lunes, 26 de mayo de 2014

Primer sentimiento 22.08.2008

Primer sentimiento
 
Buenos días

Mi primera experiencia como sumisa no es trascendental para nadie que no sea yo. Pero para mi fue definitiva. Probablemente, el Dominante que la hizo posible ni siquiera se diera cuenta de su importancia, pero para mi fue un momento mágico, lleno de paz y de alegría.

Estábamos en un local. Tres personas hablando con toda normalidad de lo divino y lo humano. Yo, la verdad, me sentí algo atraída por él y supongo que él también por mi (pero esto lo creo yo porque soy una ilusa de la vida). Hablábamos. Era agosto y hacía calor. Mucho. Yo llevaba la melena suelta y empezaba a sentirla demasiado pegada a mi cuello. No sé si fue la subida de temperatura del local, o la mía propia, pero hubo un instante en que cedí a ello y decidí recogerme el pelo, así que se lo dije a mis contertulios:

-         “Ufff… Tengo mucho calor, así que me voy a poner una coleta”-

Su voz, tranquila, me sugirió que me quedarían mejor dos que una y yo, que en realidad lo único que quería era quitarme el pelo de la nuca, pensé que era una buena idea. Casi me daba igual una cosa que la otra, con el agravante de que, haciendo eso, el vería mi interés. Así que puse manos a la obra.

Me costó Dios y ayuda hacerlo. Como no encontraba los dos coleteros que suelo llevar en el bolso, tuve que dividir (tipo panes y peces) el que sí hallé. Bricosado. Y allí estaba yo, con mis dos coletas, ¡¡¡más guapaaaaaa!!!

Me acerqué al lugar donde seguían hablando ellos dos. La verdad es que sentí algo de vergüenza, un poco de rubor… Pero él me miró, con esos ojos que fueron infinitos, con esa sonrisa velada que lo fue todo por un segundo, y rozándome el escote sin tocar nada más que eso, dijo:

-         “Así estás muy guapa. Estoy orgulloso de ti”

Y, de repente, el mundo entero aplaudió mi vida. Me dio la sensación de que aquello fue lo que había deseado desde siempre. Y entendí que estaba siendo feliz.

Él ha desaparecido, porque así es como tienen que ser las cosas. Nada más, nunca más. Pero quiero agradecerle, desde aquí, por si acaso me lee, que me hiciera tocar el cielo. Espero que seas ahora tan dichoso como yo lo fui ese instante.

 

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