Confesiones de cama
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Siempre
estaré aquí. Los dos lo sabemos. Yo no me moveré hasta que tú lo
ordenes o lo desees. Sabes que te quiero. Sabes que deseo que seas
libre, que seas feliz. Me gusta verte excitado y contento, aunque no sea
yo quien lo provoca. Me gusta saberte crecido y henchido de orgullo.
Porque lo mereces. Porque sacas de mi lo mejor. Porque estando contigo
la vida es sueño.
Sé
que te pierdes la posibilidad de disfrutarme (¡qué poco sumiso esto,
por Diossss!), pero no puedo (y probablemente, tampoco quiero) evitar
que así sea. Algún día, puede, te darás cuenta. Y yo seguiré
aquí. Porque es la decisión que he tomado, la que deseo ahora, en estos
ahoras eternos que pasan pero son eternos mientras duran.
Sé
que me quieres aunque a veces dudo que me desees. Sé que suena raro que
me importe poco, pero es que las cosas no son siempre como debieran.
Tú
y yo no debimos habernos casado (entre nosotros, claro) nunca. Por eso
no lo hicimos. Ni lo haremos. Porque yo soy tu refugio cuando las cosas
no van como deseas. Soy tu descanso del guerrero en el sentido menos
sexual de la expresión. Y me gusta que así sea. Así es como tú deseas
que sea, y así lo acepto.
De
vez en cuando me entran dudas de mi, de ti, de ser esta cama que te
espera siempre preparada; de no ser quien está encima, pero ser mueble
tiene a veces estos problemas...
Siempre
dije que preferiría ser alacena, la verdad, pero me he dado cuenta de
que ser cama está bastante bien porque me gusta verte disfrutar, verte
soñar, verte crear... Me gusta hacerme perfecta para que duermas como si
la vida se fuera en cada noche. Me encanta sentir tu despertar,
cansado, cada mañana.
Sólo
te pediría, si puede ser, que cambies las sábanas que has puesto esta
semana: me tienen preocupada porque murmuran cuando te marchas. Creo que
se arrugan a propósito para que tu descanso no sea perfecto. Me ponen
las cosas difíciles, pero, ¡claro! disfruto tanto cuando las aliso...
Las
que son realmente encantadoras son las mesillas, pero no sé si soy
demasiado objetiva porque venían conmigo. Es una maravilla poder charlar
con ellas cada mañana, cuando todavía estamos entumecidas del sueño, o
por la noche... justo antes de tener pleno sentido de lo que somos cada
una.
En fin: pues eso. Ser cama me tiene encantada. Ser tu refugio, el último lugar donde suspiras cada día.
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lunes, 26 de mayo de 2014
Confesiones de cama 11.10.2011
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