Cómo explicaría la sumisión a una persona ajena a este mundo
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Esa
es la pregunta que me hizo el otro día un buen amigo. Ainss... La
verdad es que me pareció verlo muy claro. Tengo que partir del hecho de
que a mi la mayoría de las prácticas BDSM no me resultan demasiado
agradables a priori, pero sí en las manos de la persona a la que
pertenezco. Aclarado este punto, mi símil, lo más cercano que encuentro a
un "parecido razonable" con el mundo que no es BDSM es ir de compras con alguien a quien quieres.
A
mi no me gusta ir de tiendas. No siento esa necesidad: cuando me hace
falta ropa voy a una tienda, miro lo que hay que tenga que ver con lo
que quiero, me lo pruebo y, si me gusta y queda bien, me lo llevo. Si
no, voy a otra. Dependiendo de la urgencia puedo ir a tres o cuatro
tiendas y ya está.
Sin
embargo, a mi madre y mi hermana las encanta. Pasean, miran, ojean, se
prueban ropa sin intención de comprarla... Ellas encuentran cierta
felicidad en eso. Y a mi me parece genial. Al principio, cuando me
pedían que las acompañara yo me hacía la sueca, porque me daba la
impresión de que ir de compras era sólo ir de compras, pero acabé
entendiendo que, para ellas, era un momento mágico, de complicidad, de
alegría, en el que aquello era sólo una vía y no el fin. Así que empecé a
aceptar esas propuestas. Al principio no disfrutaba demasiado, pero me
gustaba verlas felices y, poco a poco, fui entendiendo el universo que
rodeaba aquello y ahora me encanta. Pero sólo me gusta con ellas.
Ir
de compras sigue siendo un mundo terrible al margen de ellas, pero con
ellas todo cambia porque lo disfrutan, porque sé que valoran el hecho de
que vaya, porque su felicidad se convierte en mía, porque sus risas y
complicidad también son mías, aunque (a priori) no me guste ir de
compras.
Con ellas es otra historia.
Al final, todos tenemos cierta tendencia a complacer a las personas a las que queremos (por favor, señores y señoras Dominantes no me lo tomen a mal) y la sumisión sólo consiste
(para mi) en ser consciente de por qué lo hago, en disfrutarlo mientras
lo realizo y saberme capaz de ser feliz sólo por el hecho de que mis
actos complacen a la persona a la que quiero complacer. Las
cosas que, en principio, no me llaman la atención demasiado acaban
convirtiéndose en algo agradable porque la otra persona lo disfruta. Y, a
la postre, también yo las disfruto muchísimo.
En fin... otro pensamiento que echarme a la cabeza.
Un saludo y buenos días.
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lunes, 26 de mayo de 2014
Cómo explicaría la sumisión a una pesona ajena a este mundo 16.10.2010
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