lunes, 26 de mayo de 2014

El vecindario 24.08.2008

El vecindario
 
Buenos días a todos.
   Hoy me siento muy social, un ser tremendamente vinculado a otros que cohabitan conmigo y, en cierta manera, conviven en mi existencia. Y se me ha venido a la mente este maravilloso vecindario en el que vivo. El edificio es de ocho alturas, con cuatro manos en cada una, salvo en el octavo que, dada la gran terraza que tienen, sólo admite dos.
   A lo que iba, que empiezo a dispersarme...
   Mi edificio, como casi todos, tiene la gran ventaja de albergar a gente muy diferente. No nos conocíamos (en la mayoría de los casos) antes de venir a vivir aquí y, en muchos otros, todavía seguimos sin hacerlo. Un pena, o no, dependiendo de cada uno...
   Ya llevamos aquí unos años, que no es mucho pero es bastante. Y gracias a las reuniones de comunidad, al patio, al ascensor y a unas cuantas cosas más, hemos podido ir haciéndonos una idea de quién es quién... Y he llegado a la conclusión de que estoy aquí y estos son mis vecinos, pero si estuviera en otro lugar, también serían ellos, porque los patrones de conducta acaban siendo igual en todas partes, ¿no?...
   Quiero contaros, brevemente, cómo son...
En el bajo A: “el cotilla”. Es una persona a conocer. Su presencia es fundamental (como la de todos), especialmente al principio, porque te llena de información que ha de ser tamizada y filtrada, pero pone un poco "al día" de lo que está sucediendo. Por supuesto, la objetividad no forma parte de su personalidad y tiende a desviar la información, a fragmentarla. Al principio resulta gracioso, pero pasado un tiempo intentas esquivarlo o esconderte cuando lo ves.
1ºC: La "mujer entrañable pero con ´pero´". Mujer común en sus problemas, pero dada a exagerarlos para que los demás hagamos el trabajo que la corresponde. En las reuniones pone cara de pena y habla con todos, pero luego, por la calle, cuando ya no hay nada que conseguir, no conoce ni a la madre que la parió. Despista al principio, se la conoce relativamente bien al poco.
2ºA: El “polilla”: Tiene su casa más limpia que los chorros del oro. No le es grato que entremos en ella, así que no suele dejar la puerta abierta, pero, cuando lo permite, uno se encuentra a gusto. Sus movimientos inconscientes tienden a mantener el orden y la pulcritud, pero desde el respeto a los “trazas”. No pide que los demás sean como él, pero sabemos que sufre el desorden y caos que, en ocasiones, reina en las zonas comunes.
2ºB. Los “inocentes”. Un poco delicados en las formas, pero siempre atentos y correctos. Tienden a pensar que la comunidad es un lugar de encuentro de amigos en los que sólo la buena intención es el motor. La palabra que mejor les define es “cándidos” (pero en femenino da mal rollo). Se sabe que se puede contar con ellos para lo que sea, pero no suelen tener demasiadas visitas.
3ºA : Los hippies. Como en todos los vecindarios que se precien de serlo, en el mío también tenemos una familia de este arte. Saludan a todos, aunque se mantienen al margen de problemas, dimes y diretes. Van a lo suyo, sonríen y pasean en la furgoneta sin hacer mal a nadie. Cultivan maría y otro tipo de plantas, pero no nos obligan a fumarla, ni a secarla, ni a nada. Ellos, a lo suyo... No se sabe si se puede contar con ellos, pero a ellos eso tampoco les importa.
3ºD: La “guiri”. Habla perfectamente castellano y todos la sentimos parte de la comunidad, aunque sabemos que ella se siente extranjera. Habla con todos, siempre de manera correcta y educada. En las reuniones la vemos poner cara de no entender algunas de las decisiones,  de los gustos comunitarios, pero ni siquiera intenta que razonemos. Sabemos que está lejos de entender qué nos ha llevado a relacionarnos en la manera que lo hacemos, pero el respeto es recíproco y con eso basta.
