viernes, 18 de noviembre de 2016

Remangarse la camisa. 19.11.2016

Remangarse la camisa
 
 
De todas las cosas que hacemos seres de uno u otro género, algunas destacan por ser especialmente sexys en una situación determinada. A mi hay varias acciones que me ponen perra hasta decir basta (¡bendito autocontrol adquirido!, que, si no, me hubiera metido en más de un problema a lo bobo): que me hablen en términos técnicos (medicina y abogacía van a la cabeza) mientras yo parezco mostrar un inusitado interés cuando el "traumatismo craneoencefálico de ...." me va calentando la entrepierna; uno que no desvelaré (tampoco es cuestión de quedarme aquí sin secretos que negociar) y el remangarse la camisa.
 
Éste último es un nuevo descubriento. El autor del mismo dice que tiene que ver con que me atrae él y con el hecho de ser bedesemera, pero no las tengo todas conmigo en ninguno de los dos puntos. Mi atracción por él se ha ido desvaneciendo y, sin embargo, la imagen de su mano recogiendo la manga sigue estremeciéndome cada vez que la recuerdo.
 
Respecto al hecho de ser bedesemera, he de reconocer que hay dos hechos contradictorios:
 
- Al contarles a mis amigas (completamente ajenas a este mundo de vicio y corrupción) el momentazo del "remangamiento", ellas también tuvieron la sensación de que aquello era algo por lo que merecía la pena vivir. (Aunque, claro, teniendo en cuenta que soy una buena narradora, igual mi forma de manifestar la emoción pudo tener algo que ver)
 
- La imagen de esa mano doblando poco a poco media manga mientras él me miraba y hablaba tranquilamente, he de reconocer que me evocó azotes, fustazos, manos abofeteando... MMmmmmmmm...
 
Bien pensado, igual la atracción y el bedesemerismo que llevo dentro sí tengan mucho que ver.
 
Ahora les dejo: voy a tatuar esa imagen en mi alma. NO vaya a ser que venga algún ministro de algo y me la robe.
 
Feliz sábado. Feliz vida.
Gárgaras y burbujas.