lunes, 26 de mayo de 2014

La libertad 8.01.2012

La libertad
 
Admiro muchas cualidades de muchas personas, pero la que más me seduce, la que me atrae de manera irremediable es la capacidad que tienen algunos seres de permitir la libertad de los demás, de favorecerla, de fomentar que una misma sea una misma en todas las situaciones posibles y a pesar de todo, que no es poco.

Para que eso se dé es necesario que no se enjuicie: uno escucha lo que el otro transmite sin verter en sus palabras pensamientos externos morales o de cualquier otro tipo que se generalicen al todo. Quiero decir: sí se valora la actitud, el comportamiento, la acción determinada, pero de ninguna manera se expande al verbo "ser". Es, sencillamente, algo que tiene que ver con el "estar", con el momento, con la acción concreta. Se evita la generalización enjuiciada. Y, de esa manera, yo, que he hecho algo mal o bien, no tengo problema en haber actudado de esa manera, porque es remediable, porque es algo puntual, porque la opinión que de mi tiene esa persona con la que me comunico no varía por una acción acertada o equivocada, sino que sólo pincela, detalla, lo que soy. Y mi opinión de mi misma, la que me define, tampoco.

Cuando me encuentro con alguien que es de esta manera me saltan todas las alertas de admiración; me brotan hojas en los brazos; me salen raíces en las piernas y alas en el alma... Y, de manera inevitable, comienzo a admirar a esa persona, a ser consciente de la suerte que tengo al tener cerca un ser que escucha siempre desde el "vamos a ver" y nunca desde el "espero que..."

El sentir que alguien se comporta de esa manera hace que una, irremediablemente, actúe de la misma forma y se pasa de la constante tensión que provoca el "acertar" al valorar la actitud  a la comunicación tranquila, espontánea; se pasa de ser juez a ser amigo, oyente, confidente, auxilio...

Yo he tenido que trabajar mucho sobre eso y ahora empiezo a ver los resultados. He aprendido mucho de la gente que es así y ha tenido a bien escogerme entre sus amistades. Ahora la vida me parece maravillosa cada día; me admira la gente que lucha por aquello que desea, aunque su deseo esté muy lejos del mío; me encanta escuchar a personas opuestas a mi; me parece envidiable que cada uno tenga en su mano la capacidad de error y la ejerza sin miedo; me gusta ver como la gente acierta en las decisiones; me siento feliz de no tener que estar sacando el libro de la moralidad a cada paso...

Al final, y según mi maravilloso descubrimiento, el ser autentícamente libre es el que permite que los demás lo sean.

Gracias a los que me liberáis cada día.

...desde siempre, Señor.

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