Compartiendo el amor a las zarzas.
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Compartir
es una de las cosas más bellas que tiene la vida. Hablo de ese
compartir que supone darse en algo, darse a alguien a través de algo que
pertenece a nuestra intimidad y que un día decidimos regalar.
Me
han regalado el deseo de amar las zarzas y, aunque todavía no he
llegado a consumarlo, he de reconocer que el camino espinoso, el querer
llegar a él, es precioso.
Una
debe agarrar la zarza con cariño, pero sin miedo. Debe poner su mano
entera sobre ella y dejar que sea la zarza la que marque el ritmo
adaptándose a la piel. Es la única manera de sentirla gozosamente. Se
deben cerrar los ojos y dejarse llevar por la emoción por la sensación,
por la evolución en la mano, en el pensamiento, en el sentimiento... Yo,
además, añadiré el recuerdo de una imagen: él y ella agarrados a la
zarza, con los ojos cerrados y la unión en los deseos: el de sentir en
la piel y el de poder satisfacerlo.
Todavía
sigo sin estar preparada para lanzarme a cogerla, pero ahora ya tengo
el firme deseo de saber qué se siente al compartir la sensación con
quien se quiere.
Gracias.
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lunes, 26 de mayo de 2014
Compartiendo el amor a las zarzas 18.01.2012
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