La libertad
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Admiro
muchas cualidades de muchas personas, pero la que más me seduce, la que
me atrae de manera irremediable es la capacidad que tienen algunos
seres de permitir la libertad de los demás, de favorecerla, de fomentar
que una misma sea una misma en todas las situaciones posibles y a pesar
de todo, que no es poco.
Para
que eso se dé es necesario que no se enjuicie: uno escucha lo que el
otro transmite sin verter en sus palabras pensamientos externos morales o
de cualquier otro tipo que se generalicen al todo. Quiero decir: sí se
valora la actitud, el comportamiento, la acción determinada, pero de
ninguna manera se expande al verbo "ser". Es, sencillamente, algo que
tiene que ver con el "estar", con el momento, con la acción concreta. Se
evita la generalización enjuiciada. Y, de esa manera, yo, que he hecho
algo mal o bien, no tengo problema en haber actudado de esa manera,
porque es remediable, porque es algo puntual, porque la opinión que de
mi tiene esa persona con la que me comunico no varía por una acción
acertada o equivocada, sino que sólo pincela, detalla, lo que soy. Y mi
opinión de mi misma, la que me define, tampoco.
Cuando
me encuentro con alguien que es de esta manera me saltan todas las
alertas de admiración; me brotan hojas en los brazos; me salen raíces en
las piernas y alas en el alma... Y, de manera inevitable, comienzo a
admirar a esa persona, a ser consciente de la suerte que tengo al tener
cerca un ser que escucha siempre desde el "vamos a ver" y nunca desde el
"espero que..."
El
sentir que alguien se comporta de esa manera hace que una,
irremediablemente, actúe de la misma forma y se pasa de la constante
tensión que provoca el "acertar" al valorar la actitud a la
comunicación tranquila, espontánea; se pasa de ser juez a ser amigo,
oyente, confidente, auxilio...
Yo
he tenido que trabajar mucho sobre eso y ahora empiezo a ver los
resultados. He aprendido mucho de la gente que es así y ha tenido a bien
escogerme entre sus amistades. Ahora la vida me parece maravillosa cada
día; me admira la gente que lucha por aquello que desea, aunque su
deseo esté muy lejos del mío; me encanta escuchar a personas opuestas a
mi; me parece envidiable que cada uno tenga en su mano la capacidad de
error y la ejerza sin miedo; me gusta ver como la gente acierta en las
decisiones; me siento feliz de no tener que estar sacando el libro de la
moralidad a cada paso...
Al final, y según mi maravilloso descubrimiento, el ser autentícamente libre es el que permite que los demás lo sean.
Gracias a los que me liberáis cada día.
...desde siempre, Señor.
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lunes, 26 de mayo de 2014
La libertad 8.01.2012
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