Reflexiones de "hoy no voy a trabajar y pienso en otra cosa"
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Y así, aunque parezca que es una chorrada, resulta que lo que se me ha venido a la cabeza tiene tela que cortar. Y mucha.
Me ha dado por pensar en la libertad e independiencia de la sumisa, y en la acitud que el Dominante puede tener ante ello.
Existen varias posibilidades por combinatoria pura (¡ufff con las asignaturas del instituto! ¡cuánto trabajo me están dando estos días!):
1) La sumisa no es independiente ni libre y al Amo le gusta.
1) La sumisa no es independiente ni libre y al Amo no le gusta.
3) La sumisa es independiente y libre y al Amo le gusta.
4) La sumisa es independiente y libre y al Amo no le gusta.
Básicamente, la libertad y la independencia (no es que vayan juntas, pero sino la combinatoria se ampliaba demasiado) son cualidades que parecen sobrar en una sumisa, pero (y aquí es cuando la matan) yo no creo que sea así.
Nadie puede dar lo que no tiene. Y digo yo que cada sumisa regala y entrega a su Amo lo que mejor le parece (y hace bien), pero, desde mi punto de vista, lo que más valor tiene en el ser humano es precisamente esa libertad e independencia.
Normalmente, es el resultado de años de trabajo en una misma, de estudio, de reflexiones, de caídas y levantamientos... La libertad y la independencia no surgen de la nada, sino que son una consecuencia de comportamientos, aprendizajes y decisiones vitales.
Que una sumisa sea una mujer independiente y decida regalar esa libertad y forma de vida a alguien debe ser, para el Dominante, una fuente inmensa de placer y orgullo.
Digo yo. Que también puede ser lo contrario y resulta que mi día ocioso me está traicionando.
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Datos personales
viernes, 31 de octubre de 2014
Reflexiones de "hoy no voy a trabajar y pienso en otra cosa" 31.11.14
Si A----->B 29.11.14
Si A---->B
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No sé si vosotros habéis estudiado alguna vez lógica proposicional. Yo sí. Fue en filosofía del instituto. A mi era una cosa que me apasionaba.
La primera de las premisas era:
A----->B
Que quería decir que si ocurría una cosa determinada (A), entonces, inevitablemente, sucedería la segunda (B).
Se podían encadenar tantas como quisieras:
A----->B ------->C------->D
Y eso quería decir que si ocurría la primera, entonces todas las demás también sucederían.
También había un enunciado que decía "Si y sólo si". Genial, porque mientras que en el primer caso todo sucedería de manera inevitable y era lo primero lo que cargaba con el peso, en el del "si y solo si" los dos dependían del otro.
Es decir:
Si A---->B quiere decir que la primera implica la segunda, pero no que la segunda depende de la primera. B puede darse al margen de A.
Pero en A<--------->B quiere decir que B sólo puede darse con A. Y que siempre que haya A se dará B.
Las relaciones bedesemeras pueden ser de dos maneras:
A------->B
A<-------->B
Pues eso. Demasiadas matemáticas y lógica proposicional en el instituto junto con la generalización del aprendizaje pueden hacer que, en cualquier momento, te vengan a la cabeza asociadas al BDSM y tenga la necesidad imperiosa de publicarlas en un blog.
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Que me ha dado por el BDSM y la lógica proposicional, oye. Y la cosa es que me parece que están tremendamente unidas. Fascinantemente relacionadas...
Ya lo decía mi profesor: "No lo creéis, pero esto funciona en todas las facetas de la vida".
Es lo que tiene la filosofía: vale para un roto y para un descosido.
Clases de lógica proposicional aplicada al BDSM:
A------>B (si A entonces B)
Si te mueves, te azoto, lo que no quiere decir que no te azote por otras cosas.
A------ >¬B (si A entonces no B)
Si te pones farruca, no te follo. Lo que no quiere decir que no te deje de follar por otras mil razones.
A<--------->B (si A sólo si B)
Sólo serás mi sumisa si yo soy tu Amo. Y sólo seré tu Amo si tú eres mi sumisa.
¬A--------->B (no A implica B)
Si no te quejas, te hago un bastinado. Lo que no quiere decir que no te lo vaya a hacer por otras razones.
¬ A------->¬B (no A implica no B)
Si no te comportas como una perra obediente, no te sacaré de paseo, lo que no quiere decir que nos quedemos en casa aunque lo hagas.
E iré añadiendo las que surjan. Mola. Bienvenidas todas las aportaciones.
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marea dijo ...
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jajajajaja, si lo de antes me ponía, me voy a callar este comentario... jajajajaja yo me parto como te comes la cabezaaa
besazossss
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lunes, 27 de octubre de 2014
La confianza 28-10-14
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miércoles, 27 de agosto de 2014
La piel 27.08.2014
La piel
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La sumisión, bien vivida, desgarra el límite del ser
y destaca la esencia de la persona sumisa
por encima de todas las pieles que la impiden ser libre.
