viernes, 2 de octubre de 2015

La percepción y sus errores Publicado el 2 de octubre de 2015

La percepción y sus errores
 
 
Lo que está claro es que no sabemos cómo perciben los demás. Nos hacemos una idea por cómo lo sentimos nosotros, pero no podemos decir a ciencia cierta que sabemos cómo les llega.
 
A veces causamos dolor sin darnos cuenta, bien por negligencia o porque, sencillamente, no sabemos el momento emocional en el que está la otra persona.
 
Eso me ha pasado a mi. Tengo la sensación de haber causado daño a alguien a quien aprecio y quiero, cuando no hay ni ha habido en mi intención nada que se aproximara a eso. Evidentemente, no puedo meterme en la cabeza de los demás ni condicionar mis acciones a lo que supongo que los demás pueden suponer, pero hoy una amiga me ha hecho consciente de que esa percepción puede existir.
 
Sólo quiero decir que nada de lo escribo va dirigido a nadie. Nunca. Escribo sobre mi y doy vueltas a mis cosas, pero no pretendo demonizar a nadie, y menos a quien quiero.
 
A veces esa percepción errónea de la situación emocional no nos deja empatizar. Y aquí entono un "mea culpa" porque he sido ajena a ese posible dolor (que tampoco sé siquiera si existe, pero sí que puede existir).
 
En el BDsM he tenido la suerte de encontrar gente maravillosa. Algunas de esas personas siguen en mi vida; otras, no. Pero no por ello dejan de ser alucinantes.
 
(PD: Agradecería que en este post no hubiera comentarios, aunque, evidentemente, sois libres de dejarlos si sentís la necesidad de hacerlo).

Realidad y fantasía Publicado del 1 de octubre de 2015

Realidad y fantasía
 
 
Las personas pueden disfrutar de muchas maneras: una de ellas es la realidad; y otra, la fantasía.
 
En mi experiencia, las personas que nos asimos a la primera, probablemente tenemos historias mucho menos brutales e interesantes que narrar, y a los ojos de la persona que lee, resultan menos atractivas. No pasa nada. Es una opción.
 
A mi me hastían las que son irreales y me venden como si no lo fueran, las que me intentan hacer comulgar con ruedas de molino. En el aspecto fantástico, me encanta leer y soñar con esas situaciones tremendas, pero entiendo que no dejan de ser relatos creados en algún lugar de la imaginación (tan necesaria como bella), pero en otro plano. Por desgracia, hay gente que se confunde. Tampoco pasa nada.
 
Tenemos una edad (y supuestamente, una madurez) que implica cierta capacidad de discernimiento. Quien no quiera aplicarla, pues ¡bendito sea Dios! A mi, el lado santa Teresa cada vez me pide más que me ocupe de lo mío (en este sentido), más que nada porque he comprobado que quien desea confundir realidad y fantasía, va a encontrar siempre una manera de hacerlo.
 
Y a lo que iba: a mi me encantan todas las historias, pero he de reconocer que aquellas que "suenan a ciertas" me ponen mucho más ;-)

El placer Publicado el 24 de septiembre de 2015

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Qué es para mi el BDSM Publicado el 22 de septiembre de 2015

Qué es para mi el BDSM
 
Llevo algún tiempo en el BDSM y he llegado a varias conclusiones. Puede que no estéis de acuerdo y entramos a debatirlas, si os parece bien, pero son las que tengo en este momento:
 
- El BDSM es placer. A través del sexo, del dolor, de la Dominación, de la sumisión, de retos alcanzados, de metas por alcanzar... De lo que sea, pero conlleva placer para todas las partes.
 
- El BDSM es respeto. Y no me refiero a las reglas del SSC (sano, seguro y consensuado), sino al que debe existir entre los integrantes de la relación. Pueden desarrollar las prácticas que les apetezcan (por brutas que parezcan a otras personas), pero el respeto al ser que tenemos delante ha de ser prioritario en todo momento. Sin respeto el BDSM es inconcebible.
 
- El BDSM es tormento y paz. Tormento en el sentido de momentos de agitación y expectación, de nervios, de deseo, de autocontrol, de desenfreno... Paz en la vuelta a ese limbo en el que vamos conciliando lo que fuimos, lo que somos y lo que seremos, integrando los cambios que se producen en nuestro interior.
 
- El BDSM puede mejorar a cada uno. En la medida en la que nos obliga a realizar un viaje interior, de descubrimientos y hallazgos de todo tipo, también nos ayuda a ser mejores desde la realidad de lo que somos y no desde la imagen que deseamos ser o tener. (Claro que esto depende de la capacidad de cada uno para hacer introspecciones y sacar lo mejor de cada situación).
 
- El BDSM es para quien lo desee. Pensar que el resto del mundo no entiende, no comprende o no practica porque no conoce es un error tremendo. El BDSM es para quienes deseamos vivirlo, e intentar llevar a él a gente que no siente ninguna atracción (e incluso aversión) es un tremendo error.
 
- El BDSM es vida. Pura, salvaje, relajada. Remanso y locura.
 
Y darse cuenta de que cada día es una hoja vírgen para escribirla con nuestra mejor letra.