1ºD, 2ºC, 4ºA y D: Los “ingenieros”. Saben todas las cuestiones técnicas que se plantean en comunidad, y algunas de las personales, también. No tienen ningún tipo de reparo en opinar sobre fontanería, carpintería, estructuras metálicas, cimientos, abogacía… Todo lo habido y por haber queda dentro de su conocimiento. Entre ellos discuten las cuestiones y entre ellos se apañan. Los demás escuchamos no demasiado atentos. Se les puede encontrar reunidos en torno a los “centros de interés” de la semana. Su empeño no decae nunca, pero, en ocasiones, muestran su desidia por la falta de reconocimiento general.
4ºC y 1ºA: "Los vitales". Gente joven, movida, que tiende a creer casi todas las cosas que escucha. Tienen buenas intenciones y siempre están dispuestos a ayudar, pero poco sentido crítico. Hablar con ellos es muy interesante, porque suelen haber estado con el cotilla del bajo y parece que no terminan de coordinar sus percepciones con la información que han recibido de él. Alegres y vitales. Buenos vecinos. Sus preocupaciones son, generalmente, muy concretas. Suelen aportar soluciones creativas a los problemas que se plantean en las reuniones. Ideales para el bricosado, por cierto.
5ºA, 6ºC , 1ºB, y 7ºB : "Anónimos". Por mucho que coincidamos con ellos en todas partes, nunca acabamos de saber quiénes o cuántos son. Saludan siempre y en el ascensor miran al cuadro de mandos como todos, pero lo hacen de manera que una ni se plantea si eso es normal o no. Pasan absolutamente desapercibidos. No molestan, no hacen ruido, bajan a las reuniones y pasan de puntillas por ellas. Están, sí, pero como si no...
5ºC: "Los raros". Da igual la situación o el momento, siempre son capaces de sorprender. Lo mismo los ves en el gimnasio poniéndose "cachas" que fumando como locos en la ventana. Defienden A y no A simultáneamente en función de extrañas razones que los demás desconocemos. Hablan con todos y mucho, a veces, Otras, no abren boca. Parecen seiscientas personas en la misma casa, pero dudo que así sea, porque, literalmente, no cabrían. La ropa que tienden, increíble. La chapa de su buzón, insólita. Su forma de saludar, alucinante… Hablar con ellos es jugar a la lotería. A veces toca premio. Otras, no. Pero siempre es excitante el momento de saber qué número ha tocado.
5º D: El “buenorro”. Tiene a todas las chicas (y a algunos chicos) locas por sus huesos. Nunca lo hemos oído hablar, pero sospechamos que será una voz de esas que quitan el hipo. Atento y educado. Guapo. Cuerpo apolíneo. Ropa que siempre (oye, siempre, madre, qué arteeee) resalta su ser. Objeto de deseo y consciente de ello, las marujas también hemos pensado que igual no habla por no estropearlo pero yo, personalmente, creo que es miedo a que nos lo comamos vivo. (Normal, porque lo haríamos).
6ºA:  Los "callejeros". Se pasan el día haciendo vida social, jugando, bailando en las fiestas, comprando en la tienda. Conocen a todos los vecinos y hablan con cualquiera que se acerque a ellos. Sociables por naturaleza y principios. Saben abrir las puertas con radiografías y no se cortan a la hora de pedirlas cuando las suyas se han roto. Grandes habilidades sociales y la sensación de que el mundo es su casa. Probablemente porque así es.
6ºB : La “maruja”: Aunque se opine que no tiene nada que hacer, su día a día está lleno de trabajos sencillos que, sumados, ocupan gran parte de su tiempo. La ventaja que tiene es la de haber adquirido la gran habilidad de hacer dos cosas al tiempo: dedica mucho a mantener la casa en condiciones y cuida las relaciones con otros vecinos. Se puede estar de acuerdo con ella o no, pero el trabajo que desempeña queda fuera de toda duda.
