lunes, 26 de mayo de 2014

No quiero, no me apetece 18.09.2011

No quiero, no me apetece...
 
Yo viví en un piso de estudiantes. Aprendí muchas cosas, sobre todo en lo que a convivencia se refiere.

Compartí piso con una chica que estaba en una secta y aprendí que no siempre tienen katanas o machetes; que no todas acaban suicidándose o quemando la casa; que pueden ser muy agradables y que sólo rarean cuando hablan de cosas metafísicas.

También conviví con una envidiosa. De ella aprendí a permanecer lejos, a tener cuidado de no ser especial cuando yo tenía comida en el fuego y ella saliva en la boca, a no tender la ropa cuando ella estaba fumando y a no presentar a mis amigos a envidiosas.

Otra de las chicas del piso era una genio (de superdotada, no de lámpara). De ella aprendí que hay que hablar las cosas, que hay que saber escuchar y que los genios son unos incomprendidos. También aprendí que a las envidiosas les sacaban de quicio las genios (de todo tipo).

De todas ellas aprendí que cada uno es responsable sólo de sus actos y que a la gente ha de aceptarla como es, sin más pretensiones.

Una vez, charlando en la cocina las cuatro (punto de reunión de la casa) la genio dijo algo y la envidiosa le respondió que no. La verdad es que el tema es lo de menos. La genio razonó y razonó. La otra, que no, que no y que no. La genio, que era superdotada para cosas académicas pero a la que le quedaba mucha vida por aprender, seguía intentando que la envidiosa fuera razonable, pero no había manera. Todas (incluída la que negaba por sistema) sabíamos que tenía razón, pero la envi no quería dársela. Y dale, dale, dale... Al final, la envidiosa dijo "Porque no quiero... no me apetece". Y la genio, que para eso lo era, contestó: "Contra eso no puedo hacer nada".

A veces me siento así: contra tu enfado, contra tus "no quiero,...no me apetece"... no puedo hacer nada. Sólo estar, por si acaso decides cambiar de opinión.

Aquí me quedo...

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