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Formas de entender y de expresar. 26.07.2014
Formas de expresar y de entender
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(Como
tengo la memoria justa para pasar el día, y además estoy de un vago
lector bloggero de esos que dan hasta miedo, no sé si ya he escrito
sobre este caso concreto. Si es así, lo borraré para no ser más pesada
que un chon en brazos, pero, por si acaso y porque acabo de leer a
oceana diciendo algo que me lo ha recordado, me pongo manos a la obra).
No todos expresamos las cosas de la misma forma. Esto va asociado a que queremos que se nos expresen de una manera, la nuestra, que nos resulta mucho más cómoda de entender que cualquier otra.
Y ahora viene las anécdotas (dos, para ser exacta).
1. Tengo una amiga que compite (de manera profesional y olímpica) por el puesto de Don Limpio (míster Proper fue al principio, ahora se llama.... jolín, que me disperso).
El caso es que llevaba años viviendo con su pareja, un hombre apocado y
poco comunicativo que casi nunca la mostraba su afecto, ni de manera
pública ni privada (esto es lo que entendía ella, su pareja).
Él
había sido educado en esa filosofía terrible de que la casa es sólo
responsabilidad de la mujer, así que lo de limpiar, colocar y ordenar
era algo que le pillaba así como en las Quimbambas, pero empezó a
hacerlo. Todos los fines de semana se ponía a ello y entre los dos
dejaban la casa como los chorros del oro (que, a pesar de que yo quiera mi casa así de limpia y ordenada, ni por asomo deseo ese umbral de pulcritud).
Tiempo
después se separaron. Entre todos los reproches de memoria histérica
que ella le espetó estaba el del afecto. Y él la replicó: "La forma
de demostrarte que te quería era limpiando hasta dejarlo como tú querías
cuando a mi no me hacía falta y me hubiera bastado con un tercio de
trabajo".
(Yo
pensé: ¡Con lo fácil que hubiera sido decírselo con besos, abrazos,
palabras, mimimes, latigazos, fustazos, cera y cosas de esas...!, pero
claro: cada persona lo expresa de una manera diferente. Pero, claro, es
que tengo un "ramalazo bedesemero" que me sale por los poros de la
emoción).
Ambos hubieran tenido que estar en el mismo canal de comunicación y no lo estaban. Si el otro no entiede lo que quieres expresar, por muy claro que te parezca a ti que lo expresas, vale de poco.
(Esta
anécdota tiene que ver con el hecho de que algunas personas necesitan
palabras; otras, miradas; otras, hechos; otras, azotes: otras,
sonrisas... o cosas diferentes cada vez. Complicado).
2. La segunda historia tiene que ver con saber que la persona que tenemos delante de nosotras no es la que ha de ser. Hay muchas formas de saberlo, y cada uno va encontrando la suya que no tiene necesariamente que coincidir con la de los demás.
Eso
le ocurrió a una conocida mía. Hace tiempo quedó con un chico para
tomar café. Eran jóvenes y estaban algo pelados de dinero (mal generalizado en esa etapa y, por desgracia, ahora en todas), pero decidieron pedir chocolate (o café, no sé)
con churros. Charlaban mientras comían. Lo estaban pasando
relativamente bien para ser una primera cita de esas que tienen
silencios incómodos. Pero bien. El caso es que, al final, cuando quedaba
un sólo churro, el hombre no dudó: lo cogió y se lo metió en la boca.
Sin más. Sin ningún tipo de reparo ni de deferencia.
En
ese momento, ella se levantó y amablemente se despidió de él porque
SUPO que ese chico no era para ella. Cuando lo contó me pareció una
brutalidad, pero me lo explicó: "Quiero una persona generosa, que
piense en mi, que esté pendiente y que sepa guardar las formas.
Evidentemente, él no era de esos".
Y, aunque yo no lo hubiera hecho (básicamente porque no soy nada cerebral, si no víscera en estado puro), entiendo que ella sí. De hecho, lleva años casada con una persona que se complementa perfectamente.
A veces, un gesto que nadie más entiende, a nosotras nos enciende la bombilla. Y nadie más lo entiende, ni lo tiene por qué entender, porque a nosotras/os nos basta.
Y aquí se acaba la historia de Pepito Zanahoria, de Pepito Zanahoria... (jolín, que me vuelvo a dispersar).
Saludos de sábado de reflexiones.
Un besazo especial a oceana, por ayudarme a pensar y a sentir.
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miércoles, 16 de julio de 2014
Mientras espero 16.07.2014
Mientras espero.
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Mientras espero sé que algunas de las cosas que sucederán no me complacerían si no fuera su ser quien las creara.
Mientras espero sé que llegarás tarde y demasiado pronto.
Nunca estoy del todo preparada y, a la vez, nunca ocurre todo para lo que me preparo.
Mientras espero, sé.
Y deseo.
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¿Estuviste en la cena? (reflexión sobre los cotilleos) 15.07.2014
¿Estuviste en la cena? (reflexión sobre los cotilleos)
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Esa pregunta, así, de repente, no tiene demasiado sentido. Pero es una de las que más me ha marcado para la vida cibernética.
En este mundo (en el general, y en el virtual en particular) tendemos a cotilleos y comentarios sobre los demás. Los hacemos todos, de forma alegre y gratuita, a veces con más base que otras.
