lunes, 26 de mayo de 2014

Interpretar a Beethoven 4.12.2011

Interpretar a Beethoven
 
Miren ustedes qué cosas...

Hace poco me he dado cuenta de que las percepciones son las que hacen que alguien sea poeta. No es la forma de decirlo, que sí, que es necesario, sino el hecho de que ven las cosas de otra manera, que su cerebro procesa la información de una manera diferente a la del resto de la gente. Y ayer resulta que tuve un momento poeta. Comprenderán que no tengo ningún mérito en ello puesto que no he tenido que pensar y pensar en imágenes bonitas para exponerlas... No. Sencillamente les cuento lo que sentí.

Mi Amo es músico. Llevo unos días observándolo y ahora puedo decirlo con plena conciencia. Toca el piano cada noche para mi, conmigo. Cuando lo hace, las manos se pasean por el teclado como si fueran hormigas laboriosas y su cabeza hace pequeños movimientos laterales que a veces combinan con verticales. Es tremendamente rítmico.

Sus brazos, doblados por los codos, tienen la independencia necesaria entre sí para que la mano derecha, necesitando saber lo que hace la izquierda, sea capaz de decir lo que le toca sabiendo que ambas van al compás. La otra, acompaña incensantemente, sin descanso, interpretando aquello que da sentido pleno a la unidad de ambas.

Sus ojos a veces se elevan, como en ese éxtasis místico que les entra a los que cuentan con las manos, y me mira, pero desde lejos, desde ese otro país reservado sólo para quienes sienten la magia del lenguaje de las partituras...

Normalmente interpreta a Beethoven: el principio de la explosión, los primeros extremos extremándose, la belleza de la comunión  de la pasión, del deseo y la razón. La libertad y genialidad de quien excede los límites establecidos para decir: "Se puede, Señores... se puede".

Otras, Wagner. Cuando lo toca todo cambia: sus movimientos se hacen mucho más bruscos y la cara asume otro gesto. Los extremos se afinan tanto que tienden al infinito cada uno por su lado y la paz que sale de su alma con Beethoven se extingue para dar paso a tormentos infinitos buscando un lugar donde reposar.

Nunca le he visto tocar algo de Mozart. Supongo que, precisamente por clásico, no le encuentra sentido a los pequeños cambios que dan sentido a la obra. LLegará a Amadeus, seguro, pero por ese camino lento que supone empezar siempre por lo que nos conmueve a primer oído..

Yo estoy deseando que llegue al jazz porque tendrá toda la libertad del mundo para mover las manos acompasándose con el resto del cuerpo y de su voz saldrán todo tipo de sonidos que me llevarán, seguro, al Nirvana.

De todas maneras, inteprete lo que interprete, es capaz de hacer que las hormigas pentagrámicas salgan de su teclado y lleguen directas a mi corazón.

...desde siempre.

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