Vacíos...
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Hay
días que me levanto como si me hubiera caído un enorme tronco encima.
La vida parece que se escapa por las rendijas de mi cuerpo y siento
ganas de ser una Bella Durmiente más; de descansar y reposar todas las
cosas que me suceden; de dejar que pasen los días, y los sueños, y las
ganas... y ser una persona nueva al despertar.
Pero no puedo.
Así
que levanto ese cuerpo que casi no conozco y bebo el café-savia.
Sentada en la mesa de la cocina pienso en todas las cosas que me quedan
por hacer, en todos los momentos que me tocará vivir hoy, preciamente el
dia que pienso desde esa silla. Y toca hacer que no pasa nada, que las
cosas van bien...
Recuerdo
hace años, yo tendría unos 12, volví de un campamento de verano. Era la
primera vez que pasaba tanto tiempo fuera de casa, en pleno contacto
con la naturaleza. Fueron dos semanas maravillosas. Conocí mucha gente
con la que tuve trato y amistad durante años, hasta que fuimos adultos
de libro y cada uno tiró por el camino que le tocaba, o que había
escogido (¡qué más da en este caso!). Una de las sensaciones que ha
quedado para siempre grabada en mi memoria fue la que tuve a la vuelta:
como podéis imaginar, estaba agotada, con muchos momentos que procesar,
muchas ideas que interiorizar (aunque fuera levemente)... y mucha roña
en los talones de los pies... Mi madre me metió en el baño y me dejó
allí. Yo no podía ni llorar. Sentía que había acabado algo grande y
también que había comenzado algo que ya no podría parar. No sabía (por
inexperiencia vital, básicamente) si iba a poder mantener relación con
todos aquellos que habían sido compañeros de experiencias, si podría
volver a sentir aquellas emociones... Y un vacío inmenso, infinito, sólo
comparable al hambre o a la tristeza, me invadió. Sentí que no podría
seguir, que la vida acababa en ese momento, que nada de lo que pudiera
pasar desde ese instante sería capaz de llenar el hueco que me quedaba..
Fue una de las emociones más intensas y sobrecogedoras de toda mi vida.
Sin embargo, ese dia pasó. Y llegaron otros. Y otros...
Ha
habido más vacíos, más huecos... Cada vez son menos profundos, o eso
parecen, porque identifico las sensaciones que conllevan. Sólo la muerte
de gente a la que quería ha sido capaz de volverme a hacer nadar en ese
infinito de impresiones.
Sin
embargo hoy, aunque sea levemente, siento que el paso que dí hace
cuatro meses, la gente a la que he conocido aquí, los decubrimientos a
los que he llegado, me llevan a la bañera, agotada y llena de miedos, de
dudas...
Sé
que los días pasarán, al igual que este vacío. No puede ser de otra
manera. Y quiero disfrutar de este sentimiento, pero no puedo, como no
pude entonces... 20 años son nada...
La mente que se abre a una nueva idea nunca vuelve a su tamaño original.
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lunes, 26 de mayo de 2014
Vacíos 14.09.2008
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