lunes, 26 de mayo de 2014

Compartiendo el amor a las zarzas 18.01.2012

Compartiendo el amor a las zarzas.
 
Compartir es una de las cosas más bellas que tiene la vida. Hablo de ese compartir que supone darse en algo, darse a alguien a través de algo que pertenece a nuestra intimidad y que un día decidimos regalar.

Me han regalado el deseo de amar las zarzas y, aunque todavía no he llegado a consumarlo, he de reconocer que el camino espinoso, el querer llegar a él, es precioso.

Una debe agarrar la zarza con cariño, pero sin miedo. Debe poner su mano entera sobre ella y dejar que sea la zarza la que marque el ritmo adaptándose a la piel. Es la única manera de sentirla gozosamente. Se deben cerrar los ojos y dejarse llevar por la emoción por la sensación, por la evolución en la mano, en el pensamiento, en el sentimiento... Yo, además, añadiré el recuerdo de una imagen: él y ella agarrados a la zarza, con los ojos cerrados y la unión en los deseos: el de sentir en la piel y el de poder satisfacerlo.

Todavía sigo sin estar preparada para lanzarme a cogerla, pero ahora ya tengo el firme deseo de saber qué se siente al compartir la sensación con quien se quiere.

Gracias.

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