Reflexiones sobre el maltrato de género.
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Llevo mucho tiempo pensando en ello y lo escribo aquí no porque considere que tiene que ver con el BDSM, sino porque éste es el sitio en el que escribo las cosas que se me van pasando por la cabeza.
También
debo decir que nunca me he sentido una mujer maltratada y que el
teléfono al que pueden acudir las mujeres que sí se hallen en esa
situación es el 016.
Aclarados estos puntos (muy importantes) empiezo con las reflexiones.
El
mal trato no comienza con una bofetada, ni con un golpe mal dado... No.
Comienza con comentarios sobre algo que has hecho, sobre cosas
cotidianas a las que no concedes mayor importancia, pero que a la otra
persona parecen causarle mucho daño. Y nos parece normal y lógico
cambiarlas para evitar ese sufrimiento innecesario (la largura de la
falda, o las dimensiones del escote, la sonrisa regalada a un
interlocutor, un baile inocente...)
Normalmente,
cambiarlas no responde al hecho de complacer a la otra persona, sino al
de evitarle sufrimiento. Y aquí comienzan los errores.
Es
muy diferente querer hacer feliz a alguien a tratar de no hacerlo
infeliz. Aunque pueden parecer lo mismo son tremendamente diferentes.
Cuando
deseamos complacer a una persona, cada acción que realizamos nos llena
de orgullo y hace que nos sintamos más o menos felices. Sin embargo,
cuando lo que hacemos es evitar sufrimiento, normalmente estamos
rechazando algo que deseamos sabiendo que no está mal, y que no responde
a un deseo digamos "positivo", sino negativo. En el fondo, somos
conscientes de que esa acción no reporta nada beneficioso.
Una
vez que aceptamos esos pequeños "chantajes emocionales" el camino ya
está dado. El siguiente paso es el de callar cuando sabemos que tenemos
razón, porque ya no estamos seguras de que realmente las cosas sean así,
porque puede que él tenga razón, porque no queremos discutir, ni
hacerlo infeliz (de nuevo con la cantinela...) Sin embargo, cuando nos
metemos en la cama, sabemos que estamos en lo cierto, que lo que hacemos
o dejamos de hacer está bien y responde a nuestra forma de ser.
Pero
vamos dejando que la otra persona asuma decisiones que son nuestra
responsabilidad y, poco a poco, nos vamos dejando llevar, contra nuestra
propia corriente, a un mar en el que acabamos ahogándonos.
Por
otra parte, la tendencia cultural nos hace creer que la vida en pareja
es un “toma y daca”, un aprender a ceder, un “hacernos a la persona que
tenemos al lado”. Y eso también es cierto, pero entonces... ¿dónde está
el límite? ¿en qué punto soy egoísta si no dejo aquello que deseo por la
otra persona? ¿en qué momento debo imponer mi ser por encima de la
relación?...
Creo
que por eso hay tantas mujeres maltratadas: porque no sabemos responder
a esa pregunta y reaccionamos sin acción, sabiendo que eso no nos hace
felices.
Por
ahora la única respuesta que me viene a la cabeza es lo que he dicho en
párrafos anteriores: la diferencia está en lo que nos motiva a hacer
las cosas: la felicidad o el evitar la infelicidad.
Creo
que ese pensamiento se puede extrapolar a todas las relaciones de
pareja, incluidas las BDSM, y que las personas sumisas debemos entender
que nuestra acción debe llevar a la felicidad a todos los miembros de la
relación.
Sé
que no es fácil entenderlo, pero es fundamental que la persona que
tengamos a nuestro lado nos haga mejores desde lo bueno, nunca jamás
desde la huida, la evitación o el miedo.
Un saludo:
sherezade {Lord Wunjo}
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lunes, 26 de mayo de 2014
Reflexiones sobre el maltrato de género 3.12.2009
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