El
caso es que muchas veces nos llega información de un tipo o de otro que
podemos llegar a creer como si fuera absolutamente cierta, pero no. Hay
que saber quién en la fuente, la fiabilidad de la misma, y tener en
cuenta que no valen los "me dijo Pepe que le dijo Juan que María había visto a Alfonso que decía a Juana que..."
No. Yo siento que he de ser algo más seria en esas cosas, más que nada
porque, a pesar de que aquí todos somos nicks, detrás de ellos hay
personas a las que esos comentarios sí pueden dañar de alguna manera.
La pregunta del título tiene que ver con eso.
En
Cantabria hace unos años comenzó a correr un bulo de que un político
(bastante conocido entonces y del que ya ni me acuerdo) había pegado a
su mujer en una cena entre amigos. Por lo visto, el maltrato era
frecuente y así pudieron percibirlo las personas que asistieron a la
cena. El bulo corrió como la espuma. Todo el mundo hablaba de ello y
daban por cierto que "una amiga mía me dijo que su amiga había estado en la cena y lo vió".
El caso es que cualquiera a quien preguntaras lo sabía a ciencia cierta
porque conocía a alguien que conocía a alguien que lo había vivido en
primera persona.
Pero
cuando te ponías a indagar, cuando realmente preguntabas a la amiga de
la amiga, resulta que ella tampoco había estado, si no que era una amiga
de una amiga suya. Otra vez. Por mucho que una fuera preguntado, no di
con nadie que, efectivamente, hubiera estado en esa cena.
Mi pregunta siempre era: "Pero, ¿estuviste en la cena?"
Y la respuesta era "no".
Yo
no puedo saber, a ciencia cierta, si existía o no maltrato, pero
tampoco puedo afirmar que esa cena tuviera lugar y que en ella ocurriera
lo que se contaba. No a las dos cosas.
Aquí,
en internet, pasa lo mismo. Si no has estado en la cena, no comentes
como si lo hubieras hecho. Deja claro cuáles son las fuentes que te dan
dado la información y así, si alguien está relamente interesado, puede
llegar hasta el origen y realizar su propia valoración de fiabilidad.
Todos
cotilleamos. Eso es así. Pero a mi cuando no se me da la fuente de
información o cuando las cosas parece que son dichas por "la amiga de
una amiga que conoce a Fulanita", sencillamente pongo todo eso en
cuarentena.
Me
evita dolores de la cabeza y la terrible sensación de estar cometiendo
injusticias y corriendo bulos innecesarios, amén de salvarme de unas
cuantas situaciones embarazosas.
Pues nada. Pensamiento de martes caluroso.
Un saludo.
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En la red 12.07.2014
En la red
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Ella se intenta mirar en el espejo del mar,
pero ahora se halla en un lugar diferente.
Siente algo que la lleva estar en tierra,
junto a ese ser que la Domina
más allá de la red que la cubre.
Y se da cuenta de que esa malla
es sólo la excusa.
La atadura inevitable, voluntaria y querida
la lleva en el deseo.
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miércoles, 9 de julio de 2014
El sueño 9.07.2014
El sueño
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Muchas
noches habían sido maravillosas. Muchas había soñado su mano, su boca,
su cuerpo y el de ella en la mejor de las comuniones.
Cerraba
los ojos y se dejaba llevar al mundo donde todo ocurre siempre,
exactamente, de la mejor de las maneras posibles; donde el deseo
desemboca irrevocablemente en placer máximo; donde el alma viaja hasta
donde alcanza la imaginación y luego sigue hasta perderse para volver y
encontrarse con la mujer que sueña…
Aquella también fue maravillosa.
Ella
cerró los ojos. El se acercó y, sin mediar palabra, comenzó a morder su
sexo. Mientras lo lamía ella sentía el placer en la piel, en el alma.
Era tan real que podía olerlo. El hecho de sentirle así la excitaba aún
más.
Y
Él no dejaba de comerla, de morderla… Ella, que había sido
tremendamente vergonzosa para disfrutar del sexo oral, en ese momento
era sólo placer que crecía y crecía. El vello se la erizaba; la columna
vertebral se convirtió en hilo superconductor y hacía que cada poro de
piel sintiese la descarga que llegaba desde su entrepierna, o su
cerebro, que en ese momento no tenía ninguna capacidad de decisión más
que la de ser libre y dejarse llevar.
La
mordió mientras ella le arañaba la espalda. Siempre intentaba tener
cuidado porque las uñas estaban largas y tremendamente duras, y no
quería lastimarle. A Él no. Ella quería marcarlo con sus propias marcas;
quería que le quedaran señalados en el alma y en el deseo los moratones
del cinturón, las líneas de la vara, los dedos de la mano… pero los de
Él sobre ella.
Sin
embargo, y dado que era un sueño, se permitió arañarlo descarnadamente
mientras sentía cómo el mundo se reducía a sentir, sentir, sentir…
Y sintió que Él era todo; que ella era todo en sus manos; que Él tenía la llave del mundo…
Sintió el Universo atravesándola por cada átomo hasta dejarla convertida en un todo que miraba al Todo.
