió
que la relación se había acabado, que ella no quería estar al lado de
alguien débil y que se veía en la imperiosa necesidad de dejarlo.
¡¡¡Andaaaaaaaaaaaaa!!! Y eso, ¿por qué?, me decía yo.
Pues a
veces me da la sensación de que lo entiendo. Yo soy una mujer fuerte,
inmensa y tremendamente fuerte. Me siento Dominada por personas que son
todavía más fuertes que yo y en las que dejo la poca fragilidad que me
compone. Al hacerlo, al mostrar esas flaquezas y esos pequeños dolores,
espero sinceramente que no flojeen.
Entiendo
que todos tenemos momentos mejores y peores. Normal. No es el hecho de
situaciones puntuales lo que hace que dude, sino la debilidad en
general. No quiero confundir debilidad con comprensión ni afabilidad ni
nada de eso. No. Hablo sólo de debilidad.
Cuando
alguien cae rendido y necesita mi auxilio de manera puntual, puede estar
seguro de que allí estaré, pero cuando lo que necesita es mi vida para
sobrevivir... entonces... Yo no quiero ser la vida de nadie. No me
sienta bien. Me hace sentirme obligatoriamente fuerte y eso me lleva a
la congoja.
Yo
quiero poder ser débil, y fuerte, y risueña, y triste y todas esas cosas
que soy, sin que nadie dependa de ello. Quiero ser libre y el verbo
"necesitar", cuando llega de los labios amados, mata esa libertad.
No
quiero que me necesiten. Quiero que me deseen, que me quieran, que me
den, que me cojan, que me aten, que me suelten, que dispongan de mi, que
me usen, que me piensen, que me lloren, que me rían, que me amen...
pero no quiero que me necesiten.
Hoy me parece, señora Mahler, que he empezado a entenderla.
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lunes, 26 de mayo de 2014
Alma Mahler 19.11.2011
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