lunes, 26 de mayo de 2014

Después de un funeral 11.08.2008

Después de un funeral...
 
   Cada acción, cada reacción, cada persona, cada hecho tiene un dia, un momento. Lo escribimos en mayúsculas y decimos: el mío. Hasta para la muerte tenemos la fecha escrita. Y digo "hasta" porque para todo lo demás, también.
   Hoy he ido a un funeral. La difunta no era allegada, pero sí sus familiares. Los veo, los miro y me da una pena inmensa que se arrepientan de las cosas que no han hecho, porque no tienen solución, de ninguna de las maneras. Lo que no ha sido ni siquiera se tiene que esfumar. No puede porque no ha tenido su momento. Y eso sí que es trágico.
   Yo he pasado media vida evitando hacer cosas que no debía, que no se esperaban de mi, que no podían ser... ¡¡¡Madreeeeee!!! Mucho peso para poco cerebro, sospecho.
   Por fin, desde hace un tiempecillo, voy encontrando el momento para algunas de las cosas que me apetecen. Y de algunas me arrepiento, pero de otras no. Las primeras pasan al baúl de lo que hay que mejorar; las segundas, al de "perfecto".
   Una de las cosas que aún no he hecho como me apetece es la de agradeceros a todos que me hayáis recibido en la página, en este mundo de locos, de una manera tan agradable; que hayáis respondido a mis preguntas; que hayáis esperado mis respuestas; que hayáis respetado mis silencios y mis ausencias, mis dispersiones...
   Ahora estoy un poco perdida (un poco más que antes, si es posible). Me siento extraña... Sé que me disculparéis por ello. O, mejor dicho, lo espero.
   Me cuesta entender que la misma gente de la que tanto aprendo sea capaz de machacarse (sin "la", que de eso pecamos todos), porque a mi SIEMPRE me ha tratado todo el mundo de manera deliciosa (otra vez la palabra: tenías razón, caballero), incluso cuando he cometido errores.
   La página tiene momentos. El que sean buenos o malos no depende de que unos digan unas cosas y otros, otras. Depende de que seamos capaces de respetarnos en las diferencias que (¡menos mal!) tenemos.
   Yo siento que conmigo ha sido así. Y me alegro.
   Brindo por vosotros, por todos, por cada uno de los que estamos aquí, de los que se han ido, de los que vendrán. Por los que opináis igual y diferente. Brindo porque lo merecéis.
   El mejor de los cavas, de los riojas, de los albariños, de los riberas, de los finos... Una copa para cada uno. Hoy toca deciros que me alegro de todos. No quiero morirme sin habéroslo hecho saber.
(_) (_) (_)... ¡¡¡Salud!!!
(Por favor, miradme a los ojos mientras brindáis, que me consta cierta la maldición de los siete años)

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