viernes, 31 de octubre de 2014

Reflexiones de "hoy no voy a trabajar y pienso en otra cosa" 31.11.14

Reflexiones de "hoy no voy a trabajar y pienso en otra cosa"
 
Y así, aunque parezca que es una chorrada, resulta que lo que se me ha venido a la cabeza tiene tela que cortar. Y mucha.

Me ha dado por pensar en la libertad e independiencia de la sumisa, y en la acitud que el Dominante puede tener ante ello.

Existen varias posibilidades por combinatoria pura (¡ufff con las asignaturas del instituto! ¡cuánto trabajo me están dando estos días!):

1) La sumisa no es independiente ni libre y al Amo le gusta.
1) La sumisa no es independiente ni libre y al Amo no le gusta.
3) La sumisa es independiente y libre y al Amo le gusta.
4) La sumisa es independiente y libre y al Amo no le gusta.

Básicamente, la libertad y la independencia (no es que vayan juntas, pero sino la combinatoria se ampliaba demasiado) son cualidades que parecen sobrar en una sumisa, pero (y aquí es cuando la matan) yo no creo que sea así.

Nadie puede dar lo que no tiene. Y digo yo que cada sumisa regala y entrega a su Amo lo que mejor le parece (y hace bien), pero, desde mi punto de vista, lo que más valor tiene en el ser humano es precisamente esa libertad e independencia.

Normalmente, es el resultado de años de trabajo en una misma, de estudio, de reflexiones, de caídas y levantamientos... La libertad y la independencia no surgen de la nada, sino que son una consecuencia de comportamientos, aprendizajes y decisiones vitales.

Que una sumisa sea una mujer independiente y decida regalar esa libertad y forma de vida a alguien debe ser, para el Dominante, una fuente inmensa de placer y orgullo. 

Digo yo. Que también puede ser lo contrario y resulta que mi día ocioso me está traicionando.
 
 

Si A----->B 29.11.14

Si A---->B

No sé si vosotros habéis estudiado alguna vez lógica proposicional. Yo sí. Fue en filosofía del instituto. A mi era una cosa que me apasionaba.

La primera de las premisas era:

 A----->B

Que quería decir que si ocurría una cosa determinada (A), entonces, inevitablemente, sucedería la segunda (B).

Se podían encadenar tantas como quisieras:

 A----->B ------->C------->D

Y eso quería decir que si ocurría la primera, entonces todas las demás también sucederían.

También había un enunciado que decía "Si y sólo si". Genial, porque mientras que en el primer caso todo sucedería de manera inevitable y era lo primero lo que cargaba con el peso, en el del "si y solo si" los dos dependían del otro.

Es decir: 

Si A---->B quiere decir que la primera implica la segunda, pero no que la segunda depende de la primera. B puede darse al margen de A.

Pero en A<--------->B  quiere decir que B sólo puede darse con A. Y que siempre que haya A se dará B.

Las relaciones bedesemeras pueden ser de dos maneras:

A------->B

A<-------->B

Pues eso. Demasiadas matemáticas y lógica proposicional en el instituto junto con la generalización del aprendizaje pueden hacer que, en cualquier momento, te vengan a la cabeza asociadas al BDSM y tenga la necesidad imperiosa de publicarlas en un blog.





Que me ha dado por el BDSM y la lógica proposicional, oye. Y la cosa es que me parece que están tremendamente unidas. Fascinantemente relacionadas...

Ya lo decía mi profesor: "No lo creéis, pero esto funciona en todas las facetas de la vida". 

Es lo que tiene la filosofía: vale para un roto y para un descosido.

Clases de lógica proposicional aplicada al BDSM:

A------>B (si A entonces B)

Si te mueves, te azoto, lo que no quiere decir que no te azote por otras cosas.

A------ >¬B (si A entonces no B)

Si te pones farruca, no te follo. Lo que no quiere decir que no te deje de follar por otras mil razones.

 A<--------->B (si A sólo si B)

Sólo serás mi sumisa si yo soy tu Amo. Y sólo seré tu Amo si tú eres mi sumisa.

¬A--------->B (no A implica B)

Si no te quejas, te hago un bastinado. Lo que no quiere decir que no te lo vaya a hacer por otras razones.


¬ A------->¬B (no A implica no B)
Si no te comportas como una perra obediente, no te sacaré de paseo, lo que no quiere decir que nos quedemos en casa aunque lo hagas.


E iré añadiendo las que surjan. Mola. Bienvenidas todas las aportaciones.



Comentarios de los usuarios:
  J.L. dijo el 30 de Octubre de 2014 a las 23:51...
Ya te vale, jajaja.
  shere{Baalkiss} dijo el 31 de Octubre de 2014 a las 09:10...
Como dicen en Granada: "¿É o no é?" ;-)

enviado 31 de Octubre de 2014 a las 09:10   

marea dijo ...
jajajajaja, si lo de antes me ponía, me voy a callar este comentario... jajajajaja yo me parto como te comes la cabezaaa


besazossss


Comentarios de los usuarios:
  shere{Baalkiss} dijo el 31 de Octubre de 2014 a las 09:12...
Jolín, marea: mi cabeza es algo impresionante: funciona sin parar las 24 horas del día y es que no se le ocurre una buena. ¡No sé qué hacer! ¡Me tiene agotada! ;-)

lunes, 27 de octubre de 2014

La confianza 28-10-14

La confianza.
 
 
La confianza. Uffff... ¡¡¡Vaya tema!!!
 
