lunes, 26 de mayo de 2014

Alma Mahler 19.11.2011

Alma Mahler
 
Hace muchísimo tiempo que pienso en ella. Es una de esas imágenes recurrentes que viene a mi cabeza de manera intermitente. Cuando investigué sobre su vida (cosas de esas que una hace sin saber por qué) algo no me cuadraba. Y eso me hacía seguir intentando conocer lo que pasó en su vida para sí descifrar (¡ilusa de mi!) lo que sucedía en su cabeza.

A primera vista, Alma Mahler era una mujer profundamente sumisa. Inteligente, diligente, capaz de resolver diferentes situaciones... Sacrificó una vida prometedora como compositora por un marido, Gustav Mahler, al que se entregó en cuerpo y alma.

Cuando éste murió, Alma retomó las riendas de su deseo (si es que alguna vez las había perdido, que lo dudo) y, retomó la relación con Gropius, uno de los fundadores de la Bauhaus. Por lo que se dice en los libros (que, por supuesto, están escritos por personas que no cenaban con ellos y que desconocían las emociones que existían dentro de cada uno), la relación era casi perfecta y en ella Alma era una mujer absolutamente entregada (a pesar de que le fue infiel físicamente - tema que da mucho de sí, lo sé).

En un momento determinado de su vida, Gropios fue herido y en su dolor escribió una carta a Alma en la que le decía que la necesitaba, que por favor fuera a verle, que necesitaba su presencia...

Y entonces, la mujer que yo había supuesto sumisa por la inmensa entrega de su vida en cada relación, esa misma que dejó todo por seguir a quien deseaba, ésa y no otra, le dijo que no. Y no sólo eso, sino que añadió que la relación se había acabado, que ella no quería estar al lado de alguien débil y que se veía en la imperiosa necesidad de dejarlo.

¡¡¡Andaaaaaaaaaaaaa!!! Y eso, ¿por qué?, me decía yo.

Pues a veces me da la sensación de que lo entiendo. Yo soy una mujer fuerte, inmensa y tremendamente fuerte. Me siento Dominada por personas que son todavía más fuertes que yo y en las que dejo la poca fragilidad que me compone. Al hacerlo, al mostrar esas flaquezas y esos pequeños dolores, espero sinceramente que no flojeen.

Entiendo que todos tenemos momentos mejores y peores. Normal. No es el hecho de situaciones puntuales lo que hace que dude, sino la debilidad en general. No quiero confundir debilidad con comprensión ni afabilidad ni nada de eso. No. Hablo sólo de debilidad.

Cuando alguien cae rendido y necesita mi auxilio de manera puntual, puede estar seguro de que allí estaré, pero cuando lo que necesita es mi vida para sobrevivir... entonces... Yo no quiero ser la vida de nadie. No me sienta bien. Me hace sentirme obligatoriamente fuerte y eso me lleva a la congoja.

Yo quiero poder ser débil, y fuerte, y risueña, y triste y todas esas cosas que soy, sin que nadie dependa de ello. Quiero ser libre y el verbo "necesitar", cuando llega de los labios amados, mata esa libertad.

No quiero que me necesiten. Quiero que me deseen, que me quieran, que me den, que me cojan, que me aten, que me suelten, que dispongan de mi, que me usen, que me piensen, que me lloren, que me rían, que me amen... pero no quiero que me necesiten.

Hoy me parece, señora Mahler, que he empezado a entenderla.

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