Su olor.
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Al
principio me resultaba algo difícil de entender que pusiera mi nariz
entre sus piernas para que lo sintiera, para que me impregnara de su
olor, para que aprendiera a reconocerlo con los ojos cerrados...
Sin
embargo ahora no podría entender un momento con Él sin ponerme de
rodillas, siendo toda olfato, para intentar como Grenouille crear el
perfume perfecto a través de su esencia.
Cierro
los ojos y siento, siento... aspiro, dejo que entre en mi cerebro, que
se cuele en la memoria, en el deseo. Vuelvo a aspirar, llega al centro
del placer de mi cerebro. Lo siento. Lo sé: es Él. Me transporto a un
lugar del mundo donde sólo convivimos ese olor y yo. Y disfruto de estar
ahí, de tener la oportunidad de aspirarlo, de poder grabarlo en la
memoria.
Y me siento la mujer más dichosa del mundo porque es Él quien desprende ese olor... a medio milimétro de mi.
Cuando
se marcha, vuelvo a cerrar los ojos y recuerdo cada aspecto de su olor
y, sin más, mi cuerpo vuelve a encenderse sólo porque Él regresa en cada
inspiración.
Me gusta sentarme a tus pies, lo sabes. Me gusta sentir cada pedazo de tu piel. Me gustan tus manos, tu boca, tu cuello...
Ahora, además, he de añadir que adoro el olor que me regalas.
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lunes, 26 de mayo de 2014
Su olor 4.01.2012
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