En BDSM siempre estamos hablado de ella como pilar fundamental de las relaciones, y casi siempre nos referimos a la que la persona sumisa ha de tener en la Dominante. Creo que eso lo tenemos más que aceptado y consideramos que es necesario que la sumisa crea que no va a hacerle mal, que es conciente de lo que hace, que sabe cómo hacerlo, que no se va a dorgar ni a mamar hasta las patas... Sí. Vale. Todos de acuerdo, ¿no?
 
Pero también es imprescindible que, para que ese disfrute exista, la persona Dominante ha de confiar en que la sumisa hará lo que tiene que hacer, será consciente y capaz de decir lo que siente (si es necesario) sin tapujos ni medias tintas; que obecederá las instrucciones (no tanto por un tema de obediencia sumisil, sino porque algunas prácticas requieren inmovilidad o una posición determinada y no seguirlas podría conducir al desastre); que está en plenas condiciones para no alterar el umbral del dolor... En fin: que tiene que SABER, con certeza, que la sumisa no hará algo que pueda dañar a alguno de los dos, a pesar de todos los cuidados que el Dominante pueda tener.
 
Pero hay más. Hay una confianza que se extiende más allá de lo puramente físico (que es de lo que he tratado hasta ahora). Supongo que ésa sólo se tiene  que dar (en el sentido de obligatoriedad) en las relaciones que también son pareja/trío... estable. La confianza en términos generales, ésa que se tiene habitualmente en los amigos  que se cuentan con los dedos de una mano y en la familia cercanísima. Pero aún va más allá.
 
La confianza de saber que puedes perderte en la otra persona, que puedes morir en ella, y que, si decidieras resucitar, aparecerías en sus brazos. La confianza de andar por un precipicio con los ojos cerrados sabiendo que no te dejará caer, que todos sus sentidos estarán puestos en ti y velarán porque llegues a la meta ( y me da igual que seas Dominante o sumiso).
 
Confianza como certeza de ser, de poder mostrarte como eres y que no se te ponga en tela de juicio, y que tú no tengas la necesidad de hacerlo. Confianza en que, cuando tú cojees, el otro caminará a tu lado, o se sentará a comer el bocadillo contigo. Confianza, vamos.
 
No consiste en estar de acuerdo en todo (sería tremendamente aburrido), ni siquiera en desear lo mismo, sino en saber, con certeza plena, que no hay lugar para las dudas. Y que si hay algo que chirría, se habla desde las ganas de conocer, desde la plena confianza en el otro, desde  queel saber hay una razón para todo (y no siempre tiene que ser la peor).
 
Desde mi punto de vista, esa confianza sólo es posible en reprocidad. Sólo puede darse cuando uno la siente hacia y desde dentro.
 
Porque, al fin y al cabo, las relaciones son pequeñas orquestas en las que, o se toca al tiempo y se hace magia... o se desafina.


miércoles, 27 de agosto de 2014

La piel 27.08.2014

La piel
 
 
La sumisión, bien vivida, desgarra el límite del ser
y destaca la esencia de la persona sumisa
por encima de todas las pieles que la impiden ser libre.

Formas de entender y de expresar. 26.07.2014

Formas de expresar y de entender
 
 
(Como tengo la memoria justa para pasar el día, y además estoy de un vago lector bloggero de esos que dan hasta miedo, no sé si ya he escrito sobre este caso concreto. Si es así, lo borraré para no ser más pesada que un chon en brazos, pero, por si acaso y porque acabo de leer a oceana diciendo algo que me lo ha recordado, me pongo manos a la obra).
 
No todos expresamos las cosas de la misma forma. Esto va asociado a que queremos que se nos expresen de una manera, la nuestra, que nos resulta mucho más cómoda de entender que cualquier otra.
 
Y ahora viene las anécdotas (dos, para ser exacta).
 
1. Tengo una amiga que compite (de manera profesional y olímpica) por el puesto de Don Limpio (míster Proper fue al principio, ahora se llama.... jolín, que me disperso). El caso es que llevaba años viviendo con su pareja, un hombre apocado y poco comunicativo que casi nunca la mostraba su afecto, ni de manera pública ni privada (esto es lo que entendía ella, su pareja).
 
Él había sido educado en esa filosofía terrible de que la casa es sólo responsabilidad de la mujer, así que lo de limpiar, colocar y ordenar era algo que le pillaba así como en las Quimbambas, pero empezó a hacerlo. Todos los fines de semana se ponía a ello y entre los dos dejaban la casa como los chorros del oro (que, a pesar de que yo quiera mi casa así de limpia y ordenada, ni por asomo deseo ese umbral de pulcritud).
 
Tiempo después se separaron. Entre todos los reproches de memoria histérica que ella le espetó estaba el del afecto. Y él la replicó: "La forma de demostrarte que te quería era limpiando hasta dejarlo como tú querías cuando a mi no me hacía falta y me hubiera bastado con un tercio de trabajo".
 
(Yo pensé: ¡Con lo fácil que hubiera sido decírselo con besos, abrazos, palabras, mimimes, latigazos, fustazos, cera y cosas de esas...!, pero claro: cada persona lo expresa de una manera diferente. Pero, claro, es que tengo un "ramalazo bedesemero" que me sale por los poros de la emoción).
 
Ambos hubieran tenido que estar en el mismo canal de comunicación y no lo estaban. Si el otro no entiede lo que quieres expresar, por muy claro que te parezca a ti que lo expresas, vale de poco.
 
(Esta anécdota tiene que ver con el hecho de que algunas personas necesitan palabras; otras, miradas; otras, hechos; otras, azotes: otras, sonrisas... o cosas diferentes cada vez. Complicado).
 
