Las divas. Aviso: ladrillo a la vistaaaaaaaaaaaaaaaaaaa
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Ya
lo había escuchado otras veces, no voy a negárselo. Incluso yo he
creído que era real en ocasiones, por desgracia. Pero es que últimamente
lo oigo demasiado y, sinceramente, me chirrían los óidos.
Hablo
de "las divas". Son esos nicks (con persona detrás o delante, por
supuesto) que tienen cierta popularidad en las páginas de internet.
Suelen hablar o escribir mucho y da la sensación de que son expertas en
la materia, no tanto porque quieran dar esa impresión, sino porque
quienes las perciben lo hacen de esa manera.
Yo
he de reconocer que las primeras veces que entré en internet hubo gente
a la que subí a un pedestal. Y que esa gente, en cierta manera, fue un
modelo que tomé durante un tiempo, hasta que me asentaba en el mundo
cibernético, de las formas, la sapiencia y el protocolo. He de reconocer
que me ayudaron cuando pedí ayuda y que gracias a ellas entendía
algunas de las cosas que desconocía. Pero...
(ahora viene cuando la matan)
...
Pero nada de eso es cierto. Nada. Las divas cibernéticas, al igual que
las de la vida cinematográfica, las estrellonas con abrigos de piel
luciendo palmito en los estrenos o en las entregas de premios, llegan a
casa y se descalzan, como todo el mundo.
Necesitan
comer, beber, vivir, sentir, querer, sentir labios, desahogarse,
enfadarse, contestar... Las divas son nosotros vistos desde enfrente.
Hubo
un tiempo en que yo creí que era diferente, y me gustaba creer que la
gente me veía como a una diva del mundo de internet. Ahora miro atrás y
sé que fui tonta, pero creo que era necesario pasar por aquello para
llegar a esto. A ver si consigo explicarme bien: era gilipollas de todas
las muelas, pero gracias a haber entendido y asumido eso, ahora soy un
poco menos boba que entonces.
Ahora,
sinceramente, me molesta que me crean "una diva". No se pueden imaginar
ustedes cuánto me revienta escucharlo, porque me da la sensación de que
he vuelto a las andadas: a ser esa máscara-todo-lo-sé que impide a la
gente acercarse y a mi salir de mi misma.
Ahora
escribo cuando me apetece, lo que me da la gana, como me sale de
dentro... y entiendo que no gustaré a todo el mundo y que ya hace tiempo
que eso no me importa. A ver... me gustaría ser tan maravillosa de la
muerte que todo el mundo pudiera sentir lo que siento; o decir "¡anda... eso diría yo si me saliera!", pero sé que no es así, que cada uno somos un mundo diferente y que es bueno escuchar a quienes no están de acuerdo.
Me
gustaría que todo el mundo se sintiera tan libre como yo para decirme
lo que siente, si es que le apetece, aunque eso suponga que mi orgullito
se resienta de vez en cuando.
¡Menos
que están ustedes, mis amigos, que me agarran por los pelos, me
dicen"cursi y puta" y "gracias a lo que sea que te das cuenta de que
eras más boba que tó" para que pueda ser yo sin divinidades!...
Me
gusta escribir. Me encanta. Es quizá la adición más grande que tengo.
Necesito poner mis palabras sobre lienzo y eso puede confundirse con
querer ser diva. Lo sé. Pero les aseguro que no es mi intención.
A
mi me gustan los rincones, poder observar sin ser vista, entender lo
que mueve a la gente y cómo funcionan. Ser el centro de atención sólo me
sienta bien cuando estoy rodeada de gente a la que quiero y sé que me
quiere, precisamente porque saben todas las grietas que hay en los
detalles de esta venus del espejo.
Lo
dicho siempre: gracias por quererme, por dejar que me creyera diva y
fuera tonta, por seguir aquí cuando he vuelto y por llamarte puta y
cursi... Puede que sean dos de las cosas más bonitas que me hayan dicho
nunca.
Os quiero por lo que sois y por la belleza que despertáis en mi.
Saludos de diva venida a menos... ¡gracias a Dios! (¿o era "gracias, adiós?) :-)
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lunes, 26 de mayo de 2014
Las divas (aviso: ladrillo a la vista) 5.11.2011
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