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La confianza. Uffff... ¡¡¡Vaya tema!!!
En
BDSM siempre estamos hablado de ella como pilar fundamental de las
relaciones, y casi siempre nos referimos a la que la persona sumisa ha
de tener en la Dominante. Creo que eso lo tenemos más que aceptado y
consideramos que es necesario que la sumisa crea que no va a hacerle
mal, que es conciente de lo que hace, que sabe cómo hacerlo, que no se
va a dorgar ni a mamar hasta las patas... Sí. Vale. Todos de acuerdo,
¿no?
Pero
también es imprescindible que, para que ese disfrute exista, la persona
Dominante ha de confiar en que la sumisa hará lo que tiene que hacer,
será consciente y capaz de decir lo que siente (si es necesario) sin
tapujos ni medias tintas; que obecederá las instrucciones (no tanto por
un tema de obediencia sumisil, sino porque algunas prácticas requieren
inmovilidad o una posición determinada y no seguirlas podría conducir al
desastre); que está en plenas condiciones para no alterar el umbral del
dolor... En fin: que tiene que SABER, con certeza, que la sumisa no
hará algo que pueda dañar a alguno de los dos, a pesar de todos los
cuidados que el Dominante pueda tener.
Pero
hay más. Hay una confianza que se extiende más allá de lo puramente
físico (que es de lo que he tratado hasta ahora). Supongo que ésa sólo
se tiene que dar (en el sentido de obligatoriedad) en las relaciones
que también son pareja/trío... estable. La confianza en términos
generales, ésa que se tiene habitualmente en los amigos que se cuentan
con los dedos de una mano y en la familia cercanísima. Pero aún va más
allá.
La
confianza de saber que puedes perderte en la otra persona, que puedes
morir en ella, y que, si decidieras resucitar, aparecerías en sus
brazos. La confianza de andar por un precipicio con los ojos cerrados
sabiendo que no te dejará caer, que todos sus sentidos estarán puestos
en ti y velarán porque llegues a la meta ( y me da igual que seas
Dominante o sumiso).
Confianza
como certeza de ser, de poder mostrarte como eres y que no se te ponga
en tela de juicio, y que tú no tengas la necesidad de hacerlo. Confianza
en que, cuando tú cojees, el otro caminará a tu lado, o se sentará a
comer el bocadillo contigo. Confianza, vamos.
No
consiste en estar de acuerdo en todo (sería tremendamente aburrido), ni
siquiera en desear lo mismo, sino en saber, con certeza plena, que no
hay lugar para las dudas. Y que si hay algo que chirría, se habla desde
las ganas de conocer, desde la plena confianza en el otro, desde queel
saber hay una razón para todo (y no siempre tiene que ser la peor).
Desde
mi punto de vista, esa confianza sólo es posible en reprocidad. Sólo
puede darse cuando uno la siente hacia y desde dentro.
Porque,
al fin y al cabo, las relaciones son pequeñas orquestas en las que, o
se toca al tiempo y se hace magia... o se desafina. |
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