La vergüenza
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Me
confieso un poco vergonzosa. No me entiendan mal: tengo desarrolladas
las habilidades sociales de manera que no se nota demasiado, pero me
entra un nudo en el estómago en determinadas situaciones que hace que me
cueste casi hasta respirar. Sin embargo, esa vergüenza "social" la
tengo casi hasta controlada: soy capaz de hablar en público de manera
fluída (sobre todo si es sobre un tema que domino); recito poesía y
cuento cuentos ante muchas personas y asisto a actos sociales en los que
me relaciono con facilidad, a pesar de ese nudo que me engancha el
estómago justo antes de hacerlo.
Sin
embargo, la vergüenza más íntima, la personal, la que nace de la
necesidad de satisfacer a alguien a quien quiero, o deseo, o ambas
cosas, me tiene todavía en proceso de control. Las situaciones en las
que surge el rubor pueden ser altamente placenteras para mi, pero el
rubor, la voz cambiada, el no saber exactamente qué decir, o qué
hacer... eso surge casi de manera aleatoria cuando a mi alma o a mi
cuerpo les parece el momento adecuado.
Muchas
veces los Dominantes dicen que las sumisas no han de tener vergüenza. Y
puede que tenga que ser así. Pero a mi me parece precioso que exista,
porque surge de Él, de mi, del deseo, de la necesidad de hacer bien las
cosas, de complacer, de agradar...
Puede
que mi vergüenza sea suya (¡como todo!), pero quien la siente soy yo.
Y, a pesar de lo terrible que es, también tiene un punto maravilloso que
disfruto (sobre todo cuando ha pasado el momento).
Igual algún día dejo de ruborizarme. Igual algún día ya no siento pudor por algunas cosas. Puede...
... Mientras tanto, toca disfrutar y ser feliz con esta rojez que me invade en ocasiones.
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lunes, 26 de mayo de 2014
La vergüenza 22.04.2012
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