…
A la mañana siguiente, vio Su cuerpo junto al de ella y fue consciente: la realidad era el mejor de sus sueños.
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Crear un objeto sexual 28.06.2014
Crear un objeto sexual
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Por razones que ya contaré en otro momento, acabé en un bar de esos de
pueblillo, lleno de machos ibéricos en plena enhibición hormonal de
varonilidad. Estaba sola y con el único propósito de convertirme en
deseo sexual. Llevaba un top que permitía intuir la falta de sujetador y
ver, claramente, los pezones sobresalientes marcándose en la camiseta.
Como ya he dicho, no tenía intención ni de follar, ni de ser follada
(por lo menos, no por ellos), si no "alegrarles la vista" y, en cierta
manera, despertar su deseo.
Al margen de cómo se desarrollara todo (que fue bien), no miré a nadie a
los ojos, no establecí contacto ninguno, no provoqué de ninguna manera
ningún tipo de interacción. En ese momento yo estaba allí sólo para ser
mirada y para "animar la vista" del personal.
Entonces, pensé en dos cosas:
- El hecho de hacer aquello cosificaba sexualmente a las personas que
me miraban, no a mi. Yo les trataba como objetos sexuales para mi gozo, a
través de su mirada y su deseo. A ellos no les importaba ni quién era
yo, ni mi vida, ni mi historia. Y a mi, tampoco la suya. Al final, un
empate cosificador que me hizo pensar y repensar...
- Me acordé de un escrito, hace tiempo, en la página. Yo hablaba de los
pajilleros, haciendo un poco burla de sus comportamientos, y dos chicas
me replicaron. Contaban en el post que a ellas los pajilleros les
subían la moral, les hacían sentirse deseadas, y que eso, en
determinados momentos de bajón, era precisamente lo que necesitaba.
Desde entonces mi opinión sobre los pajilleros cambió radicalmente.
Ayer, además, también lo hice sobre la cosificación unidireccional.
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Imperfección 24.06.2014
Imperfección
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Es curiosa la percepción que la gente puede tener de mi: algunas
personas me ven como una diosa del sexo (¡tócate los pies, shere!), y
otras, como alguien incapaz de despertar su deseo sexual (¡vuélvetelos a
tocar!); algunas me ven como una mujer superinteligente y otras como
una chica un poco tontona a la que se puede engañar con cierta
facilidad: algunas me ven como una mujer muy paciente y otras, como la
impulsividad personificada; algunas como una persona recia y severa, y
otras, como una "viva-la-vírgen" desmadrada...
Podría seguir así hasta el infinito, porque dependiendo de la persona
con la que se hable, de la faceta vital en la que me haya conocido y de
su propia percepción de la realidad, tendrá una u otra impresión que
será, del todo, correcta para ella.
En la adolescencia me preocupaba mucho que todo el mundo tuviera una
buena imagen de mi, pero entendí (a fuerza de disgustos, todo sea dicho)
que eso es del todo imposible. Y ahora, por lo menos en una gran
medida, ya no es así.
Ahora me importa lo que piensa la gente que quiero, la que tengo cerca, la que amo... la gente que quiero en mi vida.
Pero, sobre todo, me importa mucho la imagen que yo tengo de mi.
Y noto como va cambiando en ocasiones. A veces a mejor y a veces a
peor. Como tengo bastante capacidad de análisis (que, sinceramente, no
sé demasiado bien para qué puede servirme en ocasiones) y también tengo
la de crítica, pues en días como hoy (o como ayer, que es el mismo, pero
cambiando la fecha) no me gusta la conclusión a la que llego.
No me gusta alcanzar un logro difícil, algo complicado, y que mi mente
se vaya por los cerros de Úbeda buscando razones para haberlo
conseguido, cuando todas las pruebas parecen indicar que, sencillamente,
es porque lo merezco.
No me gusta encontrar a una shere insegura y dubitativa.
No me gusta que todo el mundo vea en mi alguien muy superior a quien veo yo.
Por suerte, sólo me ocurre ocasionalmente. Y por suerte, mañana no será ese día.
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martes, 24 de junio de 2014
La ternura y el cariño 24.06.14
La ternura y el cariño.
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He leído un hilo en el foro que habla de la ternura y el cariño. Me
hace pensar. La cosa es que, dado que las relaciones interpersonales son
eso (entre personas) y tenemos esas emociones y sentimientos, pues
nunca me había parado a pensar en la posibilidad de que pudiera haber
relaciones en las que eso no se diera. Igual es porque soy una mujer muy
suertuda y mis parejas han sido así. Lo dicho: suertuda donde las haya.
Pero también me planteo que, igual, quizá, puede, yo me sienta atraída por hombres que tienen la capacidad de mostrar esas emociones, y sin embargo, la gente que no lo hace me llama poco. Puede ser que ésa sea la razón por la que yo sea una suertuda: porque sigo mi instinto en ese sentido.
El caso es que, por lo menos dentro del BDSM, y salvo un caso
patológico con el que tuve la mala suerte de encontrarme (o la buena,
porque me ayudó a entender cosas negativas), todos los Dominantes con
los que he tenido la suerte de compartir momentos, han sido cariñosos y
atentos, amén de rudos, duros y demás cuando tocaba. Puedo decirlo por
igual de las relaciones casuales que de las permanentes: todos.
