Asumir las consecuencias de una orden
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Hoy
estaba pensado yo en ese tema, en el de asumir las consecuencias de las
órdenes. No me parece que sea algo demasiado fácil, pero tampoco creo
que sea demasiado pedir, ¿verdad?...
Cuando
una persona tiene una posesión viva, a veces debe dar órdenes que no
sean entendidas o apreciadas por el ser al que van dirigidas. No estoy
hablando de órdenes del género bobo (que darían también para escribir un
largo libro), sino de aquellas cosas que se desean o se ven claras
desde el otro lado de la barrera y que no tiene por qué ser
necesariamente compartidas.
Un
Amo (entendámoslo como Dominante con posesión) debe estar dispuesto a
asumir que, para conseguir ciertas cosas, ha de dar ciertas órdendes,
pero eso supone que no siempre se acierte o que eso implique, por
definición, la asumpción (¡joé con las palabrillas que uso) de esa
pertenencia.
Yo
no tengo costumbre de mandar a quien no me importa. Pero sí la tengo
(y, además, me parece necesario) de hacerlo con quien me tiene
consideración y a quien debo ese mandato (hablo, por supuesto, del
trabajo y de las personas que dependen de mi en la vida personal). Lo
hago consciente de las consecuencias (por lo menos, de todas aquellas a
las que puedo llegar: siempre se escapan algunas) y siempre con la
persona "mandada" en mi cabeza. A veces, sencillamente, me apetece que
ocurra algo, pero entiendo que mis caprichos no son razón suficiente
para que otra persona (cuyo deseo fundamental en la vida no es el de
complacerme) tenga que realizarlo. Supongo que ésa es la diferencia
entre una menda y un Amo/a, ¿no?...
De
todas maneras, y puesta a pensar en estas cosas desde el punto de vista
de la sumisión, me da la sensación de que algunas veces algunos
Dominantes/Amos prefieren decir "Me gustaría que lo hicieras porque te
sale a ti". Y he llegado a varias conclusiones, algunas crueles. Allá
voy:
1.-
El Amo no quiere "mojarse". Si exige algo debe ser consecuente y actuar
de manera que se aprecie el valor que da a ese esfuerzo. En caso de
reclamación siempre puede decir "No te lo pedí", y ¡ancha es
Castilla!.... Ya, ya... pero no ser explícito en los deseos no quiere
decir que no se perciban, ¿no creen?
2.-
El Amo no desea tener que dar explicaciones posteriores. A veces,
cuando las cosas no salen como se hubiera deseado, tendemos a hacer uso
de la "memoria histérica" y echarmos en cara reproches del tipo "Me
pediste que... y lo hice. Ahora, ¿Qué?". El Amo, en este supuesto, se
escuda en "Nunca te pedí nada" y se queda más ancho que largo.
3.-
El Amo, sencillamente, quiere que la otra persona trate de complacerlo
sin tener que decirle nada. Ëste es un caso delicado, porque roza la
inocencia y la maldad por los dos límites extremos. Parece que la
"culpa" de no haberlo hecho siempre tiene que recaer en la parte sumisa,
generalmente por desconocimiento de los verdaderos deseos de ese ser
especial (¡haberme conocido mejor!, puede decir...)
4.-
El Amo no quiere premiar (o castigar) esa conducta, en caso de que se
diera, y prefiere que ocurra sin tener que asumir las consecuencias de
la orden. Esto es terrible porque, en realidad, lo único que quiere
decir es que la sumisa le importa menos que las botas de Jacinto (uno de
mi pueblo) y no tiene ninguna intención de valorar ese hecho.
Supongo
que hay muchas más, pero todas quedan reducidas a la falta de
comunicación o de interés. El Amo ha de comunicarse con su sumisa, de
manera más o menos sutil o explícita, para que ésta sepa (en
determinadas situaciones) lo que debe hacer. No siempre, claro: la magia
del deseo también tiene que hacer lo suyo. Y para que sepa que se
aprecia el esfuerzo por satisfacer a su Dios Creador (o como quiera que
lo llamen ustedes).
En fin... pensamiento de martes por la noche.
Un respetuoso saludo y mil y un besos para quien los quiera.
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lunes, 26 de mayo de 2014
Asumir las consecuencias de una orden 18.10.2011
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