lunes, 26 de mayo de 2014

Asumir las consecuencias de una orden 18.10.2011

Asumir las consecuencias de una orden
 
Hoy estaba pensado yo en ese tema, en el de asumir las consecuencias de las órdenes. No me parece que sea algo demasiado fácil, pero tampoco creo que sea demasiado pedir, ¿verdad?...

Cuando una persona tiene una posesión viva, a veces debe dar órdenes que no sean entendidas o apreciadas por el ser al que van dirigidas. No estoy hablando de órdenes del género bobo (que darían también para escribir un largo libro), sino de aquellas cosas que se desean o se ven claras desde el otro lado de la barrera y que no tiene por qué ser necesariamente compartidas.

Un Amo (entendámoslo como Dominante con posesión) debe estar dispuesto a asumir que, para conseguir ciertas cosas, ha de dar ciertas órdendes, pero eso supone que no siempre se acierte o que eso implique, por definición, la asumpción (¡joé con las palabrillas que uso) de esa pertenencia.

Yo no tengo costumbre de mandar a quien no me importa. Pero sí la tengo (y, además, me parece necesario) de hacerlo con quien me tiene consideración y a quien debo ese mandato (hablo, por supuesto, del trabajo y de las personas que dependen de mi en la vida personal). Lo hago consciente de las consecuencias (por lo menos, de todas aquellas a las que puedo llegar: siempre se escapan algunas) y siempre con la persona "mandada" en mi cabeza. A  veces, sencillamente, me apetece que ocurra algo, pero entiendo que mis caprichos no son razón suficiente para que otra persona (cuyo deseo fundamental en la vida no es el de complacerme) tenga que realizarlo. Supongo que ésa es la diferencia entre una menda y un Amo/a, ¿no?...

De todas maneras, y puesta a pensar en estas cosas desde el punto de vista de la sumisión, me da la sensación de que algunas veces algunos Dominantes/Amos prefieren decir "Me gustaría que lo hicieras porque te sale a ti". Y he llegado a varias conclusiones, algunas crueles. Allá voy:

1.- El Amo no quiere "mojarse". Si exige algo debe ser consecuente y actuar de manera que se aprecie el valor que da a ese esfuerzo. En caso de reclamación siempre puede decir "No te lo pedí", y ¡ancha es Castilla!.... Ya, ya... pero no ser explícito en los deseos no quiere decir que no se perciban, ¿no creen?

2.- El Amo no desea tener que dar explicaciones posteriores. A veces, cuando las cosas no salen como se hubiera deseado, tendemos a hacer uso de la "memoria histérica" y echarmos en cara reproches del tipo "Me pediste que... y lo hice. Ahora, ¿Qué?". El Amo, en este supuesto, se escuda en "Nunca te pedí nada" y se queda más ancho que largo.

3.- El Amo, sencillamente, quiere que la otra persona trate de complacerlo sin tener que decirle nada. Ëste es un caso delicado, porque roza la inocencia y la maldad por los dos límites extremos. Parece que la "culpa" de no haberlo hecho siempre tiene que recaer en la parte sumisa, generalmente por desconocimiento de los verdaderos deseos de ese ser especial (¡haberme conocido mejor!, puede decir...)

4.- El Amo no quiere premiar (o castigar) esa conducta, en caso de que se diera, y prefiere que ocurra sin tener que asumir las consecuencias de la orden. Esto es terrible porque, en realidad, lo único que quiere decir es que la sumisa le importa menos que las botas de Jacinto (uno de mi pueblo) y no tiene ninguna intención de valorar ese hecho.

Supongo que hay muchas más, pero todas quedan reducidas a la falta de comunicación o de interés. El Amo ha de comunicarse con su sumisa, de manera más o menos sutil o explícita, para que ésta sepa (en determinadas situaciones) lo que debe hacer. No siempre, claro: la magia del deseo también tiene que hacer lo suyo. Y para que sepa que se aprecia el esfuerzo por satisfacer a su Dios Creador (o como quiera que lo llamen ustedes).

En fin... pensamiento de martes por la noche.

Un respetuoso saludo y mil y un besos para quien los quiera.

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