Y debo añadir algo: sobre todo tras momentos de tensión o dolor, para
mi es fundamental sentir que "vuelvo a casa", que me abracen y me hagan
sentir que soy; que me sienta arropada por ese frío que,
inevitablemente, siento por dentro tras esos momentos de dolor físico o
emocional.
Si no consigo "volver a casa" me pierdo en el camino de regreso.
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lunes, 26 de mayo de 2014
Rosquillas o los protocolos sociales 15.05.2014
Rosquillas o los protocolos sociales
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Las rosquillas me encantan. Siempre lo
han hecho. Y mucho se debe a que la madre de mi amiga Cristina era una
maravillosa repostera a la que le encantaba cocinarlas. Muchas de
nosotras, de las compañeras del colegio de su hija, deseábamos en
secreto (y en voz alta, porque para eso éramos amigas, y niñas, y
glotonas) que las hiciera para poder ir a su casa y comerlas. Cuando
Cristina nos decía que había, siempre estábamos dispuestas a hacer una
visita (más o menos fugaz) para comer o engullir aquellas delicias. No
había engaño: queríamos rosquillas, lo decíamos, íbamos y las comíamos.
Sin más.
Pero la cosa cambió (por lo menos para
mi) cuando mi madre decidió explicarme el protocolo social que yo
desconocía absolutamente en cuanto a la comida en casa de amigas. La
verdad: no sabía siquiera que alguien hubiera decidido cómo se debía
comportar una cuando la madre de Cristina, o de cualquier otra
compañera, nos invitara a rosquillas, galletas o cualquier otro manjar
decilioso. Y lo cierto es que, visto con el tiempo, me da por pensar que
la gente tiene poco que hacer para pensar en protocolos de ese pelo.
A lo que iba: mi madre me explicó,
pacientemente, que una no llega a casa de alguien y come lo que le
ofrecen a la primera. Noooooooo. Hay un ritual que seguir.
- La anfitriona invita una vez.
- Tú dices que no.
- La persona insiste una segunda vez.
- Tú vuelves a decir que no (aunque esto depende de la confianza porque, en ocasiones, se puede decir que sí a la segunda).
- Te lo vuelve a ofrecer.
- Ya te lo puedes comer.
La verdad es que, en sí, el protocolo me parecía simple de seguir. Duro, pero simple.
Una tarde, a la salida del colegio,
Cristina me comentó que su madre había hecho rosquillas y me invitó a
ir. Como el protocolo social recién adquirido no decía nada de que mi
amiga tuviera que insitir tres veces, a la primera, rauda y veloz, le
dije "¡Qué bieeeeennnnn! ¡¡¡Con las ganas que tengo de comerlas!!!". Y
así lo hicimos.
A las cinco y media, en punto, fuimos a
su casa. Subimos todos los pisos como gacelas (no tenían ascensor) y
entramos en la casa, donde olía a gloria y nos esperaba su madre, la
mejor repostera de todos los tiempos, con los brazos abiertos y una
sonrisa en la cara.
Cristina no dudó en ponerle al día de la
situación, de manera clara y contundente: "Shere ha venido a comer
rosquillas". Normal: lo que es, es. Las cosas claras y el chocolate,
espeso.
Entoces, claro, ocurrió lo que tenía que suceder:
- Shere, linda, ¿quieres rosquillas?.
- No, gracias.
- ¿¿¿???
Yo, lógicamente, estaba esperando la
segunda pregunta. Pero no llegó. Tita, algo extrañada, se dio media
vuelta y marchó a la cocina. La conversación había acabado para ella.
Yo no podía comprender que nadie le
hubiera explicado a aquella maravillosa mujer que tenía que preguntarme
tres veces. Tres y no una. TRES. Con una no bastaba.
Tendría que hablar seriamente con mi madre para que la diera a ella también clases.
El caso es que ese día no hubo
rosquillas. Una y no más, claro. Hasta que no esté segura de que la otra
persona conoce las reglas protocolarias, no pienso decir que no cuando
quiero decir sí.
Luego llegó aquel libro.
Herbert Fensterheim y Jean Baer seguro que también se quedaron alguna vez sin rosquillas.
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"Su sumisa" 29.04.2014
"Su sumisa"
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Me pongo a vaguear (¡cuánto trabajo da
eso de estudiar!) y paseo por blogs y foro. Miro con especial curiosidad
las entradas de las personas a las que me gusta leer y, ¡cómo no!, la
de mi Amo. De repente, el corazón se me llena de orgullo y de alegría.
Me llama "Su sumisa" y sí, claro, lo soy desde hace tiempo, pero eso no
quita que me salte una sonrisa a la cara cuando me llama así.
Me gusta.
Y mucho.
:-) :-D
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La esclavitud de las palabras 25.04.2014
La esclavitud de las palabras
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Hablando con un buen amigo sobre sus
relaciones bedesemeras me comenta que la mejor de las que ha tenido, la
más intensa, fue una en la que no pusieron nombre ni a la condición de
cada uno ni a las prácticas que realizaban. Vivían y sentían. Nada más.
