lunes, 26 de mayo de 2014

Vacíos 14.09.2008

Vacíos...
 
Hay días que me levanto como si me hubiera caído un enorme tronco encima. La vida parece que se escapa por las rendijas de mi cuerpo y siento ganas de ser una Bella Durmiente más; de descansar y reposar todas las cosas que me suceden; de dejar que pasen los días, y los sueños, y las ganas... y ser una persona nueva al despertar.
Pero no puedo.
Así que levanto ese cuerpo que casi no conozco y bebo el café-savia. Sentada en la mesa de la cocina pienso en todas las cosas que me quedan por hacer, en todos los momentos que me tocará vivir hoy, preciamente el dia que pienso desde esa silla. Y toca hacer que no pasa nada, que las cosas van bien...
Recuerdo hace años, yo tendría unos 12, volví de un campamento de verano. Era la primera vez que pasaba tanto tiempo fuera de casa, en pleno contacto con la naturaleza. Fueron dos semanas maravillosas. Conocí mucha gente con la que tuve trato y amistad durante años, hasta que fuimos adultos de libro y cada uno tiró por el camino que le tocaba, o que había escogido (¡qué más da en este caso!). Una de las sensaciones que ha quedado para siempre grabada en mi memoria fue la que tuve a la vuelta: como podéis imaginar, estaba agotada, con muchos momentos que procesar, muchas ideas que interiorizar (aunque fuera levemente)... y mucha roña en los talones de los pies... Mi madre me metió en el baño y me dejó allí. Yo no podía ni llorar. Sentía que había acabado algo grande y también que había comenzado algo que ya no podría parar. No sabía (por inexperiencia vital, básicamente) si iba a poder mantener relación con todos aquellos que habían sido compañeros de experiencias, si podría volver a sentir aquellas emociones... Y un vacío inmenso, infinito, sólo comparable al hambre o a la tristeza, me invadió. Sentí que no podría seguir, que la vida acababa en ese momento, que nada de lo que pudiera pasar desde ese instante sería capaz de llenar el hueco que me quedaba..
Fue una de las emociones más intensas y sobrecogedoras de toda mi vida.
Sin embargo, ese dia pasó. Y llegaron otros. Y otros...
Ha habido más vacíos, más huecos... Cada vez son menos profundos, o eso parecen, porque identifico las sensaciones que conllevan. Sólo la muerte de gente a la que quería ha sido capaz de volverme a hacer nadar en ese infinito de impresiones.
Sin embargo hoy, aunque sea levemente, siento que el paso que dí hace cuatro meses, la gente a la que he conocido aquí, los decubrimientos a los que he llegado, me llevan a la bañera, agotada y llena de miedos, de dudas...
Sé que los días pasarán, al igual que este vacío. No puede ser de otra manera. Y quiero disfrutar de este sentimiento, pero no puedo, como no pude entonces... 20 años son nada...
La mente que se abre a una nueva idea nunca vuelve a su tamaño original.
 
 

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