Las marcas
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Casi
siempre que hablamos de las marcas lo hacemos refiriéndonos a las
físicas, a aquellas visibles de forma rotunda, ya sean temporales o
indefinidas.
Las
marcas físicas nos preocupan porque, precisamente, son o pueden ser
visibles; porque pueden requerir alguna explicación que nos resulte
relativamente incómoda; porque nos recuerdan algo que puede doler cuando
ha pasado... Pero, sin duda, las marcas también son el recuerdo de un
momento mágico, de una entrega, de un dolor regalado, de un sueño, de
una posesión, de una relación que nos elevó hasta ese instante...
Pero
hay marcas que no se ven a simple vista. Todas las relaciones que
establecemos y todas aquellas que hemos tenido nos han dejado marcas,
mayores o menores, en el alma. Algunas son tan sutiles que pasan a
formar parte de nosotros como si nunca hubiera sido de otra manera;
otras, tan débiles que ni siquiera podemos percibirlas; y hay algunas
que se posan en el corazón y tardamos tiempo en darnos cuenta de cuánto
nos han marcado.
De
repente, un día, sin saber demasiado por qué, nos encontramos pensando
en la razón para actuar de una manera determinada y no de otra, y
llegamos a la conclusión de que es una marca. A veces duelen. A veces,
no. La vida es así.
La
gran diferencia de ambas, las físicas y las no físicas, es que las
segundas no se escogen. Las señales que se hacen en el alma no pueden
ser negadas.
Así
que lo importante es aceptarlas, reconocerlas y disfrutarlas al igual
que, cuando nos encontramos una en el cuerpo, sonreímos y sabemos que
son el resultado de un momento vital en el que aprendimos, quisimos,
amamos, deseamos... y/o sufrimos.
...desde siempre.
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lunes, 26 de mayo de 2014
Las marcas 28.03.2012
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