Sin nombres.
Eso me ha hecho pensar en la esclavitud
lingüística a la que nos sometemos en las relaciones D/s. Necesitamos
saber si la persona con la estamos es Amo, Dominante, Dueño, sumisa o
esclava; pedimos que nos verbalice las prácticas que le gustan, los
límites y si estos son relativos o absolutos; enumeramos los
instrumentos que utilizamos y ponemos etiquetas al tipo de relación que
mantenemos.
¡¡¡Dios menguante!!! (que diría mi amiga Cristina). La cosa es más simple:
Cógeme cuando te dé la gana y hazme lo que te plazca. Seguro que notas si me mojo hasta las pestañas o me quedo más fría que el hielo. Dime todas las cosas guarras que se te ocurran,
o las que te salgan del alma y comprobarás si me pongo como una puta,
como una zorra o como una perra. O si no reacciono. Y si no te gusta lo
que ves, dame un bofetón o escúpeme donde quieras. Si notas que pongo
cara de susto, o de asco, pues entonces repite, o cambia. O dame dos, o cuarenta, o nada, de lo que más quieras.
Méteme la polla en la boca y verás cómo me quedo callada, mamando
feliz, o como intento sacarla para decirte algo. Y volvemos al punto
anterior: si te apetece, pues sigue. Si no, pues cambia. Estoy
absolutamente segura de que verás, notarás, sentirás, cómo mi cuerpo
pide más o lo rechaza. Y tú puedes seguir o pararte. Cambiar o no. Puedes preguntarme o actuar.
Puedes gozar de mi dolor, o de mi cara de sorpresa, o no. No necesitas
preguntarme. Sigue. Siempre que quieras, sigue. Tengo boca y lengua, y
no sólo para dedicártelas: puedo informarte de lo que me hace sentir incómoda o me duele.
Y tú verás qué haces con ello: si disfrutarlo o cambiarlo. Puedes ver
hasta dónde llego sin necesidad de que te lo cuente. Si es que te
apetece, claro, porque siempre será mejor que hagas aquello que
te dé la gana, lo que te salga de la polla, o del alma, o de los dos
sitios (que están tan relacionados) y lo disfrutes. Saca el
instrumento que más te plazca y dale vida. No importa si es un látigo,
una verga de toro, una pala, una fusta… Sólo importa que tú gozas cuando
la usas. Y si llego al “punto mortal”, seguro que ya no lo pasas tan
bien y paras. Y si no, ya te haré entender yo que eso me mata. No te preocupes.
Y si un día decides mearme, porque sí, porque apetece, pues entonces
verás si me retiro “discretamente”, si sonrío o si escojo ese preciso
momento para entrenarme en marathón. Y entonces, si decides castigarme
por el atletismo, si es que quieres, agárrame del pelo y tírame al
suelo. Písame la cara, o el culo. Hazlo todo. O algo. O nada.
Ponme el culo en pompa y entra o sal, o muerde. O déjame ahí tirada. O
toma un café conmigo. De un “ay” gozoso a un “¡tu puta madre!” (con
todo mi respeto, por supuesto) hay un abismo tremendo que se nota. Y con
la información que recojas, pues decide. Échame cera, átame a la cama,
pellízcame, ponme pinzas... Todo lo que se te ocurra, lo que quieras,
siempre. Ya verás si me gusta... ¡y cuánto!
Tú disfruta, que mi única ocupación es la tuya. Y si eso cambia, lo sabremos.
Tú gozas, yo gozo. Yo gozo, tú gozas. Tú no gozas, yo no gozo. Yo no gozo, tú no gozas.
Uno de los pocos verbos que sólo tiene dos personas y siempre van en paralelo.
ADVERTENCIA: No ingerir con dinamita.
Tomar pequeñas dosis al principio, o todas. Usar con o sin precaución
dependiendo de la situación. Convidar a quien apetezca, siempre que
sufra la misma dolencia, aunque también puede intentarse con quien sufre
otras, o con quien no sufre nada. Un 100% de las personas en las que se
ha experimentado recomiendan su ingesta si apetece. Puede tomarse en
cualquier momento del día, aunque se recomienda que sea preferiblemente
en las 12 primeras y 12 últimas horas del día.
ADVERTENCIA: No busquen sentido a la foto. Tiene una única razón: me ha gustado para Él.
¡A vivir, que son dos días y la mitad son de noche!
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Expectativas incumplidas 4.02.2014
Expectativas incumplidas
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De
una manera u otra, y de forma no consciente, todos creamos expectativas
de los demás. El hecho de que éstas no se cumplan hace que, en muchas
ocasiones, nos sintamos decepcionados.
Lo
que debemos recordar, en todo momento, es que esas
ilusiones/esperanzas/deseos que no se han visto satisfechos derivan de
algo que hemos creado nosotros implicando a otras personas, y no de
ellas directamente.
En
las relaciones D/s creo que también se da bastante. En mi caso, por lo
menos, siempre espero algo. De una manera u otra, me imagino cómo va a
ser una situación determinada y la recreo (dependiendo del tiempo que
tenga) o dibujo con más o menos detalle. Teniendo en cuenta que la
situación está manejada por otra persona, está bastante claro que, a
veces, se acerca a mi imaginación; y, a veces, no. Unas, la supera.
