lunes, 26 de mayo de 2014

Por despistada y obediente 22.11.2011

Por despistada y obiendiente.
 
Hoy me gustaría contaros parte de mi día. Ha sido de esos que empezaban con determinadas preocupaciones (normales, de las laborales, de esas que solo deberían ocupar una pequeña parte del pensamiento) a la que tenía añadido un aliciente: por orden, sugerencia o lo que sea, hoy debía salir de casa sin una de mis prendas de ropa interior. A mi no es algo que me sedujera demasiado, la verdad, porque una casi siempre sale de casa como si fuera a tener un accidente en el que los sanitarios no tuvieran otra cosa mejor que hacer que ver si llevo bragas y si, además están limpias... (en fin: pensamientos heredados de las abuelas), pero lo hice.

El caso es que escogí la ropa: pensé en ponerme vestido, pero hoy hace frío y no me apetecía demasiado que me entrara por donde no debe, así que cogí mis mejores vaqueros, esos que me tienen loca y hacen que todo lo que vista con ellos me parezca una maravilla, y ¡halaaaa!... sin piedad... Para aquellos y aquellas que no hayan experimentado la sensación, les diré que los vaqueros son de un tejido que roza y que las costuras (esas que normalmente no se notan) se meten por donde encuentran sitio.

Con todo ello, después de darme cuenta de que igual no era la mejor de las opciones, entendí que o salía de casa o llegaría tarde a trabajar. Y de eso, ¡nada!, por el tema de los accidentes, ya saben: si se tiene prisa se tienen más posibilidades de sufrirlo y precisamente hoy los sanitarios curiosos tendrían mucho que decirle a mi abuela.

La idea hasta me daba morbo... hoy tenía reuniones de esas que dan dolor de cabeza incluso antes de empezarlas y me parecía bien poder estar pensando en cómo librarme de la costura intrépida o moverme de lado para que rozara... (¡guarradillas que piensa una de vez en cuando!)

Llegué al trabajo, justa (las indecisiones siempre dan un poco de retraso) y al entrar escucho a mi compañera diciéndome:

- Anda, niña, ¿qué haces aquí?-

- Pues... resulta que trabajo aquí - mi mente, como pueden imaginar viajó desde la incredulidad hasta la paranoia.

- Pues nos han dicho que no vienes y que tenemos que hacer tu trabajo. De hecho... no deberías estar aquí-

Mi cabeza, a toda velocidad... ¿acoso laboral? ¿amenazas? ¿vacile? ¿vida paralela? ¿me ha tocado la lotería y no lo sé?...

Entonces, aparece otra compañera solidaria:

- Hoy te toca la revisión médica. Tendrías que estar allí desde hace tres minutos-

¡¡¡Lamarequemepario!!! Soy tremendamente despistada. No miro papeles ni cosas que no me incumben y no suelo acudir al tablón de anuncios del trabajo porque, sencillamente, siempre hay alguien que habla cotillo y decide informarme de las cosas importantes, pero ¡mierdaaaa! ésta vez me han fallado.

Pues nada: allá voooooooooy.

EN el momento en el que me subo al coche una sola idea cruza mi mente... ¿tendré que quitarme los vaqueros? No, por dios; no, por dios; nooooooooo.

Mientras conducía (ya con un poco de prisa, la verdad, y sin pensar demasiado en los sanitarios del 112, sino en los de la revisión) pensé que lo mejor, siempre, es mostrar naturalidad. Si alguien me obligaba a mostrar mi poco pudor, pues le diría que tengo un novio peculiar y que le pone que los martes sólo haya vaqueros... No sé... Pensaba y pensaba... La verdad es que la idea de parecer un poco cochina no es algo que me atrajera demasiado, pero, por otra parte, la de loca diciendo que "al vestime tenía prisa" pues mucho menos. Así que nada, decidido: si me obligaban diría la medio verdad que acababa de inventarme y que respondía, más o menos de manera veraz, a la realidad.

Por el camino Le llamo y Le digo lo que me ha pasado. Nos reimos. Mucho. Mucho. Muchísimo. La verdad es que la situación es para ello. Me dice que disfrute, y yo sé que lo haré.

Llego a la revisión. Dos mujeres. Una, entiendo, médico y la otra; enfermera. Preguntas, preguntas, preguntas. Respuestas, respuestas, respuestas. La tensión: bien. La vista: de lince. Y ahora, niña, te voy a hacer un electro. ¡¡¡Chachiiiiii!!! (¡cuánto me gustan las palabras médicas, poldios!). Me desnudo de cintura para arriba y me tumbo. Pone las chuponas esas que dan mucha risa y cierro los ojos. Pienso: "Hay que ver qué cosas ocurren... si ella supiera... si tuviera que..." y, la máquina, dale que te pego, dale que te pego. Yo notaba cómo me iba acelerando, excitando y demás, pero la máquina impasible, oye: tic - tic - tra - tracatracatracaaaaa

Saca el papel  lleno de picos y cosas preciosas que resultan difíciles de entender para las que somos profanas, pero que (por lo menos a mi) me hacen sentir actriz de Hollywood. Me dice que me vista y me pasa con la médico.

Ella, seria, revisa el historial de preguntas eternas y las pruebas que me han hecho y, en el electro, se para, se pone aún más seria y empieza a murmurar... Mmmmmmmm... Mmmmmmm... Mmmmmm

Después de varios Mmmm y alguna vuelta de ojos, me pregunta:
-¿Padeces de taquicardias?-

Juasssssssssssssssss.... Y ¿quién le dice a esa Señora que en realidad, estaba poniéndome como una moto pensando en todas las cosas que me inspiraba estar sin ropa interior y con la posibilidad de tener que explicarlo?

- No... errr... bueno... No creo. Es que soy nerviosa y cualquier cosa me excita -

La señora, que pudo creérselo o no, da siete vueltas más al papel, me explica muchas cosas sobre el corazón físico y me pide que me quite la ropa de cintura para arriba, me tumbe en la camilla y desabroche el pantalón.

Uffffffffffffffffffffffffffffff

Yo, obediente, lo hago. Tumbada, desabrocho el botón y dejo todo como si, en realidad, estuviera atado. Ella me mira y me dice "un poco más". Y yo pienso "total..." Lo abro un poco y la veo mirarme.

No sé qué pensó, ni me lo dijo. No sé qué vió ni siquiera si vió lo que no había (podría haber sido una tanga minúscula). Sólo sé que me salió una sonrisa de oreja a oreja. Y ella me la devolvió.

Acabamos y me fui.

Parece que estoy bien, aunque tengo un soplo en el corazón y taquicardias. Ahora he llegado a casa, me he puesto las bolas y sólo pienso en las vueltas que da la vida... cada día.

Saludos de una taquicárdica encantada de serlo :-)

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