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El hombre, la medida de todas las cosas
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El hombre, para los renacentistas, era la
medida de todas las cosas. Pasó de ser un dios al que conocían,
básicamente, por la mala leche que se gastaba en el Antiguo Testamento
(un dios terrible, vengativo e iracundo) a ser el hombre.
Y cuando digo esa palabra me refiero a
una persona del género masculino, porque las mujeres (a pesar de que dos
tetas muevan más que dos carretas) pintaba menos que las monas.
Cuando alguien entra en el mundo del BDSM
también tiene un cambio sustancial en torno a la unidad de medida.
Normalmente, quiero decir, pasa de ser la unidad propia a la ajena, sea
cual sea el rol que sienta y/o desempeñe.
La persona sumisa centra esa medición en
el Dominante, y las cosas pasan a verse con esos ojos que ya no miran
desde la cara que una ostenta, sino desde la que tiene en frente; los
oídos pasan a escuchar sonidos desde otro lado de esa cara que observa y
no la que mira; los deseos pasan, de manera inexplicable, a centrarse
en quien deseamos complacer porque, por obra y milagro de la
incorporación a esa nueva consciencia de nuestro propio deseo, es
satisfacer al otro lo que nos llena.
En la persona Dominante también deberían
producirse cambios, o debería, porque si un Amo sigue creyendo que Él y
sólo él es la medida de todas las cosas, entones, querida sumisa,
querido sumiso, te espera una vida de mierda.
Hay mucha gente, muchísima, que ha
cambiado esa medida. A mi me encanta observalos, me gusta ver esos
detalles que demuestran la nueva unidad estandarizada.
Y, sobre todo, me gusta sentir que siempre hay alguien que es el número uno en la lista de otro alguien.
¡Feliz luna nueva!
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jueves, 17 de septiembre de 2015
El hombre, la medida de todas las cosas. Publicado el 19 de mayo de 2015
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