Otras, es tan diferente que ni siquiera es comparable. Y otras,
sencillamente, no.
Supongo
que al resto de las sumisas y a los Dominantes les pasará lo mismo,
pero es un suponer y puede derivar en error, al igual que las
expectativas.
A
la conclusión que he llegado (y ¡mira que mi amiga Isabel me lo ha
dicho miles de veces!) es que uno no debe esperar nada de los demás. No
porque no vayan a realizarlo, sino porque, simplemente, cada uno se
maneja como le parece y no siempre es de la manera en la que tú esperas:
a veces es infinitamente mejor y otras, sencillamente, no.
No pasa nada.
Ir
con la mente abierta, dispuesta a disfrutar de lo que suceda y gozando
cuanto ocurre, sea o no cercano a tus expectativas, es la mejor manera
de ser feliz.
Dentro y fuera.
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Puesta en escena 15.12.2013
Puesta en escena
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Durante
mucho tiempo he defendido, a capa y espada, que el BDSM es un sentir y
no una forma de actuar. Hasta la fecha sigo pensando lo mismo, pero he
de admitir que hay que añadir algunos matices.
Teniendo
en cuenta que esto es un blog, decir que lo que escribo es mi opinión
está más que de sobra, pero, teniendo en cuenta las susceptibilidades,
prefiero dejarlo claro: lo que voy a escribir es lo que yo pienso (para
verdades absoutas pueden visitar a quien certifica la autenticidad de
los sentires).
El
caso es que ahora tengo la convicción de que en el BDSM hay un fuerte
componente teatral, no en el sentido de ser alguien que no se es, sino
de la puesta en escena.
Es
necesario que ambas partes no sólo sientan lo que son, sino que se lo
muestren a la persona con la que están. El vestuario, las palabras, la
actitud, los gestos... Todo forma parte de esa puesta en escena que es
absolutamente necesaria para la motivación.
Si
yo, por ejemplo, me siento puta y emputecida, perra y con ganas de
maaaaaammmmmbooooooo y mi Amo me dice que me vista de puta, hace un
tiempo mi sentir era desnudarme, quedarme en pelotucas y decirle "Henme
aquí". Evidentemente, es fácil que nadie entienda la poética de mi
acción y que el Dominante piense que soy muuuuuuu vaga.
Así
que ahora sé que lo que he de hacer es ponerme algo con lo que no
quisiera que me vieran ni mis compañeros de trabajo, y mover las
caderas, pintarme los labios de rojo pasión y ... ¡haaaaalaaaaa!
Una
es como es, por encima de lo que hace, pero las acciones muestran a los
demás cómo nos sentimos, así que hay que disfrutar de la puesta en
escena.
¡¡¡Adelante!!!
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Puntos de vista 28.22.2013
Puntos de vista
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Me sorprende que, salvo casos muy
concretos, cuando un Dominante escribe suele hacerlo desde el punto de
vista de la sumisa. Sin embargo, nosotras no solemos hacerlo poniéndonos
en su lugar.
Eso me lleva a preguntarme si es porque el centro de los momentos es la sumisa,
o porque el Amo se mueve pensando en lo que ella siente,
o porque la sumisa está demasiado
centrada en sí misma ("disfrutar" del dolor requiere, por lo menos en
muchos casos, bastante concentración),
o porque, a posteriori, la sensación que prevalece es la de la recepción de la situación,
o porque...
No sé.
Un pensamiento de noviembre.
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La desnudez 17.11.2013
La desnudez
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La mayoría de las veces que hablamos de
desnudez parece que nos referimos a lo físico: desnudez entendida como
"sin vestido" (DRAE). Sin embargo, desde hace ya tiempo he venido
dándome cuenta de que, por lo menos para mi, la desnudez es algo que se
extiende mucho más de los ropajes y de cualquier prenda física. La
desnudez es algo que se refiere al alma, al espíritu, o a lo que hay (si
es que hay) más allá de estos preciosos cuerpos.
Llevo casi cuatro meses defendiendo la
desnudez. Cuatro meses en los que me está costando "despojarme de lo que
me cubre o adorna" (DRAE), pero los resultados están siendo
verdaderamente buenos.
Desnudez es ser como eres, sin
pretensiones, sin egos subidos, sin miedos... Es abrir el corazón y la
mente y dejar que los demás entren en ellas sin muros altísimos que
puedan protegerte. Esto, claro, es tremendamente peligroso al principio,
cuando aún no estás demasiado preparado para todas las incursiones que
puede haber ni para las reacciones que puedes tener.
Porque al desnudarse una se da cuenta de
que el único peligro real de todos los existentes es una misma; la única
persona capaz de crear miedo es quien lo vive; la única capaz de
salvarse es, precisamante, quien se descubre en peligro.
Pero sí he de deciros que, a pesar de los
miedos y peros a los que me he sometido durante este proceso de
desnudez, mis temores han sido más pre-ocupaciones que ocupaciones en sí
mismas. Hablar en primera persona, desde el corazón y con sinceridad,
no ha hecho que la gente me hiera más (que, de verdad, era mi pánico),
sino todo lo contrario.
