lunes, 26 de mayo de 2014

El lazo rojo 15.04.2012

El lazo rojo
 
Hace algunos años conocí a alguien especial, mucho. Yo comenzaba a adentrarme en el mundo de la D/s y estaba algo aturdida por la cantidad de cosas y personas que descubría, por las emociones que se me despertaban y por el desconocimiento casi absoluto de las prácticas asociadas al BDSM.

Yo no tenía Dueño. Todo era un mundo de cosas por descubrir y de miedos que afrontar, de primeras veces que llegarían y de otras que aún me quedan por descubrir. Él jugaba conmigo, no en el sentido de utilizarme sino en el lúdico, en el de disfrutar de las cosas bellas, de los pequeños decubrimientos, de órdenes que no eran tales, sino sugerencias para el disfrute.

Fue precioso.

Un día me propuso un juego, en la línea de todos los que íbamos haciendo. Aparentemente una tontería, pero que me enseñó muchas cosas. Me dijo que debía ponerme un lazo rojo en alguna zona visible y salir con él a la calle. Cogí uno que tenía, de seda, precioso. Estuve mucho tiempo pensando en dónde colocarlo para que no fuera cantoso, para que no resultara horrible y para poder lucirlo de manera medianamente elegante.

Al final, me pareció que el tobillo era el mejor de los sitios, porque podría verlo constantemente y sencillamente parecía una exentricidad.

Salí a la calle con él y me fui a donde había quedado con mi amiga. Estuve toda la noche mirándolo y pensando en la persona que me había hecho vestirlo. Sonreía constantemente y me sentía una persona afortunada.

En mitad de la noche me llegó un mensaje: debía hacerme una foto y enviársela. El juego continuaba.

Pedí a mi amiga que me la hiciera. Nos reimos mucho mientras la preparábamos. De esas risas cómplices y divertidas que se tienen cuando las personas que intervienen en ella son felices. Yo lo era. Y mucho. No por el lazo que llevaba, sino por la maravillosa sensación de disfrutar con esas pequeñas cosas.

No hacen falta veinte latigazos, ni marcas, ni dolor para pensar en alguien y disfrutarlo.

Aún conservo ese lazo. A veces me lo pongo pensando en mi Amo. Ayer se lo dije por primera vez.

Hoy mi tobillo sonreía mientras observaba a cientos de personas pasar de largo sin darse cuenta de que estás en cada detalle de mi vida.

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