7ºD: Los "discretos imprudentes". A esta gente la quiero de manera especial porque compartimos rellano (ya se sabe: el roce hace el cariño). Al principio no te das cuenta ni de que están ahí: pasan desapercibidos, no hacen ruido, nunca piden nada... Pero un día dan el salto y opinan, o dicen, o piden... y, a partir de ese punto, no hay retorno. No hacen por coincidir, pero cuando estamos juntos, no hay freno. Luego, silencio, otra vez. Hasta que el ascensor o el rellano nos junte de nuevo.
 7ºA : "Los pijos". Dan una buena imagen exterior de la gente que aquí vive en cuanto a vestimenta. Parece que tienen mucho, pero la realidad queda sólo en sus manos. Las cuentas de la comunidad a veces los señalan como morosos, pero siempre es por problemas con el gestor. Miran por encima del hombro a los raros, a los hippies y, en realidad, a todo el vencindario, porque ellos son más “glamourosos”… ¡Qué vamos a hacer: en el pecado llevan la penitencia!
8ºA: El “prepotente”: Es uno de los seres más odiados de la comunidad. Ha habido gente que, en algún momento de estos años, le ha cogido hasta cariño, pero él ha tenido la inmensa limitación mental  de quitárselo de golpe. Habla como si supiera todo. No valora nada. Todo está, siempre, por definición, mal. No aporta soluciones reales ni plantea alternativas. Nadie desea ya entrar en el ascensor con él. Uff… Lo peor es que, si lo haces, sabes que te acompaña hasta donde vayas, porque él siempre está por encima…
8ºB: La “verdulera” (por favor, con todos mis respetos hacia la gente que vende verdura, que no se la parecen en nada: es sólo una forma de hablar).. No debe de ser mala persona, la verdad, pero pega unas voces que asustan al miedo. Malhablada y agresiva Le da igual decir un taco que ochenta y siempre encuentra el peor momento para pronunciarlos. Tiene la gran capacidad de hacer que uno desee hablar otras lenguas, sólo por ver si cuela eso de que no compartimos paisaje lingüístico. Sólo le falta ser mala persona para que los niños la identifiquen con una bruja de cuento, pero, en realidad, es sólo cuestión de formas. Los nuevos salen huyendo de su lado, pero los que llevamos aquí tiempo entendemos que es explosión en esencia, nada más.
- Los “ocupa”. No tenemos claro en qué piso se han instalado, pero sabemos que no pertenecen a la comunidad, aunque se camuflan casi perfectamente. Sabemos que no son siempre los mismos, pero tardamos en darnos cuenta porque actúan casi como los “anónimos”. Les pierde intentar sacar beneficio de los demás vecinos, cosa que, a veces, consiguen y, a veces, no. Algunos caen hasta simpáticos, la verdad, pero, curiosamente, aunque siempre acaban volviendo, en realidad nunca están.
Los demás vecinos son tan normales como el resto, pero en mayoría numérica. Unos de una manera; otros, de otra. Entiendo que, por estadística, tiene que haber dos ladrones, una puta, un cuarto de monja y medio traficante, pero, la verdad, si están, pasan absolutamente desapercibidos.
Hay vecinos con los que nos sentimos más afines y charlamos animadamente. Otros, que aún hay que descubrir. Las conversaciones pueden versar en torno al tiempo o, de repente, ser interesantes y apasionadas. Otras toca aburrimiento. Pero tampoco coincidimos demasiado, la verdad, porque la vida está dentro de cada puerta y lo que allí ocurre es sólo de la incumbencia de quien allí se queda.
En general nos llevamos bien, pero el ruido se oye (y desgraciadamente, escucha) más que el silencio, que la armonía.
Yo estoy muy a gusto con ellos como vecinos y no cambiaría a ninguno por otro, ni siquiera a los que menos me gustan. Es una buena comunidad. Yo me alegro enormemente de que la construyeran y de poder vivir en ella.

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