2. La segunda historia tiene que ver con saber que la persona que tenemos delante de nosotras no es la que ha de ser. Hay muchas formas de saberlo, y cada uno va encontrando la suya que no tiene necesariamente que coincidir con la de los demás.
 
Eso le ocurrió a una conocida mía. Hace tiempo quedó con un chico para tomar café. Eran jóvenes y estaban algo pelados de dinero (mal generalizado en esa etapa y, por desgracia, ahora en todas), pero decidieron pedir chocolate (o café, no sé) con churros. Charlaban mientras comían. Lo estaban pasando relativamente bien para ser una primera cita de esas que tienen silencios incómodos. Pero bien. El caso es que, al final, cuando quedaba un sólo churro, el hombre no dudó: lo cogió y se lo metió en la boca. Sin más. Sin ningún tipo de reparo ni de deferencia.
 
En ese momento, ella se levantó y amablemente se despidió de él porque SUPO que ese chico no era para ella. Cuando lo contó me pareció una brutalidad, pero me lo explicó: "Quiero una persona generosa, que piense en mi, que esté pendiente y que sepa guardar las formas. Evidentemente, él no era de esos".
 
Y, aunque yo no lo hubiera hecho (básicamente porque no soy nada cerebral, si no víscera en estado puro), entiendo que ella sí. De hecho, lleva años casada con una persona que se complementa perfectamente.
 
A veces, un gesto que nadie más entiende, a nosotras nos enciende la bombilla. Y nadie más lo entiende, ni lo tiene por qué entender, porque a nosotras/os nos basta.
 
Y aquí se acaba la historia de Pepito Zanahoria, de Pepito Zanahoria... (jolín, que me vuelvo a dispersar).
 
Saludos de sábado de reflexiones.
 
Un besazo especial a oceana, por ayudarme a pensar y a sentir.

miércoles, 16 de julio de 2014

Mientras espero 16.07.2014

Mientras espero.
 
 
Mientras espero sé que algunas de las cosas que sucederán no me complacerían si no fuera su ser quien las creara.
 
Mientras espero sé que llegarás tarde y demasiado pronto.
 
Nunca estoy del todo preparada y, a la vez, nunca ocurre todo para lo que me preparo.
 
Mientras espero, sé.
 
Y deseo.

¿Estuviste en la cena? (reflexión sobre los cotilleos) 15.07.2014

¿Estuviste en la cena? (reflexión sobre los cotilleos)
 
Esa pregunta, así, de repente, no tiene demasiado sentido. Pero es una de las que más me ha marcado para la vida cibernética.

En este mundo (en el general, y en el virtual en particular) tendemos a cotilleos y comentarios sobre los demás. Los hacemos todos, de forma alegre y gratuita, a veces con más base que otras.
 
El caso es que muchas veces nos llega información de un tipo o de otro que podemos llegar a creer como si fuera absolutamente cierta, pero no. Hay que saber quién en la fuente, la fiabilidad de la misma, y tener en cuenta que no valen los "me dijo Pepe que le dijo Juan que María había visto a Alfonso que decía a Juana que..." No. Yo siento que he de ser algo más seria en esas cosas, más que nada porque, a pesar de que aquí todos somos nicks, detrás de ellos hay personas a las que esos comentarios sí pueden dañar de alguna manera.
 
La pregunta del título tiene que ver con eso.
 
En Cantabria hace unos años comenzó a correr un bulo de que un político (bastante conocido entonces y del que ya ni me acuerdo) había pegado a su mujer en una cena entre amigos. Por lo visto, el maltrato era frecuente y así pudieron percibirlo las personas que asistieron a la cena. El bulo corrió como la espuma. Todo el mundo hablaba de ello y daban por cierto que "una amiga mía me dijo que su amiga había estado en la cena y lo vió". El caso es que cualquiera a quien preguntaras lo sabía a ciencia cierta porque conocía a alguien que conocía a alguien que lo había vivido en primera persona.
 
Pero cuando te ponías a indagar, cuando realmente preguntabas a la amiga de la amiga, resulta que ella tampoco había estado, si no que era una amiga de una amiga suya. Otra vez. Por mucho que una fuera preguntado, no di con nadie que, efectivamente, hubiera estado en esa cena.
 
Mi pregunta siempre era: "Pero, ¿estuviste en la cena?"
 
Y la respuesta era "no".
 
Yo no puedo saber, a ciencia cierta, si existía o no maltrato, pero tampoco puedo afirmar que esa cena tuviera lugar y que en ella ocurriera lo que se contaba. No a las dos cosas.
 
Aquí, en internet, pasa lo mismo. Si no has estado en la cena, no comentes como si lo hubieras hecho. Deja claro cuáles son las fuentes que te dan dado la información y así, si alguien está relamente interesado, puede llegar hasta el origen y realizar su propia valoración de fiabilidad.
 
Todos cotilleamos. Eso es así. Pero a mi cuando no se me da la fuente de información o cuando las cosas parece que son dichas por "la amiga de una amiga que conoce a Fulanita", sencillamente pongo todo eso en cuarentena.
 
Me evita dolores de la cabeza y la terrible sensación de estar cometiendo injusticias y corriendo bulos innecesarios, amén de salvarme de unas cuantas situaciones embarazosas.
 
Pues nada. Pensamiento de martes caluroso.
 
Un saludo.

En la red 12.07.2014

En la red
 
 
Ella se intenta mirar en el espejo del mar,
pero ahora se halla en un lugar diferente.
Siente algo que la lleva estar en tierra,
junto a ese ser que la Domina
más allá de la red que la cubre.
 
