Interpretar a Beethoven
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Miren ustedes qué cosas...
Hace
poco me he dado cuenta de que las percepciones son las que hacen que
alguien sea poeta. No es la forma de decirlo, que sí, que es necesario,
sino el hecho de que ven las cosas de otra manera, que su cerebro
procesa la información de una manera diferente a la del resto de la
gente. Y ayer resulta que tuve un momento poeta. Comprenderán que no
tengo ningún mérito en ello puesto que no he tenido que pensar y pensar
en imágenes bonitas para exponerlas... No. Sencillamente les cuento lo
que sentí.
Mi
Amo es músico. Llevo unos días observándolo y ahora puedo decirlo con
plena conciencia. Toca el piano cada noche para mi, conmigo. Cuando lo
hace, las manos se pasean por el teclado como si fueran hormigas
laboriosas y su cabeza hace pequeños movimientos laterales que a veces
combinan con verticales. Es tremendamente rítmico.
Sus
brazos, doblados por los codos, tienen la independencia necesaria entre
sí para que la mano derecha, necesitando saber lo que hace la
izquierda, sea capaz de decir lo que le toca sabiendo que ambas van al
compás. La otra, acompaña incensantemente, sin descanso, interpretando
aquello que da sentido pleno a la unidad de ambas.
Sus
ojos a veces se elevan, como en ese éxtasis místico que les entra a los
que cuentan con las manos, y me mira, pero desde lejos, desde ese otro
país reservado sólo para quienes sienten la magia del lenguaje de las
partituras...
Normalmente
interpreta a Beethoven: el principio de la explosión, los primeros
extremos extremándose, la belleza de la comunión de la pasión, del
deseo y la razón. La libertad y genialidad de quien excede los límites
establecidos para decir: "Se puede, Señores... se puede".
Otras,
Wagner. Cuando lo toca todo cambia: sus movimientos se hacen mucho más
bruscos y la cara asume otro gesto. Los extremos se afinan tanto que
tienden al infinito cada uno por su lado y la paz que sale de su alma
con Beethoven se extingue para dar paso a tormentos infinitos buscando
un lugar donde reposar.
Nunca
le he visto tocar algo de Mozart. Supongo que, precisamente por
clásico, no le encuentra sentido a los pequeños cambios que dan sentido a
la obra. LLegará a Amadeus, seguro, pero por ese camino lento que
supone empezar siempre por lo que nos conmueve a primer oído..
Yo
estoy deseando que llegue al jazz porque tendrá toda la libertad del
mundo para mover las manos acompasándose con el resto del cuerpo y de su
voz saldrán todo tipo de sonidos que me llevarán, seguro, al Nirvana.
De
todas maneras, inteprete lo que interprete, es capaz de hacer que las
hormigas pentagrámicas salgan de su teclado y lleguen directas a mi
corazón.
...desde siempre.
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lunes, 26 de mayo de 2014
Interpretar a Beethoven 4.12.2011
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