lunes, 26 de mayo de 2014

Confesiones de cama 11.10.2011

Confesiones de cama
 
Siempre estaré aquí. Los dos lo sabemos. Yo no me moveré hasta que tú lo ordenes o lo desees. Sabes que te quiero. Sabes que deseo que seas libre, que seas feliz. Me gusta verte excitado y contento, aunque no sea yo quien lo provoca. Me gusta saberte crecido y henchido de orgullo. Porque lo mereces. Porque sacas de mi lo mejor. Porque estando contigo la vida es sueño.

Sé que te pierdes la posibilidad de disfrutarme (¡qué poco sumiso esto, por Diossss!), pero no puedo (y probablemente, tampoco quiero) evitar que así sea. Algún día, puede, te darás cuenta. Y yo seguiré aquí. Porque es la decisión que he tomado, la que deseo ahora, en estos ahoras eternos que pasan pero son eternos mientras duran.

Sé que me quieres aunque a veces dudo que me desees. Sé que suena raro que me importe poco, pero es que las cosas no son siempre como debieran.

Tú y yo no debimos habernos casado (entre nosotros, claro) nunca. Por eso no lo hicimos. Ni lo haremos. Porque yo soy tu refugio cuando las cosas no van como deseas. Soy tu descanso del guerrero en el sentido menos sexual de la expresión. Y me gusta que así sea. Así es como tú deseas que sea, y así lo acepto.

De vez en cuando me entran dudas de mi, de ti, de ser esta cama que te espera siempre preparada; de no ser quien está encima, pero ser mueble tiene a veces estos problemas...

Siempre dije que preferiría ser alacena, la verdad, pero me he dado cuenta de que ser cama está bastante bien porque me gusta verte disfrutar, verte soñar, verte crear... Me gusta hacerme perfecta para que duermas como si la vida se fuera en cada noche. Me encanta sentir tu despertar, cansado, cada mañana.

Sólo te pediría, si puede ser, que cambies las sábanas que has puesto esta semana: me tienen preocupada porque murmuran cuando te marchas. Creo que se arrugan a propósito para que tu descanso no sea perfecto. Me ponen las cosas difíciles, pero, ¡claro! disfruto tanto cuando las aliso...

Las que son realmente encantadoras son las mesillas, pero no sé si soy demasiado objetiva porque venían conmigo. Es una maravilla poder charlar con ellas cada mañana, cuando todavía estamos entumecidas del sueño, o por la noche... justo antes de tener pleno sentido de lo que somos cada una.

En fin: pues eso. Ser cama me tiene encantada. Ser tu refugio, el último lugar donde suspiras cada día.

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