Y se da cuenta de que esa malla
es sólo la excusa.
La atadura inevitable, voluntaria y querida
la lleva en el deseo.

miércoles, 9 de julio de 2014

El sueño 9.07.2014

El sueño
 
 
Muchas noches habían sido maravillosas. Muchas había soñado su mano, su boca, su cuerpo y el de ella en la mejor de las comuniones.
 
Cerraba los ojos y se dejaba llevar al mundo donde todo ocurre siempre, exactamente, de la mejor de las maneras posibles; donde el deseo desemboca irrevocablemente en placer máximo; donde el alma viaja hasta donde alcanza la imaginación y luego sigue hasta perderse para volver y encontrarse con la mujer que sueña…
 
Aquella también fue maravillosa.
 
Ella cerró los ojos. El se acercó y, sin mediar palabra, comenzó a morder su sexo. Mientras lo lamía ella sentía el placer en la piel, en el alma. Era tan real que podía olerlo. El hecho de sentirle así la excitaba aún más.
 
Y Él no dejaba de comerla, de morderla… Ella, que había sido tremendamente vergonzosa para disfrutar del sexo oral, en ese momento era sólo placer que crecía y crecía. El vello se la erizaba; la columna vertebral se convirtió en hilo superconductor y hacía que cada poro de piel sintiese la descarga que llegaba desde su entrepierna, o su cerebro, que en ese momento no tenía ninguna capacidad de decisión más que la de ser libre y dejarse llevar.
 
La mordió mientras ella le arañaba la espalda. Siempre intentaba tener cuidado porque las uñas estaban largas y tremendamente duras, y no quería lastimarle. A Él no. Ella quería marcarlo con sus propias marcas; quería que le quedaran señalados en el alma y en el deseo los moratones del cinturón, las líneas de la vara, los dedos de la mano… pero los de Él sobre ella.
 
Sin embargo, y dado que era un sueño, se permitió arañarlo descarnadamente mientras sentía cómo el mundo se reducía a sentir, sentir, sentir…
 
Y sintió que Él era todo; que ella era todo en sus manos; que Él tenía la llave del mundo…
 
Sintió el Universo atravesándola por cada átomo hasta dejarla convertida en un todo que miraba al Todo.
 
 
A la mañana siguiente, vio Su cuerpo junto al de ella y fue consciente: la realidad era el mejor de sus sueños.

Crear un objeto sexual 28.06.2014

Crear un objeto sexual
 
 
Ayer me sucedió algo bonito. No sé si me sucedió o lo sucedí (como la mayoría de las cosas de esta vida, el sistema funciona por acción-reacción), pero el caso es que lo viví.
 
Por razones que ya contaré en otro momento, acabé en un bar de esos de pueblillo, lleno de machos ibéricos en plena enhibición hormonal de varonilidad. Estaba sola y con el único propósito de convertirme en deseo sexual. Llevaba un top que permitía intuir la falta de sujetador y ver, claramente, los pezones sobresalientes marcándose en la camiseta.
 
Como ya he dicho, no tenía intención ni de follar, ni de ser follada (por lo menos, no por ellos), si no "alegrarles la vista" y, en cierta manera, despertar su deseo.
 
Al margen de cómo se desarrollara todo (que fue bien), no miré a nadie a los ojos, no establecí contacto ninguno, no provoqué de ninguna manera ningún tipo de interacción. En ese momento yo estaba allí sólo para ser mirada y para "animar la vista" del personal.
 
Entonces, pensé en dos cosas:
 
- El hecho de hacer aquello cosificaba sexualmente a las personas que me miraban, no a mi. Yo les trataba como objetos sexuales para mi gozo, a través de su mirada y su deseo. A ellos no les importaba ni quién era yo, ni mi vida, ni mi historia. Y a mi, tampoco la suya. Al final, un empate cosificador que me hizo pensar y repensar...
 
- Me acordé de un escrito, hace tiempo, en la página. Yo hablaba de los pajilleros, haciendo un poco burla de sus comportamientos, y dos chicas me replicaron. Contaban en el post que a ellas los pajilleros les subían la moral, les hacían sentirse deseadas, y que eso, en determinados momentos de bajón, era precisamente lo que necesitaba.
Desde entonces mi opinión sobre los pajilleros cambió radicalmente.
 
Ayer, además, también lo hice sobre la cosificación unidireccional.

Imperfección 24.06.2014

Imperfección
 
 
Es curiosa la percepción que la gente puede tener de mi: algunas personas me ven como una diosa del sexo (¡tócate los pies, shere!), y otras, como alguien incapaz de despertar su deseo sexual (¡vuélvetelos a tocar!); algunas me ven como una mujer superinteligente y otras como una chica un poco tontona a la que se puede engañar con cierta facilidad: algunas me ven como una mujer muy paciente y otras, como la impulsividad personificada; algunas como una persona recia y severa, y otras, como una "viva-la-vírgen" desmadrada...
 
Podría seguir así hasta el infinito, porque dependiendo de la persona con la que se hable, de la faceta vital en la que me haya conocido y de su propia percepción de la realidad, tendrá una u otra impresión que será, del todo, correcta para ella.
 
En la adolescencia me preocupaba mucho que todo el mundo tuviera una buena imagen de mi, pero entendí (a fuerza de disgustos, todo sea dicho) que eso es del todo imposible. Y ahora, por lo menos en una gran medida, ya no es así.
 
Ahora me importa lo que piensa la gente que quiero, la que tengo cerca, la que amo... la gente que quiero en mi vida.
 
Pero, sobre todo, me importa mucho la imagen que yo tengo de mi.
 
