Nuestra cantidad de suerte
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Hablando
con vida de Confucio salió algo que me tuvo impresionada mucho tiempo
(de hecho, sigue haciéndolo): Pedro J. Ramírez, en una entrevista
televisada, dijo que él creía en una cantidad limitada de suerte en la
vida y que, precisamente por eso, no jugaba a la lotería: no quería
agotarla en esas cosas, puesto que la prefería en la familia, el trabajo
y demás (que, por otro lado, dijo tener y no querer perder por algo tan
"vano" como la lotería).
A mi me hizo pensar: Probablemente no sea cierto, pero ¿y si lo fuera?... ¿a qué dedicaría yo esa suerte?...
Y, de repente, me doy cuenta de que ya lo hago. Hay cosas en las que no
me la juego, en las que el factor suerte no entra. Con mi pareja, mi
Amo, lo que quiera que sea cuando sea que vaya a ser, no es una ruleta
rusa. No es un "amos a vé...". No. Me molesto en conocer. Me tomo mi
tiempo para saber, para sentir, para pensar... Y dejo y deseo que Él
haga lo mismo. Minimizo la suerte al punto de encontrarnos. Sólo eso.
Luego, lo demás, es cuestión de afinidades y de conocimiento. No de
suerte. Y cuando la cosa no funciona, pues también es un poco de suerte y
un mucho de trabajo el que las cosas vayan de la mejor manera posible.
En
la oposición, por ejemplo, me sabía todos los temas de
maravilla. Todos. No había ninguno que no fuera mi favorito. Había leído
unos 30 libros por tema e investigado todo lo investigable. Estudié
horas y horas. Me levantaba a las cuatro de la mañana para hacerlo hasta
la hora de ir a trabajar. Al volver (por la tarde) me echaba una mini
siesta y volvía a ello hasta las diez. Un año entero. La recompensa fue
que, minimizando la suerte al hecho de gustarle al tribunal, tengo plaza
(si todo va bien) para toda la vida.
Con mis amigos, igual. La suerte está en encontrarnos. Al final, son como la pareja pero en más eternos y menos sexuales.
Y
la familia, pues eso sí que es suerte. Supongo que ahí he echado la
mayor parte. Me han tocado seres maravillosos y en eso no tengo
demasiado mérito, aunque sí trabajo la relación que mantenemos y trato
de cuidarlos y hacerlos sentirse queridos, acompañados, amados y todo lo
demás.
Por
otra parte, trabajo mucho sobre mi misma (aunque a veces no lo
parezca): leo, estudio, me escucho, medito... La suerte, en este caso,
es la de haber encontrado aquello que me enriquece.
También
he gastado parte de mi buena suerte en la mala suerte que he tenido.
¡Qué cosa! Los peroes momentos de mi vida me han llevado, de cabeza, a
los mejores. Ahí he gastado bastante.
Y
en la gente que me encuentro por la calle, en los desconocidos de todas
partes, pues también ha ido buena parte de la suerte. Nunca me han
atracado (toco madera), ni hecho nada que me haya hecho coger
miedo(vuelvo a tocarla). Siempre me han devuelto lo que se me ha
olvidado. Siempre me he sentido como en casa en cualquier parte porque
la gente que me he encontrado es maravillosa. Buena suerte a granel.
Supongo que mucha suerte la haya echado en esas cosas y en mi. Como dice mi amiga Cristina: ¡Qué suerte que a mi me tocara ser yo! (y esto vale para todos, ¿eh? cada uno tenemos la suerte de ser nosotros mismos).
Buenas noches. Un saludo.
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lunes, 26 de mayo de 2014
Nuestra cantidad de suerte 10.10.2011
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