lunes, 26 de mayo de 2014

Mi rosal 15.08.2011

Mi rosal
 
Un vez me regalaron un rosal "enano". Me pareció muy poético. Lo llevé a casa y lo cuidé. Se le cayeron las flores y lo podé. Lo regaba todos los días con cuidado, con mimo. El rosal daba la sensación de estar muerto y aquello me pareció muy poco poético. Pero yo seguía cuidándolo porque quería a ese rosal, porque merecía mi esfuerzo diario, porque había sido bello, porque había tenido vida y por una razón que todavía no conozco. Lo cuidé. Lo mimé. A veces me daba la sensación de estar perdiendo la esperanza, pero el rosal no mostaba signos de empeoramiento, así que seguía regándolo, hablándolo, cuidándolo...
Un día sacó un brote.
Al poco tiempo tenía hojas.
Comenzó a crecer, a crecer, a crecer... A florecer, a florecer, a florecer...
Ahora ya no es un rosal enano. Cada vez se hace más grande. Yo sigo cuidándolo y mimándolo. Estoy orgullosa de sus flores, de su crecimiento, de que no se haya rendido nunca...
A veces lo toco y me pincho con las espinas. Una vez me clavé una y me la tuvieron que sacar. Mi hizo daño. Pero entiendo que es un rosal. Imposible sin ellas.
Cuando lo miro me doy cuenta de que es mío. Y me sonrío. Esta posesión me hace grande, pero me da mucho trabajo.
Ahora entiendo...

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