Y noto como va cambiando en ocasiones. A veces a mejor y a veces a peor. Como tengo bastante capacidad de análisis (que, sinceramente, no sé demasiado bien para qué puede servirme en ocasiones) y también tengo la de crítica, pues en días como hoy (o como ayer, que es el mismo, pero cambiando la fecha) no me gusta la conclusión a la que llego.
 
No me gusta alcanzar un logro difícil, algo complicado, y que mi mente se vaya por los cerros de Úbeda buscando razones para haberlo conseguido, cuando todas las pruebas parecen indicar que, sencillamente, es porque lo merezco.
 
No me gusta encontrar a una shere insegura y dubitativa.
 
No me gusta que todo el mundo vea en mi alguien muy superior a quien veo yo.
 
Por suerte, sólo me ocurre ocasionalmente. Y por suerte, mañana no será ese día.

martes, 24 de junio de 2014

La ternura y el cariño 24.06.14

La ternura y el cariño.
 
 
He leído un hilo en el foro que habla de la ternura y el cariño. Me hace pensar. La cosa es que, dado que las relaciones interpersonales son eso (entre personas) y tenemos esas emociones y sentimientos, pues nunca me había parado a pensar en la posibilidad de que pudiera haber relaciones en las que eso no se diera. Igual es porque soy una mujer muy suertuda y mis parejas han sido así. Lo dicho: suertuda donde las haya.

Pero también me planteo que, igual, quizá, puede, yo me sienta atraída por hombres que tienen la capacidad de mostrar esas emociones, y sin embargo, la gente que no lo hace me llama poco. Puede ser que ésa sea la razón por la que yo sea una suertuda: porque sigo mi instinto en ese sentido.
 
El caso es que, por lo menos dentro del BDSM, y salvo un caso patológico con el que tuve la mala suerte de encontrarme (o la buena, porque me ayudó a entender cosas negativas), todos los Dominantes con los que he tenido la suerte de compartir momentos, han sido cariñosos y atentos, amén de rudos, duros y demás cuando tocaba. Puedo decirlo por igual de las relaciones casuales que de las permanentes: todos.
 
Y debo añadir algo: sobre todo tras momentos de tensión o dolor, para mi es fundamental sentir que "vuelvo a casa", que me abracen y me hagan sentir que soy; que me sienta arropada por ese frío que, inevitablemente, siento por dentro tras esos momentos de dolor físico o emocional.
 
Si no consigo "volver a casa" me pierdo en el camino de regreso.

lunes, 26 de mayo de 2014

Rosquillas o los protocolos sociales 15.05.2014

Rosquillas o los protocolos sociales
 
 
Las rosquillas me encantan. Siempre lo han hecho. Y mucho se debe a que la madre de mi amiga Cristina era una maravillosa repostera a la que le encantaba cocinarlas. Muchas de nosotras, de las compañeras del colegio de su hija, deseábamos en secreto (y en voz alta, porque para eso éramos amigas, y niñas, y glotonas) que las hiciera para poder ir a su casa y comerlas. Cuando Cristina nos decía que había, siempre estábamos dispuestas a hacer una visita (más o menos fugaz) para comer o engullir aquellas delicias. No había engaño: queríamos rosquillas, lo decíamos, íbamos y las comíamos. Sin más.
 
Pero la cosa cambió (por lo menos para mi) cuando mi madre decidió explicarme el protocolo social que yo desconocía absolutamente en cuanto a la comida en casa de amigas. La verdad: no sabía siquiera que alguien hubiera decidido cómo se debía comportar una cuando la madre de Cristina, o de cualquier otra compañera, nos invitara a rosquillas, galletas o cualquier otro manjar decilioso. Y lo cierto es que, visto con el tiempo, me da por pensar que la gente tiene poco que hacer para pensar en protocolos de ese pelo.
 
A lo que iba: mi madre me explicó, pacientemente, que una no llega a casa de alguien y come lo que le ofrecen a la primera. Noooooooo. Hay un ritual que seguir.
- La anfitriona invita una vez.
- Tú dices que no.
- La persona insiste una segunda vez.
- Tú vuelves a decir que no (aunque esto depende de la confianza porque, en ocasiones, se puede decir que sí a la segunda).
- Te lo vuelve a ofrecer.
- Ya te lo puedes comer.
 
La verdad es que, en sí, el protocolo me parecía simple de seguir. Duro, pero simple.
 
Una tarde, a la salida del colegio, Cristina me comentó que su madre había hecho rosquillas y me invitó a ir. Como el protocolo social recién adquirido no decía nada de que mi amiga tuviera que insitir tres veces, a la primera, rauda y veloz, le dije "¡Qué bieeeeennnnn! ¡¡¡Con las ganas que tengo de comerlas!!!". Y así lo hicimos.
 
A las cinco y media, en punto, fuimos a su casa. Subimos todos los pisos como gacelas (no tenían ascensor) y entramos en la casa, donde olía a gloria y nos esperaba su madre, la mejor repostera de todos los tiempos, con los brazos abiertos y una sonrisa en la cara.
 
Cristina no dudó en ponerle al día de la situación, de manera clara y contundente: "Shere ha venido a comer rosquillas". Normal: lo que es, es. Las cosas claras y el chocolate, espeso.
 
Entoces, claro, ocurrió lo que tenía que suceder:
 
- Shere, linda, ¿quieres rosquillas?.
- No, gracias.
- ¿¿¿???
 
Yo, lógicamente, estaba esperando la segunda pregunta. Pero no llegó. Tita, algo extrañada, se dio media vuelta y marchó a la cocina. La conversación había acabado para ella.
 
