lunes, 26 de mayo de 2014

Cómo explicaría la sumisión a una pesona ajena a este mundo 16.10.2010

Cómo explicaría la sumisión a una persona ajena a este mundo
 
Esa es la pregunta que me hizo el otro día un buen amigo. Ainss... La verdad es que me pareció verlo muy claro. Tengo que partir del hecho de que a mi la mayoría de las prácticas BDSM no me resultan demasiado agradables a priori, pero sí en las manos de la persona a la que pertenezco. Aclarado este punto, mi símil, lo más cercano que encuentro a un "parecido razonable" con el mundo que no es BDSM es ir de compras con alguien a quien quieres.

A mi no me gusta ir de tiendas. No siento esa necesidad: cuando me hace falta ropa voy a una tienda, miro lo que hay que tenga que ver con lo que quiero, me lo pruebo y, si me gusta y queda bien, me lo llevo. Si no, voy a otra. Dependiendo de la urgencia puedo ir a tres o cuatro tiendas y ya está.

Sin embargo, a mi madre y mi hermana las encanta. Pasean, miran, ojean, se prueban ropa sin intención de comprarla... Ellas encuentran cierta felicidad en eso. Y a mi me parece genial. Al principio, cuando me pedían que las acompañara yo me hacía la sueca, porque me daba la impresión de que ir de compras era sólo ir de compras, pero acabé entendiendo que, para ellas, era un momento mágico, de complicidad, de alegría, en el que aquello era sólo una vía y no el fin. Así que empecé a aceptar esas propuestas. Al principio no disfrutaba demasiado, pero me gustaba verlas felices y, poco a poco, fui entendiendo el universo que rodeaba aquello y ahora me encanta. Pero sólo me gusta con ellas.

Ir de compras sigue siendo un mundo terrible al margen de ellas, pero con ellas todo cambia porque lo disfrutan, porque sé que valoran el hecho de que vaya, porque su felicidad se convierte en mía, porque sus risas y complicidad también son mías, aunque (a priori) no me guste ir de compras.

Con ellas es otra historia.

Al final, todos tenemos cierta tendencia a complacer a las personas a las que queremos (por favor, señores y señoras Dominantes no me lo tomen a mal) y la sumisión sólo consiste (para mi) en ser consciente de por qué lo hago, en disfrutarlo mientras lo realizo y saberme capaz de ser feliz sólo por el hecho de que mis actos complacen a la persona a la que quiero complacer. Las cosas que, en principio, no me llaman la atención demasiado acaban convirtiéndose en algo agradable porque la otra persona lo disfruta. Y, a la postre, también yo las disfruto muchísimo.

En fin... otro pensamiento que echarme a la cabeza.

Un saludo y buenos días.

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