lunes, 26 de mayo de 2014

Mis experiencias 2.09.2008

Mis experiencias.
 
Siempre he hablado desde lo que siento, sin pretender ser nada que no soy. Y hoy lo hago de la misma manera. Si lee esta entrada alguien recién llegado a este mundo, quiero decirle que yo no sé nada, que sólo cuento mi vida (mejor dicho: parte de ella) y que no haga ni caso.
Avisado esto, paso a contaros lo que siento, lo que he sentido.
He vivido dos tipos de entrega diferentes. Sé que hay muchas más, pero yo sólo he vivido esas. Supongo que, como en todas las relaciones humanas, cada persona, cada momento, hace que sea distinta, pero no hablo de esa peculiaridad, sino de la que surge de las emociones.
La primera nació de una, digamos, "atracción fatal". No había amor, en absoluto, sino una necesidad imperiosa de dejarme llevar (al principio) y de que el Amo que tomó las riendas me hiciera suya. No podria explicar qué me llevó a ello, pero sentí que las cosas eran asi: inevitablemente maravillosas.
En sus manos he sentido cosas que no había experimentado nunca. Sobre todo la tranquilidad, la paz de saber que estaban expuesta a "peligros", pero que no iba a pasarme nada. Puede, incluso, que estuviera demasiado tranquila en ese sentido. No había nada que temer porque él estaba cerca. Ni siquiera si se alejaba, porque siempre estaba allí y no permitiría que nada me pasara. Hubo mucho, mucho, que vivir. Mucho que sentir. Mucho que dar... En sus manos, yo me dejaba llevar sin miedo, aunque con temor, fruto de las sensaciones que preveía inevitables. Sentí dolor, mucho. Físico y psicológico. Lloré. Y lo hice como una muchacha inocente. LLoré por él, por mi, por la vida que empezaba, por lo irremediable del paso que estaba dando. Lloré porque él así lo quiso.
No soy masoquista. No me agrada, no me excita que me peguen. Preferiría sentir las mismas cosas pero de otra manera. Y, sin embargo, con él, sentí voluntariamente dolor en mi cuerpo. Insito en que no me gustó. Nada. Pero él hacía que eso tuviera sentido, que mereciera la pena sostener los ayes en la boca, refrenarlos sin pararlos del todo. Porque yo quería que él supiera que dolía, y que los quejidos no iban más lejos por él, pero que le llegaran, casi como suspiros.
Mi confianza en él fue y sigue siendo absoluta. Con los ojos cerrados. Sé que nada de lo que haga, jamás, me lastimará... aunque me duela.
La segunda experiencia fue completamente diferente. Por ese Amo sentí algo más allá de lo inevitable. Y en sus manos también confíé y confío, por supuesto mucho más que en las mías. Me gustaba verle mirándome, a pesar de mi vergüenza. Me estremecía sentir su aliento cerca de mi... Con él ocurrio algo impensable, producto de todo lo que había pasado antes: me gustaron sus azotes. Y digo esto porque los recuerdo y me siguen subiendo hormigas por el estómago al rememorarlos. En sus manos, el sentimiento estuvo por encima del dolor.
Debo reconocer que, objetivamente, supongo que fuera mucho menos duro. Probablemente sus manos no golpearan ni con la mitad de  fuerza. Y digo yo que eso tenga alqo que ver con el hecho de que me agradaran, o de que (mejor dicho) los recuerde de esa manera. Puede ser. Probablemente. Pero la verdad es que, al pensar en ello, me gustaría haber grabado las sensaciones más fijamente en mi memoria, porque temo que las acabaré perdiendo en el devenir cotidiano.
En un momento, en uno de esos ínstante mágicos, mientras él me azotaba "suavemente", un pensamiento intrépido pasó por mi cabeza: "me gustaría que estuviera utilizando la vara"... Ainssss... Digo yo: "¿la vara?... ¡Pero si es lo que más odio del mundo! " (por ahora, claro). En ese momento lo entendí: no quería que ese momento se borrara. Quería recordarlo para siempre y sabía que yo no lo hubiera olvidado, y sabía que él tampoco, porque hubiera sentido mi dolor y mi placer absolutamente a su merced, a su disposición.
 Era la forma de convertir en imborrable lo efímero.
   Con esos dos Amos, hombres, he descubierto mucho de mi, mucho de lo que siento, muchos de los porqués, de los míos, de las respuestas que no entendía. Hablo de ellos en pasado porque relato hechos que ya han sucedido, no porque lo que sienta o deje de sentir haya terminado. Ése no es el tema.
   En sus manos sentí el mundo de maneras distintas. Y creo, honestamente, que la entrega existe haya o no amor, pero también que es diferente.

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