Yo no podía comprender que nadie le hubiera explicado a aquella maravillosa mujer que tenía que preguntarme tres veces. Tres y no una. TRES. Con una no bastaba.
 
Tendría que hablar seriamente con mi madre para que la diera a ella también clases.
 
El caso es que ese día no hubo rosquillas. Una y no más, claro. Hasta que no esté segura de que la otra persona conoce las reglas protocolarias, no pienso decir que no cuando quiero decir sí.
 
Luego llegó aquel libro.
 
Herbert Fensterheim y Jean Baer seguro que también se quedaron alguna vez sin rosquillas.

"Su sumisa" 29.04.2014

"Su sumisa"
 
Me pongo a vaguear (¡cuánto trabajo da eso de estudiar!) y paseo por blogs y foro. Miro con especial curiosidad las entradas de las personas a las que me gusta leer y, ¡cómo no!, la de mi Amo. De repente, el corazón se me llena de orgullo y de alegría. Me llama "Su sumisa" y sí, claro, lo soy desde hace tiempo, pero eso no quita que me salte una sonrisa a la cara cuando me llama así.
 
Me gusta.
 
Y mucho.
 
:-) :-D

La esclavitud de las palabras 25.04.2014

La esclavitud de las palabras
 

Hablando con un buen amigo sobre sus relaciones bedesemeras me comenta que la mejor de las que ha tenido, la más intensa, fue una en la que no pusieron nombre ni a la condición de cada uno ni a las prácticas que realizaban. Vivían y sentían. Nada más. Sin nombres.
 
Eso me ha hecho pensar en la esclavitud lingüística a la que nos sometemos en las relaciones D/s. Necesitamos saber si la persona con la estamos es Amo, Dominante, Dueño, sumisa o esclava; pedimos que nos verbalice las prácticas que le gustan, los límites y si estos son relativos o absolutos; enumeramos los instrumentos que utilizamos y ponemos etiquetas al tipo de relación que mantenemos.
 
¡¡¡Dios menguante!!! (que diría mi amiga Cristina). La cosa es más simple:
 
Cógeme cuando te dé la gana y hazme lo que te plazca. Seguro que notas si me mojo hasta las pestañas o me quedo más fría que el hielo. Dime todas las cosas guarras que se te ocurran, o las que te salgan del alma y comprobarás si me pongo como una puta, como una zorra o como una perra. O si no reacciono. Y si no te gusta lo que ves, dame un bofetón o escúpeme donde quieras. Si notas que pongo cara de susto, o de asco, pues entonces repite, o cambia. O dame dos, o cuarenta, o nada, de lo que más quieras. Méteme la polla en la boca y verás cómo me quedo callada, mamando feliz, o como intento sacarla para decirte algo. Y volvemos al punto anterior: si te apetece, pues sigue. Si no, pues cambia. Estoy absolutamente segura de que verás, notarás, sentirás, cómo mi cuerpo pide más o lo rechaza. Y tú puedes seguir o pararte. Cambiar o no. Puedes preguntarme o actuar. Puedes gozar de mi dolor, o de mi cara de sorpresa, o no. No necesitas preguntarme. Sigue. Siempre que quieras, sigue. Tengo boca y lengua, y no sólo para dedicártelas: puedo informarte de lo que me hace sentir incómoda o me duele. Y tú verás qué haces con ello: si disfrutarlo o cambiarlo. Puedes ver hasta dónde llego sin necesidad de que te lo cuente. Si es que te apetece, claro, porque siempre será mejor que hagas aquello que te dé la gana, lo que te salga de la polla, o del alma, o de los dos sitios (que están tan relacionados) y lo disfrutes.  Saca el instrumento que más te plazca y dale vida. No importa si es un látigo, una verga de toro, una pala, una fusta… Sólo importa que tú gozas cuando la usas. Y si llego al “punto mortal”, seguro que ya no lo pasas tan bien y paras. Y si no, ya te haré entender yo que eso me mata. No te preocupes.  Y si un día decides mearme, porque sí, porque apetece, pues entonces verás si me retiro “discretamente”, si sonrío o si escojo ese preciso momento para entrenarme en marathón. Y entonces, si decides castigarme por el atletismo, si es que quieres,  agárrame del pelo y tírame al suelo. Písame la cara, o el culo. Hazlo todo. O algo. O nada.  Ponme el culo en pompa y entra o sal, o muerde. O déjame ahí tirada. O toma un café conmigo. De un “ay” gozoso a un “¡tu puta madre!” (con todo mi respeto, por supuesto) hay un abismo tremendo que se nota. Y con la información que recojas, pues decide. Échame cera, átame a la cama, pellízcame, ponme pinzas... Todo lo que se te ocurra, lo que quieras, siempre. Ya verás si me gusta... ¡y cuánto!
 
Tú disfruta, que mi única ocupación es la tuya. Y si eso cambia, lo sabremos.
 
Tú gozas, yo gozo. Yo gozo, tú gozas. Tú no gozas, yo no gozo. Yo no gozo, tú no gozas.
Uno de los pocos verbos que sólo tiene dos personas y siempre van en paralelo.
 
 
ADVERTENCIA: No ingerir con dinamita. Tomar pequeñas dosis al principio, o todas. Usar con o sin precaución dependiendo de la situación. Convidar a quien apetezca, siempre que sufra la misma dolencia, aunque también puede intentarse con quien sufre otras, o con quien no sufre nada. Un 100% de las personas en las que se ha experimentado recomiendan su ingesta si apetece. Puede tomarse en cualquier momento del día, aunque se recomienda que sea preferiblemente en las 12 primeras y 12 últimas horas del día.
 
