lunes, 27 de octubre de 2014

La confianza 28-10-14

La confianza.
 
 
La confianza. Uffff... ¡¡¡Vaya tema!!!
 
En BDSM siempre estamos hablado de ella como pilar fundamental de las relaciones, y casi siempre nos referimos a la que la persona sumisa ha de tener en la Dominante. Creo que eso lo tenemos más que aceptado y consideramos que es necesario que la sumisa crea que no va a hacerle mal, que es conciente de lo que hace, que sabe cómo hacerlo, que no se va a dorgar ni a mamar hasta las patas... Sí. Vale. Todos de acuerdo, ¿no?
 
Pero también es imprescindible que, para que ese disfrute exista, la persona Dominante ha de confiar en que la sumisa hará lo que tiene que hacer, será consciente y capaz de decir lo que siente (si es necesario) sin tapujos ni medias tintas; que obecederá las instrucciones (no tanto por un tema de obediencia sumisil, sino porque algunas prácticas requieren inmovilidad o una posición determinada y no seguirlas podría conducir al desastre); que está en plenas condiciones para no alterar el umbral del dolor... En fin: que tiene que SABER, con certeza, que la sumisa no hará algo que pueda dañar a alguno de los dos, a pesar de todos los cuidados que el Dominante pueda tener.
 
Pero hay más. Hay una confianza que se extiende más allá de lo puramente físico (que es de lo que he tratado hasta ahora). Supongo que ésa sólo se tiene  que dar (en el sentido de obligatoriedad) en las relaciones que también son pareja/trío... estable. La confianza en términos generales, ésa que se tiene habitualmente en los amigos  que se cuentan con los dedos de una mano y en la familia cercanísima. Pero aún va más allá.
 
La confianza de saber que puedes perderte en la otra persona, que puedes morir en ella, y que, si decidieras resucitar, aparecerías en sus brazos. La confianza de andar por un precipicio con los ojos cerrados sabiendo que no te dejará caer, que todos sus sentidos estarán puestos en ti y velarán porque llegues a la meta ( y me da igual que seas Dominante o sumiso).
 
Confianza como certeza de ser, de poder mostrarte como eres y que no se te ponga en tela de juicio, y que tú no tengas la necesidad de hacerlo. Confianza en que, cuando tú cojees, el otro caminará a tu lado, o se sentará a comer el bocadillo contigo. Confianza, vamos.
 
No consiste en estar de acuerdo en todo (sería tremendamente aburrido), ni siquiera en desear lo mismo, sino en saber, con certeza plena, que no hay lugar para las dudas. Y que si hay algo que chirría, se habla desde las ganas de conocer, desde la plena confianza en el otro, desde  queel saber hay una razón para todo (y no siempre tiene que ser la peor).
 
Desde mi punto de vista, esa confianza sólo es posible en reprocidad. Sólo puede darse cuando uno la siente hacia y desde dentro.
 
Porque, al fin y al cabo, las relaciones son pequeñas orquestas en las que, o se toca al tiempo y se hace magia... o se desafina.


No hay comentarios:

Publicar un comentario