La desnudez me va dando paz. Cuando más me desnudo, más paz me da. Es una relación proporcional tan sencilla que apabulla.
Lo que sí ha cambiado en mi, supongo que
antes, pero puede haber sido simultáneamente al proceso de despoje, es
que ahora hablo, trato y siento desde el amor (joder: ¡qué cursi!, pero
¡qué cierto!). Digo las cosas desde querer a la gente, no desde intentar
hacer daño (y no es que ése fuera mi único motor, claro es, pero de vez
en cuando sí que salía) ; trato a la gente desde el sentir que merecen
ser queridos y, sinceramente, es una pasada.
Por eso hoy, al leer el escrito de oceana
sobre "Cariño... ¿con o sin?" no he podido resistir la necesidad de
escribir sobre esta desnudez.
Un desnudo saludo para todos/as.
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La belleza y el BDSM 16.11.2013
La belleza y el BDSM.
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Amo las cosas bellas.
No tiene por qué ser, necesariamente, bonitas.
A mi me basta con que me despierten la emoción de mirarlas, de sentirlas en mi.
Antes las quería tener todas, fueran o no con mi personalidad, pero
ahora he descubierto (hace tiempo, para ser sincera) que no hace falta
poseerlas. La belleza es un sentimiento que pervive al estímulo mismo:
la belleza vive en quien la siente por encima de su presencia constante.
En BDSM yo vivo mucha belleza. Generalmente son pequeñeces sin más que
me despiertan del letargo de la monotonía. Cuando me las provocan
personas ajenas a mi suele ser porque hay una mirada cómplice; una
sonrisa latente; un tremendo cuidado aparentemente inexistente...
Porque en BDSM lo que sí hay es mimo. A pesar de que parezca lo
contrario; a pesar de que haya azotes y un trato "duro" de lo poseído; a
pesar de que la persona sumisa quede llorando o con marcas... A pesar
de todo ello, el cuidado y mimo que un Amo tiene sobre su posesión
excede, con creces, el que se puede tener en otras situaciones de
relación. Igual es precisamente porque la belleza de la relación reside
en saberse cuidada por encima de todo, o porque, al saberse protegida,
nada puede herir, aunque sí duela.
La mayor de las bellezas es la felicidad. Y se refleja en sonrisas, en
lágrimas, en abrazos, en azotes, en marcas, en saberse vivo...
Sí: definitivamente, amo las cosas bellas.
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... pensando en tu orgullo 27.09.2013
...pensando en tu orgullo.
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Hoy
era el día. Todos estaban en el escenario y yo, desde abajo, los
miraba, los mimaba, los cuidaba, los animaba, los sonreía...
Entonces,
de repente y sin causa aparente, alguien de entre el público empezó a
aclamar mi nombre y la emoción se extendió entre los que estaban abajo y
los de arriba.
Yo me sentía orgullosa, emocionada, feliz, sonrojada, querida...
Y pensé en ti.
Te
hubieras sentido orgulloso de tu pertenencia. Te hubiera encantado
saberte Dueño de la persona que provocó esa explosión de cariño...
... te hubiera encantado ver que era tu collar el que lucía en mi cuello.
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Amos, sumisas y publicidad subliminal 20.08.2013
Amos, sumisas y publicidad subliminal.
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Supongo
que no es sólo a mi, pero es un suponer. Lo digo por mi experiencia
bedesemera, que ni es la más ni la mejor del mundo, pero como es la mía
es a la que me ciño a la hora escribir.
La
primera vez me sorprendió un poco, he de reconocerlo. En mitad de un
momento bedesemero, la persona con la que estaba dijo algo (ahora no
recuerdo bien qué fue), dejando como hecho verbal algo que no había
sucedido y que, a priori, no tenía demasiados visos de suceder con gusto
por mi parte. Porque podía ocurrir, claro que sí: el Amo era Él, pero
otra cosa es que yo hubiera disfrutado como la perra gozosa que Él
deseaba.
El caso es que su frase pasó, así, como pasan las cosas que no tienen mucho sentido,
pero luego se repitió en varias ocasiones, hasta que un día resultó que
aquello comenzaba a apetecerme. No dije ni pío, claro, como tampoco
había comentado antes el hecho de que no quisiera.
Y
entonces comencé a disfrutar de aquellas cosas. No mucho. No demasiado.
No tanto como para pedirlas a gritos, la verdad. Pero, sin duda, mucho
más de lo que había pensado antes de aquel momento. De hecho, siento
profundamente no haberlas pedido más cuando las deseba, ni haber
manifestado mi necesidad de ellas cuando mi mente las suplicaba... Pero
ésa es otra historia.
El
caso es que ahora sigo un proceso bastante parecido, intensificado por
el hecho de que intuyo, casi sé, lo que va a suceder cuando Él me
susurra algo... Uffff...
Pero
lo que pienso no es "¡Date por jodida!" (como en el chiste), no. Ahora
es: "¡Qué maravilla!: algo más de lo que vamos a disfrutar".
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