Batallitas (1ª parte) Publicado el 19 de septiembre de 2015

Batallitas (1º parte)
 
 
Vida y yo hemos hablado muchas veces del tema de las fantasías. Yo he llegado a la conclusión de que, en muchas ocasiones, deben quedar relegadas a ser eso: imágenes o emociones mentales que recreamos de esa manera, porque, en general (y no conozco a nadie que me haya contado lo contrario), cuando las intentamos llevar a cabo, quedan bastante lejos de lo que tan clara y precisamente habíamos ordenado y vivido en nuestra cabecita.
 
El caso es que una de mis fantasías era sentirme puta. Puta-semi puta, pero sin serlo y escogiendo al cliente (como es una fantasía puedo desear lo que me dé la gana, así que no hay réplicas posibles a eso).
 
En mi cabeza había recreado una y mil veces cómo hacerlo y, en las ocasiones en las que me lo permitía (porque mi censura emocional también ha tenido sus momentos), ideaba cómo sería aquello de que un tío se fuera conmigo sólo para follarme, sin más ni menos, y sin tener ningún tipo de deferencia para con mi placer. Lo del dinero era lo de menos: podría ser una semi puta por placer.
 
Fantasías.
 
En una de las ciudades en las que he vivido resulta que mi casa cuadraba cerca de una zona de putas que me pillaba de paso cuando venía de ver a unos buenos amigos (cosa que hacía con bastante frecuencia). Al principio, observaba (sin pararme, por si acaso) a las chicas: cómo se movían, cómo tentaban, cómo reaccionaban cuando algún coche bajaba la ventanilla... Aquello me parecía muy enriquecedor y, de alguna manera, fomentaba mi fantasía.
 
Hasta que empecé a observar a los que paraban. Joer. Ahí se me quitó la ilusión de hacerlo realidad. La actitud de ellas me resultaba tremendamente atractiva e interesante, pero ellos parecían sucios, desaliñados, desagradables y deseperados (para puta, desde luego, hay que tener muchas tragaderas y va a ser que no es mi caso. Mierda de puta. Maravillosa fantasía irrealizable)
 
Y decidí que no la llevaría a cabo, por lo menos de esa manera.
 
Con el tiempo, descubrí que había otra posibilidad. Un Dominante bastante divertido, con el que había tenido algún encuentro ocasional, y dado al juego BDSMero, me pareció ser la persona a la que comentarle lo que me apetecía.
 
Lo hablamos. Él tenía ciertas reticencias por el tema de dejarme allí, tirada como una colilla, y que yo me quedara hecha polvo. Pero, dado que no teníamos un vínculo emocional que pudiera partir nada en mi y que físicamente era una persona que ya me había demostrado que no iba a hacer nada más allá de lo que mi cuerpo admitiera, pues... ¡nos lanzamos!
 
Quedamos en vernos un día. Él llamaría al timbre. Yo abriría la puerta y, sin mediar palabra, iríamos a donde él me llevara y me follaría de todas las maneras que quisiera (en lo humanamente posible). La condición: ni una sola palabra. Nada de afectos. Nada de ¿qué tal?. Nada de palabras. Nada. En todo caso, "ponte aquí, ponte allí, haz esto o haz lo otro". Cuando él se sintiera satisfecho, cogería la misma puerta por la que entró para marcharse y, hala, si te he visto no me acuerdo.
 
Así lo hicimos. Según el plan elaborado. Todo, más o menos (ya sabéis que siempre hay cosas que se escapan a nuestro plan) bien.
 
... La puerta se cerró y él se marchó.
 
Yo me quedé en la cocina, fumando y pensando en que igual aquello no era exactamente como lo había pensado, pero que tenía su punto. Ser usada sin más (por lo menos, con ese hombre, en ese momento determinado) había estado bastante bien.
 
Pero, claro, la dicha no podía ser completa.
 
Sonó el teléfonillo: "Ding Dong"
 
Me hice la sueca, del mismo Estocolmo.
 
Volvió a sonar.
 
Mierda!
 
Estocolmo, Estocolmo...
 
Otra vez... Jo... Ya era inevitable: lo mismo se había olvidado las llaves del coche, o se había metido una leche contra las escaleras... Yo qué sé... No podía dejar de contestar. Lo primero, siempre, es el humano que llevamos dentro. O igual hasta no era él...
 
- ¿Sí? - (una deplorable voz en mi interior deseaba que le hubiera sucedido algo terrible por lo que no hubiera tenido otra opción que llamar)
 
- ¿Puedo subir?-
 
(Mierda, mierda, mierda)
 
- Claro, sube- (aquella voz interior me susurró : ¡te jodes!)
 
(¿Qué le habrá pasado?)
 
Ding dong (timbre de la puerta)
 
Abro.
 
Este maravilloso hombre, pleno y feliz, me sonríe y me pregunta:
 
- ¿Qué tal estás?...
 
(Mierda, mierda, mierda...)
 
- Pasa, anda, vamos a tomar un café y nos echamos unas risas.
 
.........
 
Definitivamente, va a ser que las fantasías son sólo para el alma.