Reflexión sobre los tipos de relación y las necesidades de conocimiento...
|
||
|
Llevo un tiempo pensando en las diferencias entre consensuar de manera explícita y hacerlo mediante el conocimiento.
Me
explico: Creo que existen dos tipos de entrega (bueno, en realidad creo
que existen tantas como agrupaciones personales se hagan, pero eso es
entrar en demasiada complicación):
- Aquellas basadas en el “gran conocimiento” recíproco de los que forman parte de la relación.
- Aquella basada en un momento puntual de “pasión”.
No
creo que una u otra sea mejor o peor. Sencillamente, considero que son
diferentes y las dos forman parte de las prácticas BDSM.
Si hiciera una analogía con el mundo no BDSM sería algo así como:
- Relación de “noviazgo” con alguien a quien se conoce bien.
- “Rollo” con alguien a quien no conoces demasiado pero que te atrae de manera especial.
(Teniendo
en cuenta que lo del conocimiento de los seres humanos es siempre
relativo, claro. No voy a partir de que es absoluto porque eso es
imposible).
A
veces existe la química, del tipo que sea (sexual, intelectual…) entre
dos personas que pertenecen al BDSM. Como, más o menos, ya sabemos las
prácticas que se suelen realizar, basta con que se digan aquellas en las
que una no está dispuesta a participar para que una sesión pueda
funcionar de maravilla, siempre partiendo de la suposición de que esos
“límites” son respetados por parte de la persona Dominante.
Este
es un tipo de conocimiento ligero pero funcional. Hay que hablar, de
forma explícita, antes de la sesión, de las prácticas, los miedos, las
limitaciones personales… y, digamos, hay que hacerlo “rápidamente”, sin
entrar en profundidades del origen de aquellas, o de las causas…
Sin
embargo, en aquellas relaciones que se cuecen a fuego lento, lo normal
es que se hable de la vida, de la persona, de los gustos, de los miedos…
pero que se haga de forma lenta, pausada, como parte de un todo del
conocimiento recíproco. Se abundará en las razones que te llevan a
temer, en la forma del gozo, en los detalles cotidianos que marcan la
rutina… En este caso, cuando se llega a la sesión 1, no suele hacer
falta explicitar demasiado aquello que en lo que no quieres participar,
puesto que el conocimiento de ambos ha llevado (o ha debido llevar) al
Dominante a saber aquello que puede y no realizar de manera segura para
la persona que se le ha entregado.
El
conocimiento no asegura que la relación vaya a salir de maravilla. Ni
mucho menos. Al igual que la “velocidad” no impide que aquello vaya a ir
viento en popa. No tiene nada que ver. Lo que sí determina, en cierta
manera, es la necesidad de poner límites antes de las sesiones. De poner
límites de manera explícita, quiero decir, porque lo que una no puede,
no puede… Pero se supone que el dominante, en el caso del “conocimiento
profundo” previo, ha asumido eso de manera progresiva y no necesita el
post it en el armario que se lo recuerde.
Os
pondré un ejemplo banal: yo estoy operada de una rodilla. La
intervención fue hace muchos años, así que, en ocasiones, cuando lleva
una temporada sin dolerme, se me olvida la lesión (me quedaron secuelas) y
actúo como si nada. Sin embargo, me he dado cuenta de que evito ciertas
posturas “habituales”, como la de arrodillarme, o doblar demasiado esa
pierna, pero lo hago de manera no consciente, protegiéndome. Cuando he
hablado con algún Dominante “de manera rápida” es un hecho, una
limitación, que se me olvida mencionar, porque tengo muchas otras que
protagonizan las conversaciones (tipo: no me gusta la cera, ni la vara,
ni…)
Sin
embargo, en las conversaciones “cotidianas” que he tenido con otros, sí
que ha salido el tema, porque hay días mejores y peores, y una no puede
estar demasiado tiempo sentada frente al ordenador por los dolores, o
tiene que tomarse algo que la deja baldada… Y sale… No ha hecho falta
que haga memoria de las lesiones, ni de lo que me da miedo, ni nada de
nada… Los temas han ido saliendo sin más, poco a poco: han ido manando
de mi como el agua de las fuentes: sin prisa pero sin pausa.
Cuando
una persona sabe de mi que no debo doblar demasiado esa pierna, o que
puedo hacerlo a condición de estirarla rigurosamente inmediatamente
después… Entonces, no necesito decirle que no me gusta la vara, o que me
da miedo quemarme con la cera… porque todo eso ya habrá salido,
inevitablemente.
Lo
importante no es lo que vetamos de manera consciente, sino aquello que
tenemos tan enraizado que no nos damos cuenta de vivir. Y eso sólo se
sabe a través del conocimiento.
En
caso de que tenga una sesión “rápida”, un momento pasional de esos que
apetecen de vez en cuando, bastará con la palabra de seguridad para
hacer saber al Dominante que se me ha olvidado decirle que mi pierna se
“rompe”. Así que una cosa no es óbice para que no se pueda llevar a cabo
la sesión.
Sin
embargo, aunque la tenga, ¿para qué necesito la palabra de seguridad
con alguien que sabe que si me tiene de rodillas más de dos minutos no
podré andar en cuatro días?... (y es un ejemplo, que conste, porque
ahora ya lo sabe más gente y seguiría siendo gente que no conoce otras
“lesiones”).
Hasta
ahora he hablado sólo de ejemplos físicos, pero los psicológicos tienen
mucha importancia. Normalmente, no hablamos de ellos en la “primera
cita”, porque implican, en cierta medida, un “desnudo” que no siempre
estamos dispuestos a realizar delante de la otra persona, por lo menos a
priori. Nos referimos a las limitaciones “físicas” porque son aquellas
que tienen consecuencias directas en una sesión. Pero las mentales son
mucho más profundas, para lo bueno y para lo malo… Esas son las que “el
conocido” sabe, las que más tendrá en cuenta, las que determinen la
Dominación psicológica… Las que, al final, marquen si es o no la persona
capaz de hacer que el mundo tenga su nombre.
| ||
Datos personales
lunes, 26 de mayo de 2014
Reflexión sobre los tipos de relación y las necesidades de conocimiento... 4.10.2008
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario