Carta a Tony
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Querido Tony:
Ya
ves: me he puesto manos a la obra para decirte todas las cosas que nos
quedaron en el tintero, que son muchas pero, al final, sólo una. Como
casi todas las importantes de la vida, como las que nos hacen despertar
en mitad de la noche con la sensación de haber vivido de manera
incompleta, con la sensación de ser un puzzle al que le falta una pieza:
no es que se note demasiado, pero tú sabes que no está y nada será
perfecto hasta que des con ella...
A
veces tenemos a creer que los demás pueden salvar nuestra vida, Tony, y
eso no es cierto. La única persona que tiene las riendas de la tuya
eres tú
y sólo encontrándote podrás darte, porque no hay más opciones que ésa:
la de ser para poder abandonarse; la de saberse vivo para regalarse; la
de ser feliz para poder contentar; la de ser libre para entregar la
libertad...
Y no podemos exigir, ni siquiera de manera velada, que los demás cumplan con nuestros sueños.
La responsabilidad de nuestras acciones debe recaer sobre nosotros,
sobre cada uno, sobre la persona que las ha realizado o no; sobre el ser
que piensa, que desea, que arriesga, que vela, que cuida, que mantiene,
que pierde...
A veces pensamos que el hecho de hacer algo por otra persona la obliga a corresponder en cierta medida, pero no es así. Los hechos, sobre todo los vitales, deben ser altruistas y tener sentido en sí mismos.
El único secreto de todo es hacer las cosas porque salen del corazón, o
de la mente, o de donde quiera que salgan. Intentar implicar a los
demás en el proceso de acción-reacción normalmente lleva al desencanto,
porque cada uno actúa de una manera y porque no todas las personas
responden de la misma forma que nosotros. Así que debemos hacer aquello
que sentimos, hagan lo que hagan los demás. Debemos dejar a un lado
todos los posibles condicionados por nuestra conducta o nuestras
emociones y responder a lo que sentirmos. Al final de cada día, cuando
cerramos los ojos, sólo estamos con nosotros.
Y,
después de todo, la vida es una, sólo una, la nuestra, la que decidimos
en cada paso, la que dibujamos en cada decisión, la que perfilamos en
los movimientos. Y podemos (o no) escoger que cada uno de ellos nos
lleve a la felicidad, a la libertad, a la alegría... pero es un acto
personal, Tony, y debe responder a ello.
El miedo, que es uno de los factores que a veces entran en la ecuación, tampoco es buen consejero porque no permite la libertad
y las acciones que resultan de elegir desde él suelen ser nefastas,
porque aunque nos permitan sobrevivir sólo dejan eso: una vida
esquivando obstáculos, no de goce (ainsss... qué religioso parece ese
término, poldios).
Cualquier acción que no surja de la libertad encuentra serios problemas para llevar a la felicidad.
Da igual si es tuya o de los demás; del miedo o de la coacción. Sólo
haciendo lo que se desea se llega a vivir plenamente. Y con esto no
quiero decir que hagas o dejes de hacer, no. Quiero decirte que
elijas desde ti y para ti; que pienses en las consecuencias que tendrá
en tu vida y si deseas que existan; si estás decidido a asumir las
responsabilidades de tus acciones en tu vida y si aceptarás del mismo
grado que no las tengan en la de los demás.
Querer a alguien es un gran regalo para el que ama,
Tony. Permite sentir emociones a las que otros ni siquiera se
aproximan; permite vivir de manera intensa una vida que podría haber
sido otra; permite regalarse a cada paso... Pero esos regalos,
caballero, deben hacerse porque salen del corazón, no esperando que sean
correspondidos. Y a veces duele...
Bueno, Tony, parece que he entrado en un bucle y vuelvo al principio, así que lo dejo.
Ya
sabes dónde estoy, aunque es probable que no me leas, aunque es
probable que nunca sepas que te dediqué estas palabras. Son mi regalo de
hoy y aquí las dejo.
Saludos de sábado de limpieza emocional.
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lunes, 26 de mayo de 2014
Carta a Tony 5.11.2011
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