lunes, 26 de mayo de 2014

Mensajes de voz 13.08.2008

Mensajes de voz
 
Estoy en casa, intentando comprender elementos de la psicología social que se escapan a mi entendimiento cuando, de repente, algo mucho más importante me viene a la cabeza: he puesto buzón de voz en el móvil. Vaya. Como no estoy acostumbrada a ello, no escucho los mensajes, pero ahora interrumpiré este estudio tan maravilloso para escuchar, no vaya a ser que hayan pedido mi ayuda para encontrar armas de destrucción masiva en el sótano de casa y yo siga haciendo como si nada...
Marco el número. Tiene seis mensajes nuevos. Bien. Seis personas que se han molestado en dejarme algo. A ver...
Mensaje de ayer a las once treinta y seis de la mañana... Nada: mi hermana, diciéndome que tengo voz de friki en el saludo. ¿Borrar?... ¡ah, sí!: el 7.
 Mensaje de ayer a las nueve y diecisiete minutos de la mañana... Mi amigo Mario, que le apetecía charlar un ratillo. 7.
Mensaje del diez de agosto a las 20.18. Sólo tres palabras de mensaje y mi cuerpo se ha echado a temblar. Paro la escucha. Lo único que me apetece es sentir cómo me estremezco con ellas, una y otra vez. Tres palabras. Ni "abracadabra" tiene esa fuerza en mi. Vuelvo a llamar al buzón de voz. Mensaje del diez de agosto a las 20.18... Uffff... Hormiguitas. No tocar el 7, por favor.
El siguiente: mensaje del 9 de agosto a las 13.46. Valeeee... no me volveré a olvidar el pan cuando quedemos en tu casa a comer... 7.
Mensaje del 9 de agosto a las 12.07. Que compre el pan. Ya. Vale. 7.
Mensaje del 23 de julio a las 12.10... Te escucho atentamente. No quiero que se borre nunca esta voz que suena ahora. Estudio cada cambio en el tono . Disfruto con cada silencio y sonido que salen del auricular y atraviesan mi cerebro… Me empiezo a excitar. De hecho, noto cómo empieza a sobrarme hasta la cinta del pelo… Tu voz sigue sonando. Música. Pinturas primitivas que se dibujan en mi cuerpo. Sé que el mensaje acabará en menos de un minuto. Sé que sólo ésta será la vez de la sorpresa, y la aprovecho. Segundo a segundo. Entiendo la importancia de esas milésimas olímpicas porque lo vivo, porque cada sonido que emites es un acorde que me hace vibrar por simpatía, porque cada momento es definitivo…
Nada del 7, por favor. Que ni se me ocurra… Quiero que este mensaje quede, para siempre, en la memoria de este buzón…
Ufff… ¡Qué calor!... Ufff… madreee… Ay, ay, ayyyyy… He apretado un botón sin darme cuenta… (que no sea el 7, por Dios, que no sea…)
No tiene mensajes.
(Como había oído decir, en ocasiones la realidad supera la ficción).

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