ADVERTENCIA: No busquen sentido a la foto. Tiene una única razón: me ha gustado para Él.
 
¡A vivir, que son dos días y la mitad son de noche!

Expectativas incumplidas 4.02.2014

Expectativas incumplidas
 
 
De una manera u otra, y de forma no consciente, todos creamos expectativas de los demás. El hecho de que éstas no se cumplan hace que, en muchas ocasiones, nos sintamos decepcionados.
 
Lo que debemos recordar, en todo momento, es que esas ilusiones/esperanzas/deseos que no se han visto satisfechos derivan de algo que hemos creado nosotros implicando a otras personas, y no de ellas directamente.
 
En las relaciones D/s creo que también se da bastante. En mi caso, por lo menos, siempre espero algo. De una manera u otra, me imagino cómo va a ser una situación determinada y la recreo (dependiendo del tiempo que tenga) o dibujo con más o menos detalle. Teniendo en cuenta que la situación está manejada por otra persona, está bastante claro que, a veces, se acerca a mi imaginación; y, a veces, no. Unas, la supera. Otras, es tan diferente que ni siquiera es comparable. Y otras, sencillamente, no.
 
Supongo que al resto de las sumisas y a los Dominantes les pasará lo mismo, pero es un suponer y puede derivar en error, al igual que las expectativas.
 
A la conclusión que he llegado (y ¡mira que mi amiga Isabel me lo ha dicho miles de veces!) es que uno no debe esperar nada de los demás. No porque no vayan a realizarlo, sino porque, simplemente, cada uno se maneja como le parece y no siempre es de la manera en la que tú esperas: a veces es infinitamente mejor y otras, sencillamente, no.
 
No pasa nada.
 
Ir con la mente abierta, dispuesta a disfrutar de lo que suceda y gozando cuanto ocurre, sea o no cercano a tus expectativas, es la mejor manera de ser feliz.
 
Dentro y fuera.

Puesta en escena 15.12.2013

Puesta en escena
 
 
Durante mucho tiempo he defendido, a capa y espada, que el BDSM es un sentir y no una forma de actuar. Hasta la fecha sigo pensando lo mismo, pero he de admitir que hay que añadir algunos matices.
 
Teniendo en cuenta que esto es un blog, decir que lo que escribo es mi opinión está más que de sobra, pero, teniendo en cuenta las susceptibilidades, prefiero dejarlo claro: lo que voy a escribir es lo que yo pienso (para verdades absoutas pueden visitar a quien certifica la autenticidad de los sentires).
 
El caso es que ahora tengo la convicción de que en el BDSM hay un fuerte componente teatral, no en el sentido de ser alguien que no se es, sino de la puesta en escena.
 
Es necesario que ambas partes no sólo sientan lo que son, sino que se lo muestren a la persona con la que están. El vestuario, las palabras, la actitud, los gestos... Todo forma parte de esa puesta en escena que es absolutamente necesaria para la motivación.
 
Si yo, por ejemplo, me siento puta y emputecida, perra y con ganas de maaaaaammmmmbooooooo y mi Amo me dice que me vista de puta, hace un tiempo mi sentir era desnudarme, quedarme en pelotucas y decirle "Henme aquí". Evidentemente, es fácil que nadie entienda la poética de mi acción y que el Dominante piense que soy muuuuuuu vaga.
 
Así que ahora sé que lo que he de hacer es ponerme algo con lo que no quisiera que me vieran ni mis compañeros de trabajo, y mover las caderas, pintarme los labios de rojo pasión y ... ¡haaaaalaaaaa!
 
Una es como es, por encima de lo que hace, pero las acciones muestran a los demás cómo nos sentimos, así que hay que disfrutar de la puesta en escena.
 
¡¡¡Adelante!!!

Puntos de vista 28.22.2013

Puntos de vista
 
Me sorprende que, salvo casos muy concretos, cuando un Dominante escribe suele hacerlo desde el punto de vista de la sumisa. Sin embargo, nosotras no solemos hacerlo poniéndonos en su lugar.
 
Eso me lleva a preguntarme si es porque el centro de los momentos es la sumisa,
o porque el Amo se mueve pensando en lo que ella siente,
o porque la sumisa está demasiado centrada en sí misma ("disfrutar" del dolor requiere, por lo menos en muchos casos, bastante concentración),
o porque, a posteriori, la sensación que prevalece es la de la recepción de la situación,
o porque...
 
No sé.
 
Un pensamiento de noviembre.

La desnudez 17.11.2013

La desnudez
 
La mayoría de las veces que hablamos de desnudez parece que nos referimos a lo físico: desnudez entendida como "sin vestido" (DRAE). Sin embargo, desde hace ya tiempo he venido dándome cuenta de que, por lo menos para mi, la desnudez es algo que se extiende mucho más de los ropajes y de cualquier prenda física. La desnudez es algo que se refiere al alma, al espíritu, o a lo que hay (si es que hay) más allá de estos preciosos cuerpos.
 
Llevo casi cuatro meses defendiendo la desnudez. Cuatro meses en los que me está costando "despojarme de lo que me cubre o adorna" (DRAE), pero los resultados están siendo verdaderamente buenos.
 
Desnudez es ser como eres, sin pretensiones, sin egos subidos, sin miedos... Es abrir el corazón y la mente y dejar que los demás entren en ellas sin muros altísimos que puedan protegerte. Esto, claro, es tremendamente peligroso al principio, cuando aún no estás demasiado preparado para todas las incursiones que puede haber ni para las reacciones que puedes tener.
 
Porque al desnudarse una se da cuenta de que el único peligro real de todos los existentes es una misma; la única persona capaz de crear miedo es quien lo vive; la única capaz de salvarse es, precisamante, quien se descubre en peligro.
 
 
Pero sí he de deciros que, a pesar de los miedos y peros a los que me he sometido durante este proceso de desnudez, mis temores han sido más pre-ocupaciones que ocupaciones en sí mismas. Hablar en primera persona, desde el corazón y con sinceridad, no ha hecho que la gente me hiera más (que, de verdad, era mi pánico), sino todo lo contrario.
 
La desnudez me va dando paz. Cuando más me desnudo, más paz me da. Es una relación proporcional tan sencilla que apabulla.
 
Lo que sí ha cambiado en mi, supongo que antes, pero puede haber sido simultáneamente al proceso de despoje, es que ahora hablo, trato y siento desde el amor (joder: ¡qué cursi!, pero ¡qué cierto!). Digo las cosas desde querer a la gente, no desde intentar hacer daño (y no es que ése fuera mi único motor, claro es, pero de vez en cuando sí que salía) ; trato a la gente desde el sentir que merecen ser queridos y, sinceramente, es una pasada.
 
Por eso hoy, al leer el escrito de oceana sobre "Cariño... ¿con o sin?" no he podido resistir la necesidad de escribir sobre esta desnudez.
 
Un desnudo saludo para todos/as.

La belleza y el BDSM 16.11.2013

La belleza y el BDSM.
 
Amo las cosas bellas.
 
No tiene por qué ser, necesariamente, bonitas.
 
A mi me basta con que me despierten la emoción de mirarlas, de sentirlas en mi.
 
Antes las quería tener todas, fueran o no con mi personalidad, pero ahora he descubierto (hace tiempo, para ser sincera) que no hace falta poseerlas. La belleza es un sentimiento que pervive al estímulo mismo: la belleza vive en quien la siente por encima de su presencia constante.
 
En BDSM yo vivo mucha belleza. Generalmente son pequeñeces sin más que me despiertan del letargo de la monotonía. Cuando me las provocan personas ajenas a mi suele ser porque hay una mirada cómplice; una sonrisa latente; un tremendo cuidado aparentemente inexistente...
 
Porque en BDSM lo que sí hay es mimo. A pesar de que parezca lo contrario; a pesar de que haya azotes y un trato "duro" de lo poseído; a pesar de que la persona sumisa quede llorando o con marcas... A pesar de todo ello, el cuidado y mimo que un Amo tiene sobre su posesión excede, con creces, el que se puede tener en otras situaciones de relación. Igual es precisamente porque la belleza de la relación reside en saberse cuidada por encima de todo, o porque, al saberse protegida, nada puede herir, aunque sí duela.
 
La mayor de las bellezas es la felicidad.  Y se refleja en sonrisas, en lágrimas, en abrazos, en azotes, en marcas, en saberse vivo...
 
Sí: definitivamente, amo las cosas bellas.
 

... pensando en tu orgullo 27.09.2013

...pensando en tu orgullo.
 
Hoy era el día. Todos estaban en el escenario y yo, desde abajo, los miraba, los mimaba, los cuidaba, los animaba, los sonreía...
 
Entonces, de repente y sin causa aparente, alguien de entre el público empezó a aclamar mi nombre y la emoción se extendió entre los que estaban abajo y los de arriba.
 
Yo me sentía orgullosa, emocionada, feliz, sonrojada, querida...
 
Y pensé en ti.
 
Te hubieras sentido orgulloso de tu pertenencia. Te hubiera encantado saberte Dueño de la persona que provocó esa explosión de cariño...
 
... te hubiera encantado ver que era tu collar el que lucía en mi cuello.

Amos, sumisas y publicidad subliminal 20.08.2013

Amos, sumisas y publicidad subliminal.
 
Supongo que no es sólo a mi, pero es un suponer. Lo digo por mi experiencia bedesemera, que ni es la más ni la mejor del mundo, pero como es la mía es a la que me ciño a la hora escribir.
 
La primera vez me sorprendió un poco, he de reconocerlo. En mitad de un momento bedesemero, la persona con la que estaba dijo algo (ahora no recuerdo bien qué fue), dejando como hecho verbal algo que no había sucedido y que, a priori, no tenía demasiados visos de suceder con gusto por mi parte. Porque podía ocurrir, claro que sí: el Amo era Él, pero otra cosa es que yo hubiera disfrutado como la perra gozosa que Él deseaba.
 
El caso es que su frase pasó, así, como pasan las cosas que no tienen mucho sentido, pero luego se repitió en varias ocasiones, hasta que un día resultó que aquello comenzaba a apetecerme. No dije ni pío, claro, como tampoco había comentado antes el hecho de que no quisiera.
 
Y entonces comencé a disfrutar de aquellas cosas. No mucho. No demasiado. No tanto como para pedirlas a gritos, la verdad. Pero, sin duda, mucho más de lo que había pensado antes de aquel momento. De hecho, siento profundamente no haberlas pedido más cuando las deseba, ni haber manifestado mi necesidad de ellas cuando mi mente las suplicaba... Pero ésa es otra historia.
 
El caso es que ahora sigo un proceso bastante parecido, intensificado por el hecho de que intuyo, casi sé, lo que va a suceder cuando Él me susurra algo... Uffff...
 
Pero lo que pienso no es "¡Date por jodida!" (como en el chiste), no. Ahora es: "¡Qué maravilla!: algo más de lo que vamos a disfrutar".